Publicado en ANDREZ PAZ, COLUMNAS DE OPINION SOCIOPOLITICA, IDENTIDAD POLITICA

LA IDENTIDAD POLÍTICA


Dice Juan José Alonso en “La Clave del Autoconocimiento”, que las identificaciones constituyen la esencia y el elemento básico constructor de la personalidad. También sostiene este autor que las identificaciones son procesos inconscientes que pueden alcanzar la consciencia cuando existan las condiciones precisas; como son un nivel significativo de autoconsciencia y un deseo de toma de consciencia.

Yo soy un practicante del Autoconocimiento, estoy plenamente convencido que conocerse como individuo, y también como parte de la especie en general y de una sociedad en particular, es fundamental para crecer.
Dada la coyuntura política que estamos viviendo por estos días en el país, me siento en la necesidad de trabajar en el descubrimiento de mi identidad política, y de paso dar comienzo a una meta que no he logrado consolidar: escribir columnas de opinión sociopolítica inspirado por las portadas de la Revista Semana.

¿Cuál será mi identidad política?

Para poderme responder esta pregunta tengo que hacer un poco de historia personal.

La primera vez que voté fue en el año 2002, en aquella época tenía 21 años y estaba estudiando psicología en la Universidad Católica de Colombia. A esta universidad llegó a hacer campaña Álvaro Uribe Vélez, al igual que muchos, quedé atrapado por su “embrujo” y me comí tanto el cuento que hasta mis compañeros de entonces me pusieron el remoquete de “uribito”. Qué pena me da reconocer este hecho.

Para el segundo semestre de 2004 tuve que decidir entre hacer un seminario o una tesis para graduarme como psicólogo. Opté por la segunda. Luego de pensar varios temas, me decidí por uno que me mostró una realidad que marcaría profundamente mis posturas políticas.

La decisión la tomé a partir de un recuerdo de infancia.

El 9 de agosto de 1994 me encontraba en un internado en Manizales, eran las 10 de la mañana y escuché en la radio una noticia: había sido asesinado Manuel Cepeda Vargas, el último senador de la Unión Patriótica.

Ese hecho despertó mi curiosidad y me pregunté: ¿Por qué no investigar lo que ocurrió con la UP?

Me di a la tarea, dos años duré en ese proceso, la historia que conocí de ese genocidio indudablemente marcó mi vida. He hablado muy poco de ello porque sinceramente me ha dado miedo. Colombia es un país donde se ha asesinado a los opositores, a los que se atreven a pensar distinto, a aquellos que se atreven a encarnar y vivir una identidad que va en contravía del Statu Quo.

Terminé mi tesis y quedó ahí, estuve muy tentado a profundizar en ese camino que seguramente me habría llevado al campo de los defensores de los derechos humanos, pero la corriente de la vida me encaminó por los senderos de la Psicología Afectiva y de la vida familiar. Conocí a Luz Adriana, tuvimos a Orianna y Dante y ese tema quedó en el olvido.

En el 2010, ya con 30 años, me identifiqué con la Ola Verde de Mockus, todo lo que había descubierto en mi investigación sobre el genocidio de la Unión Patriótica, hizo que conociera la realidad sobre los vínculos de Álvaro Uribe con el paramilitarismo y por eso veía en el profesor Antanas, el hombre idóneo para frenar sus intenciones de mantenerse en el poder influenciando la elección de Juan Manuel Santos, en ese momento no me imaginaba que el sucesor de Uribe sería capaz de desmarcarse de su jefe político y emprender el proceso de paz con las Farc.

El 4 de septiembre de 2012 Santos anunció públicamente el inicio de las negociaciones, recuerdo que la noticia la escuché en las montañas de Soacha, y a partir de ese momento sentí que la Paz era la causa de nuestra generación. Me identifiqué tanto con en esa apuesta política y social que decidí asumir una nueva identidad, en adelante me llamaría y me presentaría como Ándrez Paz.

En el 2014 voté por Santos para apoyar el proceso de paz y se despertó en mi un sentimiento de gratitud hacia este hombre que es considerado un “traidor de su clase” por haberse atrevido a iniciar este proceso y llevarle la contraria a Uribe.

En el año 2017, acepté la invitación de Miguel de Zubiria a vincularme al movimiento libertario, lo hice atraído por una idea que me parece fundamental para el desarrollo de esta sociedad: La Libertad Educativa.

No logré conectarme del todo con el movimiento libertario porque se oponían al proceso de paz con las Farc y eso me alejó de esa iniciativa, aunque sigue dando vueltas en mi cabeza la idea de la Libertad Educativa.

La Paz y la Educación son para mí los temas centrales de la vida social y son las causas que mueven mi existencia. Por ese motivo, en esta campaña del 2018 me identifiqué inicialmente con la llamada Coalición Colombia encabezada por Sergio Fajardo, lo hice porque estaban comprometidos con la Paz y seguían la misma línea de Mockus en torno a la Educación.

Y ahora estamos en una situación parecida a la del 2010, con Iván Duque como alfil de Uribe, pero con un nuevo protagonista: Gustavo Petro, menos ingenuo y más radical que el Antanas Mockus de aquellos días.
Como bien lo dice la Revista Semana, nunca en la historia de Colombia, dos candidatos han tenido visiones de país tan distintas.

Habiendo hecho una investigación profunda sobre el genocidio de la Unión Patriótica, me queda muy difícil identificarme con la visión de país que representa Iván Duque y todos aquellos que están trabajando a favor de su candidatura. No quisiera sonar ofensivo, pero cuando uno ve la foto de los que están subiéndose a ese barco, se encuentra con varias palabras encarnadas en diversos personajes: fanatismos; religiosos y políticos. Corrupción de todos los colores, homofobia, complejos de superioridad social, exclusión y discriminación, dogmatismos y anacronismos. Esa es una sociedad vieja que se resiste a cambiar. Respetables todos como seres humanos, pero con ideas que no permiten evolucionar.

Cuando inició esta campaña lo hice identificándome con el Centro Político, encarnado en esta ocasión por Sergio Fajardo, Claudia López y Jorge Enrique Robledo; apoyé con muchas reflexiones esta propuesta, sin embargo, con el paso de los días, empezó a calar en mí el diagnostico social que planteaba el relato de Gustavo Petro y su propuesta de la Colombia Humana.

Esta es hoy la visión alternativa a la que plantea Duque y su corte Uribista, una visión política de derecha que me asusta porque tiene un tinte dictatorial y de intromisión en los asuntos familiares, personales y comunitarios, que muchas personas de buen corazón pero ingenuos a nivel político están apoyando. Cómplices sin ser conscientes. ¿Estamos en una dictadura en ciernes?

Ante esta inminente posibilidad, creo que una opción viable y posible es la unión entre la izquierda y el centro. Una Izquierda Centrada para ser más exacto.

Me identifico con una visión de país incluyente y pluralista, donde realmente quepamos todos. Una visión que ponga la Paz y la Educación en el centro de la acción social. Donde la lucha contra la inequidad e injusticia social sea determinada. Una visión donde se comprenda que la mayor riqueza del país no está en sus recursos naturales sino en el cerebro de todos nosotros. Una visión que nos encaminé hacia al futuro y no que nos deje atados al pasado.

A nivel político elegí ser de Centro, pero por lo que veo estoy más inclinado hacia la centro izquierda, por eso me parece que no es el momento del voto en blanco, es el momento de la unidad en torno a un propósito en común:

La construcción de una cultura de paz.

 

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