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¿GENOCIDIO?

¿Se está configurando un nuevo genocidio en Colombia? ¿Por qué están matando a los líderes sociales? ¿Quiénes están detrás de esos viles asesinatos? ¿Es este el precio de la paz? ¿La sociedad colombiana es una sociedad tan acostumbrada a la violencia que le está costando aceptar el cambio hacia una era de paz? ¿Qué podemos hacer?

Para quienes estamos interesados en la dinámica sociopolítica, lo que está ocurriendo con los líderes sociales en Colombia es realmente preocupante. No es posible estar de espaldas a esta realidad. Así como tampoco podemos estar de espaldas a nuestra realidad comunitaria, familiar y personal. Tarde o temprano nos llegan las consecuencias de eso que tanto ignoramos y tratamos con indiferencia.

Ya pasaron las elecciones presidenciales, ya terminó la distracción del mundial del fútbol, ahora nos enfrentamos a una dura realidad: están matando hombre y mujeres que luchan por el bienestar de sus comunidades. Hace muy bien la Revista Semana en preguntarse esta semana: ¿Quién los está matando? ¿Tú qué crees?

En la década de los 80 y los 90, justamente después de un fallido proceso de paz con las Farc, ocurrió un genocidio político en Colombia. En aquella tragedia, los líderes sociales de entonces eran los integrantes de la Unión Patriótica, un partido político que surgió como fruto de esas negociaciones y que fue masacrado de forma constante y sistemática, más de cinco mil hombres y mujeres fueron víctimas de esta locura colectiva. Esto lo sé porque lo investigué, de hecho fue la tesis de grado que escribí para graduarme como psicólogo en la Universidad Católica de Colombia.

Pero… ¿Qué es el genocidio? ¿Es esto lo que está ocurriendo con los líderes sociales?

Grosso modo, el genocidio es el exterminio o eliminación sistemática de un grupo social por motivo de raza, religión o política. Se le atribuye la invención del término a Raphael Lemkin quien consideraba que «el genocidio iba más allá de la eliminación física en masa, que a su juicio era un caso límite y excepcional; consistía, más bien, en una multiplicidad de acciones destinadas a destruir las bases de la supervivencia de un grupo en cuanto grupo. Era una síntesis de los diferentes actos de persecución y destrucción»

¿Es esto lo que está pasando con los líderes sociales?

Hay que reflexionarlo mucho, máxime por la presencia de un fenómeno que tiene un peso adicional a la lucha por la tierra, me refiero al negocio del narcotráfico. Ese que han explotado todos los actores del conflicto, ese que ha permeado toda la sociedad colombiana, ese que ha dado lugar a una cultura traqueta que es hasta bien recibida y celebrada en ciertas capas sociales.

Luego de todo proceso de paz llega un periodo de bandolerización que resulta ser un reajuste de fuerzas, creo que eso es lo que está pasando con los líderes sociales que están cayendo en medio de esa lucha. Por eso hoy más que nunca se hace necesario seguir trabajando en la construcción de una cultura de paz. Especialmente, en una cultura de paz al interior de las familias, pues el fenómeno del narcotráfico y las bandas criminales se alimenta de esta crisis familiar.

Que compleja es la realidad sociopolítica colombiana, y más compleja aun cuando tenemos una gran cantidad de personas que inconscientemente le dan más poder a esos actores violentos que se benefician del caos y del fracaso de los procesos de paz. Actores que se empeñan en mantenernos en un ambiente de confrontación. Actores que dividen la sociedad colombiana y se niegan a asumir su responsabilidad, prestos solamente a acusar y de espaldas a la realidad, inventando fantasmas para asustar y no encarar la situación. Mientras plasmo estas palabras no dejo de pensar que muy parecido ocurre con la vida familiar. Pero eso ya es harina de otra costal y cada quien tiene que asumir lo que le corresponde. Incluyendo quien escribe estas líneas.

Este es mi aporte de esta semana, me alegra que he seguido constante en este empeño, ya voy en la séptima columna, la meta es completar 52 y convertirlo en un libro de opinión sociopolítica que me permita comprender un poco más el país tan “loco” en el que vivimos.

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EL AUTOGOBIERNO

Estudiando el concepto de Libertad, que lógicamente está directamente relacionado con la Felicidad, me encontré con unas palabras que me parecen muy pertinentes para este momento: “Hay un mejor Yo en todos nosotros. Debemos dejar qué él nos gobierne y nos mande porque es nuestro verdadero Yo, a quien le encomendaron la bella tarea de vivir nuestra vida”.

Es ese mejor Yo que cada uno de nosotros tiene en su interior, el que debemos elegir día tras días para generar una nueva realidad en nuestra vida.

Ha terminado la contienda electoral, un nuevo presidente ha llegado a la Casa de Nariño. Como soy optimista por naturaleza, quiero creer que Iván Duque será capaz de hacer historia por luchar con denuedo contra la corrupción y evitar que se expanda la cleptocracia en Colombia. Ardua tarea.

Algunos piensan que hemos empezado a transitar hacia la dictadura uribista, otros creen que no hay cuña que más apriete que la del mismo palo y será Duque quien termine siendo el presidente que lleve a la cárcel a Álvaro Uribe. Muchos son los escenarios que se pueden dar.

Cualquiera sea el desenlace de esta historia, lo cierto es que Iván Duque encarna en sí mismo el dilema de esta generación: ¿Qué tipo de sociedad le vamos a dejar a nuestros hijos? ¿Una sociedad capturada por la Cleptocracia o una sociedad abierta y con una profunda Democracia?

Con todas y sus imperfecciones, yo creo en la Democracia. Pero igualmente creo que la auténtica Democracia solo la pueden construir seres humanos genuinamente libres. Hombres y mujeres capaces de gobernarse a sí mismos. Yo creo en el Autogobierno. Sueño con que esta nueva generación seamos capaces de gobernarnos a nosotros mismos. Así quizá algún día no necesitaremos de tanto gobierno, de tanto Estado.

Iván Duque puede encarnar una nueva generación de hombres libres que fueron capaces de llegar al poder, pero no solo de un Estado, sino y sobre todo de un estado mental. Ser capaz de gobernarse a sí mismo, creo que es la mayor proeza de la mente humana.

O también podría ser que Iván Duque sea simplemente la cabeza de una nueva generación de burócratas  corruptos que han explotado y usurpado la gallina de los huevos de oro llamada Estado. Una gallina alimentada por el trabajo de millones de Ciudadanos que por estar divididos, terminan una parte de ellos eligiendo a sus verdugos.

Estoy luchando para poder terminar esta columna, hoy es domingo 24 de junio, hace una semana 10 millones de conciudadanos le dieron el poder ejecutivo a un hombre joven, nacido el 1 de agosto de 1976, apenas cuatro años mayor que yo, impresionante. ¿Cómo logro esta hazaña este hombre? ¿Es verdaderamente un títere del expresidente o un hombre libre capaz de gobernarse a sí mismo y por lo tanto a todo un país?

¿Será Iván Duque el hombre de la liberación de la corrupción y el líder de la reconciliación de este país?

Espero que el nuevo presidente de Colombia sea capaz de construir un gobierno propio. Que escuche, pero que tome por sí mismo sus propias decisiones. Que piense en sus tres hijos, que son una representación de todos nuestros hijos. Los que hoy son menores de 10 años y esperamos puedan disfrutar de un país en paz. Libres del yugo de la corrupción y comprometidos con la transformación de la Educación.

Espero que Iván Duque gobierne de cara al futuro y no se quede amarrado por el pasado. Por eso, más que oposición a su gobierno, estaré a disposición para tender puentes de dialogo en torno a objetivos en común: en mi caso, la Paz y la Educación.

Creo que la Pedagogía es esencialmente constructiva, y debe estar al servicio no de un gobierno en particular, sino de una sociedad que requiere voces que expresen su sentir. Yo hoy siento que el país está polarizado, pero no está dividido entre derecha e izquierda, como muchos creen, sino entre Cleptocracia y Democracia, entre corrupción y ciudadanías libres. Esta es la polarización que debe superar Duque, porque Estado y Sociedad debe unirse en torno a una misma lucha:

La lucha contra la corrupción.

Y como dicen que el ejemplo empieza por casa, tremenda tarea la que tiene Duque para “traicionar” a quienes lo montaron en la presidencia.

Ojalá llegué ese día, mientras tanto, como individuo espero poder sentir algún día que en verdad me gobierno a mí mismo.

 

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¿CLEPTOCRACIA O DEMOCRACIA?


 

Hace ocho días, el 8 de junio, mi maestro Miguel De Zubiria lanzó su nuevo libro titulado: ¿ERES FELIZ? Casualmente, lo hizo en el mismo auditorio del hotel en el que me gradué de bachiller en 1998. Aquel año, Andrés Pastrana acababa de llegar a la presidencia con la promesa de un proceso de paz con las Farc. Con ese hecho social llegué a mi mayoría de edad y logré coronar una meta muy luchada luego de pasar por varias instituciones educativas y en varias modalidades de estudio.

El día que me gradué de bachiller fui muy feliz, 20 años después, evoqué esa felicidad y en la conferencia de Miguel caí en cuenta que el lanzamiento de ese libro me confirmaba un camino elegido: Ser Profesor de Psicología de la Felicidad. Dos décadas pasaron para descubrir el trabajo de mi vida. Luego de la presentación compartimos un rato con el maestro, en compañía de Carolina Jiménez, su más aplicada discípula de Psicología Afectiva, y quien luego del evento me puso a llenar un cuestionario de psicología política que Miguel está construyendo; quedé un poco sorprendido con los resultados, y al mismo tiempo confirmé un llamado que he sentido en esta época de elecciones presidenciales: la pedagogía política.

La primera conclusión a la que he podido llegar luego de reflexionar lo vivido ese mágico día, es que existe una estrecha relación entre la Felicidad y la Política.  Una política bien hecha, bien pensada, bien sentida, es una política que produce felicidad social, y por ende felicidad familiar y personal.

¿Cuál de los dos grupos políticos enfrentados en esta contienda electoral contribuyen con la auténtica felicidad de la sociedad colombiana?

¿El Centro Democrático y toda esa tripulación que sin duda alguna tiene mucho que ver en ese desangre del Estado llamado corrupción?

¿Cuánto de esos 50 billones de pesos anuales han ido a parar a los bolsillos de esos que hoy están montados en el barco uribista?

¿No es la corrupción un atentado contra la felicidad de los colombianos?

Yo estoy convencido que la Felicidad tiene que ver con la equidad, con la justicia social, con las oportunidades de educación, con el respeto por la diferencia, con la valoración del pluralismo y la diversidad. Yo creo que la Colombia Humana y todas las fuerzas políticas que se han unido a su lucha política tienen que ver con estos anhelos. Millones de personas de todos los sectores de la sociedad están creyendo en esta posibilidad. Yo soy uno esos que creen en la posibilidad de construir una auténtica democracia, más profunda y participativa en la que sea posible ser realmente feliz y vivir en paz construyendo cada uno su propio proyecto de vida.

De modo que ha llegado la hora de verdad. Es el momento de decidir; no entre dos figuras políticas, sino entre dos formas de estar en sociedad: la cleptocracia o la democracia.

De acuerdo con Wikipedia, “la Cleptocracia (del griego clepto, ‘robo’; y cracia, ‘fuerza’ = dominio de los ladrones) es el establecimiento y desarrollo del poder basado en el robo de capital, institucionalizando la corrupción y sus derivados como el nepotismo, el clientelismo político y/o el peculado, de forma que estas acciones delictivas quedan impunes debido a que todos los sectores del poder están corruptos, desde la justicia, funcionarios de la ley y todo el sistema político y económico.”

De corrupción, nepotismo, clientelismo político y/o peculado está lleno el barco del Centro Democrático que está ávido de poder para poder hacer de las suyas e implantar una  nefasta cleptocracia muy parecida a la actual situación venezolana. Las encuestas dicen que ganará, yo espero que no.

Yo espero que gane la Democracia, que gane la Colombia Humana, con todo y sus imperfecciones, es preferible a un gobierno de delincuentes que ve enemigos por todo lado, que hace uso del miedo, la mentira y la manipulación para obstaculizar la construcción de una cultura de paz en el que tema central sea la Educación, y no la violencia política ni la corrupción.

Soy muy feliz expresando estos pensamientos, aunque de pronto no le gusten del todo a mi maestro Miguel, que muy a mi pesar ve con mejores ojos la propuesta política que tanto crítico, paradójicamente, políticamente me siento más afín con la postura de su hermano Julián De Zubiria, quien hizo público su apoyo a Gustavo Petro.

De todas maneras, pase lo que pase, y gane quien gane, queda claro que será necesario un fuerte trabajo psicológico y pedagógico para reconciliar esta sociedad herida por tantos años de violencia, y no solo guerrillera, sino también paramilitar, estatal y mafiosa.

La paz es felicidad, por eso vale la pena seguir apostándole a este proceso de construcción de paz que a buena hora inició el Presidente Santos, no ha sido fácil, no es fácil y no será fácil, tal y como ocurre con la Felicidad que es una tarea para nada fácil. Sin embargo, se facilita cuando aparecen en la vida herramientas tan poderosas como las que viene creando el maestro Miguel y que sintetizó con gran habilidad en su nuevo libro: ¿Eres Feliz?   

En estos momentos soy muy feliz, porque luego de mucho esfuerzo por centrar mi atención, he logrado cumplir la meta de escribir esta columna de opinión sociopolítica, lo cual me hace sentir bien conmigo mismo porque me estoy obedeciendo en la orden que me he dado: escribir cada semana una columna inspirado en la portada de la Revista Semana.

Según lo que he aprehendido, las metas son la primera fuente de felicidad, activan un circuito neuroquímico de producción de dopamina, adrenalina, endorfinas, serotonina y oxitocina; al mismo tiempo, las metas crean interacciones y vínculos, la segunda fuente de felicidad.

La sola idea de pensar en país sin corrupción, en paz y educado, me da mucha felicidad. Por eso vale la pena sumarse a esta meta colectiva. Sin miedo, con confianza y esperanza.

Yo no quiero una cleptocracia, deseo una democracia, ¿Y tú?

 

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MAFIAS POLITICAS VRS CIUDADANOS LIBRES

 

 

De acuerdo con Juan José Alonso, la identificación es un proceso psíquico que se da de forma inconsciente, aunque también se puede dar de forma consciente. Según este autor, la mente humana por cada objeto que ve, de cada frase que oye, de cada línea que lee, por cada olor o por cada sensación que experimenta hace una abstracción o absorción de las cualidades que para él representan.

La práctica constante y sistemática del Autoconocimiento lo lleva a uno a hacerse consciente de las identificaciones que ha adquirido a lo largo de su vida. Por estos días ando muy reflexivo con las identificaciones políticas, ya faltan muy poco para que vivamos el desenlace de las elecciones presidenciales más tensas de los últimos tiempos.

Estas palabras tienen el propósito de seguir construyendo una meta y alimentando un sueño. La meta es darle vida a un libro inspirado en las portadas de la Revista Semana y el sueño es ser parte de esa gran empresa de medios colombiana que para mí es todo un recurso para hacer pedagogía.

Hay una pedagogía que es urgente en Colombia, y no solo en esta tierra sino en toda América Latina, me refiero a la Pedagogía Política, esa pedagogía que nos enseña a ser ciudadanos libres y con criterio para poder discernir lo que más nos conviene como sociedad, que no siempre es lo que más le conviene a ciertos grupos de poder cuyo interés es mantener en la ignorancia y el miedo a la masa inconsciente.

La masa inconsciente no es consciente de su identidad política. Sus preferencias políticas no son el fruto de la reflexión sino de la manipulación mediática que siempre la apunta a mover lo más primitivo de la naturaleza humana; sus instintos y emociones. Ciertos grupos de poder le apunta al miedo, al cerebro reptil. Apelan a lo que me gusta llamar la política reptiliana.

El llamado “Antipetrismo” está sustentando en esa política, una política del miedo, la mentira, la difamación, la propaganda negra es su principal herramienta. Hace ocho años, Mockus y la Ola Verde fueron víctimas de este tipo de estrategias, se sabe de la existencia de un perverso ser llamado JJ Rendón, un estratega político que pone sus conocimientos psicológicos al servicio de estos grupos de poder.

El “Antiuribismo” es diferente. No está sustentado en mentiras ni en la creación de escenarios futuros trágicos, sino en hechos y en la proyección de posibilidades reales. Oponerse al uribismo es oponerse a todo lo que esta fuerza política hizo cuando estuvo en el poder. ¿Cuántos funcionarios de ese gobierno hoy están en la cárcel o prófugos de la justicia? Solo unos cuantos ejemplos bastan para dimensionar el tamaño de esa cleptocracia. ¿Recuerdas lo que pasó con el DAS? Un valiente periodista llamado Julián Martínez Vallejo llevó a cabo una brillante investigación que luego presentó en un fantástico libro llamado justamente así: “Chuzadas: 8 años de espionaje y barbarie”.

¿Recuerdan la Yidispolitica? Diego Palacio y Sabas Pretelt, funcionarios estrella del gobierno de Uribe pagaron cárcel por un delito llamado cohecho, fueron ellos los que se prestaron para modificar el “articulito” que permitió la reelección de Uribe en el 2006.

¿Recuerdan los falsos positivos?

¿Recuerdan agro ingreso seguro?

¿Recuerdan la parapolítica?

¿Estos son hechos o invenciones?

¿Ocurrieron realmente estos hechos o son puras ficciones de los antiuribistas?

¿Es Uribe un criminal o un perseguido político?

Los fanáticos uribistas, es decir la masa inconsciente, niegan esta realidad. Al respecto, dice José Antonio Marina que el fanatismo impide cambiar de creencia a pesar de tener evidencias en contra.

Las evidencias en contra de Uribe son copiosas, y como dice Daniel Coronel, no solo la ha hecho sino que la sigue haciendo. De modo que oponerse a Uribe y su sequito es oponerse a una cultura de la mafia, del todo vale como dice Mockus, de la corrupción, del clientelismo, del nepotismo, y muchos otros males que configuran un cáncer social que está a punto de hacer metástasis. ¿Por qué? Nuevamente aparece el pedagogo José Antonio Marina:

“Nuestra sociedad está no solo fascinada por la personalidad psicopática, sino que es además cada vez más tolerante con ella. Pero aún más terrible es la posibilidad de que esos psicópatas se conviertan en retorcidos modelos de comportamiento para niños de familias disfuncionales o procedentes de comunidades desintegradoras en las que poco se valora la honestidad, el juego limpio y la conciencia de bienestar de los demás”.

Estamos pues a las puertas de una profunda transformación cultural, representada ya no solo en la figura de Gustavo Petro, sino también en la de Ciudadanos Libres como Antanas Mockus y su apuesta por la educación, Claudia López y su lucha contra la corrupción, Ingrid Betancur y su gesto de perdón y reconciliación, además de María Ángela Robledo, una psicóloga empeñado en tejer vínculos para la construcción de un era de paz en Colombia.

Con esta apuesta es con la que yo elegí identificarme.

Una apuesta que llena de sentido mi rol como papá, mi papel como psicólogo y mi vocación como pedagogo.

¿Cuál será tu apuesta?

¿Apoyaras a las mafias políticas o a los ciudadanos libres?