Publicado en BITACORA, CAZADOR RECOLECTOR

EL FORMADOR AFECTIVO COMO UN CAZADOR RECOLECTOR

Los estudiosos de la evolución humana nos hablan de cuatro grandes periodos en el desarrollo de la humanidad. Primero, una larga temporada como nómadas Cazadores-Recolectores; luego, la población fue creciendo  y migrando hacia un estilo de vida más sedentario alrededor de la agricultura; después, surge la Revolución Industrial y con ella la posterior explosión demográfica en las ciudades; hoy, quienes vivimos en estos días, somos testigos de una nueva migración que teóricos como el sociólogo Manuel Castells han denominado como la Era de la Información o Informacionalismo. Y nuevamente la vida está cambiando drásticamente porque esta Era está siendo marcada por revolucionarias innovaciones tecnológicas e informáticas y por profundas transformaciones culturales, sociales, económicas y políticas. Sin embargo, y a pesar de los miles de años transcurridos desde nuestros tiempos como cazadores-recolectores, en el fondo seguimos comportándonos de forma muy similar, especialmente en lo que a la consecución de los Recursos Personales se refiere.

Nuestros lejanos antepasados se enfrentaban al desafío de la supervivencia con la rigurosidad de quien es consciente de que acceder a los recursos es una cuestión de vida o muerte. Un asunto vital. Ellos, cuya motivación principal era la búsqueda de alimentos, recorrían la Tierra cazando y recolectando lo que a su paso encontraban, y establecían asentamientos temporales teniendo como referencia los ciclos climáticos.

Una vez establecido el asentamiento, los hombres de la tribu salían a hacer sus faenas; se iban en grupos a cazar, a enfrentar el desafío de luchar contra otras especies. En el asentamiento quedaban las mujeres y los mayores, quienes se dedicaban a la recolección y a la Formación de los nuevos miembros de la tribu.

Cuando los hombres regresaban al asentamiento después de varios días de arduo trabajo, se dedicaban además de descansar, a otros menesteres; el juego, la danza, los ritos y otras practicas que fueron complejizando la mente humana. Es decir, no todo era Cacería, también sacaban tiempo para el Ocio, la sofisticación de sus herramientas, y la creación de otras nuevas.

Hoy, miles y miles de años después, esa minúscula población de la especie humana se ha multiplicado de una forma que asusta. Ya somos 7 mil millones y todavía seguimos Cazando y Recolectando, con una pequeña diferencia; la gran mayoría de miembros de esta especie gastan sus vidas en la mera búsqueda de recursos y en sus “tiempos libres” se dedican al consumo de actividades que promueven el ocio pasivo, el mínimo esfuerzo, simplemente dedicándose a satisfacer las demandas de sus genes y sus memes; motivo por el cual quedan atrapados en un Circulo Vicioso de mera supervivencia: comer, dormir, reproducirse (al menos aparearse) y morir. Viéndose comprometida, tarde o temprano, su Salud Afectiva.

Yo estoy de acuerdo con el psicólogo evolucionista Steven Pinker cuando afirma que “no todo tiempo pasado fue mejor”. Indudablemente seguimos evolucionando, sobre todo culturalmente, y gracias al trabajo que hoy hacemos, nuestros descendientes vivirán en sociedades más civilizadas, pero… (Siempre hay un pero) estos mejores tiempos no llegan por generación espontanea, hay que seguirlos cultivando, y cada nueva generación tiene la oportunidad de hacer su aporte a esta fabulosa Causa Humana. Aunque también tiene la tentación de obstaculizar dicho desarrollo y vivir su vida sin hacer nada productivo (ni siquiera para Si Mismos) o al servicio de hombres que ya no cazan alimentos, sino a otros hombres. Y cuando el hombre caza al hombre, la evolución de la humanidad se complica.

Por éste motivo es que el prestigioso psicólogo Mihaly Csikszentmihalyi señala que “ninguna tarea es a la larga más importante que hallar una manera de desarrollar Yoes que apoyen la evolución. De ello depende el resto de consecuencias positivas. Si queremos contar con una historia, nuestras mentes deben estar preparadas para crearlas.”[1] Por eso es que debemos practicar una Crianza Formativa.

Personalmente he decidido caminar junto al primer bando. Entre otras razones porque estoy tomando conciencia de las reglas del juego de la Vida. Un juego en el que “algunos individuos siguen de forma casi exclusiva las instrucciones de su configuración genética o los dictados de la sociedad, con escasa o nula participación por parte de la conciencia. En el otro extremo del espectro están los individuos que desarrollan seres autónomos con objetivos que sobrepasan las instrucciones externas, viviendo casi exclusivamente según reglas autogeneradas. La mayoría de nosotros –señala Csikszentmihaly– operamos entre esos dos extremos”.[2]

Yo, he comenzado ha caminar en el segundo. Con los que queremos ofrecer nuestra existencia y poner nuestro cerebro al servicio de la Causa Humana. Aportar en esta empresa que se viene construyendo desde que el hombre es hombre. No quiero llevar una vida pasiva, ni al servicio de hombres cazadores de hombres que bajo disfraces altruistas, someten a otros miembros de nuestra especie para satisfacer solo sus intenciones particulares, las demandas de sus genes y sus memes egoístas.

Ahora estoy comprendiendo que ese sometimiento se hace a las “buenas”, o a las malas. En el primer caso se apela a la fuerza, se impone el miedo, el terror. Ahí están las dictaduras totalitarias y fundamentalistas que todavía nos muestran ese lado perverso de la naturaleza humana. Pero también, se puede someter al hombre a las “buenas”. Con sutiles ideologías esclavizantes, económicas, políticas, religiosas. Sistemas de creencias con mecanismos adoctrinantes tan efectivos que incluso tienen entre sus seguidores sus principales sostenedores y multiplicadores. Ellos mismos defienden sus cadenas.

Con mi Mincha hemos decidido interiorizar las mejores prácticas que el hombre ha desarrollado a lo largo de su evolución cultural. De los Cazadores-Recolectores aplicamos esa estrategia de salir a Cazar cada mañana. Eso quiere decir a divulgar, comunicar y multiplicar el mensaje de la Formación Afectiva en los Buses. Esta estructura básica la complementaremos con las demás actividades de Formación Afectiva que realizamos conjuntamente con la Mincha. Los cursos de Afectividad Humana en la Luis Angel Arango, las Orientaciones Afectivas, las conferencias y los talleres.

El propósito es acumular los Recursos Personales necesarios para patrocinar nuestra Actividad Creativa; leer, escribir, crear y conversar con la Mincha. En otras palabras, búsqueda intensa de recursos y producción intensa de contenido para publicar en nuestros blogs.

Nuestra tarea de Formación Afectiva empieza como Cazadores-Recolectores. Pero no cazaremos hombres sino recursos para la Causa, no recolectaremos solo metálico; también contactos, usuarios, experiencias positivas que nos proporcionen las reservas suficientes de energía (psíquica y material) para reducir nuestra actividad de Caza y pasar al siguiente nivel: el del Formador Afectivo como un Agricultor y preparador de Cazadores-Recolectores.


[2] Ibid, pag 51 la negrita es mía y lo hago para destacar ese hecho tan notable que tiene una consecuencia muy potente sobre nuestros modelos de Parejas Formativas, Crianza Formativa y Trabajadores Talentosos.

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ARTICULO # 112 EL JUEGO DEL PODER


El poder es un juego[1]. Sus jugadores son cuatro: Los Oficialistas, los Antioficialistas, los Oscilantes y los Creadores. En este artículo te hablaré un poco de cada uno ellos.

Los oficialistas: estos defienden e intentan perpetuar el sistema manteniendo el poder en sus manos.

Los antioficialistas: estos son los que se oponen al sistema y quieren acceder al poder arrebatándoselo a los oficialistas. Lo hacen de dos formas: a las buenas (jugando con las reglas de quienes detentan el poder) o a las malas (a través de la lucha armada).

Los que intentan acceder al poder por las buenas, regularmente -tarde o temprano- terminan cooptados por el sistema (véasen estos ilustres ejemplos: Angelino Garzón (antiguo militante de la Unión Patriótica y hoy Vicepresidente de Colombia), Rosemberg Pabon, Evert Bustamante (otroras guerrilleros del M19 y exfuncionarios del gobierno de Uribe Velez)

Los que se atreven a desafiar al sistema, intentando acceder al poder por las malas, casi siempre terminan mal. Son como un virus del sistema, y como tal, cuando éste se siente amenazado, despliega todo su poder para eliminar el virus. Al precio que sea. (Tal y como ocurrió con el “Mono Jojoy”, abatido por las fuerzas oficialistas).

Esos que se levantan en armas contra el poder establecido (supuestamente en nombre del pueblo) son vistos por el sistema como enemigos del pueblo y como tal se les trata. No solamente se les mata físicamente, sino también moralmente. Pasan a la historia como malhechores, bandidos, delincuentes, bandoleros, terroristas. (Nuestros abuelos y conocedores de la historia colombiana, han de recordar a personajes tan celebres como “chispas” “Efrain Gonzalez”, “Sangrenegra”, el “Capitán Venganza”, “Desquite”)

Oficialistas y Antioficialistas, tiene cada uno un sistema de valores, un discurso ideológico. Con esa visión del mundo intentan ganarse la simpatía del tercer grupo. Para ello hacen uso de los medios de comunicación, de la propaganda, de las instituciones del Estado. Dicen trabajar por el bien de la “patria” de los “intereses superiores de la patria”. La demagogia corre por las venas de ambos grupos que buscan persuadir el apoyo de quienes supuestamente tienen el poder de elegir: el pueblo. Estos vienen a ser los Oscilantes.

Los Oscilantes están al vaivén de los acontecimientos. Son presa fácil de quienes ostentan el poder en el momento. En últimas son los que siempre pagan los platos rotos. Fácilmente manipulables. Son los que terminan legitimando las acciones de los oficiales, por lo menos hasta que éstos son derrocados por los antioficiales.

Vemos dos ejemplos.

El 1 de enero de 1959 accedió al poder un hombre que hasta ese momento era la cabeza del grupo de los Antioficialistas. Derrocó al líder de los Oficialistas. El primero se llama Fidel Castro; el segundo se llamaba Fulgencio Batista. Desde entonces, el dictador cubano pasó a ser la cabeza del Oficialismo. 50 años han transcurrido y el viejo “revolucionario” aun sigue en el poder y sus opositores, convertidos en Antioficialistas, no han podido arrebatárselo.

En 1999 en Venezuela llegó al poder por la vía democrática un personajillo que va camino a atornillarse. Hugo Chavez le quitó el poder a la rancia oligarquía venezolana, que de ser oficialista pasó a ser antioficialista.

En la mitad siempre están los oscilantes. Utilizados y manipulados por ambos grupos.

El cuarto grupo es el de los creadores. Estos son los que le dan vida  a las nuevas instituciones cuando se da un cambio de época. Ya ocurrió en el siglo XVIII y XIX, en aquel tiempo, el oficialismo estaba representado por la monarquía, la nobleza y los terratenientes, quienes finalmente fueron derrocados por el antioficialismo representado en la naciente burguesía. Este grupo, ahora convertido en oficialista, le dio vida a un nuevo sistema político: La Democracia. Un nuevo modelo económico, el Capitalismo. Un nuevo paradigma tecnológico, el Industrialismo. Un sistema educativo de masas. Es decir, sentó las bases de lo que en ese entonces era re-evolucionario, y hoy, es anacrónico.

Como bien lo señala Alvin Toffler, “unas generaciones nacen para mantener una civilización y otras para crearla”. Eso hacen los Creadores, darle vida a una nueva civilización. Hoy, en los albores del siglo XXI, estamos asistiendo a un cambio de época tan impactante (o más) como el que se vivió hace 200 años. Eso quiere decir que en el mundo entero, ya hay personas creadoras dándole vida a las nuevas instituciones, acorde con el nuevo paradigma Tecnológico: el Informacionalismo. Esto implica transformaciones en el tipo de democracia que conocemos (será más profunda), un nuevo modelo económico, un nuevo sistema educativo, en fin, una nueva Re-Evolución.

Indudablemente, serán los creadores los nuevos y determinantes jugadores del Poder.

¿En que rol quieres jugar?


[1] Si quieres saber un poco más de esta metáfora. Te recomiendo el sitio de Waldemar de Gregori. http://globaltriunity.net/espanhol/manifiesto/manifiesto.htm

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ARTICULO # 108 SOBRE LO QUE HE ESCRITO Y ESCRIBIRÉ

Mi verdadera formación la he obtenido de la lectura. Del sistema educativo industrial, incluyendo la Universidad, sólo obtuve un cartón que me acredita como psicólogo. Nada más. Soy un fervoroso cultor del conocimiento. No imagino la existencia sin un libro a mi alcance. Alguna vez escuché por ahí que la lectura es el único camino que conduce a la escritura. Y mi caso no podía ser la excepción. Efectivamente, el 3 de septiembre de 2007 incursioné por primera vez en la blogosfera y desde entonces, no he parado de cultivar éste espacio virtual.

Un blog, es el mejor testigo de la trayectoria de su autor. Cuando inicié este espacio, lo hice con reseñas y comentarios de los libros que iba leyendo; después, me atreví a opinar sobre la realidad sociopolítica colombiana. Luego, sin dejar de hacer lo anterior, empecé a darle forma al proyecto que hoy es mi brújula personal, existencial y profesional.

Inicialmente lo llamaba herramientas para la vida. Después, competencias para la vida. Cuando conocí la obra de Alvin Toffler su influencia no se hizo esperar y pasé a llamarlo competencias de tercera ola. Luego evolucionó y se convirtió en el Sistema de Formación para el Bien-Estar. Pero hasta ese punto aún no  había encontrado el enfoque definitivo.

Dicho enfoque lo encontré cuando me dedique a estudiar de lleno la obra de un maestro colombiano. Mismo que de haber nacido en tierras “gringas” indudablemente sería una estrella mundial. Un maestro que no tiene nada que envidiarles a personajes como Howard Gardner, Daniel Goleman, Martin Seligman y otras tantas luminarias, quienes han hecho importantes aportes a la Psicologia arropándose de paso con el prestigio de universidades consideradas como unos verdaderos templos del saber. ¿Quién es este ilustre colombiano? Miguel De Zubiria Samper. Por este gran hombre soy Psicologo, no por el titulo que me vendió la universidad.

Gracias al Maestro De Zubiria, descubrí el mundo de la Afectividad Humana. Desde ese momento, me entregué al estudio y puesta en practica de lo que el maestro llama la “Nueva Psicologia”. Esto era lo que estaba buscando y como dirían las abuelas: “el que busca, encuentra”. Dicho hallazgo me llevó a diseñar junto con mi amada- lo que hoy es una bella realidad: El Taller: Centro de Formación Afectiva.

Para eso me ha servido este Blog. Para encontrar el camino. Y ahora que ya sé la ruta, me dispongo a recorrerla. El itinerario es el siguiente:

Escribiré sobre la praxis. Daré cuenta de todos los proyectos y actos educativos que programe y lleve a cabo en el marco del trabajo en El Taller: conferencias, talleres, cursos, seminarios, diplomados de Afectividad Humana. También escribiré sobre los temas que se me presenten en mi ejercicio de orientación afectiva con personas, parejas y familias.

El Taller es una innovación conceptual. Lo desarrollamos para darle estructura al Centro de Formación Afectiva. Aunque a decir verdad, aún está en su etapa Beta. Sin embargo, luego de haber sentado las bases, será la práctica la que nos permitirá ajustar el modelo. Y es precisamente sobre esta innovación que escribiré. Mostraremos los conceptos propios del Taller, su filosofía artesana, sus principios, sus raíces, sus bases epistemológicas, los autores que lo nutren. En fin, la idea es dar a conocer el modelo para que pueda ser replicado en cualquier parte del mundo.

Este es un proyecto que está enmarcado en los principios del Informacionalismo, paradigma propuesto por el Sociólogo español Manuel Castells y ampliamente desarrollado en su trilogía “La Era de la Información”. En esta línea de escritura daré cuenta de las características de esa sociedad que se está configurando alrededor de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación, lo mismo que de la forma como esta realidad inobjetable afecta y apalanca el trabajo de El Taller.

La Formación Afectiva es el producto del Taller. Por eso es importante escribir sobre la teoría de la afectividad humana. Para dar a conocer sus bases teóricas, sus conceptos y aplicaciones prácticas. No tengo ninguna duda de que la afectividad es el motor de la existencia. Es lo que nos mueve a hacer todo, lo que hacemos o dejamos de hacer. Por eso en esta línea escribiré sobre la vida misma, sobre nuestras cotidianidades como padres, hermanos, hijos, tíos, abuelos,  sobrinos, padrastros, hermanastros, esposos, parejas, novios, amantes, amigos, compañeros, trabajadores, emprendedores.

Escribiré sobre la naturaleza humana. El amor, el odio, los celos, la infidelidad, la felicidad, la alegría, la tristeza, la depresión, las emociones, los sentimientos, las actitudes, los valores, los principios. Te voy a hablar sobre el egoísmo, el nepotismo, el altruismo, la cooperación, la ayuda mutua.

Te hablaré sobre la Mente Humana. Su historia, su evolución, su funcionamiento. Nos preguntaremos por sus constituyentes biológico, psicológico y socioantropológico. Es decir, te contaré sobre la Biología de la Mente (Neurología, Filogenia y Bioquímica). La Psicologia de la Mente (sistemas afectivo, cognitivo y expresivo) la Socioantropologia de la Mente (Axiología, Ideología y Praxeologia)[1]

Al ser la afectividad el motor de la existencia, está presente en todas las esferas cotidianas. A diario vemos noticias que dan cuenta de nuestra vida afectiva. Muchas veces no tan agradables, reflejan más bien las consecuencias de no tener un adecuado desarrollo afectivo. Riñas callejeras, violencia intrafamiliar, maltrato infantil, homicidios cometidos por hombres dominados por sus celos enfermizos; suicidios. Es decir, aprovecharé las noticias coyunturales para llamar la atención sobre la necesidad de hacerle frente a estas deficiencias afectivas a punta de Formación Afectiva.

Esta es pues, la hoja de ruta de este viaje. La carta de navegación de una fascinante aventura que ahora emprendo justo antes de ingresar al club de los 30. Encontré el camino.

Ese camino se resume en mi propósito existencial:

Humanizar al hombre y Construir Bien-Estar.

Esto es lo que vas a encontrar en este Blog. Esto es parte de lo que te puedo ofrecer.

¿Te interesa?


[1] De Zubiria, Miguel “El Mito de la Inteligencia” Fundación Internacional de Pedagogía Conceptual Alberto Merani. Bogotá, 2006

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BOLETÍN # 6

ARTICULO # 91 ANALISTAS SIMBÓLICOS: Los nuevos trabajadores del conocimiento

Según las últimas cifras del DANE[1] la tasa de desempleo en Colombia se situó en 14.6%, en números concretos, en los últimos doce meses el país llegó a 3.1 millones de desocupados, cuando un año atrás la cifra era de 2.8 millones. Esto indica que la tasa de desocupación se elevó en 298 mil personas. Pereira, Popayán y Quibdó registraron las tasas mas altas de desempleo con 20.6%, 20.1% y 19.1% respectivamente.

http://wp.me/pdesm-cG

ARTICULO # 92 FORMACIÓN DE ANALISTAS SIMBÓLICOS

Indudablemente, no sólo estamos en una época de cambios, el asunto  es más profundo, vivimos un cambio de época. Por lo menos así lo han documentado autores como Alvin Toffler[1] (1970, 1980, 1990, 2006). Daniel Bell[2] (1973). Peter Drucker[3] (1993). Manuel Castells[4] (2001, 2002). Juan Urrutia[5] (2009). David De Ugarte[6] (2007, 2009) y Pekka Himanen[7] (2001). Salvo algunas diferencias conceptuales, todos coinciden en lo esencial: el recurso más importante y determinante de esta nueva época es el conocimiento. De hecho, la generación, el procesamiento y la transmisión de la información se convierten en las fuentes fundamentales de la productividad y el desarrollo. Es más, los servicios basados en el conocimiento habrán de convertirse en la estructura central de la nueva economía y de una sociedad apuntalada en la información.

http://wp.me/pdesm-cY

EL SUSTITUTO DEFINITIVO: el conocimiento relevante

Sostienen los Toffler que el sustituto definitivo del capital es el conocimiento. Ahora bien, ¿Qué tipo de conocimiento? Está claro que no se refieren al conocimiento industrial, ese que enseñan en el sistema educativo desde el pre-escolar hasta la universidad. Ese que viene empaquetado y listo para ser consumido. El conocimiento al que hacen referencia los Toffler son datos, información, imágenes, símbolos, cultura, ideología y valores. Cada uno de los cuales forma parte de los elementos constitutivos de una nueva economía que emerge a su vez en una nueva sociedad, la cual va dejando atrás, poco a poco, la vieja sociedad industrial.

http://wp.me/pdesm-cA

¿SOCIEDAD DE LA INFORMACIÓN? ¿SOCIEDAD DEL CONOCIMIENTO? ¿SOCIEDAD INFORMACIONAL?

Mi trabajo como consultor artesano y analista simbólico esta atravesado por el paradigma de la Era de la Información y la ética hacker. Ambos conceptos no son muy conocidos por los habitantes de la sociedad industrial, por eso es necesario asumir una actitud pedagógica con miras a formar a aquellos que están en transito de una sociedad a otra y requieren luces para entender este cambio de paradigma.

http://wp.me/pdesm-ci

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ARTICULO # 92 FORMACIÓN DE ANALISTAS SIMBÓLICOS

Indudablemente, no sólo estamos en una época de cambios, el asunto  es más profundo, vivimos un cambio de época. Por lo menos así lo han documentado autores como Alvin Toffler[1] (1970, 1980, 1990, 2006). Daniel Bell[2] (1973). Peter Drucker[3] (1993). Manuel Castells[4] (2001, 2002). Juan Urrutia[5] (2009). David De Ugarte[6] (2007, 2009) y Pekka Himanen[7] (2001). Salvo algunas diferencias conceptuales, todos coinciden en lo esencial: el recurso más importante y determinante de esta nueva época es el conocimiento. De hecho, la generación, el procesamiento y la transmisión de la información se convierten en las fuentes fundamentales de la productividad y el desarrollo. Es más, los servicios basados en el conocimiento habrán de convertirse en la estructura central de la nueva economía y de una sociedad apuntalada en la información.

El mensaje es claro, si Colombia quiere subirse al tren de la Era de la Información y abrirse paso en la economía del conocimiento, debe formar a sus ciudadanos, debe convertir a sus nuevas generaciones  en trabajadores del conocimiento.

Ahora bien, ¿Qué es un trabajador del conocimiento?

Un trabajador del conocimiento es todo aquel cuya materia prima es la información y el conocimiento. Toffler define este último como datos, imágenes, símbolos, cultura, ideología y valores.[8] Yo le agrego modelos teóricos, conceptos e instrumentos de conocimiento.

Peter Drucker definía al trabajador del conocimiento como una persona con visible grado de desarrollo personal y profesional, gran destreza digital e informacional, autónomo en el desempeño y en el aprendizaje permanente, con capacidad creativa y actitud innovadora.[9]

El trabajador del conocimiento se define, en gran medida, por su capacidad de innovación: capacidad de elaborar conocimiento y aplicarlo.

En esta nueva realidad el concepto de conocimiento ha cambiado: conocimiento no es saber mucho de algo, estar informado, tener idea sobre algo, no es erudición. Conocimiento ahora significa:

  • Información eficaz en acción
  • Capacidad para la acción
  • Aplicación y uso productivo de la información
  • Información que se ha puesto a producir
  • Saber Hacer
  • Es la utilización inteligente de información relevante por personas que lo utilizan dentro de un contexto determinado para un propósito
  • Es un acto humano, no un objeto que se pueda almacenar, reutilizar o gestionar, que se basa en la interpretación de datos para actuar.

De manera pues que para hacerle frente a los retos que esta economía del conocimiento plantea ya no son necesarios más trabajadores industriales, se requieren trabajadores del conocimiento.

Ahora bien, existen dos tipos de trabajadores del conocimiento. Los profesionales industriales y los Analistas Simbólicos.

Los profesionales industriales:

  • Hacen un uso rutinario del conocimiento.
  • Fueron educados (capacitados) para satisfacer la demanda del mercado laboral industrial.
  • Tienen poca autonomía y están sujetos a rutinas laborales tipo fábrica.
  • Cumplen horarios fijos, marcan tarjeta y realizan tareas establecidas por un manual de funciones.
  • Son poco creativos y están inmersos en ambientes laborales donde no se promueve la innovación.

El Analista Simbólico en cambio:

  • Es un experto trabajador del conocimiento quien no solo opera con información, sino que sabe transformar dicha información en conocimiento relevante.
  • Domina poderosas herramientas que le permiten organizar el conocimiento.
  • Aprehende de manera autónoma. Se mueve como pez en el agua por el mundo de internet.
  • Piensa de forma sistémica.
  • Tiene capacidad de abstracción.
  • Posee espíritu de colaboración.
  • Desarrolla competencias Intrapersonales e Interpersonales para el trabajo en equipo.
  • Es proclive a la experimentación.
  • Es muy hábil para la conceptualización.
  • Despliega una amplia capacidad comunicativa e interactiva.
  • Es altamente creativo e innovador.
  • Tiene capacidad para ver las conexiones entre ideas, campos de conocimiento y conceptos.

Como es apenas lógico, un Analista Simbólico goza de más autonomía que un profesional industrial. Por ende, ya no busca solamente un empleo, sino trabajos que satisfagan sus intereses. Puede trabajar a distancia, con horarios flexibles, puede llevar a cabo su trabajo de forma individual o participar en proyectos colectivos de construcción de conocimiento como los que se llevan a cabo en un TALLER ARTESANAL.

¿Y sus ingresos? Pues son directamente proporcionales a la complejidad y calidad del conocimiento que domine y produzca. Por tal razón, y a diferencia de un profesional industrial que debe esperar cinco años para empezar a facturar, el Analista Simbólico puede ofrecer sus servicios acorde a su capital intelectual acumulado, el cual, no viene representado sólo por un diploma de pregrado, especialización, maestría o doctorado, sino, demostrado por su producción y experiencia, la cual es de conocimiento publico.

Transitar de una sociedad industrial basada en el capital, el trabajo y la tierra, a una sociedad cimentada sobre la información y el conocimiento, trae como consecuencia un dramático cambio en la formación de los nuevos profesionales.

Tal realidad deja al descubierto dos opciones: o se sigue educando para el cada vez más agonizante trabajo industrial o se forma para la producción de conocimiento relevante. En el primer caso se educarán profesionales que pasarán a engrosar las filas de los desempleados, pues sus conocimientos ya no serán tan demandados dada la sobreoferta de trabajadores industriales con esas mismas “aptitudes” y contando con suerte quienes logren acceder a un empleo, serán mal remunerados. En el segundo caso se formaran ANALISTAS SIMBÓLICOS.

Actualmente, en NINGUNA[10] institucion educativa (colegios, institutos y universidades) se forman Analistas Simbólicos.

Así las cosas mi propuesta es la siguiente:

Como Consultor Artesano y Analista Simbólico, estoy en capacidad de formar trabajadores del conocimiento, específicamente analistas simbólicos que podrán:

  • Aprender a Aprehender
  • Aprehender a acceder al conocimiento
  • Aprehender a procesar información y transformar dicha información en conocimiento relevante.
  • Aprehender a LEER y ESCRIBIR (ensayos, monografías, tesis, proyectos, etc)
  • Pensar de forma sistémica.
  • Tener capacidad de abstracción.
  • Ser proclives a la experimentación.
  • Tener espíritu de colaboración.
  • Desarrollar competencias Intrapersonales e Interpersonales para el trabajo en equipo.
  • Ser muy hábiles para la conceptualización
  • Ser altamente creativo.
  • Desplegar una amplia capacidad comunicativa e interactiva.
  • Ver las conexiones entre ideas, campos de conocimiento y conceptos.

¿Quién puede hacer uso de mis servicios?

Bachilleres

Solo uno de cada diez bachilleres en Colombia ingresa a la Universidad. Son mano de obra barata utilizada en oficios industriales. Por su labor escasamente reciben un salario mínimo. Un bachiller que se forme como Analista Simbólico estará en capacidad de ofrecer sus servicios como:

  • Asistente de investigación.
  • Capacitador en herramientas de investigación.
  • Formador de analistas simbólicos.
  • Podrá ser parte de equipos de producción de conocimiento colectivo.
  • Podrá ingresar a TALLERES ARTESANALES de producción de conocimiento.

Universitarios

La gran mayoría de estudiantes universitarios todavía están siendo educados para convertirse en profesionales industriales. Tienen dificultad para procesar textos académicos, leer y escribir ensayos, argumentar e investigar. Cuando salen al mercado laboral, tienen dificultad para acceder a un empleo y cuando lo hacen no son justamente remunerados.

Un universitario que se forme como Analista Simbólico estará en capacidad de ofrecer sus servicios como:

  • Asistente de investigación.
  • Capacitador en herramientas de investigación.
  • Formador de analistas simbólicos.
  • Podrá ser parte de equipos de producción de conocimiento colectivo.
  • Podrá ingresar a TALLERES ARTESANALES de producción de conocimiento.

Profesionales

Salvo contadas excepciones (universidades de elite) las universidades están produciendo profesionales industriales que hacen un uso rutinario del conocimiento y salen a engrosar las filas de los desempleados o mal pagados.

Un profesional que se forme como Analista Simbólico estará en capacidad de ofrecer sus servicios como:

  • Investigador
  • Consultor
  • Capacitador en herramientas de investigación.
  • Formador de analistas simbólicos.
  • Podrá ser parte de equipos de producción de conocimiento colectivo.
  • Podrá ingresar a TALLERES ARTESANALES de producción de conocimiento.

Mí propuesta también va dirigida a instituciones tales como:

  • Colegios
  • Centros de educación para el trabajo y el desarrollo humano
  • Universidades

Sin lugar a dudas, las instituciones que más pronto tomen conciencia del advenimiento de una nueva Era apalancada en la información y el conocimiento, más rápido empezarán a sacar provecho. De lo contrario, se verán rezagadas, eso es lo único seguro, el rezago.

Ahí está pues la propuesta. Si te interesa ya sabes donde puedes encontrarme. Aquí.


[1] El Shock del Futuro. La Tercera Ola. El Cambio del Poder. La Revolución de la Riqueza

[2] El Advenimiento de la Sociedad post-industrial

[3] La Sociedad Poscapitalista

[4] La Era de la Información Vol. I “La Sociedad Red”. La Era de la Información Vol. II ”El Poder de la Identidad”. La Era de la Información Vol. III “Fin de Milenio”

[5] El Capitalismo que Viene.

[6] El Poder de las Redes Sociales. Files: la democracia económica en el siglo de las redes. De las Naciones a las Redes.

[7] La Ética del Hacker y el Espíritu de la Era de la Información.

[8] Alvin y Heidi Toffler “La creación de una nueva civilización” 1994

[9] Peter Drucker “La sociedad poscapitalista” 1993

[10] Cuando digo “ninguna” no exagero, créeme, salvo algunos colegios que forman parte de la Red de Pedagogía Conceptual que tienen una cátedra de “lectores competentes”, lo mismo que el Instituto Alberto Merani. En ninguna parte forman Analistas Simbólicos.

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ARTICULO # 91 ANALISTAS SIMBÓLICOS: Los nuevos trabajadores del conocimiento

De la tierra al capital; del capital al conocimiento

Según las últimas cifras del DANE[1] la tasa de desempleo en Colombia se situó en 14.6%, en números concretos, en los últimos doce meses el país llegó a 3.1 millones de desocupados, cuando un año atrás la cifra era de 2.8 millones. Esto indica que la tasa de desocupación se elevó en 298 mil personas. Pereira, Popayán y Quibdó registraron las tasas mas altas de desempleo con 20.6%, 20.1% y 19.1% respectivamente.

Las anteriores cifras son un contundente indicador. Las estrategias para generar empleo han sido un total fracaso. Pero lo peor no es eso, lo lamentable es que nuestros ilustres políticos y quienes aspiran a dirigir los destinos de este país, sigan insistiendo en formulas anacrónicas y desgastadas.

Basta con revisar las propuestas de los candidatos presidenciales a propósito de la generación de empleo, para constatar que no tienen ni la menor idea sobre las causas estructurales del problema. Como buenos demagogos, prometen entre otros “milagritos” los siguientes:

  • Reducir los costos de despido para disminuir el costo relativo del empleo. (¿favorecer más a los empleadores?) Vargas Lleras
  • Generar un total de 800 mil empleos anuales con la construcción de Vivienda de Interés Social. (¿qué clase de empleo?) Vargas Lleras
  • Fortalecer el SENA para ampliar el cubrimiento de la capacitación laboral a personas sin educación formal y personas de menores ingresos (¿más educación proletaria?) Vargas Lleras
  • Creación de 300.000 empleos temporales (¿empleos desechables?) Vargas Lleras
  • La flexibilización de los mercados laborales es la solución para la generación de empleo no como un plan coyuntural sino de manera permanente Para esto, se crearán programas activos de entrenamiento para reconvertir la fuerza de trabajo según la demanda de habilidades. (¿Qué tipo de habilidades?) Pardo
  • Retirar los estímulos a la informalidad, eliminar numerosas exenciones al capital para favorecer la relación trabajo/capital y fortalecer la protección al trabajador. Los empleadores deben comprometerse con dar trabajo de buena calidad. (¿lo permitirían los empresarios? ¿es el capital el factor determinante?) Fajardo
  • Ofrecer capital semilla para montar cafés internet, proyectos agrícolas, talleres, misceláneas, peluquerías, hoteles ecológicos, restaurantes. (¿más trabajo industrial?) Noemí

¿Qué tal estos genios, ah? Señores, los tiempos han cambiado!!! ¿Porque siguen insistiendo en lo mismo? ¿14.6%, 3.1 millones de desocupados, no les dice nada? A esta escandalosa cifra se le suma el deterioro en las condiciones del empleo, mal remunerado y poco valorado. Ni siquiera aquellos que invierten en la educación superior ven recompensados sus esfuerzos.

Todo lo anterior es prueba de una realidad inobjetable: el empleo en el sistema industrial está en crisis. Y ante este oscuro panorama solo quedan dos caminos, o siguen insistiendo con formulas industriales para la generación de empleo (como las que proponen nuestros sabiondos políticos) o cambiamos de paradigma y actuamos en consecuencia.

La cosa es muy sencilla. Estamos transitando de una sociedad industrial a una sociedad informacional. La primera era sostenida por trabajadores industriales, la segunda requiere trabajadores del conocimiento.

El desempleo actual tiene entre sus causas, la sobreoferta de trabajadores industriales (desde la mano de obra no calificada, hasta profesionales que hacen un uso rutinario del conocimiento).

Así mismo, la pérdida de los puestos de trabajo esta relacionada con el dramático paso de una economía industrial, de acuerdo con Alvin Toffler[2] caracterizada por principios como la uniformización, especialización, sincronización, concentración, maximización y centralización; a una economía del conocimiento en la que según Manuel Castells[3], la generación, el procesamiento y la transmisión de la información se convierten en las fuentes fundamentales de la productividad y el desarrollo.

Esta claro, necesitamos incursionar fuertemente en la economía del conocimiento. Países como Finlandia, Singapur, Corea del Sur, Taiwán, Chile, España y otros, le apostaron con firmeza a esa ruta y hoy se pueden ver los resultados. Estos países producen una gama diversificada de servicios y productos manufacturados de alta tecnología que tienen en la información y el conocimiento su principal materia prima (celulares, microchips, televisores plasma, aparatos electrónicos, juegos de video, nanotecnología, modelos teóricos, etc) No podemos seguir insistiendo en la exportación de materias primas,  ni de productos de baja tecnología (carbón, café, flores, cuero, banano, etc) a ese paso vamos a quedar rezagados y condenados a vivir por siempre en el subdesarrollo.

Hoy más que nunca es posible ponernos al nivel de dichos países. Porque a diferencia de la Era Industrial, en la que el capital era el factor determinante para crecer, en la Era Informacional, el recurso más importante para lograr el desarrollo es el conocimiento, y éste, lo pueden producir las personas con la formación adecuada para ello. Por tal motivo, necesitamos dejar atrás la educación industrial y concentrarnos en la formación de trabajadores del conocimiento en todos sus niveles. La mayor oportunidad para mejorar la competitividad está en competir en la nueva Era, no en perfeccionar la vieja.

De modo que para hacerle frente a los retos que esta economía de conocimiento plantea ya no son necesarios más trabajadores industriales, se requieren trabajadores del conocimiento.

Un trabajador del conocimiento es todo aquel cuya materia prima es la información y el conocimiento. Toffler define este último como datos, imágenes, símbolos, cultura, ideología y valores.[4] Yo le agrego modelos teóricos, conceptos e instrumentos de conocimiento.

Ahora bien, existen dos tipos de trabajadores del conocimiento: Los profesionales industriales y los Analistas Simbólicos. La diferencia entre ambos es que los primeros, hacen un uso rutinario del conocimiento, fueron educados para satisfacer la demanda del mercado laboral industrial, tienen poca autonomía y están sujetos a rutinas laborales tipo fábrica. Es decir, cumplen horarios fijos, marcan tarjeta y realizan tareas establecidas por un manual de funciones; son poco creativos, están inmersos en ambientes laborales donde no se promueve la innovación y a cambio de su trabajo reciben salarios paupérrimos.

El Analista Simbólico en cambio, es un experto trabajador del conocimiento quien no sólo opera con información, sino que sabe transformar dicha información en conocimiento relevante. Se caracteriza también porque domina poderosas herramientas que le permiten organizar el conocimiento. Aprehende de manera autónoma. Se mueve como pez en el agua por el mundo de internet. Piensa de forma sistémica. Tiene capacidad de abstracción, espíritu de colaboración, es proclive a la experimentación. Desarrolla Competencias Afectivas Intrapersonales e Interpersonales para el trabajo en equipo. Es muy hábil para la conceptualización. Despliega una amplia capacidad comunicativa e interactiva, saben LEER y ESCRIBIR, son altamente creativos e innovadores, tienen capacidad para ver las conexiones entre ideas, campos de conocimiento y conceptos. Etc…

Como es apenas lógico, un Analista Simbólico goza de más autonomía que un profesional industrial. Por ende, ya no busca solamente un empleo, sino trabajos que satisfagan sus intereses. Puede trabajar a distancia, con horarios flexibles, puede llevar a cabo su trabajo de forma individual o participar en proyectos colectivos de construcción de conocimiento.

¿Y sus ingresos? Pues son directamente proporcionales a la complejidad y calidad del conocimiento que domine y produzca. Por tal razón, y a diferencia de un profesional industrial que debe esperar cinco años para empezar a facturar, el Analista Simbólico puede ofrecer sus servicios acorde a su capital intelectual acumulado, el cual, no viene representado por un diploma de pregrado, especialización, maestría o doctorado, sino, demostrado por su producción y experiencia, la cual es de conocimiento publico.

De manera pues que urge FORMAR Analistas Simbólicos. Potentes trabajadores del conocimiento que no solamente serán demandados a nivel nacional sino a escala mundial. Al fin de cuentas, en esta nueva Era Informacional en la que internet ha roto las fronteras, ya no existe la escasez propia de la Era Industrial, sino la abundancia de información y conocimiento. Lo mejor es que por primera vez en la historia las personas pueden ser protagonistas, al fin y al cabo, somos nosotros los generadores del conocimiento. Somos tú y yo.

De modo pues que si en la Era Industrial el petróleo y lo recursos no renovables fueron una generosa fuente de riqueza para unos pocos; en la Era Informacional, los trabajadores del conocimiento seremos una inagotable fuente de riqueza para todos.

No lo dudes, estamos ante un cambio de Era. Estamos transitando del Industrialismo al Informacionalismo. En este panorama el trabajador industrial va quedando rezagado frente al trabajador del conocimiento.

Es inevitable, ya se pasó de la tierra al capital, ahora estamos pasando del capital al conocimiento.

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[1] http://www.dane.gov.co/files/investigaciones/boletines/ech/ech/bol_ech_ene10.pdf

[2] Alvin Toffler “La Tercera Ola” 1980

[3] Manuel Castells “La Era de la Información” 1998

[4] Alvin y Heidi Toffler “La creación de una nueva civilización” 1994

Publicado en era de la informacion, informacionalismo, manuel castells

¿SOCIEDAD DE LA INFORMACIÓN? ¿SOCIEDAD DEL CONOCIMIENTO? ¿SOCIEDAD INFORMACIONAL?

Mi trabajo como consultor artesano y analista simbólico esta atravesado por el paradigma de la Era de la Información y la ética hacker. Ambos conceptos no son muy conocidos por los habitantes de la sociedad industrial, por eso es necesario asumir una actitud pedagógica con miras a formar a aquellos que están en transito de una sociedad a otra y requieren luces para entender este cambio de paradigma.

En ese orden de ideas, mi tarea es navegar por la red y encontrar documentos que cumplan el objetivo de esclarecer estos aspectos conceptuales. Bien, en una de esas incursiones me encontré con un valioso material que bien leído y estudiado le permite a quien lo consuma comprehender con mayor claridad las bases epistemológicas de lo que se ha dado en llamar “sociedad de la información”  o “sociedad del conocimiento”.

Soy partidario de hacer uso de un concepto sólo cuando se tiene un conocimiento al menos básico de él. Por eso te recomiendo este documento, léelo, digiérelo y si quieres lo podemos dialogar.

Buena lectura y nos estamos conversando….

Sociedad de la información  / Sociedad del conocimiento

Sally Burch

¿Vivimos en una época de cambios o un cambio de época? ¿Cómo caracterizar a las profundas transformaciones que vienen con la acelerada introducción en la sociedad de la inteligencia artificial y de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación (TIC)? ¿Se trata de una nueva etapa de la sociedad industrial o estamos entrando en una nueva era? “Aldea global”, “era tecnotrónica”, “sociedad postindustrial”, “era -o sociedad- de la información” y “sociedad del conocimiento” son algunos de los términos que se han acuñado en el intento por identificar y entender el alcance de estos cambios. Pero mientras el debate prosigue en el ámbito teórico, la realidad corre por delante y los medios de comunicación eligen los nombres que hemos de usar.

Cualquier término que usemos, en el fondo, es un atajo que nos permite hacer referencia a un fenómeno -actual o futuro-, sin tener que describirlo cada vez; pero el término escogido no define, de por sí, un contenido. El contenido emerge de los usos en un contexto social dado, que a su vez influyen en las percepciones y expectativas ya que cada término lleva consigo un pasado y un sentido (o sentidos), con su respectivo bagaje ideológico. Era de esperarse, entonces, que cualquier término que se quiera emplear para designar la sociedad en la que vivimos, o a la cual aspiramos, sea objeto de una disputa de sentidos, tras la que se enfrentan diferentes proyectos de sociedad.

En el marco de la Cumbre Mundial de la Sociedad de la Información -CMSI-, hay dos términos que han ¬ocupado el escenario: sociedad de la información y sociedad del conocimiento, con sus respectivas variantes. Pero, si bien el marco impuso el uso del primero, desde un inicio provocó disconformidad y ningún término ha logrado un consenso.

Historia de los términos

Sociedad de la información

En la última década, la expresión “sociedad de la información” se ha consagrado sin lugar a dudas como el término hegemónico, no necesariamente porque exprese una claridad teórica, sino por el bautizo que recibió en las políticas oficiales de los países más desarrollados, además de la coronación que significó honrarlo con una Cumbre Mundial.

Los antecedentes del término, sin embargo, datan de décadas anteriores. En 1973, el sociólogo estadounidense Daniel Bell introdujo la noción de la “sociedad de la información” en su libro El advenimiento de la sociedad post-industrial[1], donde formula que el eje principal de ésta será el conocimiento teórico y advierte que los servicios basados en el conocimiento habrán de convertirse en la estructura central de la nueva economía y de una sociedad apuntalada en la información, donde las ideologías resultarán sobrando.

Esta expresión reaparece con fuerza en los años 90, en el contexto del desarrollo de Internet y de las TIC. A partir de 1995, fue incluida en la agenda de las reuniones del G7 (luego G8, donde se juntan los jefes de Estado o gobierno de las naciones más poderosas del planeta). Se ha abordado en foros de la Comunidad Europea y de la OCDE (los treinta países más desarrollados del mundo) y ha sido adoptada por el gobierno de los Estados Unidos, así como por varias agencias de las Naciones Unidas y por el Grupo Banco Mundial. Todo ello con gran eco mediático. A partir de 1998, fue elegida, primero en la Unión Internacional de Telecomunicaciones y luego en la ONU, como el nombre de la Cumbre Mundial a realizarse en 2003 y 2005.

En este contexto, el concepto de “sociedad de la información”, como construcción política e ideológica, se ha desarrollado de la mano de la globalización neoliberal, cuya principal meta ha sido acelerar la instauración de un mercado mundial abierto y “autoregulado”. Esta política ha contado con la estrecha colaboración de organismos multilaterales como la Organización Mundial del Comercio (OMC), el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial, para que los países débiles abandonen las regulaciones nacionales o medidas proteccionistas que “desalentarían” la inversión; todo ello con el conocido resultado de la escandalosa profundización de las brechas entre ricos y pobres en el mundo.

En efecto, para fines de siglo, cuando la mayoría de los países desarrollados ya habían adoptado políticas de desarrollo de la infraestructura de las TIC, se produce el auge espectacular del mercado de acciones de la industria de la comunicación. Pero los mercados del Norte comienzan a saturarse. Entonces, se intensifican las presiones hacia los países en desarrollo para que dejen la vía libre a la inversión de las empresas de telecomunicaciones e informática, en busca de nuevos mercados para absorber sus excedentes de ganancias. Es en este contexto que se convoca la CMSI; panorama que se modifica, sin embargo, una vez que estalla la burbuja bursátil a partir del año 2000. No obstante esta realidad y el rol clave que las tecnologías de la comunicación han desempeñado en la aceleración de la globalización económica, su imagen pública está más asociada a los aspectos más “amigables” de la globalización, como Internet, telefonía celular e internacional, TV por satélite, etc. Así, la sociedad de la información ha asumido la función de “embajadora de buena voluntad” de la globalización, cuyos “beneficios” podrían estar al alcance de todos/as, si solamente se pudiera estrechar la “brecha digital”[2].

Sociedad del conocimiento

La noción de “sociedad del conocimiento” (knowledge society) surgió hacia finales de los años 90 y es empleada particularmente en medios académicos, como alternativa de algunos a “sociedad de la información”.

La UNESCO, en particular, ha adoptado el término “sociedad del conocimiento”, o su variante “sociedades del saber”, dentro de sus políticas institucionales. Ha desarrollado una reflexión en torno al tema, que busca incorporar una concepción más integral, no en relación únicamente con la dimensión económica. Por ejemplo, Abdul Waheed Khan (subdirector general de la UNESCO para la Comunicación y la Información), escribe[3]: “La sociedad de la Información es la piedra angular de las sociedades del conocimiento. El concepto de “sociedad de la información”, a mi parecer, está relacionado con la idea de la “innovación tecnológica”, mientras que el concepto de “sociedades del conocimiento” incluye una dimensión de transformación social, cultural, económica, política e institucional, así como una perspectiva más pluralista y desarrolladora. El concepto de “sociedades del conocimiento” es preferible al de la “sociedad de la información” ya que expresa mejor la complejidad y el dinamismo de los cambios que se están dando. (…) el conocimiento en cuestión no sólo es importante para el crecimiento económico sino también para empoderar y desarrollar todos los sectores de la sociedad”.

Un matiz en este debate, que solo concierne a los idiomas latinos, es la distinción entre sociedad del “conocimiento” o del “saber” (ambos traducen el término inglés “knowledge society”). La noción de “saberes” implica certezas más precisas o prácticas, mientras que conocimiento abarca una comprensión más global o analítica. André Gorz considera que los conocimientos se refieren a “contenidos formalizados, objetivados, que no pueden, por definición, pertenecer a las personas… El saber está hecho de experiencias y de prácticas que se volvieron evidencias intuitivas y costumbres”[4]. Para Gorz, la “inteligencia” cubre toda la gama de capacidades que permite combinar saberes con conocimientos. Sugiere, entonces, que “knowledge society” se traduzca por “sociedad de la inteligencia”.

En todo caso, por lo general, en este contexto se utiliza indistintamente sociedad del conocimiento o del saber, si bien en español conocimiento parece ser más usual.

Definiciones actuales: el estado del Arte

Es preciso diferenciar aquí aquellas definiciones que apuntan a caracterizar una realidad existente o emergente de aquellas que expresan una visión -o anhelo- de una sociedad potencial. Las dos son relevantes: las primeras por su aporte al análisis, las segundas porque orientan políticas y acciones.

En la primera categoría nos referiremos a Manuel Castells por ser uno de los investigadores que más ha desarrollado el tema, además de ser una autoridad reconocida en la materia. Castells prefiere el término “sociedad informacional” antes que “sociedad de la información” (haciendo la comparación con la diferencia entre industria e industrial). Él señala que si bien el conocimiento y la información son elementos decisivos en todos los modos de desarrollo, “el término informacional indica el atributo de una forma específica de organización social en la que la generación, el procesamiento y la transmisión de información se convierten en las fuentes fundamentales de la productividad y el poder, debido a las nuevas condiciones tecnológicas que surgen en este período histórico” [5].

Más adelante precisa: “Lo que caracteriza a la revolución tecnológica actual no es el carácter central del conocimiento y la información, sino la aplicación de ese conocimiento e información a aparatos de generación de conocimiento y procesamiento de la información/comunicación, en un círculo de retroalimentación acumulativo entre la innovación y sus usos”. Y acota: “La difusión de la tecnología amplifica infinitamente su poder cuando sus usuarios se la apropian y la redefinen. Las nuevas tecnologías de la información no son sólo herramientas que aplicar, sino procesos que desarrollar. (…) Por primera vez en la historia, la mente humana es una fuerza productiva directa, no sólo un elemento decisivo del sistema de producción” [6].

En cuanto a la sociedad del conocimiento, en una publicación posterior señala: se trata de una sociedad en la que las condiciones de generación de conocimiento y procesamiento de información han sido sustancialmente alteradas por una revolución tecnológica centrada en el procesamiento de información, en la generación del conocimiento y en las tecnologías de la información”[7].

Yves Courrier, refiriéndose a Castells, diferencia los dos términos de esta forma: “sociedad de la información” pone el énfasis en el contenido del trabajo (el proceso de captar, procesar y comunicar las informaciones necesarias), y “sociedad del conocimiento” en los agentes económicos, que deben poseer cualificaciones superiores para el ejercicio de su trabajo [8].

Con respecto a las visiones, se destacan los documentos que resultaron de la CMSI, por surgir de un proceso mundial. La Declaración de Principios de Ginebra[9], adoptada por los gobiernos -con significativos aportes de la sociedad civil-, expresa en su primer artículo:

Nosotros (…) declaramos nuestro deseo y compromiso comunes de construir una Sociedad de la Información centrada en la persona, integradora y orientada al desarrollo, en que todos puedan crear, consultar, utilizar y compartir la información y el conocimiento, para que las personas, las comunidades y los pueblos puedan emplear plenamente sus posibilidades en la promoción de su desarrollo sostenible y en la mejora de su calidad de vida, sobre la base de los propósitos y principios de la Carta de las Naciones Unidas y respetando plenamente y defendiendo la Declaración Universal de Derechos Humanos.

Por su parte, la Declaración de la Sociedad Civil[10] extiende su visión sobre varios párrafos, pero lo esencial dice:


Nos comprometemos a constituir sociedades de la información y la comunicación centradas en la gente, incluyentes y equitativas. Sociedades en las que todas y todos puedan crear, utilizar, compartir y diseminar libremente la información y el conocimiento, así como acceder a éstos, con el fin de que particulares, comunidades y pueblos sean habilitados y habilitadas para mejorar su calidad de vida y llevar a la práctica su pleno potencial”. A continuación, esta Declaración añade los principios de justicia social, política y económica, y de la plena participación y habilitación de los pueblos; destaca los objetivos de desarrollo sostenible, democracia e igualdad de género; y evoca sociedades en donde el desarrollo se enmarque en los derechos humanos fundamentales y esté orientado a lograr una distribución más equitativa de los recursos.

Debates en curso

Una de las metas de la convocatoria de la primera fase de la CMSI era justamente la de desarrollar una visión común de la sociedad de la información. Aunque buena parte de las delegaciones gubernamentales y del sector privado le dieron poca importancia a este aspecto, para muchas organizaciones de la sociedad civil se trataba de un aspecto clave, pues allí tenía lugar la disputa de sentidos, poniéndose en evidencia la confrontación de proyectos de sociedad.

De hecho, todo el proceso ha estado cruzado por -al menos- dos enfoques distintos, que a grandes rasgos se pueden resumir de la siguiente manera :

Para el primer enfoque, hablar de sociedad de la información se refiere a un nuevo paradigma de desarrollo que asigna a la tecnología un rol causal en el ordenamiento social, ubicándola como motor del desarrollo económico.

Para los países en desarrollo, este discurso implica que la transición hacia la sociedad de la información es esencialmente una cuestión de tiempo y de decisión política para crear las “condiciones habilitadoras” adecuadas [12]. Algo parecido sucedería con relación a los sectores sociales afectados por la brecha digital, a los cuales habría que incluir mediante programas de acceso universal.

Al colocar a la tecnología en el centro de este modelo, la industria de telecomunicaciones aparece como la llamada a liderar su desarrollo; mientras que la industria productora de servicios y contenidos digitales asume una influencia inédita[13].

El segundo enfoque, que impugnó a este primero en el proceso de la Cumbre, sostiene que la nueva etapa del desarrollo humano en la cual estamos entrando se caracteriza por el predominio que han alcanzado la información, la comunicación y el conocimiento en la economía y en el conjunto de las actividades humanas. Según este enfoque, la tecnología es el soporte que ha desencadenado una aceleración de este proceso; pero no es un factor neutro, ni su rumbo es inexorable, puesto que el propio desarrollo tecnológico es orientado por juegos de intereses.

Siguiendo esta perspectiva, las políticas para el desarrollo de la sociedad de la información deben centrarse en los seres humanos, deben concebirse en función de sus necesidades y dentro de un marco de derechos humanos y justicia social[14]. Los países en desarrollo y los actores sociales deberían tener un rol clave en la orientación de dicho proceso y de las decisiones.

En otras palabras, para este segundo enfoque, lo fundamental no es “información” sino “sociedad”. Mientras la primera hace referencia a datos, canales de transmisión y espacios de almacenamiento, la segunda habla de seres humanos, de culturas, de formas de organización y comunicación. La información se determina en función de la sociedad y no a la inversa.

Por ello, la Campaña por los Derechos a la Comunicación en la Sociedad de la Información -CRIS- señala en el documento sobre la CMSI “La Pregunta para la Sociedad Civil de cara a la CMSI”[15] señala:

Si la sociedad civil va a adoptar y rescatar la noción de una sociedad de la información, debe regresar a estas nociones básicas, planteando las preguntas correctas:


¿Quién genera y posee la información y el conocimiento? ¿De qué manera está valorizado?


¿De qué manera es difundido y distribuido el conocimiento? ¿Quiénes son los guardianes?


¿Qué limita y facilita el uso del conocimiento por parte de la gente para lograr sus metas? ¿Quién está mejor y peor posicionado para aprovechar este conocimiento?

Formulaciones alternativas en debate

Dado el predominio adquirido por el término “sociedad de la información”, las formulaciones alternativas tienden a tomarla como referente para demarcarse. Una primera objeción tiene que ver con la palabra “sociedad” en singular, como si se tratara de una sociedad mundial uniforme. Se propone como alternativa hablar de “sociedades” (en plural) de la información o del conocimiento. Varios documentos de la UNESCO se refieren a “sociedades del conocimiento” (o del saber). Esta idea fue recogida por actores de la sociedad civil que participaron en la Cumbre y que adoptaron el término “sociedades” en sus documentos de consenso.

En cuanto a “información”, el argumento que aportó Antonio Pasquali (2002)[16] tuvo bastante eco en la sociedad civil en la Cumbre: “Informar connota por lo esencial mensajes unidireccionales causativos y ordenadores con tendencia a modificar el comportamiento de un perceptor pasivo; Comunicar, la interrelación de mensajes relacionales, dialogales y socializantes entre interlocutores igualmente habilitados para una libre y simultánea recepción/emisión. Si la Información tiende a disociar y jerarquizar los polos de la relación, la Comunicación tiende a asociarlos; sólo la Comunicación puede dar nacimiento a estructuras sociales” (énfasis del autor).

Y de hecho, los documentos de consenso de la sociedad civil adoptaron la fórmula “sociedades de la información y la comunicación”, para demarcarse de la visión tecnocéntrica presente en el discurso oficial, sin perder la referencia al tema de la Cumbre. Se podría considerar que esta opción fue un gesto importante en el contexto de la CMSI, pero no deja de ser una formulación pesada para el uso corriente.

En cuanto al debate en torno a “sociedad del conocimiento”, quienes lo defienden consideran que evoca justamente una visión más integral y un proceso esencialmente humano. Otros, sin embargo, la objetan por la asociación con el concepto dominante, que reduce el conocimiento a su función económica (la noción, por ejemplo, del “knowledge management” en las empresas, que apunta esencialmente a cómo recabar y sacar provecho de los conocimientos de sus empleados); o que valora solamente el tipo de conocimiento supuestamente objetivo, científico y digitalizable en desmedro de aquellos que no lo son.

Una variante interesante, que surgió en el marco de los debates en torno a la CMSI, si bien tuvo poco eco en el proceso, es la de “sociedad(es) del saber compartido” o “de los saberes compartidos”.

Fue propuesta, entre otros, por Adama Samassékou (en ese entonces presidente del buró de la CMSI), quien dijo de la sociedad de la información: “Es importante comprender qué cubre este concepto: no se trata de una información que se difunde y se comparte sino más bien de una sociedad en la que se quiere comunicar de otra manera y compartir un saber. Se trata, pues, de una sociedad del saber compartido y del conocimiento”[17].

Definiciones alternas

El concepto de “sociedad de la información”, nacido bajo los preceptos de la globalización neoliberal, sobrentiende que en adelante serán las “revoluciones tecnológicas”, las que determinen el rumbo del desarrollo; los conflictos sociales serían cosa del pasado. Por lo mismo, este concepto no es el más adecuado para calificar las nuevas tendencias de las sociedades, ni mucho menos para describir un proyecto contrahegemónico de sociedad.

Nuestro planteamiento es que, más allá de debatir lo apropiado de tal o cual término, lo fundamental es impugnar y deslegitimar cualquier término o definición que refuerce esta concepción tecnocéntrica de la sociedad.

No pretendemos aquí proponer una fórmula alternativa, sino, más bien, presentar algunos criterios para alimentar el debate.

Primero, acogemos la noción de que cualquier referencia a “sociedades” debe hacerse en plural, reconociendo la heterogeneidad y diversidad de las sociedades humanas. Ello implica también reafirmar el interés de que cada sociedad se apropie de las tecnologías para sus prioridades particulares de desarrollo y no que deba adaptarse a ellas para poder ser parte de una supuesta sociedad de la información predefinida.

Segundo, afirmamos que cualquier definición que use el término “sociedad” no puede describir una realidad circunscrita a Internet o a las TIC. Internet puede ser un nuevo escenario de interacción social, pero esta interacción está estrechamente integrada al mundo físico y los dos ámbitos se transforman mutuamente.

Por último, apostamos por un proyecto de sociedad donde la información sea un bien público, no una mercancía, la comunicación un proceso participativo e interactivo, el conocimiento una construcción social compartida, no una propiedad privada, y las tecnologías un soporte para todo ello, sin que se conviertan en un fin en sí.

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Notas y referencias

[1] Bell, Daniel. The coming of post-industrial society; a venture in social forecasting. – New York, Basic Books [1973]. – xiii, 507 p. illus. 25 cm. [traducción: Advenimiento de La Sociedad Post-Industrial . – Alianza (January, 1992). – ISBN: 8420621498.] [traducción: Vers la société post industrielle. – Robert Laffont, 1976].

[2] Esta imagen de las TIC como factor desencadenante de democracia y desarrollo -y la visión tecnocéntrica subyacente- fue popularizada en la primera mitad de los 90s, entre otros, por el entonces vicepresidente de EE.UU, Al Gore, a quien se le atribuye haber acuñado los términos “superautopista de la información” (information superhighway) e “Infraestructura Global de la Información” (Global Information Infrastructure).

[3] Towards Knowledge Societies. An Interview with Abdul Waheed Khan, World of Science Vol. 1, No. 4 July-September 2003, UNESCO’s Natural Sciences Sector. http://portal.unesco.org/ci/en/ev.php-URL_ID=11958&URL_DO=DO_TOPIC&URL_SECTION=201.html

[4] Gorz André. – L’immatériel. – Galilée, 2004. – citación p. 13.

[5] Castells, Manuel. – La Era de la Información: Economía, Sociedad y Cultura: La sociedad Red, México, Siglo XXI, 1999. citación: p. 47.

[6] idem citación p. 58.

[7] Castells, Manuel. 2002 “La dimensión cultural de Internet”, Universitat Oberta de Catalunya, julio. http://www.uoc.edu/culturaxxi/esp/articles/castells0502/castells0502.html

[8] Courrier, Yves, “Société de l’information et technologies”, http://www.unesco.org/webworld/points_of_views/courrier_1.shtml

[9] CMSI (2003). “Declaración de Principios”, Ginebra, diciembre, http://www.itu.int/wsis/documents/doc_multi.asp?lang=en&id=1161|1160

[10] CMSI (2003). “Construir sociedades de la información que atiendan a las necesidades humanas”, Declaración de la Sociedad Civil, Ginebra, diciembre. http://alainet.org/active/show_text_en.php3?key=5145

[11] Bajo este concepto, hubo incluso quienes llegaran a sostener que la “sociedad de la información”, estaría circunscrita al ámbito digital: lo que no está digitalizado no sería parte de esta nueva sociedad.

[12] Una mirada hacia la historia desmiente esta teoría del desarrollo. Como lo argumenta Yves Courrier (s/f), en los países desarrollados “fue la demanda de fines de los años setenta ocasionada por el desarrollo del sector terciario y el crecimiento palpable de una población con acceso a la educación superior lo que permitió el desarrollo de un mercado de TIC (…) No fue el desarrollo de las TIC lo que permitió pasar de la sociedad industrial a la sociedad de la información. Las tecnologías vinieron después, para facilitar y multiplicar los efectos del paso a la sociedad de la información”, basándose en una infraestructura material y humana sofisticada. “Para muchos países en desarrollo, donde ciertos factores esenciales de esta infraestructura son inexistentes, las tecnologías no pueden tener efectos similares”.

[13] Esta visión “centrada en el mercado- es la que predomina en el Plan de Acción de la Cumbre (CMSI 2003-b), incluso desde el primer párrafo, que expresa que “la visión común y los principios fundamentales de la Declaración de Principios se traducen en líneas de acción concretas para alcanzar los objetivos de desarrollo acordados (…) mediante el fomento del uso de productos, redes, servicios y aplicaciones basados en las tecnologías de la información y las comunicaciones (TIC)”. (Las cursivas son nuestras). En: CMSI (2003 b). “Plan de Acción”, Ginebra, diciembre, http://www.itu.int/wsis/documents/doc_multi.asp?lang=en&id=1161|1160

[14] Al respecto, en una ponencia en la Conferencia Regional Américas de la Cumbre, señalamos: “Considerar a la sociedad de la información como una dimensión separada de la realidad, que requiere de un marco legal y regulatorio exclusivo, podría incluso ser peligroso. ¿Vamos a definir otra ciudadanía que habite ese otro mundo? ¿Cuáles serán los parámetros democráticos que rijan el debate, la definición, el control y la vigilancia de este marco legal? Si bien puede ser cierto que las particularidades del ciberespacio hacen necesarios otros mecanismos de implementación de las leyes y reglamentos, cuestionamos la conveniencia de dotarle de un marco legal propio”. En: Burch, Sally. “CRIS en la Conferencia Ministerial Regional preparatoria sobre la Sociedad de la Información”, Enero 2003. http://alainet.org/docs/3047.html

[15] Campaña CRIS (2003). “La Pregunta para la Sociedad Civil”, Documento temático No. 1, http://movimientos.org/foro_comunicacion/show_text.php3?key=2220

[16] Pasquali, Antonio (2002) “Cumbre Mundial de la Sociedad de la Información: Dos precauciones a tomar”, junio. http://www.movimientos.org/foro_comunicacion/show_text.php3?key=1012 Esta ponencia fue presentada en el “Encuentro Latinoamericano: ¿Y por qué no una sociedad de la comunicación”, preparatorio de la Cumbre, Quito, junio 2002. http://movimientos.org/foro_comunicacion/ponencia.phtml. Fue presentada por ALAI en el primer Comité Preparatorio de la Cumbre de julio 2002.

[17] Citado en el resumen del evento: “Cooperación, diversidad y paz”, II Coloquio de los Tres Espacios Lingüísticos, México, 2-4 de abril de 2003. http://www.3el.refer.org/rubriqueES.php3?id_rubrique=18

Publicado en LOS TOFFLER, tercera ola

CHOQUE DE CIVILIZACIONES

“Unas generaciones nacen para crear una nueva civilizacion, otras para mantenerla”

Alvin Toffler

El Sistema de Formación para el Bienestar tiene como paradigma la Sociedad de la Información. Uno de los referentes teoricos de este paradigma es Alvin Toffler, quien con su modelo de “choque entre olas” permite comprehender las características, magnitud y alcance de los cambios que se dan de una ola a otra. Sostiene Toffler que la humanidad ha atravesado por tres grandes olas de cambio que a su vez han configurado su propia civilización.

Ahora estamos transitando de una segunda ola industrial a una tercera ola informacional (en términos de Manuel Castells). ¿Qué significará ese inevitable hecho? ¿Estamos preparados los colombianos para asumir ese cambio? Mucho me temo que no. Tenemos una mentalidad tan parroquiana, que nos lleva a pensar que eso de la Sociedad de la Información es sólo una cuestión de computadores e internet. Esto último no es más que parte de la infraestructura necesaria para configurar a favor de las personas esa sociedad que se está mostrando ante nuestros ojos.

Con este serie de textos, pretendo compartir contigo el pensamiento de los Toffler, me asiste la convicción de que el conocimiento debe circular libremente, sin restricciones de ningún tipo. Es necesario conocer los pormenores de la Sociedad de la Información y estos autores son la mejor fuente para iniciar nuestro estudio.

Así las cosas, a continuación te presento el segundo capitulo del libro “La creación de una nueva civilización” titulado “Choque de Civilizaciones”. Es un texto clave para comprehender el concepto de choque entre olas.

Buena lectura y nos estamos conversando.

Choque de Civilizaciones

Se empieza ahora a caer tardíamente en la cuenta de que la civilización industrial está concluyendo. Este descubrimiento –ya evidente cuando en 1970 nos referimos en El shock del futuro a la «crisis general del industrialismo»- lleva consigo la amenaza de más, y no menos, guerras, de contiendas de un nuevo cuño.

Como no es posible que en nuestra sociedad se produzcan cambios masivos sin conflicto, creemos que la metáfora de la historia como «olas» de cambio es más dinámica y reveladora que hablar de una transición al «posmodernismo». Las olas son dinámicas. Cuando chocan entre sí, se desencadenan poderosas corrientes transversales. Cuando se estrellan las olas de la historia, se enfrentan civilizaciones enteras. Y esto arroja luz sobre buena parte de lo que en el mundo de hoy parece carente de sentido o aleatorio.

La teoría del conflicto de olas sostiene que el más grave con que nos enfrentamos no es entre el Islam y Occidente o el de «todos los demás contra Occidente», según señaló recientemente Samuel Huntington. Ni está en decadencia Estados Unidos, como declara Paul Kennedy, ni nos hallamos ante el «final de la historia», conforme a la expresión de Francis Fukuyama. El cambio económico y estratégico más profundo de todos es la próxima división del mundo en tres civilizaciones distintas, diferentes y potencialmente enfrentadas a las que no cabe situar según las definiciones convencionales.

La civilización de la primera ola se hallaba y sigue estando inevitablemente ligada a la tierra. Sean cuales fueren la forma local que adquiera, la lengua que hablen sus gentes, su religión o su sistema de creencias, constituye un producto de la revolución agrícola. Incluso ahora son multitud los que viven y mueren en sociedades premodernas y agrarias, arañando un suelo implacable, como hace siglos sus antepasados.

Se discuten los orígenes de la civilización de la segunda ola. Pero, en términos aproximados, la vida no cambió fundamentalmente para gran número de personas hasta hace unos trescientos años. Fue cuando surgió la ciencia newtoniana, cuando se inició el uso económico de la máquina de vapor y empezaron a proliferar las primeras fábricas de Gran Bretaña, Francia e Italia. Los campesinos comenzaron a desplazarse a las ciudades. Aparecieron ideas nuevas y audaces: la del progreso, la curiosa doctrina de los derechos individuales, la noción roussoniana de contrato social, la secularización, la separación de la Iglesia y del estado y la idea original de que los gobernantes deberían ser elegidos por el pueblo y no ostentar el poder por derecho divino.

Muchos de estos cambios fueron impulsados por un nuevo modo de crear riqueza, la producción fabril. Y antes de que transcurriera mucho tiempo se integraron para formar un sistema numerosos elementos diferentes: la fabricación en serie, el consumo masivo, la educación universal y los medios de comunicación, ligados todos y atendidos por instituciones especializadas: escuelas, empresas y partidos políticos. Hasta la estructura familiar abandonó la amplia agrupación de estilo agrario, que reunía a varias generaciones, por la pequeña familia nuclear, típica de las sociedades industriales.

La vida tuvo que parecer caótica a quienes experimentaron realmente tantos cambios. Sin embargo, todas las transformaciones se hallaban en verdad muy interrelacionadas: constituían simplemente etapas hacia el desarrollo pleno de lo que hoy se denomina modernidad, la sociedad industrial de masas, la civilización de la segunda ola.

El término «civilización» puede parecer pretencioso, sobre todo a muchos oídos norteamericanos, pero ningún otro es suficientemente amplio para abarcar materias tan variadas, como la tecnología, la vida familiar, la religión, la cultura, la política, las actividades empresariales, la jerarquía, la hegemonía, los valores, la moral sexual y la epistemología. En cada una de estas dimensiones de la sociedad se están operando cambios rápidos y radicales. Si alguien cambia al mismo tiempo tantos elementos sociales, tecnológicos y culturales no logra una transición sino una transformación, no consigue una nueva sociedad sino el comienzo, al menos, de una civilización enteramente nueva. Esta nueva civilización penetró rugiente en Europa occidental, tropezando con resistencias a cada paso.

EL PATRON DE LOS CONFLICTOS

En cada país que se industrializaba estallaron duras pugnas, a menudo sangrientas, entre los grupos industriales y comerciales de la segunda ola y los terratenientes de la primera, con mucha frecuencia aliados a la Iglesia (a su vez gran propietaria rústica). Masas de campesinos se vieron empujadas a abandonar los campos para proporcionar obreros a los nuevos «talleres satánicos» y a las fábricas que se multiplicaron por el paisaje.

Estallaron huelgas y revueltas, insurrecciones civiles, disputas fronterizas y levantamientos nacionalistas cuando la guerra entre los intereses de la primera y la segunda ola se convirtió en el patrón de los conflictos, la tensión crucial de la que se derivaban otros enfrentamientos. Este esquema se repitió en casi todos los países en vías de industrialización. En Estados Unidos fue necesaria una terrible guerra civil para que los intereses industriales y comerciales del Norte vencieran a las minorías agrarias del Sur. Sólo unos pocos años después sobrevino en Japón la revolución Meiji y, una vez más, los modernizadores de la segunda ola se impusieron a los tradicionalistas de la primera.

La difusión de la civilización de la segunda ola, con su modo extraño y nuevo de producir riqueza, desestabilizó también las relaciones entre los países, creando vacíos y desplazamientos de poder.

La civilización industrial, producto de la segunda gran ola de cambio, arraigó con mayor rapidez en las costas septentrionales de la gran cuenca atlántica. Una vez industrializadas, las potencias atlánticas necesitaron mercados y materias primas baratas de regiones remotas. Las potencias avanzadas de la segunda ola libraron así guerras de conquista colonial y llegaron a dominar a los estados remanentes y las unidades tribales de la primera ola en Asia y Africa.

Se trataba del mismo patrón de conflictos –fuerzas industriales de la segunda ola frente a fuerzas agrarias de la primera-, pero esta vez en una escala global en lugar de nacional. Y fue esta pugna la que básicamente determinó la conformación del mundo hasta hace muy poco tiempo: dispuso el marco dentro del cual se desarrolló la mayoría de las guerras.

Prosiguieron, como se habían sucedido durante milenios, las contiendas tribales y territoriales entre diferentes grupos primitivos y agrícolas. Pero éstas revestían una importancia limitada y a menudo simplemente debilitaban a ambos bandos, convirtiéndolos en presa fácil para las fuerzas colonizadoras de la civilización industrial. Así sucedió, por ejemplo, en Sudáfrica, cuando Cecil Rhodes y sus agentes armados se apoderaron de vastos territorios de grupos tribales y agrarios, que se afanaban en pelear entre sí con armas primitivas. Además, en todas partes del mundo, numerosas guerras, aparentemente no relacionadas, constituían en realidad expresiones del conflicto global principal, no entre estados en pugna sino entre civilizaciones que competían. Sin embargo, las guerras mayores y más sangrientas de la era industrial fueron intraindustriales, contiendas que enfrentaron a naciones de la segunda ola como Alemania y Gran Bretaña, porque cada una aspiraba al dominio global mientras por todo el mundo mantenía en un puesto subordinado a poblaciones de la primera ola.

El resultado último fue una división clara. La era industrial bisecó el mundo en una civilización dominante y dominadora de la segunda ola e infinidad de colonias hoscas pero subordinadas de la primera ola. La mayoría de nosotros hemos nacido en este mundo, dividido entre civilizaciones de la primera y de la segundo ola. Y resultaba perfectamente claro quién ostentaba el poder.

En la actualidad, es diferente el alineamiento de las civilizaciones del mundo. La humanidad se dirige cada vez más deprisa hacia una estructura de poder totalmente distinta que creará un mundo dividido no en dos sino en tres civilizaciones tajantemente separadas, en contraste y competencia: la primera, simbolizada por la azada, la segunda por la cadena de montaje y la tercera por el ordenador.

En este mundo trisecado el sector de la primera ola proporciona los recursos agrícolas y mineros, el sector de la segunda ola suministra mano de obra barata y se encarga de la producción en serie, y un sector de la tercera ola en veloz expansión se eleva hasta el predominio basado sobre los nuevos modos de crear y explotar conocimientos.

Las naciones de la tercera ola venden al mundo información e innovación, gestión, cultura y cultura popular, tecnología punta, programas informáticos, educación, formación profesional, asistencia sanitaria y servicios financieros y de otro tipo. Uno de estos servicios puede muy bien consistir en una protección militar basada sobre su mando de fuerzas superiores de la tercera ola. (Esto es, en efecto, lo que las naciones de tecnología avanzada proporcionaron a Kuwait y Arabia Saudí durante la guerra del Golfo.)

SOCIEDADES DESMASIFICADAS

La segunda ola creó sociedades de masas que reflejaban y requerían la producción en serie. En la tercera ola de economías de base mental, la producción en serie (a la que casi podría considerarse como el signo distintivo de la sociedad industrial) es ya una forma anticuada. La producción desmasificada –cantidades escasas de productos muy específicos- constituye la clave manufacturera. La mercadotecnia de masas da paso a una segmentación del mercado y a una «mercadotecnia de partículas» en paralelo con el cambio en la producción.

Los gigantes del antiguo estilo industrial se desploman por su propio peso y se enfrentan con el aniquilamiento. Menguan los sindicatos en el sector de la producción en serie. Los medios de comunicación se desmasifican a la par que la producción y las grandes cadenas de televisión se marchitan a medida que proliferan nuevos canales.

También se desmasifica el sistema familiar; la familia nuclear, antaño el modelo moderno, se convierte en forma minoritaria mientras se multiplican los hogares con un solo progenitor, los matrimonios sucesivos, las familias sin hijos y los que viven solos. Cambia, por consiguiente, toda la estructura de la sociedad cuando la homogeneidad de la sociedad de la segunda ola es reemplazada por la heterogeneidad de la civilización de la tercera. A la masificación sigue la desmasificación.

Por otra parte, la complejidad del nuevo sistema requiere un intercambio cada vez mayor de información entre sus unidades: empresas, entidades oficiales, hospitales, asociaciones, otras instituciones e incluso los individuos. Esto crea una necesidad voraz de ordenadores, redes de telecomunicaciones digitales y nuevos medios de información.

Simultáneamente, se aceleran el ritmo del cambio tecnológico, las transacciones y la vida cotidiana. De hecho, las economías de la tercera ola operan a velocidades tan altas que apenas pueden mantenerse a ese ritmo sus proveedores premodernos. Además, como la información reemplaza en creciente medida a las materias primas, la mano de obra y otros recursos, los países de la tercera ola se vuelven menos dependientes de sus asociados de la primera o de la segunda olas, excepto en lo que se refiere a los mercados. Cada vez existen más intercambios comerciales entre las economías de la tercera ola. Su tecnología, en gran medida basada sobre la capitalización de conocimientos, absorberá con el tiempo muchas tareas realizadas en este momento por países de mano de obra barata y las realizará más deprisa, mejor y con un coste menor. En otras palabras, estos cambios amenazan con cortar muchos de los actuales vínculos económicos entre las economías ricas y las pobres.

El aislamiento completo es, sin embargo, imposible, puesto que no cabe impedir que la contaminación, las enfermedades y la inmigración crucen las fronteras de los países de la tercera ola. Ni pueden sobrevivir las naciones ricas si las pobres acometen una guerra ecológica, manipulando su ambiente de tal modo que dañen a todos. Por estas razones seguirán creciendo las tensiones entre la civilización de la tercera ola y las otras dos formas más antiguas de civilización, y la nueva pugnará por establecer una hegemonía mundial de la misma manera que hicieron en siglos anteriores los modernizadores de la segundo ola con respecto a las sociedades premodernas de la primera.

Una vez entendido el concepto del choque de civilizaciones, es más fácil comprender muchos fenómenos aparentemente extraños: por ejemplo, los desbocados nacionalismos actuales. El nacionalismo es la ideología de la nación-estado, que constituye un producto de la revolución industrial. Así, cuando sociedades de la primera ola o agraria tratan de iniciar o de completar su industrialización, exigen los arreos de la nacionalidad. Ex repúblicas soviéticas como Ucrania, Estonia o Georgia insisten impetuosamente en la autodeterminación y demandan los signos que ayer correspondían a la modernidad, las banderas, los ejércitos y las monedas que definían a la nación-estado durante la era de la segunda ola o industrial.

Para muchos de los que viven en el mundo de la tecnología avanzada resulta fácil comprender las motivaciones del ultranacionalismo. Les hace reír su desorbitado patriotismo. Suscita el recuerdo de la nación de Freedonia en Sopa de ganso, la película de los hermanos Marx, que satirizaba la noción de una superioridad nacional a través de la guerra entre dos naciones imaginarias. En contraste, a los nacionalistas les resulta incomprensible que algunos países permitan a otros inmiscuirse en su independencia, supuestamente sacrosanta. Pero la «globalización» empresarial y financiera exigida por las economías en vanguardia de la tercera ola perfora la «soberanía» nacional, tan cara a los nuevos nacionalistas.

A medida que las economías son transformadas por la tercera ola, se ven obligadas a ceder parte de su soberanía y a aceptar crecientes y mutuas intrusiones económicas y culturales. Así pues, mientras los poetas e intelectuales de regiones económicamente atrasadas escriben himnos nacionales , los poetas e intelectuales de los países de la tercera ola cantan las virtudes de un mundo «sin fronteras» y de una «conciencia planetaria». Las colisiones resultantes, reflejo de las agudas diferencias entre las necesidades de dos civilizaciones radicalmente distintas, podrían provocar en los próximos años un derramamiento de sangre de la peor especie.

Si la nueva división del mundo de dos a tres partes no parece ahora obvia es simplemente porque aún no ha concluido la transición de las economías de la fuerza bruta de la segunda ola a las economías de la fuerza mental de la tercera. Incluso en Estados Unidos, Japón y Europa, todavía no ha terminado la batalla doméstica por el control entre las elites de la tercera y la segunda olas. Subsisten instituciones y sectores importantes de producción de la segunda ola y aún se aferran al poder grupos políticos de presión de la civilización industrial.

La mezcla de elementos de la segunda y de la tercera olas proporciona a cada país de tecnología avanzada su propia «formación» característica. Pero las trayectorias resultan claras. La carrera competitiva global la ganarán los países que terminen su transformación de la tercera ola con el volumen mínimo de dislocación e intranquilidad internas.

Mientras tanto, el cambio histórico de un mundo bisecado a otro trisecado puede muy bien desencadenar en el planeta las más serias pugnas por el poder cuando cada país trate de situarse dentro de la triple estructura de fuerzas. Esta monumental redistribución del poder se acompaña de un cambio en el papel, la significación y la naturaleza del conocimiento.


Publicado en era de la informacion, LECCIONES DEL FUTURO

LECCIONES DEL FUTURO: LECCIÓN # 2 MÁS TRABAJO, MENOS EMPLEO

La Era de la Información, la Tercera Ola toffleriana, el Informacionalismo o como quiera que se le llame, está alterando la economía tal y como la conocemos. Lo que se ha dado en llamar la Nueva Economía[1] trae consigo un hecho inobjetable: el crecimiento del desempleo a escala global y la dramática disminución de los salarios. Paradójicamente, lo anterior ha representado un aumento del trabajo. Y como es apenas natural, esta realidad deja a su paso muchos perdedores y nuevos ganadores. Ahora bien, la distancia entre unos y otros puede ser superada  por el aprendizaje y apropiación de las nuevas reglas de juego.

Quizá te preguntes ¿Y dónde se aprehenden esas nuevas reglas de juego? El ideal seria que en la escuela, o por lo menos en la universidad, pero lamento decirte que el sistema educativo al parecer no se ha dado por enterado, o por lo menos en América Latina en general y en Colombia en particular aun “seguimos contando globos”

Muchos creen que eso de la “Era de la Información” es sólo una cuestión de computadores e internet. No pocos se muestran como promotores de la nueva vanguardia simplemente porque dotan las escuelas con unos cuantos equipos y luego salen con discursos demagógicos diciendo que Colombia tiene que ponerse al tanto de las nuevas tecnologías.

De aquí a que el sistema educativo (en todos sus niveles) comprenda los fundamentos profundos de este cambio de Era y los incluya en su currículo, podrían estar pasando varias generaciones. De modo que la única opción es aprenderlos por cuenta propia. En ese orden de ideas, debemos intentar reflexionar sobre lo que significa el trabajo en esta nueva realidad.

Al respecto, podemos acudir a lo expuesto por Alvin Toffler en su libro la “Revolución de la Riqueza”. Según él:

Tal vez sorprenda a muchos saber que hasta que el trabajo en el campo fue sustituido por el trabajo en la fabrica, pocos de nuestros antepasados tuvieron jamás un empleo. Y esto no era debido a que fueran ricos, pues la mayoría eran pobres de solemnidad. No tenían empleos porque el “empleo” (en el sentido actual de la adscripción oficial a un trabajo a cambio de un salario estipulado) estaba por inventarse. Al igual que la maquina de vapor y otras innovaciones industriales, los empleos y el trabajo asalariado en los tres últimos siglos.

El propio trabajo pasó del exterior al interior, con horarios que ya no se regían por la salida o la puesta del sol, sino por el reloj (para marcar tarjeta) La mayor parte del pago llegó en forma de salarios sobre horas trabajadas. Y esos tratos definieron esencialmente el término “empleo”.[2]

Pero el empleo no es más que una manera de empaquetar el trabajo. Y a medida que se despliegue el reciente sistema de riqueza basado en el conocimiento, iremos hacia un futuro en el que, habrá más gente que “trabaje” pero menos tendrá “empleo”. Ello alterará drásticamente las relaciones laborales, los departamentos de recursos humanos, la legislación y el mercado laboral en conjunto. Mala noticia para los sindicatos tal y como los conocemos hoy. El fundamento básico del trabajo está cambiando más profundamente que en ninguna otra época desde la revolución industrial.[3]

Repitamos lo que nos enseñan los Toffler:

“Iremos hacia un futuro en el que, habrá más gente que “trabaje” pero menos tendrá “empleo”

Comprender ésta anticipación es fundamental. Ello porque las aptitudes requeridas para tener trabajo son muy diferentes a las necesarias para acceder a un empleo cada vez mas escaso y más proletarizado.

Así las cosas, tarde o temprano tendrás que adquirir esas nuevas habilidades y entre más rápido lo hagas, mejor para ti porque mayores oportunidades tendrás.

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[1] Para entender el concepto de la Nueva Economía, recomiendo la lectura de Juan Urrutia, particularmente su libro “El capitalismo que viene”. Este libro en formato digital lo puedes bajar de la sección MIS LECTURAS de este blog.

[2] Alvin y Heidi Toffler “La Revolución de la Riqueza” Editorial Debate. 2006

[3] Ibid.

Publicado en paradigma

EL INFORMACIONALISMO Y LA SOCIEDAD RED: Parte 6

Uno de los componentes esenciales de este accidente histórico que produjo nuestro mundo del siglo XXI fue el nuevo paradigma tecnológico, el informacionalismo.[1]

¿Cual fue su génesis?

La guerra, tanto los conflictos declarados como la guerra fría, constituyó un ingrediente esencial de innovación tecnológica, tal como ha venido ocurriendo a lo largo de la historia. La Segunda Guerra Mundial fue la matriz de la mayoría de los descubrimientos que condujeron la revolución en la tecnología de la información. Y la guerra fría fue el crisol para su desarrollo.

En efecto, el antecesor de Internet, Arpanet (Advanced Research Projects Administration Network), no era exactamente tecnología militar, aunque su tecnología fundamental (la conmutación informativa y la conexión distributiva de redes) fue elaborada por Paul Baran en la Rand Corporation como parte de una propuesta elevada al Departamento de Defensa para construir un sistema de comunicaciones capaz de sobrevivir a una guerra nuclear.

Pero la propuesta nunca fue aprobada, y los científicos del Departamento de Defensa que diseñaron Arpanet conocieron el trabajo de Baran sólo tras haber construido la red informática. De todas formas, sin el apoyo en materia de recursos y libertad de innovación proporcionado por la Advanced Research Projects Agency del Pentágono, la informática en Estados Unidos no se hubiera desarrollado al ritmo en que lo hizo, Arpanet nunca hubiera sido construida y la red informática sería muy distinta hoy en día.

De forma similar, mientras la revolución en la microelectrónica ha dependido en gran medida de las aplicaciones militares durante los últimos veinte años, en el período fundacional, y crítico, de la década de 1950 y principios de la siguiente, Silicon Valley y otros centros importantes de alta tecnología dependían de forma muy notable de los mercados militares y de sus generosos fondos para la investigación.

Las universidades de investigación también fueron semilleros esenciales de la revolución tecnológica. De hecho, se puede afirmar que los informáticos universitarios aprovecharon los fondos del Departamento de Defensa dedicados a la investigación de la informática en general y a la informática de redes en particular en aras del puro trabajo científico y de la innovación tecnológica, sin aplicaciones militares directas. De hecho, el diseño para fines militares se realizaba en condiciones de extrema seguridad, en los laboratorios nacionales, y fue muy escasa la innovación surgida de aquellos laboratorios, pese a su extraordinario potencial científico. Venía a ser un reflejo del sistema soviético, y ése fue su error; no fueron más que monumentales tumbas de ingenuidad.

Las universidades y los centros de investigación de los principales hospitales y centros de salud pública fueron las fuentes esenciales de la revolución en el campo de la biología. Francis Crick y James Watson trabajaron en la Universidad de Cambridge en 1953, y la investigación que llevaría al descubrimiento del ADN recombinante se realizó entre 1973 y 1975 en la Universidad Stanford y en la Universidad de California en San Francisco.

Las empresas desempeñaron también un papel, pero no así las corporaciones consolidadas. AT&T cambió sus derechos de propiedad en microelectrónica por un monopolio de telecomunicaciones en la década de 1950 y, luego, dejó pasar la oportunidad de ser el operador de Arpanet en la década de 1970. IBM no previó la revolución de los ordenadores personales y se subió al tren cuando ya estaba en marcha, en condiciones tan confusas que concedió la licencia de su sistema operativo a Microsoft y dejó la puerta abierta a la aparición de los ordenadores personales clónicos, que acabarían por empujarla a sobrevivir principalmente como empresa de servicios.

Y tan pronto como Microsoft se convirtió en un casi monopolio, cometió errores garrafales muy parecidos. Por ejemplo, no llegaría a percibir el potencial de Internet hasta 1995, cuando lanzó su Internet Explorer, un navegador que no había sido creado originariamente por Microsoft, sino que se basaba en la reelaboración de un navegador diseñado por Spyglass, una compañía que tenía la licencia del software Mosaic del National Center for Supercomputer Applications.

Rank Xerox diseñó muchas de las tecnologías clave de la era del ordenador personal en su unidad de investigación PARC de California. Pero sólo comprendió a medias las maravillas que sus investigadores estaban realizando, hasta el punto de que su trabajo fue ampliamente comercializado por otras compañías, sobre todo por Apple Computer.

Así pues, las empresas que formaron parte del origen del informacionalismo eran, en general, de un nuevo tipo: empresas que, recién puestas en marcha, se convertían en corporaciones gigantescas (Cisco Systems, Dell Computer, Oracle, Sun Microsystems, Apple, etc.) o empresas que se reinventaban a sí mismas (como Nokia, que cambió el dominio de la electrónica de consumo por el de la telefonía celular y, luego, por el de Internet portátil). Para poder evolucionar y convertirse en organizaciones a gran escala, orientadas a la innovación, estas nuevas empresas dieron forma a otro componente fundamental del informacionalismo; la fuente cultual de innovación tecnológica representada por la cultura hacker.

No hay revoluciones tecnológicas sin transformación cultural. Las tecnologías revolucionarias han de ser pensadas. No se trata de un proceso de pequeños avances; se trata de una visión, de un acto de fe, de un gesto de rebelión. La financiación, la fabricación y la comercialización, por supuesto, decidiran en última instancia qué tecnologías sobreviven en el mercado, pero no necesariamente qué tecnologías se desarrollan, porque el mercado, por muy importante que sea, no lo es todo.

El informacionalismo fue en parte inventado y decisivamente modelado por una nueva cultura que resultó esencial en el desarrollo de las redes informáticas, en la distribución de la capacidad de procesamiento y en el aumento del potencial de innovación por medio de la cooperación y la participación. La comprensión teórica de esta cultura y de su papel como fuente de innovación y creatividad en el informacionalismo es la piedra angular de nuestra comprensión de la génesis de la sociedad red.

En mi análisis, así como en las aportaciones de otros muchos especialistas, esta dimensión esencial del informacionalismo queda tan sólo apuntada.

Esta es la razón por la que la teoría de Pekka Himanen sobre la cultura hacker como espíritu del informacionalismo constituye un avance fundamental en el descubrimiento del mundo que se está desplegando en esta incierta alba del tercer milenio.

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LEA LAS OTRAS PARTES DE ESTE DOCUMENTO DE MANUEL CASTELLS

Parte 1

https://soyandrespaz.wordpress.com/2009/12/18/informacionalismo-y-la-sociedad-red/

Parte 2

https://soyandrespaz.wordpress.com/2009/12/23/el-informacionalismo-y-la-sociedad-red-parte-ii/

Parte 3

https://soyandrespaz.wordpress.com/2009/12/25/el-informacionalismo-y-la-sociedad-red-parte-iii/

Parte 4

https://soyandrespaz.wordpress.com/2009/12/26/el-informacionalismo-y-la-sociedad-red-parte-4/

Parte 5

https://soyandrespaz.wordpress.com/2009/12/27/el-informacionalismo-y-la-sociedad-red-parte-5/


[1] Manuel Castells “El Informacionalismo y la Sociedad Red” Epilogo del libro de Pekka Himanen “La Etica del Hacker y el Espiritu de la Era de la Información” Este libro lo puedes bajar en la Biblioteca Digital de este Blog.