Publicado en ANDRES PAZ, DE VIAJE HACIA EL BIENESTAR, LIBRO

RELATO 31. HAY QUE CAMBIAR EL SISTEMA EDUCATIVO

El remedio más eficaz para combatir el cáncer de la corrupción es CAMBIAR el Sistema Educativo. Sueño con un Sistema Educativo en el que ganemos TODOS. Es un sueño que comparto con muchos otros soñadores que estamos convencidos de la urgente necesidad de Cambiar el Sistema Educativo. Es urgente diseñar un Sistema que nos permita tomar conciencia que lo más valioso de un país, en todo el sentido de la palabra, son sus habitantes, en sus talentos y dones está la mayor riqueza.

Para nadie es un secreto que la inequidad es un doloroso malestar de nuestra sociedad. La profunda inequidad es un factor de violencia.  De acuerdo con el Banco Mundial, Colombia es el segundo país más desigual de América Latina y el séptimo en todo el mundo. Una realidad como esta me hace sentir la imperiosa necesidad de unirme a esta tarea de Cambiar el Sistema Educativo.

Plasmo estas palabras el 11 de diciembre de 2018, en las últimas semanas vengo prestándole atención a un sueño “imposible”: Cambiar el Sistema Educativo. ¿Podré ser testigo de esta transformación social? Espero y aspiro a estar presente para entonces. Calculo este proyecto para una generación, es decir, creo que tardarán 25 años de arduo trabajo. Empezando desde ya. Hoy tengo 38 años, este sueño está proyectado para cuando llegue a los 63.

Lo que más alegría me produce de aceptar el llamado a Cambiar el Sistema Educativo, es que no estoy solo en la tarea, ya somos muchos, y también somos conscientes que necesitamos conectarnos, unirnos, crecer y movernos en la misma dirección. Esto no es tarea de un solo individuo, esta es una apuesta colectiva, es un reto generacional.

El Viaje hacia el Bienestar requiere utopías, horizontes hacia dónde dirigirnos, pues bien, descubrí que este es mi horizonte como Pedagogo, me ilusiona mucho este sueño de Cambiar el Sistema Educativo, creo que vale la pena sumarse a esta tarea que pone a prueba la inteligencia colectiva y nuestra capacidad para cooperar como miembros de la especie humana.

Cristian me pregunta, ¿cuál sería tu propuesta?

He estado pensando esta pregunta y llegaba a mi mente Rodolfo Llinas. Según este neurocientifico, el cerebro tiene básicamente tres funciones: Movimiento, Intencionalidad y Predicción.

Cristian, necesitamos crear un cerebro colectivo que se mueva con la intención de hacer realidad lo que hoy es un bello sueño: Cambiar el Sistema Educativo.

Hay que crear un Movimiento Sociopolítico y creo que la primera tarea es crear células sociales. Así es como hoy lo veo y lo manifiesto en estas palabras. Cada uno de nosotros es una neurona de ese cerebro colectivo. La meta es conectarse con otras neuronas y darle vida a células eucariotas, grupos de activistas movidos por un mismo fin: Cambiar el Sistema Educativo.  

Por lo pronto, hay que seguir produciendo reflexiones que nos permitan hacernos conscientes de la urgencia de esta tarea para nuestra generación. Y además de las reflexiones, es fundamental hacer conexiones, intercambiar información y conversar al respecto.

Siento en mi interior la voz de Rodolfo Llinas diciéndonos:

“Hay que cambiar el sistema educativo, ya!!!”

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Publicado en EL MUNDO DE LA PAREJA

ADULTERIO Y DIVORCIO (post # 148)


 

Uno de los principales motivos que lleva a la separación de las parejas es la infidelidad. Sin duda alguna, para que una relación sea constructiva y traiga bienestar en lugar de dolores de cabeza, la fidelidad es fundamental. Fácil decirlo, muy difícil cumplirlo, sobre todo cuando vivimos en una sociedad que no se preocupa por formar a sus ciudadanos para que aprendan a construir sanas relaciones de pareja.

Sobre este tema hablaremos mucho en este espacio. Hoy quiero compartir contigo lo que nos dice al respecto uno de nuestros guías intelectuales: el profesor Antonio Vélez, autor del libro “Homo Sapiens”, obra que reseñé en un artículo previo. De antemano aclaro que la perspectiva divulgada por el profesor Vélez no es una explicación de lo que debería ser, sino, de la forma como en la práctica funciona esto de la infidelidad, que él llama adulterio. Este ejercicio se circunscribe en nuestra Mision: “Enseñarle al ser humano cómo es para que pueda mejorar”.

Visto desde la Psicología Evolucionista, es valido hacerse la siguiente pregunta ¿Cuál será la razón de la existencia de esta fuerte propensión humana al adulterio –o a la polígama, que es equivalente-, capaz de contrarrestar todo un conjunto de prohibiciones y enseñanzas? Dice el profesor Vélez que puede darse el adulterio por insatisfacción sexual, pero esto solo implica una ínfima parte del problema. La tendencia natural de los humanos va dirigida a buscar novedad y variedad, movidos por la inevitable perdida de interés sexual hacia la pareja ya conocida. Una razón para esta perdida es la habituación, fenómeno bien conocido por los psicólogos. Hasta los protozoos experimentan la habituación. Pero el fenómeno es más intenso en las especies inteligentes. Los humanos nos acostumbramos al olor, al sabor, a los sonidos y a la vista.

Lo habituación entonces es lo que explica en parte lo complicado que es rearreglar nuestra vida sexual o de amor para hacerla permanentemente atractiva. Requiere como bien lo señala mi maestro De Zubiria: “Ciencia, Arte y Trabajo”.

De acuerdo con la Psicología Evolucionista, un hombre promiscuo puede preñar a muchas mujeres; una mujer promiscua logra mejorar su progenie si elige bien sus aventuras y conserva a su marido. En este juego sexual –comenta el profesor Vélez-, el hombre puede resultar perdedor al tener que cargar con la crianza de hijos ajenos, salvo que preste atención a sus celos y mantenga a raya las aventuras amorosas de su pareja. Mirada desde el punto de vista evolutivo, la conducta poligamica amplia apreciablemente la variedad genética de los descendientes. Es una manera eficiente y placentera de potenciar el efecto de variabilidad inducido por la reproducción sexual, aunque no exenta de riesgos y costos.

De acuerdo con lo anterior, es valido, entonces pensar que la tendencia a la promiscuidad sexual, que tantos líos sociales acarrea, puede tener su asiento en viejos y resistentes genes heredados desde muy antiguo, cuando todavía era muy importante para el individuo tener muchos y variados descendientes. Ya no cumplen esa función,  pero siguen ahí.[1] Causando estragos y haciendo sufrir a quienes desconocen esta biológica realidad.

Estudios serios llevados a cabo en Inglaterra mostraron que entre 10 y 12% de los bebes nacidos en los hospitales no son hijos biológicos del padre nominal. En Chicago, un estudio realizado por correlacion entre grupos sanguíneos de bebes, padres y madres demostró que 20% de los recién nacidos no eran hijos legitimos (Ascarin, 2001, citado por Vélez, 2006)

De acuerdo con el profesor Vélez, los antropólogos que han hecho una revisión histórica sobre el adulterio y sus leyes han concluido que es recurrente la idea de criminalizar y declarar ilegal las relaciones sexuales de la mujer por fuera del matrimonio aceptado, al tiempo que se alaba y  valora la castidad femenina. Se parte de la premisa de que la mujer es propiedad del hombre, y que el adulterio es una especie de violación a la propiedad privada. Estas ideas nos parecen arcaicas e ingenuas, y lo son para la razón pura, salvo que son dictadas desde lo más profundo de nuestros genes. Por tal motivo son tan difíciles de corregir, a pesar de que existen ya muchas sociedades que se han civilizado en este aspecto. Pero falta aún: la fachada de fidelidad de la mujer sigue siendo muy importante en multitud de sociedades.

En esos asuntos entra en acción el infaltable egoísmo humano, y de la mezcla surge una paradoja de la conducta, y ante todo, una injusticia: poligamia para mí; monogamia estricta para la pareja. Desde la perspectiva evolutiva se explica la injusticia, pues la justicia no ha sido nunca criterio de selección, y si lo ha sido la injusticia. Y aunque sintamos que las reglas impuestas a la pareja son injustas, es bien difícil renunciar a ellas, por civilizados que seamos. Bien lo recalca el profesor Velez: no nos dejemos confundir con el caso de aquellas personas controladas con sumo rigor y eficiencia por sus creencias religiosas, que las hay, ni con el de parejas que parecen amarse con dedicación y exclusividad casi enfermizas, que también las hay.  Pertenecen a las colas de la curva gaussiana. El impulso general es ser polígamos de pensamiento, de intención, de deseo, aunque en más de una ocasión la poligamia factual no se lleve a cabo.

De tal naturaleza son esas fuerzas inconscientes que gobiernan nuestra existencia. Sin embargo, no son excusas. También fuimos dotados de una corteza cerebral que nos permite razonar. El problema es que tenemos que aprehender a hacerlo, y si somos infieles por naturaleza, también podemos ser fieles por formación y convicción.

Lastimosamente, –como bien lo señala el profesor Vélez– por falta de un cabal entendimiento de los orígenes del hombre, las normas y las estructuras sociales diseñadas por los humanos muchísimas veces van en contravía, y eso explica su fracaso sempiterno. Están concebidas para el hombre como pensamos que debe ser, y no para el hombre de carne, hueso y pasiones que realmente es.

Por esta cruda realidad es que el “amor eterno es de pocos”. Y no lo dice este servidor. Rodolfo Llinas, -el célebre neurocientifico colombiano. Dice que ese gran logro es “de inteligentes que estructuran y modulan los patrones de acción fijos sobre la base de ver al otro como la mano de uno. Cuidarla es mi responsabilidad y viceversa. Saber que no habrá puñalada trapera es la norma. ¡Nunca, primero me matan tres veces! Esa es la clave neuronal del amor eterno, la que mantiene el estado funcional activo y bloquea cualquier cosa que le sea contraria. Es una calidad de estado mental. Si se entiende no hay otra posibilidad que amar al otro; en cambio, querer acostarse con otro y pasarla rico no es amor. Amor es compromiso y cerebralmente está en el cerebro truhán. Uno no se enamora de una mujer porque tiene unas tetas buenísimas, uno se enamora de su cerebro, porque con él se interactúa y se avanza, con las tetas no. Amar es cerebralmente un baile y hay que bailar con el que pueda danzar con el cerebro de uno. Amar es bailar, no hacer gimnasia. Encontrar eso es muy difícil; hallarlo es un tesoro.”[1]

Y tu qué opinas?


[1] Antonio Vélez “Homo Sapiens” Editorial Villegas. Bogotá, 2006

[1] http://www.eltiempo.com/vida-de-hoy/salud/doctor-llinas-que-son-el-cerebro-dios-y-el-amor_8929060-4