Publicado en CARTAS AL MAESTRO, PSICOLOGÍA AFECTIVA

¿DEBEMOS IR LOS PSICÓLOGOS AL PSICÓLOGO? -CARTA A MI MAESTRO MIGUEL DE ZUBIRIA-

Mi estimado maestro Miguel:

El 17 de mayo de 2013 va a quedar en mis recuerdos como uno de los momentos más trascendentales de mi vida. Yo, que soy psicólogo, ese día fui por primera vez al psicólogo. Sentí lo que quizá sienten las personas que lo buscan a uno para escuchar unas palabras confortables y una explicación a los dilemas de la Vida.

Que gratificante fue esa experiencia maestro. Pensar que la Psicología solo sirve para curar las enfermedades de la Mente es desconocer la otra gran función de este bello Oficio: Formar la Mente, estructurarla, prepararla para afrontar los grandes retos de la existencia.

Por eso es que pienso que mi encuentro con usted fue muy gratificante. Porque su creación, la Psicología Afectiva, es justamente esa rama que le estaba faltando al potente árbol de la Psicología. Una rama cuyos frutos son precisamente, mentes estructuradas, mentes afectivamente preparadas para crear la mayor obra humana: nuestra propia vida!!!! En otras palabras, la Psicología Afectiva es una poderosa herramienta para hacer realidad un viejo anhelo artístico: “el hombre como creador de si mismo”.

Desde que me encontré con la Psicología Afectiva este ha sido mi propósito, darle forma a mi mente, crearme a mi mismo. El haber asumido este reto existencial me convirtió en su discípulo, me hizo Psicólogo Afectivo. Al parecer mi conversión usted la intuyó porque en su libro –la afectividad humana– me escribió:

Para Andrés: joven y futuro discípulo critico.”

Corría el año 2008 y desde entonces, en lugar de ponerme a hacer un posgrado, me dediqué con ahínco e intensidad a estudiar su obra, a comprehenderla, pero sobre todo, a vivirla. Cinco años llevo ya en esta apasionante tarea y el encuentro con usted para mi fue una graduación, no solo como Psicólogo Afectivo, sino como hombre Cro-Magnon y continuador de su obra en mi generación.

Los psicólogos necesitamos psicólogo. Pero no porque  estemos “locos”, sino porque requerimos de la guía y orientación de quienes ya han recorrido un camino vital, conceptual y social, porque con su sapiencia nos pueden dar luces que alumbren nuestra vida de pareja, nuestros deberes como padres, nuestros desafíos como profesionales de una disciplina que pone a nuestra disposición todas las herramientas que se requieren para contribuir con la transformación profunda de nuestra sociedad.

Usted maestro Miguel ha sido testigo de mi proceso, de hecho usted ha sido mi formador afectivo, intelectual y existencial. Como se lo conté en nuestro encuentro, tengo sistemáticamente organizados todos los correos electrónicos que hemos intercambiado en estos cinco años. Su tutoría, su obra, sus mensajes, sus consejos y sugerencias son gran parte de la materia prima que estoy utilizando en la construcción de mi obra social; una Comunidad Formativa que lleve al siguiente nivel las enseñanzas de la Psicología Afectiva.

La primera Institución Formativa que he creado en el marco de la Comunidad Formativa El Taller, es la Escuela-Taller de Formación Afectiva. Con esta institución me propongo atraer para la causa a colegas que quieran hacer de la Psicología Afectiva su profesión y de la Formación Afectiva su oficio.

Mi meta es muy clara: me voy a hacer responsable de la Formación de 48 personas. Esta es la capacidad que tiene mi Escuela-Taller. Ni más, ni menos. Estos serán los pioneros de la Psicología Afectiva (su creación) y de la Formación Afectiva (mi creación). Es decir, vendrían a ser sus nietos intelectuales.

Cuando en nuestro reciente encuentro le hablé sobre esta Escuela-Taller y de cómo estoy utilizando la Biblioteca Virgilio Barco para llevar a cabo la Formación de mis Aprehendices, a usted le pareció sorprendente y me preguntó que les enseñaba. Recuerdo que le contesté que el núcleo de las Enseñanzas eran las Habilidades Psicoafectivas, lo que en su Sistema eran las competencias afectivas y ahora según usted mismo me lo confirmo, se llaman Cualidades Humanas.

Pues bien mi querido maestro Miguel, lo que yo le enseño a mis Aprehendices es un Sistema de Formación Humana que esta integrado por 12 Enseñanzas básicas que permiten darle Estructura Afectiva a la Mente del ser humano.

Como es apenas lógico, la primera de estas Enseñanzas son las Habilidades Psicoafectivas, cuya práctica nos permite aprehender a vivir y convivir con Sabiduría y Bien-Estar.

La segunda Enseñanza es que los seres humanos somos seres afectivos, pensantes y actuantes que podemos evolucionar nuestra forma de sentir, pensar y actuar.

La tercera Enseñanza es que estamos conectados afectivamente con la Vida. Yo soy yo y mis vínculos afectivos, como suele decir usted maestro.

La cuarta Enseñanza es que tenemos Necesidades Afectivas de Comunidad, Estructura Mental y Sentido Vital. Necesidades que pobremente satisfechas producen malestares afectivos. El origen de esta Enseñanza esta en la Tercera Ola de Alvin Toffler.

La quinta Enseñanza es que podemos elegir una Personalidad. Esto lo aprehendí de mi abuelo intelectual, es decir, de José Antonio Marina. El autor que usted me presentó en nuestro primerísimo encuentro por allá en el 2008, y que para mi ha resultado tremendamente iluminador.

La sexta Enseñanza es que de acuerdo con lo anterior, si podemos elegir una Personalidad entonces también podemos elegir una Estrategia de Vida. Es decir, vivir de una determinada forma que nos permita existir con Bien-Estar.

La séptima Enseñanza es que necesitamos Recursos Vitales para existir. Como se lo adelanté en un correo reciente, estos son Recursos Afectivos (Vínculos), Intelectuales (Conocimientos sobre la Vida) y Materiales (dinero). Quien cuenta íntegramente con estos recursos, cuenta con Riqueza Existencial.

La octava Enseñanza tiene que ver con el Sufrimiento. El cual, según lo aprehendí de Lou Marinoff, es un estado de animo que puede cambiar e incluso, según lo enseña el budismo, eliminar. Sin desconocer, claro esta, lo que el mismo Marinoff señala, esto es, que el Sufrimiento, aun no siendo necesario ni bueno por si mismo, puede ser un gran maestro, el medio para un fin mejor.

La novena Enseñanza esta relacionada con los Conflictos Afectivos, los cuales son inherentes a nuestra Naturaleza Humana y lógicamente son fuente de profundo malestar si no se previenen o manejan adecuadamente (¿con la mente adecuada?)

La décima Enseñanza hace referencia a un hecho que yo mismo estoy experimentando, con las herramientas adecuadas es posible construir nuestra Autonomía afectiva, intelectual y material, necesaria para liberarnos de las dependencias que nos causan sufrimientos innecesarios en cada uno de estos dominios.

La Enseñanza numero once sostiene que el Conocimiento, la Riqueza y la Voluntad son las fuentes de Poder Intrapersonal, Interpersonal y Sociogrupal. Siendo esto una síntesis entre el prospectivismo toffleriano y la Psicología Afectiva De Zubiriana.

Por ultimo, la Enseñanza numero doce, según la cual, los seres humanos estamos en una constante búsqueda del Bien-Estar y del aumento de nuestras posibilidades, al decir de nuestro querido José Antonio Marina.

Mi querido maestro Miguel, ese encuentro que tuvimos el pasado 17 de mayo y que amenizamos con un par de sabrosos wiskysitos, para mi representó el encuentro de dos generaciones. Hoy yo tengo la edad que usted tenia (32 años) cuando decidió renunciar a ese lúgubre empleo como profesor de la universidad nacional. Intuía usted que su destino no estaba por los lados de la carrera como funcionario del Estado. Gracias a esa decisión, se lanzo usted a la creación de la obra de su vida. Algunos habrán pensado en ese momento que eso fue una locura, porque renunciar a la estabilidad que da servirle al Estado no es cosa de cuerdos. 30 años después el tiempo le dio la razón.

La locura es contagiosa maestro. Y como usted mismo me lo dijo: yo ya estoy condenado. Este es el propósito de mi vida. Para esto naci. Ya llegué en este viaje por la Vida a un punto de no retorno. Que mas da, si usted en la convulsionada década de los 80, cuando Internet era apenas un privilegio de unos pocos en Silicon Valley, logró lo que logró; hoy, cuando Internet es una realidad global, y somos la primera generación con mayor acceso a la información y el conocimiento en la historia de la humanidad, no hay excusas para Crear y menos hay excusas para no Creer.

Creo en mi, maestro. Creo en lo que soy, lo que se y lo que hago. Si esto es estar loco, entonces que viva la locura.

Si creer que la Psicología Afectiva puede y debe contribuir con la transformación profunda de nuestra sociedad es cosa de locos, entonces que viva la locura.

Al fin de cuentas, toda sociedad es una suma de mentes individuales. De manera que para transformar una sociedad, primero hay que transformar las mentes de los individuos, el primero de ellos: nosotros mismos.

¿Seremos capaces los psicólogos de mi generación de asumir este reto?

Yo estoy plenamente convencido que si.

Solo se necesitan 48 pioneros, bueno, 44, porque ya me están acompañando 4 “locos” en este viaje: Didier, Diana, Liliana y Rocío.

Así las cosas, gracias maestro Miguel, gracias por existir. Gracias por su generosidad. Gracias por Creer en usted. Gracias por Crear.

Muchas gracias!!!!

Con inmenso afecto,

Su adulto y presente discípulo critico.

Andrés Paz

Psicólogo Afectivo de profesión y Formador Afectivo de oficio.

 

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BOLETÍN # 6

ARTICULO # 91 ANALISTAS SIMBÓLICOS: Los nuevos trabajadores del conocimiento

Según las últimas cifras del DANE[1] la tasa de desempleo en Colombia se situó en 14.6%, en números concretos, en los últimos doce meses el país llegó a 3.1 millones de desocupados, cuando un año atrás la cifra era de 2.8 millones. Esto indica que la tasa de desocupación se elevó en 298 mil personas. Pereira, Popayán y Quibdó registraron las tasas mas altas de desempleo con 20.6%, 20.1% y 19.1% respectivamente.

http://wp.me/pdesm-cG

ARTICULO # 92 FORMACIÓN DE ANALISTAS SIMBÓLICOS

Indudablemente, no sólo estamos en una época de cambios, el asunto  es más profundo, vivimos un cambio de época. Por lo menos así lo han documentado autores como Alvin Toffler[1] (1970, 1980, 1990, 2006). Daniel Bell[2] (1973). Peter Drucker[3] (1993). Manuel Castells[4] (2001, 2002). Juan Urrutia[5] (2009). David De Ugarte[6] (2007, 2009) y Pekka Himanen[7] (2001). Salvo algunas diferencias conceptuales, todos coinciden en lo esencial: el recurso más importante y determinante de esta nueva época es el conocimiento. De hecho, la generación, el procesamiento y la transmisión de la información se convierten en las fuentes fundamentales de la productividad y el desarrollo. Es más, los servicios basados en el conocimiento habrán de convertirse en la estructura central de la nueva economía y de una sociedad apuntalada en la información.

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EL SUSTITUTO DEFINITIVO: el conocimiento relevante

Sostienen los Toffler que el sustituto definitivo del capital es el conocimiento. Ahora bien, ¿Qué tipo de conocimiento? Está claro que no se refieren al conocimiento industrial, ese que enseñan en el sistema educativo desde el pre-escolar hasta la universidad. Ese que viene empaquetado y listo para ser consumido. El conocimiento al que hacen referencia los Toffler son datos, información, imágenes, símbolos, cultura, ideología y valores. Cada uno de los cuales forma parte de los elementos constitutivos de una nueva economía que emerge a su vez en una nueva sociedad, la cual va dejando atrás, poco a poco, la vieja sociedad industrial.

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¿SOCIEDAD DE LA INFORMACIÓN? ¿SOCIEDAD DEL CONOCIMIENTO? ¿SOCIEDAD INFORMACIONAL?

Mi trabajo como consultor artesano y analista simbólico esta atravesado por el paradigma de la Era de la Información y la ética hacker. Ambos conceptos no son muy conocidos por los habitantes de la sociedad industrial, por eso es necesario asumir una actitud pedagógica con miras a formar a aquellos que están en transito de una sociedad a otra y requieren luces para entender este cambio de paradigma.

http://wp.me/pdesm-ci

Publicado en analistas simbolicos, informacionalismo, sociedad de la informacion, TRABAJADORES DEL CONOCIMIENTO

ARTICULO # 91 ANALISTAS SIMBÓLICOS: Los nuevos trabajadores del conocimiento

De la tierra al capital; del capital al conocimiento

Según las últimas cifras del DANE[1] la tasa de desempleo en Colombia se situó en 14.6%, en números concretos, en los últimos doce meses el país llegó a 3.1 millones de desocupados, cuando un año atrás la cifra era de 2.8 millones. Esto indica que la tasa de desocupación se elevó en 298 mil personas. Pereira, Popayán y Quibdó registraron las tasas mas altas de desempleo con 20.6%, 20.1% y 19.1% respectivamente.

Las anteriores cifras son un contundente indicador. Las estrategias para generar empleo han sido un total fracaso. Pero lo peor no es eso, lo lamentable es que nuestros ilustres políticos y quienes aspiran a dirigir los destinos de este país, sigan insistiendo en formulas anacrónicas y desgastadas.

Basta con revisar las propuestas de los candidatos presidenciales a propósito de la generación de empleo, para constatar que no tienen ni la menor idea sobre las causas estructurales del problema. Como buenos demagogos, prometen entre otros “milagritos” los siguientes:

  • Reducir los costos de despido para disminuir el costo relativo del empleo. (¿favorecer más a los empleadores?) Vargas Lleras
  • Generar un total de 800 mil empleos anuales con la construcción de Vivienda de Interés Social. (¿qué clase de empleo?) Vargas Lleras
  • Fortalecer el SENA para ampliar el cubrimiento de la capacitación laboral a personas sin educación formal y personas de menores ingresos (¿más educación proletaria?) Vargas Lleras
  • Creación de 300.000 empleos temporales (¿empleos desechables?) Vargas Lleras
  • La flexibilización de los mercados laborales es la solución para la generación de empleo no como un plan coyuntural sino de manera permanente Para esto, se crearán programas activos de entrenamiento para reconvertir la fuerza de trabajo según la demanda de habilidades. (¿Qué tipo de habilidades?) Pardo
  • Retirar los estímulos a la informalidad, eliminar numerosas exenciones al capital para favorecer la relación trabajo/capital y fortalecer la protección al trabajador. Los empleadores deben comprometerse con dar trabajo de buena calidad. (¿lo permitirían los empresarios? ¿es el capital el factor determinante?) Fajardo
  • Ofrecer capital semilla para montar cafés internet, proyectos agrícolas, talleres, misceláneas, peluquerías, hoteles ecológicos, restaurantes. (¿más trabajo industrial?) Noemí

¿Qué tal estos genios, ah? Señores, los tiempos han cambiado!!! ¿Porque siguen insistiendo en lo mismo? ¿14.6%, 3.1 millones de desocupados, no les dice nada? A esta escandalosa cifra se le suma el deterioro en las condiciones del empleo, mal remunerado y poco valorado. Ni siquiera aquellos que invierten en la educación superior ven recompensados sus esfuerzos.

Todo lo anterior es prueba de una realidad inobjetable: el empleo en el sistema industrial está en crisis. Y ante este oscuro panorama solo quedan dos caminos, o siguen insistiendo con formulas industriales para la generación de empleo (como las que proponen nuestros sabiondos políticos) o cambiamos de paradigma y actuamos en consecuencia.

La cosa es muy sencilla. Estamos transitando de una sociedad industrial a una sociedad informacional. La primera era sostenida por trabajadores industriales, la segunda requiere trabajadores del conocimiento.

El desempleo actual tiene entre sus causas, la sobreoferta de trabajadores industriales (desde la mano de obra no calificada, hasta profesionales que hacen un uso rutinario del conocimiento).

Así mismo, la pérdida de los puestos de trabajo esta relacionada con el dramático paso de una economía industrial, de acuerdo con Alvin Toffler[2] caracterizada por principios como la uniformización, especialización, sincronización, concentración, maximización y centralización; a una economía del conocimiento en la que según Manuel Castells[3], la generación, el procesamiento y la transmisión de la información se convierten en las fuentes fundamentales de la productividad y el desarrollo.

Esta claro, necesitamos incursionar fuertemente en la economía del conocimiento. Países como Finlandia, Singapur, Corea del Sur, Taiwán, Chile, España y otros, le apostaron con firmeza a esa ruta y hoy se pueden ver los resultados. Estos países producen una gama diversificada de servicios y productos manufacturados de alta tecnología que tienen en la información y el conocimiento su principal materia prima (celulares, microchips, televisores plasma, aparatos electrónicos, juegos de video, nanotecnología, modelos teóricos, etc) No podemos seguir insistiendo en la exportación de materias primas,  ni de productos de baja tecnología (carbón, café, flores, cuero, banano, etc) a ese paso vamos a quedar rezagados y condenados a vivir por siempre en el subdesarrollo.

Hoy más que nunca es posible ponernos al nivel de dichos países. Porque a diferencia de la Era Industrial, en la que el capital era el factor determinante para crecer, en la Era Informacional, el recurso más importante para lograr el desarrollo es el conocimiento, y éste, lo pueden producir las personas con la formación adecuada para ello. Por tal motivo, necesitamos dejar atrás la educación industrial y concentrarnos en la formación de trabajadores del conocimiento en todos sus niveles. La mayor oportunidad para mejorar la competitividad está en competir en la nueva Era, no en perfeccionar la vieja.

De modo que para hacerle frente a los retos que esta economía de conocimiento plantea ya no son necesarios más trabajadores industriales, se requieren trabajadores del conocimiento.

Un trabajador del conocimiento es todo aquel cuya materia prima es la información y el conocimiento. Toffler define este último como datos, imágenes, símbolos, cultura, ideología y valores.[4] Yo le agrego modelos teóricos, conceptos e instrumentos de conocimiento.

Ahora bien, existen dos tipos de trabajadores del conocimiento: Los profesionales industriales y los Analistas Simbólicos. La diferencia entre ambos es que los primeros, hacen un uso rutinario del conocimiento, fueron educados para satisfacer la demanda del mercado laboral industrial, tienen poca autonomía y están sujetos a rutinas laborales tipo fábrica. Es decir, cumplen horarios fijos, marcan tarjeta y realizan tareas establecidas por un manual de funciones; son poco creativos, están inmersos en ambientes laborales donde no se promueve la innovación y a cambio de su trabajo reciben salarios paupérrimos.

El Analista Simbólico en cambio, es un experto trabajador del conocimiento quien no sólo opera con información, sino que sabe transformar dicha información en conocimiento relevante. Se caracteriza también porque domina poderosas herramientas que le permiten organizar el conocimiento. Aprehende de manera autónoma. Se mueve como pez en el agua por el mundo de internet. Piensa de forma sistémica. Tiene capacidad de abstracción, espíritu de colaboración, es proclive a la experimentación. Desarrolla Competencias Afectivas Intrapersonales e Interpersonales para el trabajo en equipo. Es muy hábil para la conceptualización. Despliega una amplia capacidad comunicativa e interactiva, saben LEER y ESCRIBIR, son altamente creativos e innovadores, tienen capacidad para ver las conexiones entre ideas, campos de conocimiento y conceptos. Etc…

Como es apenas lógico, un Analista Simbólico goza de más autonomía que un profesional industrial. Por ende, ya no busca solamente un empleo, sino trabajos que satisfagan sus intereses. Puede trabajar a distancia, con horarios flexibles, puede llevar a cabo su trabajo de forma individual o participar en proyectos colectivos de construcción de conocimiento.

¿Y sus ingresos? Pues son directamente proporcionales a la complejidad y calidad del conocimiento que domine y produzca. Por tal razón, y a diferencia de un profesional industrial que debe esperar cinco años para empezar a facturar, el Analista Simbólico puede ofrecer sus servicios acorde a su capital intelectual acumulado, el cual, no viene representado por un diploma de pregrado, especialización, maestría o doctorado, sino, demostrado por su producción y experiencia, la cual es de conocimiento publico.

De manera pues que urge FORMAR Analistas Simbólicos. Potentes trabajadores del conocimiento que no solamente serán demandados a nivel nacional sino a escala mundial. Al fin de cuentas, en esta nueva Era Informacional en la que internet ha roto las fronteras, ya no existe la escasez propia de la Era Industrial, sino la abundancia de información y conocimiento. Lo mejor es que por primera vez en la historia las personas pueden ser protagonistas, al fin y al cabo, somos nosotros los generadores del conocimiento. Somos tú y yo.

De modo pues que si en la Era Industrial el petróleo y lo recursos no renovables fueron una generosa fuente de riqueza para unos pocos; en la Era Informacional, los trabajadores del conocimiento seremos una inagotable fuente de riqueza para todos.

No lo dudes, estamos ante un cambio de Era. Estamos transitando del Industrialismo al Informacionalismo. En este panorama el trabajador industrial va quedando rezagado frente al trabajador del conocimiento.

Es inevitable, ya se pasó de la tierra al capital, ahora estamos pasando del capital al conocimiento.

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Analistas Simbólicos

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[1] http://www.dane.gov.co/files/investigaciones/boletines/ech/ech/bol_ech_ene10.pdf

[2] Alvin Toffler “La Tercera Ola” 1980

[3] Manuel Castells “La Era de la Información” 1998

[4] Alvin y Heidi Toffler “La creación de una nueva civilización” 1994

Publicado en LOS TOFFLER, sociedad de la informacion, tercera ola

EL SUSTITUTO DEFINITIVO: el conocimiento relevante

Sostienen los Toffler que el sustituto definitivo del capital es el conocimiento. Ahora bien, ¿Qué tipo de conocimiento? Está claro que no se refieren al conocimiento industrial, ese que enseñan en el sistema educativo desde el pre-escolar hasta la universidad. Ese que viene empaquetado y listo para ser consumido.

El conocimiento al que hacen referencia los Toffler son datos, información, imágenes, símbolos, cultura, ideología y valores. Cada uno de los cuales forma parte de los elementos constitutivos de una nueva economía que emerge a su vez en una nueva sociedad, la cual va dejando atrás, poco a poco, la vieja sociedad industrial.

En este capitulo que hoy comparto contigo del libro de los Toffler “La creación de una nueva civilización: la política de la tercera ola” precisamente ellos nos hablan de ese sustituto definitivo, el conocimiento.

El único lunar que encuentro en esta disertación de los Toffler es su neutralidad en cuanto a la propiedad del conocimiento. Nada dicen sobre el debate copyright vr el copyleft, sobre la propiedad intelectual y el conocimiento libre. Sin lugar a dudas, la información debe ser de libre circulación, las practicas industriales como las patentes no pueden tener acogida en la nueva sociedad informacional en la que los incentivos van más allá que el reconocimiento monetario. Pero bueno, eso es harina de otro costal y ya lo reflexionaremos en otro momento.

Espero que lo disfrutes y nos estamos conversando.

Buena lectura.

El sustituto definitivo

Cualquiera que lea esta página posee una capacidad asombrosa: la de leer. A veces nos asombramos al recordar que todos tuvimos antepasados que eran analfabetos. No estúpidos o ignorantes, sino irremediablemente analfabetos.

Pero no sólo eran analfabetos, sino que, además, desconocían la más simple aritmética. A los pocos que la sabían se los consideraba gente a todas luces peligrosa. Una maravillosa advertencia atribuida a san Agustín sostenía que los cristianos debían permanecer alejados de quienes pudieran sumar o restar. Era obvio que habían «establecido un pacto con el Maligno».

Tuvieron que pasar mil años para que pudiéramos encontrar a los «maestros de cálculo», impartiendo sus conocimientos a alumnos destinados a carreras comerciales. Esto pone de relieve que muchas de las técnicas que en la actualidad se dan por sentadas en el ámbito empresarial son producto de siglos y milenios de desarrollo cultural acumulado. Los conocimientos procedentes de China, de India, de los árabes y de los traficantes fenicios, así como de Occidente, son una parte no reconocida de la herencia con la que cuentan ahora los ejecutivos de todo el mundo. Sucesivas generaciones han aprendido estas técnicas, las han adaptado, las han transmitido y luego, poco a poco, han ido construyendo sobre el resultado.

Todos los sistemas económicos descansan sobre una «base de conocimientos». Todas las empresas dependen de la existencia previa de este recurso de construcción social. A diferencia del capital, el trabajo y la tierra, aquél suele ser desdeñado por economistas y ejecutivos cuando determinan las aportaciones precisas para la producción. Y, sin embargo, este recurso es el más importante de todos.

Hoy vivimos una de esas épocas portentosas de la historia en que toda la estructura del conocimiento humano sufre de nuevo las convulsiones del cambio a medida que se desploman las antiguas barreras. De la misma manera que reestructuramos ahora compañías y economías enteras, estamos reorganizando completamente la producción y la distribución del conocimiento y los símbolos empleados para transmitirlo.

¿Qué significa todo esto? Significa que creamos nuevas redes de conocimiento… enlazamos entre sí conceptos de modos sorprendentes… construimos impresionantes jerarquías de deducción… alumbramos nuevas teorías, hipótesis e imágenes basándonos sobre supuestos inauditos, nuevos lenguajes, claves y lógicas. Empresas, gobiernos y particulares recopilan y almacenan ahora más datos que durante cualquier otra generación de la historia.

Pero lo más importante es que interrelacionamos datos de más formas, les damos un contexto y, de ese modo, los constituimos en información y reunimos fragmentos de ésta en modelos y arquitecturas cada vez mayores del conocimiento.

No todo este nuevo conocimiento es «correcto», positivo o, incluso, explícito. Gran parte del conocimiento, en el sentido que se da aquí al término, es tácito, consiste en una acumulación de supuestos, de modelos fragmentarios, de analogías inadvertidas, e incluye no sólo informaciones o datos lógicos y aparentemente objetivos, sino valores, productos subjetivos de la pasión, por no mencionar la imaginación y la intuición.

La explicación del auge de una economía supersimbólica, la de la tercera ola, radica en la gigantesca convulsión de la base de conocimientos de la sociedad y no en la revolución informática o en una mera manipulación financiera.

LA ALQUIMIA DE LA INFORMACIÓN

Muchos de los cambios que se producen en el sistema de conocimientos de la sociedad se traducen directamente en operaciones empresariales. Este sistema de conocimientos es una parte del entorno de toda empresa, más penetrante todavía que los sistemas bancario, político o energético.

Dejando aparte el hecho de que ninguna empresa abriría sus puertas si no hubiera idioma, cultura, datos, información y conocimientos técnicos, existe el hecho más profundo de que, de todos los recursos necesario para crear riqueza, ninguno es más polivalente que el saber.

Veamos el caso de la producción en serie de la segunda ola. En casi todas las fábricas de la era de las chimeneas, cambiar cualquier producto significaba un gasto desmesurado. Requería la intervención de fabricantes de herramientas, troqueles y plantillas y otros especialistas bien retribuidos, y entrañaba además gran cantidad de «tiempo improductivo», durante el cual las máquinas permanecían paradas mientras consumían capital, intereses y gastos generales. Esta era la razón de que menguase el coste unitario de la producción cuando era posible hacer series enormes de productos idénticos. Tal hecho suscitó la teoría de los «ahorros de escala».

Pero la nueva tecnología altera las teorías de la segunda ola. En lugar de la producción en serie, nos desplazamos hacia la producción desmasificada. El resultado es una explosión de productos y servicios personalizados y semipersonalizados. Las últimas tecnologías manufactureras de componente informático tornan posible y barata una interminable variedad. De hecho, las nuevas tecnologías de la información empujan hacia cero el coste de la diversidad y reducen los antaño vitales ahorros de escala.

Tomemos el caso de los materiales. Un programa informático «inteligente» incorporado a un torno puede obtener de la misma cantidad de acero más piezas que la mayoría de los operarios humanos. Al ser factible la miniaturización, los nuevos conocimientos dan origen a productos más pequeños y ligeros, con lo que, a su vez, disminuyen los costes de almacenamiento y transporte. El seguimiento de los envíos al minuto –es decir, una información mejor- reporta mayores ahorros en el transporte.

El nuevo conocimiento conduce, asimismo, a la creación de materiales totalmente nuevos para destinos muy diversos, desde la aeronáutica hasta la biología, y eleva nuestra capacidad de sustituir un elemento por otro. Un saber más profundo nos permite especificar los materiales en el plano molecular para lograr las características térmicas, eléctricas o mecánicas deseadas.

La única razón de que transportemos de una parte a otra del planeta enormes cantidades de materias primas como la bauxita, el níquel y el cobre es que carecemos de los conocimientos necesarios para transformar los materiales locales en sustitutos utilizables. Una vez adquirido ese saber, obtendremos un ahorro espectacular en el transporte. En resumen, el conocimiento reemplaza tanto a los recursos como al transporte.

Lo mismo cabe decir de la energía. Nada ilustra mejor la posibilidad de que el conocimiento sustituya a otros recursos que los recientes descubrimientos en el campo de la superconductividad que, como mínimo, reducirán la cantidad de energía necesaria en la actualidad por cada unidad de producción.

Además de reemplazar a materiales, transporte y energía, el conocimiento también ahorra tiempo. Este es, en sí mismo, uno de los recursos económicos más importantes, aunque no aparezca en parte alguna de los balances de sociedades de la segunda ola. El tiempo sigue siendo, en efecto, un insumo oculto. Sobre todo cuando se acelera el cambio, la capacidad de acortar el tiempo –por ejemplo, mediante una comunicación veloz o llevando rápidamente al mercado los nuevos productos- puede marcar la diferencia entre beneficios o pérdidas.

Los nuevos conocimientos apresuran las tareas, nos llevan hacia una economía instantánea, en tiempo real, y sustituyen al tiempo. El saber también conserva y domina el espacio. La división motriz de General Electric construye locomotoras. Cuando empezó a utilizar sistemas avanzados de tratamiento de la información y de comunicaciones para relacionarse con sus proveedores, pudo reponer sus existencias doce veces más deprisa que antes y ahorrar uno 4.000 metros cuadrados de espacio de almacenamiento.

Son posibles otros ahorros al margen de los productos miniaturizados y la reducción de almacenes. Las tecnologías avanzadas de la información, incluidas la exploración óptica de documentos y las nuevas capacidades de las telecomunicaciones, permiten alejar la producción de los encarecidos centros urbanos y reducir todavía más los costes de energía y de transporte.

EL CONOCIMIENTO CONTRA EL CAPITAL

Se ha escrito tanto acerca de la sustitución del trabajo humano por el de los equipos informatizados que, con frecuencia, pasamos por alto los modos en que también reemplazan al capital. En cierto sentido, los conocimientos representan desde luego para el poder de las finanzas una amenaza a largo plazo muy superior a la de las organizaciones sindicales o los partidos políticos anticapitalistas. Porque, en términos relativos, la revolución de la información mengua en una economía «capital-ista» la necesidad de capital por unidad productiva. Nada podía ser más revolucionario.

Vittorio Merloni es un empresario italiano de sesenta y un años. El 10 por ciento de las lavadoras automáticas, los frigoríficos y otros electrodomésticos grandes que se venden en Europa son fabricados por la empresa de Merloni. Sus competidores principales son Electrolux de Suecia y Philips de Holanda. Según Merloni, “ahora necesitamos menos capital para hacer las mismas cosas” que en el pasado. “Eso significa que un país pobre puede defenderse hoy en día con el mismo capital mucho mejor que hace cinco o diez años.”

La razón, afirma, es que las tecnologías basadas sobre el conocimiento reducen el capital necesario para producir lavavajillas, hornos o aspiradoras. Para empezar y según Merloni, la información sustituye a las costosas existencias. Al acelerar la capacidad de respuesta de la fábrica al mercado y tornar económicas las series cortas, una información mejor y mucho más rápida permite reducir la cantidad de componentes y productos terminados que duermen el sueño de los justos en los almacenes de la fábrica o en los apartaderos ferroviarios.

El caso de Merloni es el de todas las grandes empresas de Estados Unidos, Japón y Alemania: por doquier se reducen las existencias gracias al suministro informatizado de piezas sólo en el momento preciso. Y, por supuesto, la disminución del inventario no sólo se traduce en una reducción de espacio y en un menor coste inmobiliario antes mencionado, sino también en una disminución de impuestos, seguros y gastos generales.

Aun cuando el coste inicial de ordenadores, el software, la información y las telecomunicaciones puede ser alto, dice Merloni, el ahorro global determina que su empresa requiera menos capital para desempeñar la misma tarea que antes realizaba. Michael Milken, quien sabe lo suyo con respecto a inversiones, ha resumido la situación en ocho palabras: “El capital humano ha sustituido al capital monetario.”

Puesto que reduce la necesidad de materias primas, mano de obra, tiempo, espacio, capital y otras aportaciones, el conocimiento pasa a ser el sustituto definitivo, el recurso crucial de una economía avanzada. Y a medida que esto sucede, su valor sube como la espuma.

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BOLETIN # 5

CONSULTORIA ARTESANA

Soy un profesional Artesano y Analista Simbólico que actúa bajo la Ética Hacker. Trabajo por el cambio y la mejora de las PERSONAS y las organizaciones, realizo un trabajo que suele englobarse bajo el término de consultoría. A esta denominación le añado un adjetivo que representa un atributo diferencial: hago consultoría artesana. Me defino como una estructura simple y autónoma, tengo un taller más que una fabrica o empresa donde abordo proyectos de dimensión humana, enfocados al desarrollo afectivo, intelectual y práxico.

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ARTICULO # 89 LA SALUD: LA CRISIS DE UN MODELO

Lamentable, penosamente lamentable; pero a su vez coherente, perversamente coherente. La crisis de la salud visibilizada aún más por la emergencia social, no es otra cosa que el reflejo de un modelo. La salud, al igual que la educación es tratada como un negocio. Simple y llanamente, el sistema está concebido para generar rentabilidad económica por encima de la rentabilidad social.

El sistema de salud colombiano bien puede verse como una tragicomedia. Ahora bien, ¿quiénes son los actores de esta farsa? Como buena obra que se respete tiene sus villanos y victimas enfrentados en un mismo escenario.

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CHOQUE DE CIVILIZACIONES

El Sistema de Formación para el Bien-estar tiene como paradigma la Sociedad de la Información. Uno de los referentes teóricos de este paradigma es Alvin Toffler, quien con su modelo de “choque entre olas” permite comprehender las características, magnitud y alcance de los cambios que se dan de una ola a otra. Sostiene Toffler que la humanidad ha atravesado por tres grandes olas de cambio que a su vez han configurado su propia civilización.

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LA GENEALOGÍA DE LA PEDAGOGÍA CONCEPTUAL

El tema de esta entrevista es la genealogía de la pedagogía conceptual y el propósito es contestar la pregunta: ¿de cuáles propuestas pedagógicas se derivan sus posturas didácticas? Esta breve entrevista es la síntesis de muchas conversaciones que hemos tenido los profesionales del equipo pedagogía conceptual, para intentar “descubrir” quienes son lo “padres” del modelo. De ahí que en la entrevista un pedagogo conceptual pregunte sobre este tema a los creadores de esta pedagogía, y que se desarrolle lo que en pedagogía conceptual conocemos como la clase supraordinada de este concepto.

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EL PROYECTO SOCIAL DE LA PEDAGOGÍA CONCEPTUAL

El tema de esta entrevista es la postura social –y si se quiere ideológica- de la pedagogía conceptual. A todo modelo pedagógico subyace una ideología, en algunos oculta y en otros evidente. En este apartado se sintetizan las ideas sobre qué tipo de ser humano –y para que sociedad- se propone formar la pedagogía conceptual. Se desarrolla la tesis de que la apuesta más inteligente para los países en vías de desarrollo es formar adultos que puedan participar en la sociedad de conocimiento y crear solidas redes de apoyo afectivo.

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Publicado en LOS TOFFLER, tercera ola

CHOQUE DE CIVILIZACIONES

“Unas generaciones nacen para crear una nueva civilizacion, otras para mantenerla”

Alvin Toffler

El Sistema de Formación para el Bienestar tiene como paradigma la Sociedad de la Información. Uno de los referentes teoricos de este paradigma es Alvin Toffler, quien con su modelo de “choque entre olas” permite comprehender las características, magnitud y alcance de los cambios que se dan de una ola a otra. Sostiene Toffler que la humanidad ha atravesado por tres grandes olas de cambio que a su vez han configurado su propia civilización.

Ahora estamos transitando de una segunda ola industrial a una tercera ola informacional (en términos de Manuel Castells). ¿Qué significará ese inevitable hecho? ¿Estamos preparados los colombianos para asumir ese cambio? Mucho me temo que no. Tenemos una mentalidad tan parroquiana, que nos lleva a pensar que eso de la Sociedad de la Información es sólo una cuestión de computadores e internet. Esto último no es más que parte de la infraestructura necesaria para configurar a favor de las personas esa sociedad que se está mostrando ante nuestros ojos.

Con este serie de textos, pretendo compartir contigo el pensamiento de los Toffler, me asiste la convicción de que el conocimiento debe circular libremente, sin restricciones de ningún tipo. Es necesario conocer los pormenores de la Sociedad de la Información y estos autores son la mejor fuente para iniciar nuestro estudio.

Así las cosas, a continuación te presento el segundo capitulo del libro “La creación de una nueva civilización” titulado “Choque de Civilizaciones”. Es un texto clave para comprehender el concepto de choque entre olas.

Buena lectura y nos estamos conversando.

Choque de Civilizaciones

Se empieza ahora a caer tardíamente en la cuenta de que la civilización industrial está concluyendo. Este descubrimiento –ya evidente cuando en 1970 nos referimos en El shock del futuro a la «crisis general del industrialismo»- lleva consigo la amenaza de más, y no menos, guerras, de contiendas de un nuevo cuño.

Como no es posible que en nuestra sociedad se produzcan cambios masivos sin conflicto, creemos que la metáfora de la historia como «olas» de cambio es más dinámica y reveladora que hablar de una transición al «posmodernismo». Las olas son dinámicas. Cuando chocan entre sí, se desencadenan poderosas corrientes transversales. Cuando se estrellan las olas de la historia, se enfrentan civilizaciones enteras. Y esto arroja luz sobre buena parte de lo que en el mundo de hoy parece carente de sentido o aleatorio.

La teoría del conflicto de olas sostiene que el más grave con que nos enfrentamos no es entre el Islam y Occidente o el de «todos los demás contra Occidente», según señaló recientemente Samuel Huntington. Ni está en decadencia Estados Unidos, como declara Paul Kennedy, ni nos hallamos ante el «final de la historia», conforme a la expresión de Francis Fukuyama. El cambio económico y estratégico más profundo de todos es la próxima división del mundo en tres civilizaciones distintas, diferentes y potencialmente enfrentadas a las que no cabe situar según las definiciones convencionales.

La civilización de la primera ola se hallaba y sigue estando inevitablemente ligada a la tierra. Sean cuales fueren la forma local que adquiera, la lengua que hablen sus gentes, su religión o su sistema de creencias, constituye un producto de la revolución agrícola. Incluso ahora son multitud los que viven y mueren en sociedades premodernas y agrarias, arañando un suelo implacable, como hace siglos sus antepasados.

Se discuten los orígenes de la civilización de la segunda ola. Pero, en términos aproximados, la vida no cambió fundamentalmente para gran número de personas hasta hace unos trescientos años. Fue cuando surgió la ciencia newtoniana, cuando se inició el uso económico de la máquina de vapor y empezaron a proliferar las primeras fábricas de Gran Bretaña, Francia e Italia. Los campesinos comenzaron a desplazarse a las ciudades. Aparecieron ideas nuevas y audaces: la del progreso, la curiosa doctrina de los derechos individuales, la noción roussoniana de contrato social, la secularización, la separación de la Iglesia y del estado y la idea original de que los gobernantes deberían ser elegidos por el pueblo y no ostentar el poder por derecho divino.

Muchos de estos cambios fueron impulsados por un nuevo modo de crear riqueza, la producción fabril. Y antes de que transcurriera mucho tiempo se integraron para formar un sistema numerosos elementos diferentes: la fabricación en serie, el consumo masivo, la educación universal y los medios de comunicación, ligados todos y atendidos por instituciones especializadas: escuelas, empresas y partidos políticos. Hasta la estructura familiar abandonó la amplia agrupación de estilo agrario, que reunía a varias generaciones, por la pequeña familia nuclear, típica de las sociedades industriales.

La vida tuvo que parecer caótica a quienes experimentaron realmente tantos cambios. Sin embargo, todas las transformaciones se hallaban en verdad muy interrelacionadas: constituían simplemente etapas hacia el desarrollo pleno de lo que hoy se denomina modernidad, la sociedad industrial de masas, la civilización de la segunda ola.

El término «civilización» puede parecer pretencioso, sobre todo a muchos oídos norteamericanos, pero ningún otro es suficientemente amplio para abarcar materias tan variadas, como la tecnología, la vida familiar, la religión, la cultura, la política, las actividades empresariales, la jerarquía, la hegemonía, los valores, la moral sexual y la epistemología. En cada una de estas dimensiones de la sociedad se están operando cambios rápidos y radicales. Si alguien cambia al mismo tiempo tantos elementos sociales, tecnológicos y culturales no logra una transición sino una transformación, no consigue una nueva sociedad sino el comienzo, al menos, de una civilización enteramente nueva. Esta nueva civilización penetró rugiente en Europa occidental, tropezando con resistencias a cada paso.

EL PATRON DE LOS CONFLICTOS

En cada país que se industrializaba estallaron duras pugnas, a menudo sangrientas, entre los grupos industriales y comerciales de la segunda ola y los terratenientes de la primera, con mucha frecuencia aliados a la Iglesia (a su vez gran propietaria rústica). Masas de campesinos se vieron empujadas a abandonar los campos para proporcionar obreros a los nuevos «talleres satánicos» y a las fábricas que se multiplicaron por el paisaje.

Estallaron huelgas y revueltas, insurrecciones civiles, disputas fronterizas y levantamientos nacionalistas cuando la guerra entre los intereses de la primera y la segunda ola se convirtió en el patrón de los conflictos, la tensión crucial de la que se derivaban otros enfrentamientos. Este esquema se repitió en casi todos los países en vías de industrialización. En Estados Unidos fue necesaria una terrible guerra civil para que los intereses industriales y comerciales del Norte vencieran a las minorías agrarias del Sur. Sólo unos pocos años después sobrevino en Japón la revolución Meiji y, una vez más, los modernizadores de la segunda ola se impusieron a los tradicionalistas de la primera.

La difusión de la civilización de la segunda ola, con su modo extraño y nuevo de producir riqueza, desestabilizó también las relaciones entre los países, creando vacíos y desplazamientos de poder.

La civilización industrial, producto de la segunda gran ola de cambio, arraigó con mayor rapidez en las costas septentrionales de la gran cuenca atlántica. Una vez industrializadas, las potencias atlánticas necesitaron mercados y materias primas baratas de regiones remotas. Las potencias avanzadas de la segunda ola libraron así guerras de conquista colonial y llegaron a dominar a los estados remanentes y las unidades tribales de la primera ola en Asia y Africa.

Se trataba del mismo patrón de conflictos –fuerzas industriales de la segunda ola frente a fuerzas agrarias de la primera-, pero esta vez en una escala global en lugar de nacional. Y fue esta pugna la que básicamente determinó la conformación del mundo hasta hace muy poco tiempo: dispuso el marco dentro del cual se desarrolló la mayoría de las guerras.

Prosiguieron, como se habían sucedido durante milenios, las contiendas tribales y territoriales entre diferentes grupos primitivos y agrícolas. Pero éstas revestían una importancia limitada y a menudo simplemente debilitaban a ambos bandos, convirtiéndolos en presa fácil para las fuerzas colonizadoras de la civilización industrial. Así sucedió, por ejemplo, en Sudáfrica, cuando Cecil Rhodes y sus agentes armados se apoderaron de vastos territorios de grupos tribales y agrarios, que se afanaban en pelear entre sí con armas primitivas. Además, en todas partes del mundo, numerosas guerras, aparentemente no relacionadas, constituían en realidad expresiones del conflicto global principal, no entre estados en pugna sino entre civilizaciones que competían. Sin embargo, las guerras mayores y más sangrientas de la era industrial fueron intraindustriales, contiendas que enfrentaron a naciones de la segunda ola como Alemania y Gran Bretaña, porque cada una aspiraba al dominio global mientras por todo el mundo mantenía en un puesto subordinado a poblaciones de la primera ola.

El resultado último fue una división clara. La era industrial bisecó el mundo en una civilización dominante y dominadora de la segunda ola e infinidad de colonias hoscas pero subordinadas de la primera ola. La mayoría de nosotros hemos nacido en este mundo, dividido entre civilizaciones de la primera y de la segundo ola. Y resultaba perfectamente claro quién ostentaba el poder.

En la actualidad, es diferente el alineamiento de las civilizaciones del mundo. La humanidad se dirige cada vez más deprisa hacia una estructura de poder totalmente distinta que creará un mundo dividido no en dos sino en tres civilizaciones tajantemente separadas, en contraste y competencia: la primera, simbolizada por la azada, la segunda por la cadena de montaje y la tercera por el ordenador.

En este mundo trisecado el sector de la primera ola proporciona los recursos agrícolas y mineros, el sector de la segunda ola suministra mano de obra barata y se encarga de la producción en serie, y un sector de la tercera ola en veloz expansión se eleva hasta el predominio basado sobre los nuevos modos de crear y explotar conocimientos.

Las naciones de la tercera ola venden al mundo información e innovación, gestión, cultura y cultura popular, tecnología punta, programas informáticos, educación, formación profesional, asistencia sanitaria y servicios financieros y de otro tipo. Uno de estos servicios puede muy bien consistir en una protección militar basada sobre su mando de fuerzas superiores de la tercera ola. (Esto es, en efecto, lo que las naciones de tecnología avanzada proporcionaron a Kuwait y Arabia Saudí durante la guerra del Golfo.)

SOCIEDADES DESMASIFICADAS

La segunda ola creó sociedades de masas que reflejaban y requerían la producción en serie. En la tercera ola de economías de base mental, la producción en serie (a la que casi podría considerarse como el signo distintivo de la sociedad industrial) es ya una forma anticuada. La producción desmasificada –cantidades escasas de productos muy específicos- constituye la clave manufacturera. La mercadotecnia de masas da paso a una segmentación del mercado y a una «mercadotecnia de partículas» en paralelo con el cambio en la producción.

Los gigantes del antiguo estilo industrial se desploman por su propio peso y se enfrentan con el aniquilamiento. Menguan los sindicatos en el sector de la producción en serie. Los medios de comunicación se desmasifican a la par que la producción y las grandes cadenas de televisión se marchitan a medida que proliferan nuevos canales.

También se desmasifica el sistema familiar; la familia nuclear, antaño el modelo moderno, se convierte en forma minoritaria mientras se multiplican los hogares con un solo progenitor, los matrimonios sucesivos, las familias sin hijos y los que viven solos. Cambia, por consiguiente, toda la estructura de la sociedad cuando la homogeneidad de la sociedad de la segunda ola es reemplazada por la heterogeneidad de la civilización de la tercera. A la masificación sigue la desmasificación.

Por otra parte, la complejidad del nuevo sistema requiere un intercambio cada vez mayor de información entre sus unidades: empresas, entidades oficiales, hospitales, asociaciones, otras instituciones e incluso los individuos. Esto crea una necesidad voraz de ordenadores, redes de telecomunicaciones digitales y nuevos medios de información.

Simultáneamente, se aceleran el ritmo del cambio tecnológico, las transacciones y la vida cotidiana. De hecho, las economías de la tercera ola operan a velocidades tan altas que apenas pueden mantenerse a ese ritmo sus proveedores premodernos. Además, como la información reemplaza en creciente medida a las materias primas, la mano de obra y otros recursos, los países de la tercera ola se vuelven menos dependientes de sus asociados de la primera o de la segunda olas, excepto en lo que se refiere a los mercados. Cada vez existen más intercambios comerciales entre las economías de la tercera ola. Su tecnología, en gran medida basada sobre la capitalización de conocimientos, absorberá con el tiempo muchas tareas realizadas en este momento por países de mano de obra barata y las realizará más deprisa, mejor y con un coste menor. En otras palabras, estos cambios amenazan con cortar muchos de los actuales vínculos económicos entre las economías ricas y las pobres.

El aislamiento completo es, sin embargo, imposible, puesto que no cabe impedir que la contaminación, las enfermedades y la inmigración crucen las fronteras de los países de la tercera ola. Ni pueden sobrevivir las naciones ricas si las pobres acometen una guerra ecológica, manipulando su ambiente de tal modo que dañen a todos. Por estas razones seguirán creciendo las tensiones entre la civilización de la tercera ola y las otras dos formas más antiguas de civilización, y la nueva pugnará por establecer una hegemonía mundial de la misma manera que hicieron en siglos anteriores los modernizadores de la segundo ola con respecto a las sociedades premodernas de la primera.

Una vez entendido el concepto del choque de civilizaciones, es más fácil comprender muchos fenómenos aparentemente extraños: por ejemplo, los desbocados nacionalismos actuales. El nacionalismo es la ideología de la nación-estado, que constituye un producto de la revolución industrial. Así, cuando sociedades de la primera ola o agraria tratan de iniciar o de completar su industrialización, exigen los arreos de la nacionalidad. Ex repúblicas soviéticas como Ucrania, Estonia o Georgia insisten impetuosamente en la autodeterminación y demandan los signos que ayer correspondían a la modernidad, las banderas, los ejércitos y las monedas que definían a la nación-estado durante la era de la segunda ola o industrial.

Para muchos de los que viven en el mundo de la tecnología avanzada resulta fácil comprender las motivaciones del ultranacionalismo. Les hace reír su desorbitado patriotismo. Suscita el recuerdo de la nación de Freedonia en Sopa de ganso, la película de los hermanos Marx, que satirizaba la noción de una superioridad nacional a través de la guerra entre dos naciones imaginarias. En contraste, a los nacionalistas les resulta incomprensible que algunos países permitan a otros inmiscuirse en su independencia, supuestamente sacrosanta. Pero la «globalización» empresarial y financiera exigida por las economías en vanguardia de la tercera ola perfora la «soberanía» nacional, tan cara a los nuevos nacionalistas.

A medida que las economías son transformadas por la tercera ola, se ven obligadas a ceder parte de su soberanía y a aceptar crecientes y mutuas intrusiones económicas y culturales. Así pues, mientras los poetas e intelectuales de regiones económicamente atrasadas escriben himnos nacionales , los poetas e intelectuales de los países de la tercera ola cantan las virtudes de un mundo «sin fronteras» y de una «conciencia planetaria». Las colisiones resultantes, reflejo de las agudas diferencias entre las necesidades de dos civilizaciones radicalmente distintas, podrían provocar en los próximos años un derramamiento de sangre de la peor especie.

Si la nueva división del mundo de dos a tres partes no parece ahora obvia es simplemente porque aún no ha concluido la transición de las economías de la fuerza bruta de la segunda ola a las economías de la fuerza mental de la tercera. Incluso en Estados Unidos, Japón y Europa, todavía no ha terminado la batalla doméstica por el control entre las elites de la tercera y la segunda olas. Subsisten instituciones y sectores importantes de producción de la segunda ola y aún se aferran al poder grupos políticos de presión de la civilización industrial.

La mezcla de elementos de la segunda y de la tercera olas proporciona a cada país de tecnología avanzada su propia «formación» característica. Pero las trayectorias resultan claras. La carrera competitiva global la ganarán los países que terminen su transformación de la tercera ola con el volumen mínimo de dislocación e intranquilidad internas.

Mientras tanto, el cambio histórico de un mundo bisecado a otro trisecado puede muy bien desencadenar en el planeta las más serias pugnas por el poder cuando cada país trate de situarse dentro de la triple estructura de fuerzas. Esta monumental redistribución del poder se acompaña de un cambio en el papel, la significación y la naturaleza del conocimiento.


Publicado en era de la informacion, LOS TOFFLER, sociedad de la informacion, tercera ola

SUPERLUCHA

Soy un estudioso de la obra de los Toffler (Alvin y Heidi). Considero que su producción intelectual es un excelente aperitivo para quien esté interesado en adentrarse en el estudio de la Sociedad de la Información. Teóricamente, hoy es posible encontrar reflexiones más precisas, pero iniciar con los Toffler, además de recomendable es indispensable.

Pues bien, para poner en práctica uno de sus conceptos más relevantes: el de “prosumidor”,[1] aquí estoy compartiendo contigo este primer capitulo del libro que según ellos constituye “un manual esencial, la clave, por así decirlo, de toda su obra”.

Dicho manual lleva por titulo “La creación de una nueva civilización” y el capitulo que te voy a compartir es “La Superlucha” el cual ya había aparecido en su libro “La Tercera Ola”.

Dicen los Toffler que la lucha ya no será entre quienes reivindican unas caducas ideas  de izquierda o de derecha. Ahora se desatará una Superlucha entre quienes defienden una sociedad industrial con todas sus obsoletas instituciones y quienes abogan por la construcción de una Sociedad de la Información con sus respectivas instituciones.  Desde mi punto de vista, este ultimo bando esta dividido en dos: los que están construyendo esa nueva sociedad desde abajo y desde la periferia (motivados por la Ética Hacker) y los que quieren hacer de la Sociedad de la Información una mera continuación del pasado industrial impuesta desde arriba (apegados todavía a la ética protestante). Entender la lógica de acción y la ética subyacente a cada uno de estos bandos, sera crucial para comprehender esa denominada Superlucha a que hacen referencia los Toffler.

Espero que leas completo este capitulo, es muy bueno. Próximamente te traeré el siguiente de esta obra: “Choque de Civilizaciones”

Empecemos pues, nuestro estudio de la obra de Alvin y Heidi Toffler. (los comentarios de pie de pagina son de mi autoría)

LA SUPERLUCHA

Una nueva civilización está emergiendo en nuestras vidas, pero hombres ciegos tratan por doquier de sofocarla. Esta nueva civilización trae consigo nuevos tipos de familia; formas distintas de trabajar, amar y vivir; una nueva economía; nuevos conflictos políticos, y, más allá de todo esto, una conciencia asimismo diferente.

La humanidad se enfrenta con un gran salto hacia adelante. Tiene ante sí la conmoción social y la reestructuración creativa más hondas de todos los tiempos. Sin advertirlo claramente, nos afanamos en construir una nueva civilización desde sus cimientos.[2]

Esta es la significación de la tercera ola. La especie humana ha experimentado hasta ahora dos grandes olas de cambio, cada una de las cuales sepultó culturas o civilizaciones anteriores y las sustituyó por estilos de vida hasta entonces inconcebibles. La primera ola de cambio –la revolución agrícola- invirtió miles de años en su desarrollo. La segunda ola –el auge de la civilización industrial- necesitó sólo trescientos años. La historia avanza ahora todavía a mayor velocidad, y es probable que la tercera ola progrese y se complete en unas pocas décadas. Nosotros, los que compartimos el planeta en estos explosivos tiempos, sentiremos por tanto todo el impacto de la tercera ola en el curso de nuestra vida.

La tercera ola trae consigo un estilo de vida auténticamente nuevo, basado sobre fuentes diversificadas y renovables de energía,[3] métodos de producción que dejan anticuada a la mayoría de las cadenas fabriles de montaje, nuevas familias no nucleares, una nueva institución que cabría denominar el «hogar electrónico» y las escuelas y empresas del futuro radicalmente modificadas. La civilización naciente nos impone un nuevo código de conducta y nos empuja más allá de la producción en serie, la sincronización y la centralización, más allá de la concentración de energía, dinero y poder.[4]

Es una civilización con su propia perspectiva mundial característica, sus propias maneras de abordar el tiempo, el espacio, la lógica y la causalidad.

LA PREMISA REVOLUCIONARIA

Dos imágenes del futuro, aparentemente contradictorias, predominan ahora en la imaginación popular. La mayoría de las personas –en la medida en que lleguen a molestarse en pensar en el futuro- dan por supuesto que el mundo que conocen durará indefinidamente. Les resulta difícil imaginar para sí mismas un modo de vida verdaderamente distinto y, más aún, una civilización por completo nueva. Por supuesto, advierten que las cosas están cambiando, pero dan por sentado que los cambios actuales no les afectarán y que nada hará vacilar el familiar entramado económico ni la estructura política que conocen. Esperan, confiados, que el futuro sea una continuación del presente.[5]

Recientes acontecimientos han hecho tambalearse esta confiada imagen del futuro. Una visión más sombría ha adquirido creciente popularidad. Gran número de personas, alimentadas por una dieta continua de malas noticias, películas de catástrofes y perspectivas de pesadilla elaboradas por grupos de analistas prestigiosos, parecen haber llegado a la conclusión de que la sociedad actual no puede proyectarse en el futuro porque no existe futuro. Para ellas, Harmagedón está sólo a unos minutos de distancia. La Tierra se precipita hacia el estremecimiento de su último cataclismo.

Nuestra argumentación se basa en lo que denominamos la «premisa revolucionaria». Esta plantea que, siendo incluso probable que las décadas inmediatamente venideras rebosen de agitación, turbulencia y quizá hasta de violencia generalizada, no nos destruiremos por completo. Parte de la idea de que los cambios bruscos que ahora experimentamos no son caóticos ni aleatorios, sino que, de hecho, forman una pauta definida y claramente discernible. Da por sentado, además, que esos cambios son acumulativos, que sumados representan una transformación gigantesca de nuestro modo de vivir, trabajar, actuar y pensar, y que es posible un futuro cuerdo y deseable. En resumen, lo que sigue comienza con la premisa de que lo que ahora sucede es ni más ni menos que una revolución global, un salto de enorme magnitud.

En otras palabras: partimos del supuesto de que somos la generación final de una vieja civilización y la primera generación de otra nueva, y de que gran parte de nuestra confusión, angustia y desorientación personales tiene su origen directo en el conflicto que dentro de nosotros y en el seno de nuestras instituciones políticas existe entre la civilización moribunda de la segunda ola y la civilización naciente de la tercera ola, que pugna, tonante, por ocupar su puesto.[6]

Analizados desde esta perspectiva, muchos acontecimientos, aparentemente desprovistos de sentido, resultan de pronto inteligibles. Las líneas generales del cambio empiezan a emerger con claridad. La acción por la supervivencia vuelve a ser posible y probable. En resumen, la premisa revolucionaria libera nuestra inteligencia y nuestra voluntad.

LA LINEA DE AVANCE

Cabría denominar «análisis de ondas de choque» a un enfoque nuevo y eficaz que considera la historia como una sucesión de encrespadas olas de cambio y se pregunta adónde nos lleva la línea de avance de cada una. Centra la atención no tanto en las continuidades de la historia (por importantes que éstas sean) como en las discontinuidades, innovaciones y puntos de ruptura. Identifica las pautas fundamentales de cambio a medida que surgen, para que podamos ejercer una influencia sobre su evolución. Comienza con la sencilla idea de que el nacimiento de la agricultura constituyó el primer punto de inflexión en el desarrollo social humano y de que la revolución industrial representó la segunda gran innovación. Concibe a ambas no como un acontecimiento instantáneo y diferenciado sino como una ola de cambio que se desplaza a una determinada velocidad.

Antes de la primera ola de cambio, la mayoría de los hombres vivían en grupos pequeños, a menudo migratorios, y se alimentaban de frutos silvestres, la caza, la pesca o la ganadería. En algún momento, hace unos diez milenios, se inició la revolución agrícola, que progresó lentamente por el planeta, difundiendo poblados, asentamientos, tierras cultivadas y un nuevo estilo de vida.

A finales del siglo XVII, aún no se había agotado esta primera ola de cambio cuando estalló en Europa la revolución industrial, que desencadenó la segunda ola de cambio planetario. Este nuevo proceso se extendió a través de naciones y continentes con una rapidez mucho mayor. Así pues, dos procesos de cambio separados y distintos recorrían simultáneamente la Tierra, a velocidades diferentes.

En la actualidad, la primera ola de cambio prácticamente ha cesado. Sólo a unas pocas y diminutas poblaciones tribales, en América del Sur o en Papúa Nueva Guinea, por ejemplo, no ha llegado todavía la agricultura. Pero básicamente ya se ha disipado la fuerza de esta gran primera ola.

Entretanto, la segunda ola, tras haber revolucionado en muy pocos siglos la vida en Europa, América del Norte y algunas otras regiones del globo, continúa extendiéndose a medida que muchos países, hasta ahora fundamentalmente agrícolas, se apresuran a construir altos hornos, fábricas de automóviles y de tejidos, ferrocarriles e industrias alimentarias. Aún se percibe el impulso de la industrialización. Esta segunda ola no ha perdido por completo su fuerza.

Pero mientras continúa este proceso, ya ha comenzado otro, aún más importante. Cuando en las décadas que siguieron a la Segunda Guerra Mundial culminó la marea de la industrialización, empezó a extenderse por la Tierra, transformando todo cuanto tocaba, una tercera ola escasamente comprendida.

Por esta razón, muchos países perciben ahora el impacto simultáneo de dos e incluso tres olas de cambio completamente distintas, de velocidades diversas y con diferentes grados de fuerza tras de sí.

A nuestros fines consideraremos que la época de la primera ola comenzó hacia el 8000 a.C. y que dominó en solitario la Tierra hasta los años 1650-1750 de nuestra era. A partir de este momento, la primera ola fue perdiendo ímpetu a medida que lo cobraba la segunda.

La civilización industrial, producto de esta segunda ola, se impuso entonces en el planeta hasta alcanzar su culminación. Este último punto de inflexión sobrevino en Estados Unidos durante la década iniciada hacia 1955, cuando el número de empleados administrativos y trabajadores de servicios superó por primera vez al de obreros manuales. Fue ésa la misma década que presentó la introducción generalizada del ordenador, los vuelos de reactores comerciales, la píldora para el control de la natalidad y muchas otras innovaciones de gran impacto. Fue precisamente durante esa década cuando la tercera ola empezó a cobrar fuerza en Estados Unidos. Desde entonces ha alcanzado –con escasa diferencia en el tiempo- a la mayoría de las naciones industrializadas. En la actualidad todos los países de alta tecnología experimentan los efectos de la colisión entre la tercera ola y las anticuadas economías e instituciones remanentes de la segunda.

Comprender esto es la clave para entender gran parte de los conflictos políticos y sociales que vemos en derredor.

OLAS DEL FUTURO

Siempre que una ola de cambio predomina en una determinada sociedad es relativamente fácil columbrar la pauta del desarrollo futuro. Escritores, artistas y periodistas, entre otros, descubren la «ola del futuro». Así, en la Europa del siglo XIX, muchos pensadores, empresarios, políticos y gente corriente tenían ya una imagen clara y básicamente correcta del futuro. Percibían que la historia caminaba hacia el triunfo final de la industrialización sobre la agricultura premecanizada y previeron, con notable exactitud, muchos de los cambios que traería consigo la segunda ola: tecnologías más eficaces, ciudades mayores, transporte más rápido, instrucción de las masas, etc.[7]

Esta claridad de visión produjo efectos políticos directos. Partidos y movimientos políticos pudieron trazar sus planes con respecto al futuro. Los intereses agrícolas preindustriales organizaron una acción de retaguardia contra la invasión de la industrialización, contra las grandes empresas, contra los «cabecillas sindicales», contras las «ciudades pecaminosas».

Trabajadores y empresarios se hicieron con el control de los resortes principales de la naciente sociedad industrializada. Las minorías étnicas y raciales, definiendo sus derechos en términos de un papel acrecido en el mundo industrializado, exigieron acceso al empleo, puestos en las instituciones, viviendas urbanas, mejores salarios, educación pública general, etc.

Esta visión industrial del futuro produjo también efectos psicológicos importantes. La imagen compartida de un futuro industrial tendía a definir opciones, a dar a los individuos un sentido, no simplemente de quiénes o qué eran, sino de lo que resultaba probable que llegasen a ser. Proporcionaba cierto grado de estabilidad y una sensación de identidad incluso en medio de profundos cambios sociales.

Por el contrario, la imagen del futuro se fractura cuando una sociedad se ve asaltada por dos o más gigantescas olas de cambio y ninguna de ellas predomina claramente. Se torna en extremo difícil precisar la significación de los cambios y conflictos que surgen. La colisión de olas crea un océano embravecido, rebosante de corrientes contrarias, vorágines y remolinos que ocultan mareas históricas más profundas e importantes.

Esta colisión hace añicos los vocabularios políticos tradicionales y torna muy difícil distinguir a progresistas de reaccionarios, amigos de enemigos. Saltan en pedazos todas las antiguas polarizaciones y coaliciones.[8]

La aparente incoherencia de la vida política se refleja en la desintegración de la personalidad. Proliferan por doquier psicoterapeutas y gurús; las gentes vagan desorientadas en medio de terapias en competencia. Se sumen en cultos y aquelarres o, alternativamente, se refugian en un aislamiento patológico, convencidas de que la realidad es absurda, demente o insensata. Es posible, en efecto, que la vida sea absurda en un sentido amplio, cósmico, pero eso no significa que no haya pauta alguna en los acontecimientos actuales. De hecho, existe un orden oculto, que resulta claramente detectable en cuanto aprendemos a distinguir los cambios de la tercera ola de los asociados con la menguante segunda ola.

Las corrientes entrecruzadas creadas por estas olas de cambio se reflejan en nuestro trabajo, nuestra vida familiar, nuestras actitudes sexuales y nuestra moral personal. Se revelan en nuestros estilos de vida y en nuestro comportamiento electoral. Pues, lo sepamos o no, en nuestra vida personal y en nuestros actos políticos la mayoría de los que vivimos en los países ricos somos esencialmente personas de la segunda ola comprometidas en el mantenimiento de un orden moribundo, personas de la tercera ola empeñadas en la construcción de un mañana totalmente diferente o una combinación confusa y autoneutralizada de los dos órdenes anteriores.

El conflicto entre los grupos de la segunda y la tercera olas constituye, de hecho, la tensión política crucial en nuestra sociedad actual. Como veremos, la cuestión política fundamental no es quién domina en los últimos días de la sociedad industrializada, sino quién configura la nueva civilización que surge rápidamente para reemplazarla. A un lado están los partidarios del pasado industrial; al otro, cada vez más millones de personas que comprenden que los problemas más urgentes del mundo no pueden resolverse ya dentro de la estructura del orden industrial. Este conflicto es la «superlucha» por el mañana.[9]

Tal confrontación entre los intereses creados por la segunda ola y las gentes de la tercera ola recorre ya como una corriente eléctrica la vida política de todas las naciones. Incluso en los países no industrializados del mundo, la llegada de la tercera ola ha dado otra configuración a las antiguas líneas de combate. La vieja guerra de los intereses agrícolas, a menudo feudales, contra las elites industrializadoras, capitalistas o socialistas, adquiere una nueva dimensión a la luz de la inmediata obsolescencia de la industrialización. Ahora que surge la civilización de la tercera ola, cabe preguntarse si la industrialización rápida implica la liberación del neocolonialismo y de la pobreza o si, en realidad, garantiza el yugo de ambos.

Sólo con este amplio telón de fondo podemos empezar a extraer algún sentido de los titulares, a clasificar las prioridades, a estructurar estrategias adecuadas para el control del cambio que se opera en nuestras vidas. Una vez que comprendamos que se libra ya una lucha encarnizada entre quienes tratan de preservar la industrialización y los que intentan reemplazarla, nos hallaremos en posesión de un nuevo instrumento para cambiar el mundo.

Sin embargo, para utilizar este instrumento debemos poder distinguir con claridad los cambios que prolongan la vieja civilización de aquellos que facilitan la llegada de la nueva. En resumen, debemos comprender tanto lo viejo como lo nuevo, el sistema industrial de la segunda ola donde tantos hemos nacido y la civilización de la tercera ola, en la que viviremos nosotros y nuestros hijos.



[1] Yo lo interpreto como producir, consumir y distribuir información y conocimiento.

[2] Hoy, estoy empezando a comprehender el impacto en instituciones como la educación en todos sus niveles, vislumbro nuevos formatos de empresas y el advenimiento de empresas sociales que competirán ferozmente con aquellas que tienen como fin único la maximización de beneficios.

[3] Sobre las nuevas fuentes de energía , recomiendo revisar el libro de Jacque Fresco “Diseñando el Futuro” ahí muestra en detalle fuentes como la energía eólica, mareomotrix, solar, geotérmica.

[4] Esto será posible gracias al influjo de la Etica Hacker, la cual a diferencia de la ética protestante no tiene como principal valor el dinero, sino la pasión.

[5] Personalmente siento que en Colombia no hemos tomado en serio esta realidad. Muchas piensan que la Sociedad de la Información es sólo una cuestión de computadores e internet.

[6] Mi convicción es que se debe ayudar a morir la sociedad industrial y contribuir con el nacimiento de la Sociedad de la Información. Ahora bien, se debe tener muy claro las diferencias entre una y otra y desenmascarar a quienes pretendan pasar como adalides de la nueva ola, cuando lo que les motiva es conservar sus interés del pasado.

[7] Hoy se repite la historia, a esta generación le corresponde jugar ese papel de visionarios. Aunque no todos se suben al bus, es más fácil mantenerse dormidos.  Pero estoy convencido de que quienes se atrevan a adoptar el nuevo paradigma serán generosamente recompensados.

[8] Izquierda, derecha, liberal, conservador, todas categorías ya obsoletas

[9] Yo represento esta superlucha con la confrontación entre la ética protestante descrita por Max Weber y la Ética Hacker de Pekka Himanen. Son valores totalmente opuestos. Entender los dos, nos permite comprehender esta superlucha. Entre estas lecturas del mundo, se encuentra la construcción de la sociedad de la información.

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LECCIONES DEL FUTURO: LECCIÓN # 2 MÁS TRABAJO, MENOS EMPLEO

La Era de la Información, la Tercera Ola toffleriana, el Informacionalismo o como quiera que se le llame, está alterando la economía tal y como la conocemos. Lo que se ha dado en llamar la Nueva Economía[1] trae consigo un hecho inobjetable: el crecimiento del desempleo a escala global y la dramática disminución de los salarios. Paradójicamente, lo anterior ha representado un aumento del trabajo. Y como es apenas natural, esta realidad deja a su paso muchos perdedores y nuevos ganadores. Ahora bien, la distancia entre unos y otros puede ser superada  por el aprendizaje y apropiación de las nuevas reglas de juego.

Quizá te preguntes ¿Y dónde se aprehenden esas nuevas reglas de juego? El ideal seria que en la escuela, o por lo menos en la universidad, pero lamento decirte que el sistema educativo al parecer no se ha dado por enterado, o por lo menos en América Latina en general y en Colombia en particular aun “seguimos contando globos”

Muchos creen que eso de la “Era de la Información” es sólo una cuestión de computadores e internet. No pocos se muestran como promotores de la nueva vanguardia simplemente porque dotan las escuelas con unos cuantos equipos y luego salen con discursos demagógicos diciendo que Colombia tiene que ponerse al tanto de las nuevas tecnologías.

De aquí a que el sistema educativo (en todos sus niveles) comprenda los fundamentos profundos de este cambio de Era y los incluya en su currículo, podrían estar pasando varias generaciones. De modo que la única opción es aprenderlos por cuenta propia. En ese orden de ideas, debemos intentar reflexionar sobre lo que significa el trabajo en esta nueva realidad.

Al respecto, podemos acudir a lo expuesto por Alvin Toffler en su libro la “Revolución de la Riqueza”. Según él:

Tal vez sorprenda a muchos saber que hasta que el trabajo en el campo fue sustituido por el trabajo en la fabrica, pocos de nuestros antepasados tuvieron jamás un empleo. Y esto no era debido a que fueran ricos, pues la mayoría eran pobres de solemnidad. No tenían empleos porque el “empleo” (en el sentido actual de la adscripción oficial a un trabajo a cambio de un salario estipulado) estaba por inventarse. Al igual que la maquina de vapor y otras innovaciones industriales, los empleos y el trabajo asalariado en los tres últimos siglos.

El propio trabajo pasó del exterior al interior, con horarios que ya no se regían por la salida o la puesta del sol, sino por el reloj (para marcar tarjeta) La mayor parte del pago llegó en forma de salarios sobre horas trabajadas. Y esos tratos definieron esencialmente el término “empleo”.[2]

Pero el empleo no es más que una manera de empaquetar el trabajo. Y a medida que se despliegue el reciente sistema de riqueza basado en el conocimiento, iremos hacia un futuro en el que, habrá más gente que “trabaje” pero menos tendrá “empleo”. Ello alterará drásticamente las relaciones laborales, los departamentos de recursos humanos, la legislación y el mercado laboral en conjunto. Mala noticia para los sindicatos tal y como los conocemos hoy. El fundamento básico del trabajo está cambiando más profundamente que en ninguna otra época desde la revolución industrial.[3]

Repitamos lo que nos enseñan los Toffler:

“Iremos hacia un futuro en el que, habrá más gente que “trabaje” pero menos tendrá “empleo”

Comprender ésta anticipación es fundamental. Ello porque las aptitudes requeridas para tener trabajo son muy diferentes a las necesarias para acceder a un empleo cada vez mas escaso y más proletarizado.

Así las cosas, tarde o temprano tendrás que adquirir esas nuevas habilidades y entre más rápido lo hagas, mejor para ti porque mayores oportunidades tendrás.

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[1] Para entender el concepto de la Nueva Economía, recomiendo la lectura de Juan Urrutia, particularmente su libro “El capitalismo que viene”. Este libro en formato digital lo puedes bajar de la sección MIS LECTURAS de este blog.

[2] Alvin y Heidi Toffler “La Revolución de la Riqueza” Editorial Debate. 2006

[3] Ibid.

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LECCIONES DEL FUTURO: LECCION # 1 LA INFORMACIÓN Y LAS IDEAS ALIMENTAN LA NUEVA ECONOMÍA GLOBAL

Desde que Alvin Toffler publicó en 1970 el “Shock del Futuro” se viene hablando de la “Futurologia”, no como un ejercicio especulador y esotérico sobre el futuro, sino, como una concienzuda reflexión sobre el impacto que tienen las nuevas tecnologías en la sociedad.

Los Toffler vendrían a ser los pioneros de lo que hoy se conoce como prospectivismo. Después vendrían otros como Joel Barker, Kenichi Ohmae, Juan Urrutia y un contingente menor de analistas de lo que se ha denominado como Era de la Información o Informacionalismo como lo llama Manuel Castells.

Como es apenas lógico, esta perspectiva tiene defensores y multiplicadores, lo mismo que críticos y detractores.

Personalmente, pienso que el objetivo del prospectivismo no es “predecir el futuro” sino anticiparlo. Preveer los cambios sociales, económicos, políticos y culturales que las nuevas tecnologías traen consigo y también, los ajustes que requiere la sociedad para hacerle frente a dichos cambios.

Y en lo que a mi experiencia respecta, dos instituciones requieren una transformación profunda: El Sistema Educativo y la Estructura Política; ambas diseñadas en los albores de la Revolución Industrial y hoy, totalmente obsoletas y anacrónicas.

No esta de más dejar sentado que me sitúo de lado de los defensores y multiplicadores del prospectivismo y que el proyecto que he denominado como Sistema de Formación para el Bienestar está totalmente influenciado por éste.

Así las cosas, y hecho este preámbulo, hoy quiero compartir contigo la primera entrega de la serie que he llamado “Lecciones del Futuro, recuerda que no lo veo como una predicción sino como una anticipación.

Bien, la primera lección es la siguiente:

LA INFORMACIÓN Y LAS IDEAS ALIMENTAN LA NUEVA ECONOMÍA GLOBAL[1]

El conocimiento puro no tiene valor. Las capacitaciones y las ideas lo son todo. En efecto, una de las características fundamentales de la Era de la Información, es la abundancia de ésta. El problema es que la información en si misma no aporta nada, es necesario procesarla, transformarla en conocimiento útil y relevante. Y esa es la falla del Sistema Educativo actual en todos sus niveles. La educación que brinda no es útil, ni mucho menos relevante.

La prueba de lo anterior es que ni siquiera se valore a quienes “transmiten” el conocimiento en dicho sistema. A diferencia de países como Singapur, Malasia, Corea del Sur y Finlandia, donde los maestros son tratados como estrellas y por ende tienen buenos ingresos, en América Latina en general y en Colombia en particular, los maestros ganan sueldos paupérrimos. Ni siquiera un profesor universitario promedio puede darse el lujo de vivir tranquilamente de su labor. De modo que este tipo de conocimiento ya no es valorado.

En esta Era hay nuevas reglas y “sólo se crea un valor económico verdadero cuando el conocimiento se traduce en “capacitaciones”: aptitudes por las que el mercado está dispuesto a pagar”.[2]

Y son justamente esas aptitudes las que no se enseñan en el Sistema Educativo Industrial. En la escuela no se enseña a pensar. No se aprende a aprehender. No se enseña a leer –escasamente se llega a un nivel de lectura fonética- mucho menos se enseña a escribir. Carecer de estas dos básicas aptitudes, significa que los jóvenes llegan a las universidades (los que tienen el privilegio de llegar) sin las habilidades necesarias para acceder al conocimiento y ni que decir de producirlo. Una simple prueba: ¿Sabe el universitario promedio, por lo menos redactar un ensayo? peor aún ¿Sabe escribir un profesional?

Como ves, en esta Era “estamos inundados de conocimientos y de información, pero tenemos escasez de aptitudes para aplicarlos. Ya no se trata de lo que sabemos (supuestamente validado por un diploma) lo que establece verdaderamente la diferencia es lo que hacemos con lo que sabemos [3] y eso hay que demostrarlo, no basta con mostrarlo en una simple hoja de vida.

Recuerda, la información y las ideas alimentan la nueva economía. Pero tienes que aprender a acceder al conocimiento y sobre todo a producirlo. Y eso, infortunadamente, no te lo enseñan ni en la escuela, ni en la universidad.


[1] Wolfgang Grulke “10 lecciones del futuro” Prentice Hall

[2] Ibid

[3] Ibid

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EL INFORMACIONALISMO Y LA SOCIEDAD RED: Parte I

“El informacionalismo es el paradigma dominante de nuestras sociedades, que sustituye y subsume al industrialismo”.

Manuel Castells

Me encontré con éste documento en el libro de Pekka Himanen: “La ética del hacker y el espíritu de la era de la información”. Es una lectura semejante a la que realiza Alvin Toffler, de quien supongo, el autor habrá tenido que beber, dado que desde la publicación de “El Shock del Futuro” por alla en los 70, Toffler ya vislumbraba esa nueva civilización que para entonces denominaba como “postindustrialismo” y luego caracterizaría como “Tercera Ola”.

Este año me dediqué al estudio de la obra de Toffler, y gracias a su paradigma he podido dar forma a lo que denomino como Sistema de Formación para el Bienestar. El cual entre otros, bebe también de Manuel Castells y su paradigma del Informacionalismo.

Pues bien, habiendo consolidado las Macrotemáticas del Sistema, en adelante procederé a profundizar en el paradigma de Tercera Ola o Informacionalismo. Por lo pronto me limitaré a transcribir apartes de la obra de ambos autores. En esta oportunidad, daré comienzo con el texto de Manuel Castells aparecido en el libro de Pekka Himanen anteriormente mencionado.

Buena lectura.

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La tecnología es una dimensión fundamental del cambio social. Las sociedades evolucionan y se transforman a través de una compleja interacción de factores culturales, económicos, políticos y tecnológicos. Es preciso, pues, entender la tecnología en el seno de esta matriz multidimensional. Con todo, la tecnología tiene una dinámica propia. El tipo de tecnología que se desarrolla y difunde en una determinada sociedad modela decisivamente su estructura material.[1]

Los sistemas tecnológicos evolucionan de forma gradual hasta que se produce un cambio cualitativo de primera magnitud: una revolución tecnológica, que lleva a un nuevo paradigma tecnológico. La noción de paradigma fue propuesta por el destacado historiador y filósofo de la ciencia Thomas S. Kuhn para, explicar la transformación del conocimiento a través de las revoluciones científicas.

Un paradigma es un modelo conceptual que establece los criterios estándares de interpretación. Integra los descubrimientos en un sistema coherente de relaciones caracterizadas por su sinergia, es decir, por el valor añadido del sistema respecto a sus componentes individuales.

Un paradigma tecnológico organiza la gama disponible de tecnologías en torno a un núcleo que realza el rendimiento de cada uno de ellos. Por tecnología se suele entender el uso del conocimiento científico para establecer procedimientos que permitan su funcionamiento de una forma reproducible.

Así, la revolución industrial constituyó el industrialismo, un paradigma caracterizado por la capacidad de generar y distribuir energía a través de artefactos elaborados por el ser humano, sin depender del entorno natural. Dado que la energía es una fuente primaria para todos los tipos de actividad, la humanidad fue capaz, al transformar la generación de energía, de incrementar espectacularmente su poder sobre la naturaleza y las condiciones de su propia existencia.

Alrededor del núcleo de una revolución tecnológica se aglutinan y convergen tecnologías de diversos campos. La revolución en la tecnología de la energía (primero con el vapor y, luego, con la electricidad) condujo a sentar los fundamentos del industrialismo.

Una serie de revoluciones asociadas en el campo de la ingeniería mecánica, la metalurgia, la química, la biología, la medicina, los transportes y una amplia gama de otros campos tecnológicos convergieron en la constitución del nuevo paradigma tecnológico.

Esta infraestructura tecnológica hizo posible la aparición de nuevas formas de producción, consumo y organización social que conjuntamente formaron la sociedad industrial. Los rasgos centrales de la sociedad industrial fueron la fábrica, la gran empresa, la burocracia racionalizada, la supresión progresiva del trabajo agrícola, el proceso de urbanización a gran escala, la formación de sistemas centralizados para la prestación de servicios públicos, el ascenso de los medios de comunicación de masas, la construcción de sistemas de transporte nacionales e internacionales, y el desarrollo de armas de destrucción masiva.

El industrialismo aparecía en una variedad de expresiones culturales e industriales. El capitalismo industrial y el estadismo industrial eran formas antagónicas de organización social, aunque compartían similitudes esenciales en sus fundamentos materiales. La historia, la cultura, las instituciones y los patrones evolutivos de dominación política crearon una gama de sociedades industriales diversas, tan diferentes como Japón y Estados Unidos, España y Suecia. Con todo, no eran más que variaciones históricas de una especie sociotecnológica común: el industrialismo.

Esta analogía puede ser de ayuda a la hora de explicar el significado y la importancia del informacionalismo como paradigma tecnológico que actualmente está sustituyendo al industrialismo como matriz dominante de las sociedades del siglo XXI. Por supuesto, el industrialismo no desaparece ni de la noche a la mañana ni en pocos años. El proceso de transición histórica avanza con la absorción de las formas sociales precedentes por las nuevas y emergentes, de modo que las sociedades reales son considerablemente más confusas que los modelos que construimos con fines heurísticos.

¿Cómo sabemos que un paradigma dado (por ejemplo, el Informacionalismo) es dominante respecto a otros (por ejemplo, el industrialismo)? La respuesta es sencilla: por su rendimiento superior en cuanto a acumulación de riqueza y poder. Las transiciones históricas son moldeadas por el mundo de los que ganan. Este hecho no implica ningún juicio de valor.

En realidad, no sabemos si el hecho de producir más y más entraña valor superior alguno en términos de humanidad. La idea de progreso es una ideología. Lo bueno, malo o indiferente que sea un nuevo paradigma depende de la perspectiva, de los valores o de los criterios de calidad. Sabemos que es dominante porque, al imponerse, borra la competición por medio de la eliminación. En este sentido, el informacionalismo es el paradigma dominante de nuestras sociedades, que sustituye y subsume al industrialismo.

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En la segunda parte de este documento, veremos como define Manuel Castells el concepto de Informacionalismo.


[1] Este documento de Manuel Castells, corresponde al Epílogo del libro “La Ética del Hacker y el espíritu de la era de la información” de Pekka Himanen. Lo puede bajar completo en la Biblioteca Digital de este blog.