ANDREZ PAZ, COLUMNAS DE OPINION SOCIOPOLITICA

MAFIAS POLITICAS VRS CIUDADANOS LIBRES

 

 

De acuerdo con Juan José Alonso, la identificación es un proceso psíquico que se da de forma inconsciente, aunque también se puede dar de forma consciente. Según este autor, la mente humana por cada objeto que ve, de cada frase que oye, de cada línea que lee, por cada olor o por cada sensación que experimenta hace una abstracción o absorción de las cualidades que para él representan.

La práctica constante y sistemática del Autoconocimiento lo lleva a uno a hacerse consciente de las identificaciones que ha adquirido a lo largo de su vida. Por estos días ando muy reflexivo con las identificaciones políticas, ya faltan muy poco para que vivamos el desenlace de las elecciones presidenciales más tensas de los últimos tiempos.

Estas palabras tienen el propósito de seguir construyendo una meta y alimentando un sueño. La meta es darle vida a un libro inspirado en las portadas de la Revista Semana y el sueño es ser parte de esa gran empresa de medios colombiana que para mí es todo un recurso para hacer pedagogía.

Hay una pedagogía que es urgente en Colombia, y no solo en esta tierra sino en toda América Latina, me refiero a la Pedagogía Política, esa pedagogía que nos enseña a ser ciudadanos libres y con criterio para poder discernir lo que más nos conviene como sociedad, que no siempre es lo que más le conviene a ciertos grupos de poder cuyo interés es mantener en la ignorancia y el miedo a la masa inconsciente.

La masa inconsciente no es consciente de su identidad política. Sus preferencias políticas no son el fruto de la reflexión sino de la manipulación mediática que siempre la apunta a mover lo más primitivo de la naturaleza humana; sus instintos y emociones. Ciertos grupos de poder le apunta al miedo, al cerebro reptil. Apelan a lo que me gusta llamar la política reptiliana.

El llamado “Antipetrismo” está sustentando en esa política, una política del miedo, la mentira, la difamación, la propaganda negra es su principal herramienta. Hace ocho años, Mockus y la Ola Verde fueron víctimas de este tipo de estrategias, se sabe de la existencia de un perverso ser llamado JJ Rendón, un estratega político que pone sus conocimientos psicológicos al servicio de estos grupos de poder.

El “Antiuribismo” es diferente. No está sustentado en mentiras ni en la creación de escenarios futuros trágicos, sino en hechos y en la proyección de posibilidades reales. Oponerse al uribismo es oponerse a todo lo que esta fuerza política hizo cuando estuvo en el poder. ¿Cuántos funcionarios de ese gobierno hoy están en la cárcel o prófugos de la justicia? Solo unos cuantos ejemplos bastan para dimensionar el tamaño de esa cleptocracia. ¿Recuerdas lo que pasó con el DAS? Un valiente periodista llamado Julián Martínez Vallejo llevó a cabo una brillante investigación que luego presentó en un fantástico libro llamado justamente así: “Chuzadas: 8 años de espionaje y barbarie”.

¿Recuerdan la Yidispolitica? Diego Palacio y Sabas Pretelt, funcionarios estrella del gobierno de Uribe pagaron cárcel por un delito llamado cohecho, fueron ellos los que se prestaron para modificar el “articulito” que permitió la reelección de Uribe en el 2006.

¿Recuerdan los falsos positivos?

¿Recuerdan agro ingreso seguro?

¿Recuerdan la parapolítica?

¿Estos son hechos o invenciones?

¿Ocurrieron realmente estos hechos o son puras ficciones de los antiuribistas?

¿Es Uribe un criminal o un perseguido político?

Los fanáticos uribistas, es decir la masa inconsciente, niegan esta realidad. Al respecto, dice José Antonio Marina que el fanatismo impide cambiar de creencia a pesar de tener evidencias en contra.

Las evidencias en contra de Uribe son copiosas, y como dice Daniel Coronel, no solo la ha hecho sino que la sigue haciendo. De modo que oponerse a Uribe y su sequito es oponerse a una cultura de la mafia, del todo vale como dice Mockus, de la corrupción, del clientelismo, del nepotismo, y muchos otros males que configuran un cáncer social que está a punto de hacer metástasis. ¿Por qué? Nuevamente aparece el pedagogo José Antonio Marina:

“Nuestra sociedad está no solo fascinada por la personalidad psicopática, sino que es además cada vez más tolerante con ella. Pero aún más terrible es la posibilidad de que esos psicópatas se conviertan en retorcidos modelos de comportamiento para niños de familias disfuncionales o procedentes de comunidades desintegradoras en las que poco se valora la honestidad, el juego limpio y la conciencia de bienestar de los demás”.

Estamos pues a las puertas de una profunda transformación cultural, representada ya no solo en la figura de Gustavo Petro, sino también en la de Ciudadanos Libres como Antanas Mockus y su apuesta por la educación, Claudia López y su lucha contra la corrupción, Ingrid Betancur y su gesto de perdón y reconciliación, además de María Ángela Robledo, una psicóloga empeñado en tejer vínculos para la construcción de un era de paz en Colombia.

Con esta apuesta es con la que yo elegí identificarme.

Una apuesta que llena de sentido mi rol como papá, mi papel como psicólogo y mi vocación como pedagogo.

¿Cuál será tu apuesta?

¿Apoyaras a las mafias políticas o a los ciudadanos libres?

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ANDREZ PAZ, COLUMNAS DE OPINION SOCIOPOLITICA, IDENTIDAD POLITICA

LA IDENTIDAD POLÍTICA


Dice Juan José Alonso en “La Clave del Autoconocimiento”, que las identificaciones constituyen la esencia y el elemento básico constructor de la personalidad. También sostiene este autor que las identificaciones son procesos inconscientes que pueden alcanzar la consciencia cuando existan las condiciones precisas; como son un nivel significativo de autoconsciencia y un deseo de toma de consciencia.

Yo soy un practicante del Autoconocimiento, estoy plenamente convencido que conocerse como individuo, y también como parte de la especie en general y de una sociedad en particular, es fundamental para crecer.
Dada la coyuntura política que estamos viviendo por estos días en el país, me siento en la necesidad de trabajar en el descubrimiento de mi identidad política, y de paso dar comienzo a una meta que no he logrado consolidar: escribir columnas de opinión sociopolítica inspirado por las portadas de la Revista Semana.

¿Cuál será mi identidad política?

Para poderme responder esta pregunta tengo que hacer un poco de historia personal.

La primera vez que voté fue en el año 2002, en aquella época tenía 21 años y estaba estudiando psicología en la Universidad Católica de Colombia. A esta universidad llegó a hacer campaña Álvaro Uribe Vélez, al igual que muchos, quedé atrapado por su “embrujo” y me comí tanto el cuento que hasta mis compañeros de entonces me pusieron el remoquete de “uribito”. Qué pena me da reconocer este hecho.

Para el segundo semestre de 2004 tuve que decidir entre hacer un seminario o una tesis para graduarme como psicólogo. Opté por la segunda. Luego de pensar varios temas, me decidí por uno que me mostró una realidad que marcaría profundamente mis posturas políticas.

La decisión la tomé a partir de un recuerdo de infancia.

El 9 de agosto de 1994 me encontraba en un internado en Manizales, eran las 10 de la mañana y escuché en la radio una noticia: había sido asesinado Manuel Cepeda Vargas, el último senador de la Unión Patriótica.

Ese hecho despertó mi curiosidad y me pregunté: ¿Por qué no investigar lo que ocurrió con la UP?

Me di a la tarea, dos años duré en ese proceso, la historia que conocí de ese genocidio indudablemente marcó mi vida. He hablado muy poco de ello porque sinceramente me ha dado miedo. Colombia es un país donde se ha asesinado a los opositores, a los que se atreven a pensar distinto, a aquellos que se atreven a encarnar y vivir una identidad que va en contravía del Statu Quo.

Terminé mi tesis y quedó ahí, estuve muy tentado a profundizar en ese camino que seguramente me habría llevado al campo de los defensores de los derechos humanos, pero la corriente de la vida me encaminó por los senderos de la Psicología Afectiva y de la vida familiar. Conocí a Luz Adriana, tuvimos a Orianna y Dante y ese tema quedó en el olvido.

En el 2010, ya con 30 años, me identifiqué con la Ola Verde de Mockus, todo lo que había descubierto en mi investigación sobre el genocidio de la Unión Patriótica, hizo que conociera la realidad sobre los vínculos de Álvaro Uribe con el paramilitarismo y por eso veía en el profesor Antanas, el hombre idóneo para frenar sus intenciones de mantenerse en el poder influenciando la elección de Juan Manuel Santos, en ese momento no me imaginaba que el sucesor de Uribe sería capaz de desmarcarse de su jefe político y emprender el proceso de paz con las Farc.

El 4 de septiembre de 2012 Santos anunció públicamente el inicio de las negociaciones, recuerdo que la noticia la escuché en las montañas de Soacha, y a partir de ese momento sentí que la Paz era la causa de nuestra generación. Me identifiqué tanto con en esa apuesta política y social que decidí asumir una nueva identidad, en adelante me llamaría y me presentaría como Ándrez Paz.

En el 2014 voté por Santos para apoyar el proceso de paz y se despertó en mi un sentimiento de gratitud hacia este hombre que es considerado un “traidor de su clase” por haberse atrevido a iniciar este proceso y llevarle la contraria a Uribe.

En el año 2017, acepté la invitación de Miguel de Zubiria a vincularme al movimiento libertario, lo hice atraído por una idea que me parece fundamental para el desarrollo de esta sociedad: La Libertad Educativa.

No logré conectarme del todo con el movimiento libertario porque se oponían al proceso de paz con las Farc y eso me alejó de esa iniciativa, aunque sigue dando vueltas en mi cabeza la idea de la Libertad Educativa.

La Paz y la Educación son para mí los temas centrales de la vida social y son las causas que mueven mi existencia. Por ese motivo, en esta campaña del 2018 me identifiqué inicialmente con la llamada Coalición Colombia encabezada por Sergio Fajardo, lo hice porque estaban comprometidos con la Paz y seguían la misma línea de Mockus en torno a la Educación.

Y ahora estamos en una situación parecida a la del 2010, con Iván Duque como alfil de Uribe, pero con un nuevo protagonista: Gustavo Petro, menos ingenuo y más radical que el Antanas Mockus de aquellos días.
Como bien lo dice la Revista Semana, nunca en la historia de Colombia, dos candidatos han tenido visiones de país tan distintas.

Habiendo hecho una investigación profunda sobre el genocidio de la Unión Patriótica, me queda muy difícil identificarme con la visión de país que representa Iván Duque y todos aquellos que están trabajando a favor de su candidatura. No quisiera sonar ofensivo, pero cuando uno ve la foto de los que están subiéndose a ese barco, se encuentra con varias palabras encarnadas en diversos personajes: fanatismos; religiosos y políticos. Corrupción de todos los colores, homofobia, complejos de superioridad social, exclusión y discriminación, dogmatismos y anacronismos. Esa es una sociedad vieja que se resiste a cambiar. Respetables todos como seres humanos, pero con ideas que no permiten evolucionar.

Cuando inició esta campaña lo hice identificándome con el Centro Político, encarnado en esta ocasión por Sergio Fajardo, Claudia López y Jorge Enrique Robledo; apoyé con muchas reflexiones esta propuesta, sin embargo, con el paso de los días, empezó a calar en mí el diagnostico social que planteaba el relato de Gustavo Petro y su propuesta de la Colombia Humana.

Esta es hoy la visión alternativa a la que plantea Duque y su corte Uribista, una visión política de derecha que me asusta porque tiene un tinte dictatorial y de intromisión en los asuntos familiares, personales y comunitarios, que muchas personas de buen corazón pero ingenuos a nivel político están apoyando. Cómplices sin ser conscientes. ¿Estamos en una dictadura en ciernes?

Ante esta inminente posibilidad, creo que una opción viable y posible es la unión entre la izquierda y el centro. Una Izquierda Centrada para ser más exacto.

Me identifico con una visión de país incluyente y pluralista, donde realmente quepamos todos. Una visión que ponga la Paz y la Educación en el centro de la acción social. Donde la lucha contra la inequidad e injusticia social sea determinada. Una visión donde se comprenda que la mayor riqueza del país no está en sus recursos naturales sino en el cerebro de todos nosotros. Una visión que nos encaminé hacia al futuro y no que nos deje atados al pasado.

A nivel político elegí ser de Centro, pero por lo que veo estoy más inclinado hacia la centro izquierda, por eso me parece que no es el momento del voto en blanco, es el momento de la unidad en torno a un propósito en común:

La construcción de una cultura de paz.