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LECCIONES DEL FUTURO: LECCIÓN # 2 MÁS TRABAJO, MENOS EMPLEO

La Era de la Información, la Tercera Ola toffleriana, el Informacionalismo o como quiera que se le llame, está alterando la economía tal y como la conocemos. Lo que se ha dado en llamar la Nueva Economía[1] trae consigo un hecho inobjetable: el crecimiento del desempleo a escala global y la dramática disminución de los salarios. Paradójicamente, lo anterior ha representado un aumento del trabajo. Y como es apenas natural, esta realidad deja a su paso muchos perdedores y nuevos ganadores. Ahora bien, la distancia entre unos y otros puede ser superada  por el aprendizaje y apropiación de las nuevas reglas de juego.

Quizá te preguntes ¿Y dónde se aprehenden esas nuevas reglas de juego? El ideal seria que en la escuela, o por lo menos en la universidad, pero lamento decirte que el sistema educativo al parecer no se ha dado por enterado, o por lo menos en América Latina en general y en Colombia en particular aun “seguimos contando globos”

Muchos creen que eso de la “Era de la Información” es sólo una cuestión de computadores e internet. No pocos se muestran como promotores de la nueva vanguardia simplemente porque dotan las escuelas con unos cuantos equipos y luego salen con discursos demagógicos diciendo que Colombia tiene que ponerse al tanto de las nuevas tecnologías.

De aquí a que el sistema educativo (en todos sus niveles) comprenda los fundamentos profundos de este cambio de Era y los incluya en su currículo, podrían estar pasando varias generaciones. De modo que la única opción es aprenderlos por cuenta propia. En ese orden de ideas, debemos intentar reflexionar sobre lo que significa el trabajo en esta nueva realidad.

Al respecto, podemos acudir a lo expuesto por Alvin Toffler en su libro la “Revolución de la Riqueza”. Según él:

Tal vez sorprenda a muchos saber que hasta que el trabajo en el campo fue sustituido por el trabajo en la fabrica, pocos de nuestros antepasados tuvieron jamás un empleo. Y esto no era debido a que fueran ricos, pues la mayoría eran pobres de solemnidad. No tenían empleos porque el “empleo” (en el sentido actual de la adscripción oficial a un trabajo a cambio de un salario estipulado) estaba por inventarse. Al igual que la maquina de vapor y otras innovaciones industriales, los empleos y el trabajo asalariado en los tres últimos siglos.

El propio trabajo pasó del exterior al interior, con horarios que ya no se regían por la salida o la puesta del sol, sino por el reloj (para marcar tarjeta) La mayor parte del pago llegó en forma de salarios sobre horas trabajadas. Y esos tratos definieron esencialmente el término “empleo”.[2]

Pero el empleo no es más que una manera de empaquetar el trabajo. Y a medida que se despliegue el reciente sistema de riqueza basado en el conocimiento, iremos hacia un futuro en el que, habrá más gente que “trabaje” pero menos tendrá “empleo”. Ello alterará drásticamente las relaciones laborales, los departamentos de recursos humanos, la legislación y el mercado laboral en conjunto. Mala noticia para los sindicatos tal y como los conocemos hoy. El fundamento básico del trabajo está cambiando más profundamente que en ninguna otra época desde la revolución industrial.[3]

Repitamos lo que nos enseñan los Toffler:

“Iremos hacia un futuro en el que, habrá más gente que “trabaje” pero menos tendrá “empleo”

Comprender ésta anticipación es fundamental. Ello porque las aptitudes requeridas para tener trabajo son muy diferentes a las necesarias para acceder a un empleo cada vez mas escaso y más proletarizado.

Así las cosas, tarde o temprano tendrás que adquirir esas nuevas habilidades y entre más rápido lo hagas, mejor para ti porque mayores oportunidades tendrás.

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[1] Para entender el concepto de la Nueva Economía, recomiendo la lectura de Juan Urrutia, particularmente su libro “El capitalismo que viene”. Este libro en formato digital lo puedes bajar de la sección MIS LECTURAS de este blog.

[2] Alvin y Heidi Toffler “La Revolución de la Riqueza” Editorial Debate. 2006

[3] Ibid.

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LECCIONES DEL FUTURO: LECCION # 1 LA INFORMACIÓN Y LAS IDEAS ALIMENTAN LA NUEVA ECONOMÍA GLOBAL

Desde que Alvin Toffler publicó en 1970 el “Shock del Futuro” se viene hablando de la “Futurologia”, no como un ejercicio especulador y esotérico sobre el futuro, sino, como una concienzuda reflexión sobre el impacto que tienen las nuevas tecnologías en la sociedad.

Los Toffler vendrían a ser los pioneros de lo que hoy se conoce como prospectivismo. Después vendrían otros como Joel Barker, Kenichi Ohmae, Juan Urrutia y un contingente menor de analistas de lo que se ha denominado como Era de la Información o Informacionalismo como lo llama Manuel Castells.

Como es apenas lógico, esta perspectiva tiene defensores y multiplicadores, lo mismo que críticos y detractores.

Personalmente, pienso que el objetivo del prospectivismo no es “predecir el futuro” sino anticiparlo. Preveer los cambios sociales, económicos, políticos y culturales que las nuevas tecnologías traen consigo y también, los ajustes que requiere la sociedad para hacerle frente a dichos cambios.

Y en lo que a mi experiencia respecta, dos instituciones requieren una transformación profunda: El Sistema Educativo y la Estructura Política; ambas diseñadas en los albores de la Revolución Industrial y hoy, totalmente obsoletas y anacrónicas.

No esta de más dejar sentado que me sitúo de lado de los defensores y multiplicadores del prospectivismo y que el proyecto que he denominado como Sistema de Formación para el Bienestar está totalmente influenciado por éste.

Así las cosas, y hecho este preámbulo, hoy quiero compartir contigo la primera entrega de la serie que he llamado “Lecciones del Futuro, recuerda que no lo veo como una predicción sino como una anticipación.

Bien, la primera lección es la siguiente:

LA INFORMACIÓN Y LAS IDEAS ALIMENTAN LA NUEVA ECONOMÍA GLOBAL[1]

El conocimiento puro no tiene valor. Las capacitaciones y las ideas lo son todo. En efecto, una de las características fundamentales de la Era de la Información, es la abundancia de ésta. El problema es que la información en si misma no aporta nada, es necesario procesarla, transformarla en conocimiento útil y relevante. Y esa es la falla del Sistema Educativo actual en todos sus niveles. La educación que brinda no es útil, ni mucho menos relevante.

La prueba de lo anterior es que ni siquiera se valore a quienes “transmiten” el conocimiento en dicho sistema. A diferencia de países como Singapur, Malasia, Corea del Sur y Finlandia, donde los maestros son tratados como estrellas y por ende tienen buenos ingresos, en América Latina en general y en Colombia en particular, los maestros ganan sueldos paupérrimos. Ni siquiera un profesor universitario promedio puede darse el lujo de vivir tranquilamente de su labor. De modo que este tipo de conocimiento ya no es valorado.

En esta Era hay nuevas reglas y “sólo se crea un valor económico verdadero cuando el conocimiento se traduce en “capacitaciones”: aptitudes por las que el mercado está dispuesto a pagar”.[2]

Y son justamente esas aptitudes las que no se enseñan en el Sistema Educativo Industrial. En la escuela no se enseña a pensar. No se aprende a aprehender. No se enseña a leer –escasamente se llega a un nivel de lectura fonética- mucho menos se enseña a escribir. Carecer de estas dos básicas aptitudes, significa que los jóvenes llegan a las universidades (los que tienen el privilegio de llegar) sin las habilidades necesarias para acceder al conocimiento y ni que decir de producirlo. Una simple prueba: ¿Sabe el universitario promedio, por lo menos redactar un ensayo? peor aún ¿Sabe escribir un profesional?

Como ves, en esta Era “estamos inundados de conocimientos y de información, pero tenemos escasez de aptitudes para aplicarlos. Ya no se trata de lo que sabemos (supuestamente validado por un diploma) lo que establece verdaderamente la diferencia es lo que hacemos con lo que sabemos [3] y eso hay que demostrarlo, no basta con mostrarlo en una simple hoja de vida.

Recuerda, la información y las ideas alimentan la nueva economía. Pero tienes que aprender a acceder al conocimiento y sobre todo a producirlo. Y eso, infortunadamente, no te lo enseñan ni en la escuela, ni en la universidad.


[1] Wolfgang Grulke “10 lecciones del futuro” Prentice Hall

[2] Ibid

[3] Ibid