Publicado en ANDRES PAZ, DE VIAJE HACIA EL BIENESTAR, LIBRO

RELATO 34. EL APREHENDIZAJE DE LA SABIDURÍA

En el relato anterior, aprendimos que cultivar la Gratitud nos permite desarrollar una mayor capacidad para apreciar la propia vida. Apreciar nuestra vida, es decir querernos. Que bonito, cuando se cultiva la Gratitud se fortalece nuestra autoestima. Se está más dispuesto para pasar de la quejadera crónica a la acción constructiva de nuestros proyectos de vida.

Este año 2019 cumplo 20 años de estar moviéndome por el mundo de la psicología. Parece que fue ayer cuando pisé por primera vez una universidad, el 25 de julio de 1999. En estos momentos estoy pensando en dos compañeras que conocí en ese primer semestre y con quienes aún tenemos conexión. Diana Constanza Ramírez y Elsy Carolina Jiménez. Cada uno de nosotros, a su manera, ha construido un proyecto de vida profesional y familiar. ¿Exigente ha sido el reto, verdad compañeras?

Carolina se fue por los senderos de la psicología organizacional, Diana por su parte está batallando en los campos de la psicología educativa. Carito trabaja en una empresa farmacéutica y Dianita en un colegio distrital. ¿Y yo? Bueno, yo me consagré al sueño de mi vida: cultivar palabras, hacer libros. Pero más allá de este oficio, en realidad yo soy un psicólogo que hizo de la práctica del Autoconocimiento su estilo de vida.

Conocerse es una disciplina poderosa. A ella llegué en el año 2008 gracias a la Psicología Afectiva, una rama de la Psicología Positiva que me hizo retomar los senderos de la psicología, luego de un fugaz paso por el mundo del Derecho. Hoy pienso que si no me hubiera encontrado con esa psicología formulada por Miguel De Zubiria, me habría graduado de abogado, no hubiese conocido la pedagogía, y probablemente, tampoco le habría apostado a la construcción de un proyecto familiar.

Como bien lo aprehendí de Psicología Afectiva, conocerse no implica solamente conocer el mundo propio, sino también conocer el mundo del otro y conocer el mundo social. En otras palabras; observando la sociedad y a los otros, podemos conocernos mejor a nosotros mismos. Creo que esta es la razón por la que en lugar de estar confinado en una organización de 8am a 5pm, opté por el trabajo independiente como consultor y terapeuta. En esta labor sí que he podido conocer el mundo del otro. Cada persona que he atendido en mi vida profesional, me ha ayudado a conocerme un poco más a mí mismo. Y lo más impresionante, luego de cada encuentro, que en realidad es una conexión de corazón a corazón, cosecho una abundante inspiración que luego llevo a mis libros.

Estudiando Psicología Afectiva me encontré con un autor fundamental, me atrevo a decir que es una de las máximas influencias del pensamiento de Miguel De Zubiria. Gracias a José Antonio Marina entré en contacto con una idea que literalmente ha transformado mi vida y es la que en gran medida me tiene plasmando estas palabras. Me refiero a la idea de “Personalidad Elegida”.

Acabo de recordar que ya había empezado a hablar de esta idea de la personalidad elegida en el relato 19 de este libro, me fui a leerlo y me encontré con estas palabras de José Antonio Marina:

“Aristóteles definía el carácter como el conjunto de hábitos poseídos por una persona. Para mí es la personalidad aprendida, es decir, todo aquello que a partir del temperamento hemos adquirido a través de la vida. A partir del carácter – aprovechándonos de él, modulándolo, cambiándolo- cada uno diseñamos nuestra personalidad elegida, la última figura de nuestra individualidad, nuestro gran proyecto.”

Me impresiona mucho esta proposición y por eso la quiero reiterar preguntándome: ¿Cómo es eso que cada uno diseñamos nuestra personalidad elegida, la última figura de nuestra individualidad, nuestro gran proyecto?

¿Tu sabias que cada uno de nosotros puede diseñar su personalidad elegida?

Acabo de encontrarme con una palabras que son muy pertinentes para este momento:

“Las ideas que dominan nuestra mente son de una inmensa influencia en nuestro futuro”.

Esta idea de la personalidad elegida ha dominado mi mente en los últimos años y por eso estoy escribiendo esto. Esta es la razón por la cual me metí de lleno en el estudio y vivencia de la Teoría de la Personalidad que plantea José Antonio Marina. Dicha teoría está amplia y profundamente formulada en un libro clave de la obra de este autor: El Aprendizaje de la Sabiduría. Justamente allí, dice Marina:

“Resulta muy difícil hacer la genealogía de nuestra personalidad, intentar descubrir los elementos que influyeron en nuestro modo de ser. Me interesa averiguar cómo emerge una personalidad a partir de una algarabía de influencias: genéticas, sociales y educativas. Es una investigación detectivesca sobre la biografía de los seres humanos. Voy a explicarles lo que la ciencia nos dice sobre la construcción de una personalidad. Vamos a recorrer de nuevo, en términos generales, el proceso que el lector ha seguido en su vida, esa compleja interacción entre individuo y circunstancia, entre biología y cultura, entre la realidad y el deseo, entre esfuerzo y claudicación, entre proyecto y casualidad que nos ha hecho a todos. La psicología que voy a exponer debe ser pedagógicamente de ida y vuelta. Para comprender el desarrollo de un niño, el lector debe ir desde su situación adulta hasta el bebé que fue, para desde allí regresar de nuevo a su situación presente. Al final, si ni usted ni yo nos hacemos un lio, espero que entienda mejor al niño y se entienda mejor a sí mismo.”

Entendernos a nosotros mismos, ese es el fruto de la práctica del autoconocimiento. Por eso los antiguos griegos recomendaban con tanta sapiencia: “Conócete a ti mismo”.

Para mí, conocerse a sí mismo es convertirse en un Aprehendiz de Sabiduría. Esta es la base de lo que elegí ser:

Un aprehendiz de sabiduría.

La imagen que acompaña este relato tiene mucho significado para mí porque es una foto en Ecuador, en un lugar conocido como “La Mitad del Mundo”. Yo estoy convencido que la sabiduría está en el camino medio, los extremos llevan al sufrimiento. Eso la humanidad lo descubrió hace miles de años y pareciera que todavía estamos lejos de practicarlo.

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