ANDREZ PAZ, COLUMNAS DE OPINION SOCIOPOLITICA, COLUMNAS SEMANA

TRABAJAR EN EQUIPO

Uno de los mayores retos de mi existencia es aprehender a trabajar en equipo. Esta habilidad es quizá uno de los mayores legados de nuestros antepasados ancestrales. Si los remotos cazadores y recolectores no hubiesen trabajado en equipo, no habrían sobrevivido y nosotros no existiríamos.

Plasmo estas palabras movido por emociones encontradas. Alegre porque estoy compartiendo la existencia con el amor de mi vida, es decir con Luz Adriana, Orianna y Dante, el equipo más importante de mi vida. Estoy muy feliz porque estamos viviendo una época de comunión, conectados y caminando juntos hacia un mismo destino. Este núcleo familiar es el motor de mis días.

Pero me embarga en este instante una profunda tristeza social. Hace unos minutos fue eliminada la Selección Colombia del Mundial de Rusia. Estuvimos muy cerca de dar el siguiente paso, nos quedamos en octavos luego de la gesta del gran Yerri Mina. Canté ese gol con todas las fuerzas de mi ser. Lo acepto, este tipo de dinámicas sociales también me mueven y aunque algunos piensen que es una cosa superflua, creo que se pueden aprender muchas lecciones de lo vivido con Colombia en el Mundial.

La portada de Semana para esta semana trae a tres figuras. Juan Fernando Quintero, Juan Guillermo Cuadrado y Yerri Mina. Los dos primeros, víctimas de la violencia paramilitar, se quedaron sin papá por culpa de este monstruo que nació con la anuencia del Estado. Mina es hijo de una tierra, el Cauca, en la que las inequidad y la persecución a los líderes sociales es alarmante y preocupante. Hace apenas unas horas por ejemplo, fue perpetrada una masacra en Argelia que dejo 7 muertos. Que lamentable. De modo que el futbol, por muy emocionante que sea, no nos puede alejar de la realidad. No es posible estar de espaldas a la realidad social colombiana.

De todas formas ha sido un tremendo bálsamo esta participación de Colombia en el Mundial, me ha permitido confirmar una vez más que el futbol es como la vida, requiere trabajo en equipo, no se puede depender de un solo jugador, así como no podemos depender de un solo vinculo.

Para el logro de nuestra metas necesitamos aprender a cooperar con el otro. Para que el trabajo en equipo de resultado es clave comprender la función de cada uno y dar lo mejor de sí. Entregarlo todo, como lo hicieron los jugadores de la Selección Colombia. Así pasa en la vida de pareja, en la vida familiar, en la vida social, que son todos como micro juegos de un gran juego: El Juego de la Vida.

Trabajar en equipo es la esencia del Juego de la Vida.

Pensemos por ejemplo en lo vital que es aprender a trabajar en equipo con nuestra pareja. Fundamental para nuestro equilibro afectivo y crecimiento en todas las áreas de nuestra existencia. O que decir de lo importante que es aprender a trabajar en equipo con nuestros hijos. Y no menos importante es aprender a trabajar en equipo con nuestros compañeros de trabajo y de emprendimientos.

Casualmente en este instante escucho una canción de fondo que me parece muy representativo del trabajo grupal. Dice Caifanes: “Afuera tu no existes solo adentro”. Hay que aprender a trabajar en equipo para poder ser parte de grupos productivos, para soñar con metas grandes, para crecer y trascender.

¿Por qué no soñar con que Colombia pueda ser alguna día campeón del mundo?

Yo sueño con viajar por el mundo con mi núcleo familiar, deseo trabajar en equipo con Luz Adriana, Orianna y Dante para que esto se haga realidad.

¿Cuáles son tus sueños?

Cualesquiera sean, nunca olvides que la clave está en aprender a trabajar en equipo.

 

 

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LOS RETOS

 

 

Acabo de escuchar unas palabras que han actuado como detonante para lanzarme a darle vida a esta columna de opinión sociopolítica: “El que quiere permanecer en la historia debe escribir.” Yo quiero hacer una historia personal, poder aprender de mí mismo a partir de la reflexión sobre lo que escribo. Estoy plenamente convencido que cultivar la palabra le permite a uno conocerse, pero también diseñarse y construirse.

Eduardo Galeano decía que no estamos hechos de átomos sino de historias. Y las historias están hechas de palabras, somos palabras encarnadas. Esta semana una palabra me tuvo pensando: LOS RETOS.

Me fui a buscar al sabio diccionario y me encontré con que un reto es un objetivo o empeño difícil de llevar a cabo, y que constituye por ello un estímulo y un desafío para quien lo afronta.

¿Cuáles son los retos de Duque?

Creo que el principal de ellos será gobernar con independencia del expresidente Uribe. Empeño bastante difícil, pareciera que se mueve entre dos posibilidades: o la sumisión al jefe, a quien el mismo Duque llama el “presidente eterno”, o el sensato distanciamiento político de su mentor para ser leal a sí mismo y dejar su propio legado, tal y como bien lo hizo Juan Manuel Santos quien tuvo la valentía de creer en la paz y jugársela por ella a pesar de la retrechera oposición de Uribe y su legión de egos combatientes.

Estoy observando el diccionario y me causa curiosidad la conexión que hay entre la palabra “reto” y otras vecinas suyas:

RETOcar.

RETOmar.

Una acepción de Retocar es:

“perfeccionar el maquillaje de alguien”.

Leo esta definición, observo el rostro de Iván Duque y me pregunto:

¿Será una mirada autentica?

¿Será un político transparente?

¿No será un producto del marketing político?

¿No será un mero maquillaje político?

Mas diciente me resulta la definición de Retomar:

“volver a tomar, reanudar algo que se había interrumpido”.

¿Vuelve Uribe al poder ejecutivo por intermedio de Duque?

¿Vuelve el cuento de la seguridad democrática?

A pesar de mis dudas, prefiero ser optimista y creer que Iván Duque será él mismo. No un simple títere, sino un presidente en ejercicio, con vocación de centro, capaz de darle la espalda a toda esa legión de corrupción, fanatismo y mafia que está pegada a su imagen.

Ese es el principal reto de Iván Duque ser Iván Duque.

Y quizá este es el principal reto de cada uno de nosotros, ser nosotros mismos, ser lo que elegimos ser.

Mi principal reto por ejemplo es vivir a plenitud la personalidad que elegí.

Aportarle decididamente a mi núcleo familiar, conectarme con toda mi tribu familiar, ser un constructor de paz, un cultivador de la palabra y de vínculos; quiero vivir de las palabras, haciendo libros y conferencias, desarrollarme como Storyteller. Responder activamente al llamado de la Pedagogía Conceptual, servirle a esta sociedad como un pedagogo político que constantemente siembra conciencia social. Encarnar la Psicología Afectiva y con sus enseñanzas, disfrutar de la tarea de ser un profesor de psicología de la felicidad. Y sobre todo, ser un Servidor, alguien que está al servicio de sus colegas para acompañarlos en los momentos difíciles de su camino y su vocación. Como diría Miguel De Zubiria, esta es la esencia de una persona autotelica, alguien que define sus anhelos, metas, proyectos y que está plenamente inmerso en el flujo de la vida.

Como bien lo dice el director de la Revista Semana, talante y liderazgo necesita Iván Duque para asumir este gran reto de su vida: gobernar un país que se debate entre un pasado violento y un futuro de paz. Lo mismo necesitamos cada uno de nosotros, conducir nuestra propia vida con talante y liderazgo, gobernarnos a nosotros mismos, no esperar a que los demás hagan por nosotros lo que a cada uno le corresponde hacer por sí mismo.

Termino con una palabra que le escuché varias veces en campaña a Iván Duque:

Congruencia.

Para afrontar nuestros retos tenemos que ser congruentes entre lo que pensamos, sentimos y actuamos.

¿Y tú, ya tienes claros tus retos?

ANDREZ PAZ, COLUMNAS DE OPINION SOCIOPOLITICA, IDENTIDAD POLITICA

LA IDENTIDAD POLÍTICA


Dice Juan José Alonso en “La Clave del Autoconocimiento”, que las identificaciones constituyen la esencia y el elemento básico constructor de la personalidad. También sostiene este autor que las identificaciones son procesos inconscientes que pueden alcanzar la consciencia cuando existan las condiciones precisas; como son un nivel significativo de autoconsciencia y un deseo de toma de consciencia.

Yo soy un practicante del Autoconocimiento, estoy plenamente convencido que conocerse como individuo, y también como parte de la especie en general y de una sociedad en particular, es fundamental para crecer.
Dada la coyuntura política que estamos viviendo por estos días en el país, me siento en la necesidad de trabajar en el descubrimiento de mi identidad política, y de paso dar comienzo a una meta que no he logrado consolidar: escribir columnas de opinión sociopolítica inspirado por las portadas de la Revista Semana.

¿Cuál será mi identidad política?

Para poderme responder esta pregunta tengo que hacer un poco de historia personal.

La primera vez que voté fue en el año 2002, en aquella época tenía 21 años y estaba estudiando psicología en la Universidad Católica de Colombia. A esta universidad llegó a hacer campaña Álvaro Uribe Vélez, al igual que muchos, quedé atrapado por su “embrujo” y me comí tanto el cuento que hasta mis compañeros de entonces me pusieron el remoquete de “uribito”. Qué pena me da reconocer este hecho.

Para el segundo semestre de 2004 tuve que decidir entre hacer un seminario o una tesis para graduarme como psicólogo. Opté por la segunda. Luego de pensar varios temas, me decidí por uno que me mostró una realidad que marcaría profundamente mis posturas políticas.

La decisión la tomé a partir de un recuerdo de infancia.

El 9 de agosto de 1994 me encontraba en un internado en Manizales, eran las 10 de la mañana y escuché en la radio una noticia: había sido asesinado Manuel Cepeda Vargas, el último senador de la Unión Patriótica.

Ese hecho despertó mi curiosidad y me pregunté: ¿Por qué no investigar lo que ocurrió con la UP?

Me di a la tarea, dos años duré en ese proceso, la historia que conocí de ese genocidio indudablemente marcó mi vida. He hablado muy poco de ello porque sinceramente me ha dado miedo. Colombia es un país donde se ha asesinado a los opositores, a los que se atreven a pensar distinto, a aquellos que se atreven a encarnar y vivir una identidad que va en contravía del Statu Quo.

Terminé mi tesis y quedó ahí, estuve muy tentado a profundizar en ese camino que seguramente me habría llevado al campo de los defensores de los derechos humanos, pero la corriente de la vida me encaminó por los senderos de la Psicología Afectiva y de la vida familiar. Conocí a Luz Adriana, tuvimos a Orianna y Dante y ese tema quedó en el olvido.

En el 2010, ya con 30 años, me identifiqué con la Ola Verde de Mockus, todo lo que había descubierto en mi investigación sobre el genocidio de la Unión Patriótica, hizo que conociera la realidad sobre los vínculos de Álvaro Uribe con el paramilitarismo y por eso veía en el profesor Antanas, el hombre idóneo para frenar sus intenciones de mantenerse en el poder influenciando la elección de Juan Manuel Santos, en ese momento no me imaginaba que el sucesor de Uribe sería capaz de desmarcarse de su jefe político y emprender el proceso de paz con las Farc.

El 4 de septiembre de 2012 Santos anunció públicamente el inicio de las negociaciones, recuerdo que la noticia la escuché en las montañas de Soacha, y a partir de ese momento sentí que la Paz era la causa de nuestra generación. Me identifiqué tanto con en esa apuesta política y social que decidí asumir una nueva identidad, en adelante me llamaría y me presentaría como Ándrez Paz.

En el 2014 voté por Santos para apoyar el proceso de paz y se despertó en mi un sentimiento de gratitud hacia este hombre que es considerado un “traidor de su clase” por haberse atrevido a iniciar este proceso y llevarle la contraria a Uribe.

En el año 2017, acepté la invitación de Miguel de Zubiria a vincularme al movimiento libertario, lo hice atraído por una idea que me parece fundamental para el desarrollo de esta sociedad: La Libertad Educativa.

No logré conectarme del todo con el movimiento libertario porque se oponían al proceso de paz con las Farc y eso me alejó de esa iniciativa, aunque sigue dando vueltas en mi cabeza la idea de la Libertad Educativa.

La Paz y la Educación son para mí los temas centrales de la vida social y son las causas que mueven mi existencia. Por ese motivo, en esta campaña del 2018 me identifiqué inicialmente con la llamada Coalición Colombia encabezada por Sergio Fajardo, lo hice porque estaban comprometidos con la Paz y seguían la misma línea de Mockus en torno a la Educación.

Y ahora estamos en una situación parecida a la del 2010, con Iván Duque como alfil de Uribe, pero con un nuevo protagonista: Gustavo Petro, menos ingenuo y más radical que el Antanas Mockus de aquellos días.
Como bien lo dice la Revista Semana, nunca en la historia de Colombia, dos candidatos han tenido visiones de país tan distintas.

Habiendo hecho una investigación profunda sobre el genocidio de la Unión Patriótica, me queda muy difícil identificarme con la visión de país que representa Iván Duque y todos aquellos que están trabajando a favor de su candidatura. No quisiera sonar ofensivo, pero cuando uno ve la foto de los que están subiéndose a ese barco, se encuentra con varias palabras encarnadas en diversos personajes: fanatismos; religiosos y políticos. Corrupción de todos los colores, homofobia, complejos de superioridad social, exclusión y discriminación, dogmatismos y anacronismos. Esa es una sociedad vieja que se resiste a cambiar. Respetables todos como seres humanos, pero con ideas que no permiten evolucionar.

Cuando inició esta campaña lo hice identificándome con el Centro Político, encarnado en esta ocasión por Sergio Fajardo, Claudia López y Jorge Enrique Robledo; apoyé con muchas reflexiones esta propuesta, sin embargo, con el paso de los días, empezó a calar en mí el diagnostico social que planteaba el relato de Gustavo Petro y su propuesta de la Colombia Humana.

Esta es hoy la visión alternativa a la que plantea Duque y su corte Uribista, una visión política de derecha que me asusta porque tiene un tinte dictatorial y de intromisión en los asuntos familiares, personales y comunitarios, que muchas personas de buen corazón pero ingenuos a nivel político están apoyando. Cómplices sin ser conscientes. ¿Estamos en una dictadura en ciernes?

Ante esta inminente posibilidad, creo que una opción viable y posible es la unión entre la izquierda y el centro. Una Izquierda Centrada para ser más exacto.

Me identifico con una visión de país incluyente y pluralista, donde realmente quepamos todos. Una visión que ponga la Paz y la Educación en el centro de la acción social. Donde la lucha contra la inequidad e injusticia social sea determinada. Una visión donde se comprenda que la mayor riqueza del país no está en sus recursos naturales sino en el cerebro de todos nosotros. Una visión que nos encaminé hacia al futuro y no que nos deje atados al pasado.

A nivel político elegí ser de Centro, pero por lo que veo estoy más inclinado hacia la centro izquierda, por eso me parece que no es el momento del voto en blanco, es el momento de la unidad en torno a un propósito en común:

La construcción de una cultura de paz.

 

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PAPÁ REAL

Uno de mis sueños intelectuales es ser columnista de la Revista Semana.

Alguien me dijo que los sueños se empiezan a hacer realidad a partir de la palabra.

Con palabras empezamos a nombrar la realidad que queremos y si somos constantes, esa realidad va tomando forma poco a poco en nuestra vida.

Pues bien, conectándome con la energía espiritual que en este día circula por Colombia, me dispongo a cultivar este sueño de ser parte de la nomina del equipo de opinadores de la Revista Semana.

Mi estrategia para lograr esa meta es producir una columna inspirado en la portada de cada Semana, y lo haré desde lo que soy: un papá real, cuya vocación es la pedagogía y su profesión la psicología.

La Revista Semana es en si mismo un documento que va recogiendo la historia del país, retrata la realidad pero también genera la realidad.

Esta semana por ejemplo, da cuenta de un hecho histórico que sin duda alguna marcará un rumbo social y político de esta sociedad, que se debate entre darle la bienvenida a la esperanza de un mejor futuro o quedarse estancado en las agresiones y dolores del ayer.

La visita de Francisco me pone a pensar en una de las principales tragedias de este país en el que nací.

Colombia es un país con carencia de papás, me atrevo a afirmar que gran parte de la causa de la crisis política y social que hoy vivimos tiene su origen en la ausencia de papá, en la cada vez mas ausente presencia paterna.

¿Que pasa afectivamente con una niña que crece sin el amor de su padre?

¿Que pasa afectivamente con un niño al que le hace falta la figura paterna?

¿Será cierto eso de que mamá es solo una y que papá es cualquiera?

La división política que hoy vivimos es un reflejo a nivel macro de la división familiar que padecemos millones de colombianos, y está bastante claro que cuando el reino está dividido no llega la prosperidad, pasa en el país, pasa en las familias, pasa en el corazón de cada uno de nosotros.

Mientras haya división en nuestro Ser, en nuestra familia y en nuestra sociedad, nunca podremos prosperar de verdad, quizá consigamos plata, pero de nada sirve tener la nevera llena y el corazón vacío.

Colombia necesita con urgencia papás reales, pero no papás egocentricos, machistas, autoritarios, pendencieros, camorreros, camanduleros, mafiosos, guerreristas…..

Esta Colombia necesita la acción decidida de papás conscientes, pacíficos, asertivos, empaticos, equitativos, cooperadores, constructivos, propositivos, proactivos, felices, libres, emprendedores, creadores, pensadores…

¿Te imaginas una generación de papás así?

¿Te imaginas una generación de hombres asumiendo su paternidad de esta forma?

En tiempos de guerra, los hombres estamos a disposición de ella, ¿Por qué no pensar lo mismo en tiempos de paz?

Yo soy un hombre y estoy a disposición de la paz, determinado a trabajar por la paz porque estoy convencido que la paz es el camino hacia la unidad.

La paternidad ha sido para mi una bendición, y a mis hijos les quiero transmitir un legado de paz y unidad, no una maldita violencia que amargue sus existencias. No es justo con ellos, no lo merecen.

La paz empieza en cada uno de nosotros, en reconciliarnos con la paternidad que nos dio la vida, y en donar nuestra vida a la paternidad que se nos dió para crecer en esta vida.

Todo esto me suscita la visita del Papa Francisco, no me interesa entrar en discusiones frente a su figura, creo que la religión es un asunto personal y cada quien es libre de manejarlo como a bien la parezca, mucho menos me interesa caer en estériles debates políticos que conducen a ninguna parte.

Mi interés sencillamente, es poner en evidencia la esencia de lo que significa para mi la presencia en Colombia de este personaje iconico de la cultura occidental.

Un arquetipo llamado papa, que me pone a pensar en la necesidad de papás reales.

Andrés
Papá de Orianna y Dante.

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