Publicado en andres granada

MI MAESTRA ORIANNA

MI MAESTRA ORIANNA

En esta Escuela de la Vida los hijos nos llegan como una gran oportunidad para crecer.

No cabe duda que ellos nos enseñan profundas lecciones de la Vida.

A lo mejor ese sea el propósito de este vínculo afectivo; aprender mutuamente a viajar por esta existencia que nos ha tocado.

Nuestros hijos entonces son compañeros de viaje que quieren enseñarnos para que luego nosotros los formemos.

De modo que si escuchamos a nuestros hijos podremos comunicarnos mejor con ellos.

Esto es parte de lo que he podido aprender en mi interacción con mi maestra Orianna.

La hija que me ha dado la Vida a través de Luz Adriana para aprender a disfrutar de mi propia vida.

Orianna es una tremenda conversadora.

Habla hasta por los codos.

A veces dice:

-Papi, es que yo soy tan habladora.

Orianna es observadora, analítica, detallista, conoce a los miembros de su tribu.

Es cuidadora y protectora de su hermanito Dante, quien la imita todo el tiempo.

Los dos son expertos en armarse planes de juego.

Verlos interactuando es un deleite para el espíritu.

Compartir con ellos la cotidianidad es el mejor de los regalos de la Vida.

Por eso es que para mi ser padre no es una carga sino una tremenda alegría.

La alegría de aprender de la Vida en compañía de lo mejor de tu vida:

Tus hijos.

Valóralos,

Conócelos,

Compártete con ellos.

Aprende de ellos.

Disfruta con ellos.

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Publicado en biografia

LA MINCHA Y YO: 6 AÑOS CONSTRUYENDO

 

Hay fechas en la vida de las personas que tienen un especial significado; éste puede ser positivo o negativo, puede evocar momentos de alegría o tristeza, en cualquier caso, cada vez que llega ese día, sencilla o fastuosamente lo conmemoramos. El 28 de enero es una fecha especial para mí. Ese día la Vida puso sobre mi camino a mi compañera de viaje, y desde entonces, llevamos 6 años construyendo un sendero en común, un mundo compartido, una realidad para los dos.

No hicimos una celebración particular, el regalo fue estar juntos todo el día, compartirnos. De hecho, las actividades que llevamos a cabo en este día reflejan la evolución y cohesión de nuestra relación.

En la primera parte del día nos compartimos en la cotidianeidad de nuestro hogar, con nuestros hijos; Orianna de 3 años y Dante de 8 meses (cumplidos en esta misma fecha). También con parte del resto de la Tribu; la Tía Patito y la Abuela Imelda. Dos poderosas Tutoras Afectivas que nos están ayudando en esta compleja tarea de la crianza. Para mi, Patito representa el modelo de Tía Formativa que promovemos en la Comunidad y doña Imelda encarna ese rol de Abuela Formativa; genuinamente interesada en el bienestar de su descendencia. Estos dos bellos personajes explican en parte la razón por la que nosotros estamos transitando este camino de la Formación Afectiva. Debo reconocerlo y expresar una gratitud publica; haber sido adoptado por esta Tribu es uno de los mejores regalos de mi vida, en el seno de esta familia (con don Silvino, Marleny, Damian, Sander y hasta el perro Merlyn) he tenido la fortuna de conocer y experimentar la armonía familiar, misma que me fue tan esquiva durante mis años pasados.

El día siguió su marcha y nosotros con él. La siguiente actividad de la jornada fue una sesión de Formación Afectiva en un caso de Depresión que estamos trabajando. Al respecto, debo señalar que cada nuevo caso que enfrentamos los dos lo desmenuzamos, analizamos, le vemos todas las alternativas; hemos descubierto que intervenir conjuntamente en el proceso es una estrategia muy efectiva porque se tienen dos valoraciones complementarias del caso y por lo tanto, se van construyendo soluciones  más solidas con el  aporte de cada uno. En el caso en cuestión, acumulamos el primer mes de trabajo, ya tenemos un panorama un poco más despejado y buenas expectativas para sacar adelante esta historia.

Terminada la sesión nos fuimos a caminar, a comentar nuestras impresiones. Debo destacar que lo mejor de trabajar con la Mincha es que nunca dejamos de conversar. Los asuntos son variados; temas familiares, sociales, políticos, económicos y del Oficio como Formadores Afectivos.

En este punto se me ocurre hacer una reflexión BioPsicoSocial del hecho de trabajar con tu pareja. Lo hago porque esta practica forma parte de nuestro modelo de Parejas Formativas y considero fundamental empezar a compartir sus principales premisas.

Desde el punto de vista Biológico, estudios científicos han demostrado que el compartirse con tu pareja activa la producción de oxitocina y vasopresina, generándose lo que psicológicamente hablando conocemos como el apego. Trabajar con tu pareja entonces fortalece el apego y se constituye en una Vacuna Afectiva que protege la relación contra el aburrimiento, la ansiedad, la apatía y por lo tanto, reduce el riesgo de ser victimas de psicopatologías del emparejamiento como la infidelidad y la violencia.

Desde el punto de vista Psicológico, la amalgama del apego favorece la conexión, la sintonía entre la pareja. Trabajar juntos hace que se ejerciten Habilidades Afectivas como la empatía y la asertividad. Estar construyendo un proyecto de vida amarra mi suerte a la suerte del otro, al trabajar con tu pareja sumas y multiplicas, al no hacerlo, corres el riesgo de restar y dividir.

Y desde el punto de vista Social, podemos parafrasear: “pareja que trabaja unida, permanece unida”. En efecto, cuando las parejas trabajan juntas, tienen menos probabilidades de separarse y con ello crear un caos en la familia, en sus hijos. Una pareja que trabaja unida es más productiva, genera mayor riqueza, no sólo en metálico, sino social,  porque tiene mayores posibilidades de compartirse con sus hijos, vincularlos incluso a sus propias actividades, esto se traduce en familias más cohesionadas, solidas y resilentes. ¿No este un gran aporte social?

Por estas razones trabajamos con la Mincha, por eso hemos creado una forma de ganarnos la Vida, por eso somos Formadores Afectivos.

Hoy, 6 años después de habernos encontrado, comprendo con toda claridad el propósito de nuestra unión. Además de amarnos como pareja, debemos Formar a nuestros hijos; desarrollar sus talentos. Ejercer una influencia positiva sobre nuestro entorno y desarrollar un Modelo Vital, Conceptual y de Trabajo que nos permita ser parte de ese contingente de hombres y mujeres que en todos los rincones del mundo y desde sus respectivos frentes, están trabajando a diario en la construcción de unas sociedades más humanas, éticas y equitativas.

Al final del día nuestra caminata nos llevó hasta la Biblioteca Luis Ángel Arango, entregamos unos libros que teníamos prestados, a propósito en esta ultima quincena lei tres de ellos: “Por qué soy Cristiano” de José Antonio Marina; “Vida Positiva: cómo superar las emociones negativas y prosperar” de Barbara Fredrickson y “La Neurocultura: una cultura basada en el cerebro” de Francisco Mora. Tres textos claves para nuestro pensamiento.

Así celebramos nuestro sexto aniversario; compartiéndonos, trabajando, conversando, pensando la realidad. Contentos porque cada vez que obtenemos un ingreso por nuestras orientaciones afectivas, confirmamos la eficacia de nuestro modelo, alimentado así la esperanza y convicción de estar recorriendo el camino indicado para nosotros, un camino que promete la cercana recogida de generosas cosechas.

Publicado en aprender a ser padres, formacion para el bienestar

ARTICULO # 78 LA DICHA DE SER PADRES


En esta temporada caracterizada por un desaforado consumismo, quiero compartir con ustedes unos sentimientos y emociones producidos por un hecho maravilloso de la existencia humana. Me refiero a la dicha de ser padres.

Y esa dicha sólo se experimenta cuando se cumple ese rol. Este año que está por expirar, me dejó esa alegría. Llegó a mi vida Orianna, una hermosa niña (porque todos los niños para sus padres son hermosos) que hoy tiene 11 meses. Mientras escribo estas letras, además de pensar en mis padres y hermanas, pienso en colegas y amigas que estoy seguro disfrutan cada día al lado de ese tremendo regalo de la naturaleza.

Es cierto, sólo cuando se es padre se comprende la lucha de quienes nos dieron la vida. A veces olvidamos esos sacrificios y esfuerzos de nuestros padres por procurarnos una existencia digna y en no pocas ocasiones, actuamos de forma ingrata frente a ellos.

Indudablemente, una de las fuentes de felicidad más genuina que existe, es la familia, particularmente los hijos, y a fe que este año lo he podido comprobar. Nunca había experimentado tanta satisfacción al ver crecer un ser que es parte de ti, que es la continuación de tu existencia.

Cada momento de su crecimiento se convierte en una celebración. Que las primeras palabras, que le salió el primer dientecito, que se alegra por verte, que ya gatea, que ya se para solita, que te hace ojitos, que se ríe contigo y toda una larga lista de actos sublimes que te alegran la vida todos los días.

Aunque no todo es “color de rosa”. Cuando Orianna nació por ejemplo, su primer mes de vida lo pasó en la clínica. Una insuficiencia respiratoria y luego una infección nosocomial, haría que nuestra primeriza experiencia como padres fuera dolorosa. No es fácil ver a tu hija en una incubadora luchando por vivir, te sientes impotente y acudes a tu espiritualidad para enviarle buena energía a ese diminuto Ser.

En algún momento de esta tarea, todos pasamos por esas circunstancias. Y estoy seguro que no hay tristeza mas embargante que la de ver un hijo sufrir. Por eso hoy comprendo cuanta razón tienen quienes afirman que es mucho más grande el dolor que se experimente cuando se pierde un hijo, que cuando se pierde otro ser querido.

En los primeros meses de ese nuevo Ser juega un papel importante su círculo afectivo. Resultan muy afortunados aquellos bebes que cuentan a su lado con una gran tribu que gira alrededor de ellos. Los primos y primas, las tías y tíos, los abuelos y abuelas. Estas últimas si que son fundamentales. En nuestro caso, la ayuda de la abuela Imelda ha resultado vital.

Lastimosamente, en un país como el nuestro, son millones los niños y niñas que no tienen la “suerte” de contar con una red afectiva solida. Es pan de cada día escuchar las escabrosas historias de niños que son abandonados en “guarderías”, porque sus padres o en muchos casos madres solteras, deben salir a rebuscarse el sustento diario. Mujeres solas, que con verraquera sacan adelante a sus hijos, pero a un precio muy alto.

En esta temporada decembrina, muchos padres y madres andan desesperados porque no saben o no tienen con que comprarle un regalo dizque de “Niño Dios” a sus hijos. A tal grado de manipulación mediática ha llegado el sistema, que incluso genera culpa en aquellos que no pueden satisfacer los inocentes deseos de sus hijos, y entonces canciones tan aberrantes como esa de “Mamaaaa, dónde están los juguetes…. Mamaaaa, el niño no los trajo…..” hacen su efecto y producen ríos de lagrimas (aquí donde estoy ya estoy a punto de llorar, de verdad).

Mas allá de toda la parafernalia y el ruido que se hace en esta época, lo importante es tomar conciencia que los lazos afectivos no se estrechan solo el 24 o el 31 de diciembre. Es una tarea de todos los días.

De igual manera, el mejor regalo para un hijo no es la última muñeca de moda o el video juego de nueva generación, para mi, -que por supuesto no tiene que ser su postura- el mejor regalo y que se debería dar todos los días, es la renovación del afecto, es la enseñanza de aprehender a valorar aspectos que vayan mas allá que un juguete, es enseñarle a los hijos a no ser esclavos de una sociedad de consumo, es enseñarles a ser libres de toda atadura dogmatica e ideológica y no trasmitirle nuestros propios prejuicios que conviertan a ese futuro hombre o mujer en una persona excluyente, discriminadora y egoísta.

En todo caso, aunque algunos piensen lo contrario, ser padre es una maravilla. Se paga un precio, pero se hace con creces y con amor. Lo importante es no olvidar que los hijos no nos pertenecen, son prestados. Inevitablemente llega el día en que deben partir, cuando eso suceda, podremos entender el dolor de nuestros padres cuando nosotros partimos a crear nuestra familia y con ello, a continuar la historia.