Publicado en ANDREZ PAZ, DE VIAJE HACIA EL BIENESTAR, LIBRO

RELATO 36. PAPÁ

Hay muchos motivos para celebrar la vida, estar vivos y poder sentir esta experiencia de existir es de por si un motivo de celebración. Celebrar la vida de un hijo es un motivo de intensa alegría. El pasado 31 de enero celebramos la vida de Orianna, ha completado nuestra hija sus primeros diez años de vida. Plasmo estas palabras con una imagen que se niega a evaporarse de mi mente: una joven mujer con su niño de 10 años en sus brazos, a punto de saltar de un puente en Ibagué. Solo se me ocurre una pregunta: ¿Dónde estaba el papá?

La maestra vida nos enseña a vivir a través de la vida propia y de los otros. A veces son lecciones amorosas, otras veces, son lecciones dolorosas. A las buenas o a las malas se nos da la oportunidad de aprender a vivir y convivir. Y si nos negamos, la consecuencia será ser atrapados por un intenso deseo de escapar de esa realidad que sin querer hemos forjado. Ante lo ocurrido con esa mujer y su hijo se me ocurre preguntarme y de paso preguntarte: ¿Será posible prevenir la llegada a ese punto de no retorno?

Estoy muy conmovido, y he querido liberarme de esta sensación practicando una palabra que vengo cultivando este año: GRATITUD. Ser agradecidos con la Vida, independientemente de las circunstancias, nos da energía para vivir; fuerza para luchar y enfrentar las naturales adversidades de la existencia. Como veíamos en relatos anteriores, practicar la Gratitud nos permite desarrollar una mayor capacidad para apreciar la propia vida, al igual que experimentar unos niveles más elevados de bienestar personal y por lo tanto, una mayor cantidad y calidad de emociones positivas. Estoy plenamente convencido que cultivar la gratitud es una poderosa medida preventiva contra el suicidio.

Alguna vez le escuché a Miguel De Zubiria preguntarse: ¿Por qué no me suicido? Hoy me ha llegado también esta pregunta. Yo no me suicido porque tengo un motivo para vivir. Y no uno, sino muchos motivos por los cuales me siento muy agradecido. Quizá, el primero de ellos es el que en este día me tiene plasmando estas palabras: Ser Papá. Hace 10 años la vida me dio esta oportunidad para aferrarme a ella. A veces me pregunto cuál habría sido mi destino de no haber aceptado esta oportunidad. Es más, en ocasiones creo que muy probablemente no habría continuado caminando por los senderos de la psicología y mucho menos habría llegado al camino de la pedagogía.

Ser papá encauzó mi vida. En el fondo siento que Orianna y Dante son los maestros que me envió la Vida para crecer. La paternidad es un llamado a crecer, a ser grandes. Confieso que no ha sido fácil para mi aceptar este llamado, de hecho, creo que gran parte de la crisis que vivimos con Luz Adriana tuvo que ver con esto. Conociéndome, me he dado cuenta que mi temperamento y carácter no estaban dispuestos para este rol, por eso tuve que emprender la construcción de una nueva personalidad. Una nueva forma de pensar, sentir y actuar que me permitiera conectarme con esta vocación de ser papá.

Estoy absolutamente convencido que aceptar el llamado que nos hace la vida para servirle como papás, es fundamental para el Viaje hacia el Bienestar. De modo que además de celebrar la primera década de vida de Orianna, también celebro los 10 años de este rol que le da un inmenso sentido a mi vida.

¿Cómo no estar agradecidos con esta oportunidad que nos da la vida para crecer a través de la paternidad?

De alguna manera, siento que la crisis social tan profunda que estamos viviendo como sociedad, tiene su raíz en la crisis de la paternidad. El padre cada vez más brilla por su ausencia en las células familiares. Yo soy un absoluto convencido de la importancia de trabajar por la Unidad Familiar. A esta causa he consagrado mi vida personal, profesional y vocacional. ¿Hay algo más importante para el futuro de una sociedad? Si se derrumba la familia, se derrumba la sociedad.

Los hombres estamos llamados a romper con las cadenas de violencia en las que fuimos criados. No puede ser que repitamos la historia, ni como familia ni como sociedad. Me niego a aceptar que estamos condenados a vivir en medio de la violencia. Por eso plasmo estas palabras, por eso hago libros, por eso sirvo como psicólogo, por eso ofrezco mi historia, para dejar una huella de esta resistencia. Para recordarme la misión, especialmente en los momentos de desfallecimiento.

La foto que acompaña este relato la tomó Dante. Aquel día estuvimos en el Jardín Botánico, un paraíso en medio de la gran ciudad, allá fuimos a celebrar el cumpleaños de Orianna, casualmente nos encontramos con Sandra Mantilla, quien trabaja allí y nos dio un tour por ese bellísimo escenario. Compartimos unos deliciosos sanduches de aguacate preparados por Luz Adriana y luego nos fuimos para el Parque Simón Bolívar a encontrarnos con Marleny y Patricia (las tías maternas) y con Sander y Damián. Nos acompañó también Jean Franco, el amiguito del barrio que siempre se une a la celebración.

Aquí seguimos en este Viaje hacia el Bienestar, ya encauzados, con la esperanza puesta en el afianzamiento de este proyecto de vida que se construye día a día. Agradeciendo todo lo vivido, sin importar lo sentido.

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Publicado en ANDREZ PAZ, COLUMNAS SEMANA, OPINION SOCIOPOLITICA

PAPÁ REAL

Uno de mis sueños intelectuales es ser columnista de la Revista Semana.

Alguien me dijo que los sueños se empiezan a hacer realidad a partir de la palabra.

Con palabras empezamos a nombrar la realidad que queremos y si somos constantes, esa realidad va tomando forma poco a poco en nuestra vida.

Pues bien, conectándome con la energía espiritual que en este día circula por Colombia, me dispongo a cultivar este sueño de ser parte de la nomina del equipo de opinadores de la Revista Semana.

Mi estrategia para lograr esa meta es producir una columna inspirado en la portada de cada Semana, y lo haré desde lo que soy: un papá real, cuya vocación es la pedagogía y su profesión la psicología.

La Revista Semana es en si mismo un documento que va recogiendo la historia del país, retrata la realidad pero también genera la realidad.

Esta semana por ejemplo, da cuenta de un hecho histórico que sin duda alguna marcará un rumbo social y político de esta sociedad, que se debate entre darle la bienvenida a la esperanza de un mejor futuro o quedarse estancado en las agresiones y dolores del ayer.

La visita de Francisco me pone a pensar en una de las principales tragedias de este país en el que nací.

Colombia es un país con carencia de papás, me atrevo a afirmar que gran parte de la causa de la crisis política y social que hoy vivimos tiene su origen en la ausencia de papá, en la cada vez mas ausente presencia paterna.

¿Que pasa afectivamente con una niña que crece sin el amor de su padre?

¿Que pasa afectivamente con un niño al que le hace falta la figura paterna?

¿Será cierto eso de que mamá es solo una y que papá es cualquiera?

La división política que hoy vivimos es un reflejo a nivel macro de la división familiar que padecemos millones de colombianos, y está bastante claro que cuando el reino está dividido no llega la prosperidad, pasa en el país, pasa en las familias, pasa en el corazón de cada uno de nosotros.

Mientras haya división en nuestro Ser, en nuestra familia y en nuestra sociedad, nunca podremos prosperar de verdad, quizá consigamos plata, pero de nada sirve tener la nevera llena y el corazón vacío.

Colombia necesita con urgencia papás reales, pero no papás egocentricos, machistas, autoritarios, pendencieros, camorreros, camanduleros, mafiosos, guerreristas…..

Esta Colombia necesita la acción decidida de papás conscientes, pacíficos, asertivos, empaticos, equitativos, cooperadores, constructivos, propositivos, proactivos, felices, libres, emprendedores, creadores, pensadores…

¿Te imaginas una generación de papás así?

¿Te imaginas una generación de hombres asumiendo su paternidad de esta forma?

En tiempos de guerra, los hombres estamos a disposición de ella, ¿Por qué no pensar lo mismo en tiempos de paz?

Yo soy un hombre y estoy a disposición de la paz, determinado a trabajar por la paz porque estoy convencido que la paz es el camino hacia la unidad.

La paternidad ha sido para mi una bendición, y a mis hijos les quiero transmitir un legado de paz y unidad, no una maldita violencia que amargue sus existencias. No es justo con ellos, no lo merecen.

La paz empieza en cada uno de nosotros, en reconciliarnos con la paternidad que nos dio la vida, y en donar nuestra vida a la paternidad que se nos dió para crecer en esta vida.

Todo esto me suscita la visita del Papa Francisco, no me interesa entrar en discusiones frente a su figura, creo que la religión es un asunto personal y cada quien es libre de manejarlo como a bien la parezca, mucho menos me interesa caer en estériles debates políticos que conducen a ninguna parte.

Mi interés sencillamente, es poner en evidencia la esencia de lo que significa para mi la presencia en Colombia de este personaje iconico de la cultura occidental.

Un arquetipo llamado papa, que me pone a pensar en la necesidad de papás reales.

Andrés
Papá de Orianna y Dante.

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