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HOGAR Y PSICOLOGÍA

HOGAR Y PSICOLOGIA

Dios es la fuerza de la Vida.

Mi prioridad es el Hogar.

Mi Trabajo es valioso porque es el sustento del Hogar.

Mi proyecto de vida es construir un Hogar y un Trabajo.

Todo proyecto nace primero en la mente y después, conciente o inconscientemente, se lleva a la práctica.

Quiero que estas líneas sean el principio de un libro donde presento los pensamientos que estoy utilizando para edificar mi Hogar y mi Trabajo.

Estoy ad portas de cumplir 35 años, ya soy un hombre adulto; tengo dos hijos y amo profundamente a la mujer con quien los concebí. Soy un hombre afortunado, disfruto de la vida en el seno de un Hogar.

El sustento de mi Hogar proviene de mi segunda fuente de amor:

Mi Trabajo.

Yo soy psicólogo, esta es mi vocación.

Me apasiona hacer psicología.

Con psicología construyo mi Hogar.

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Publicado en HOGAR, LUZ ADRIANA

GRACIAS!!!

gracias

Hoy quiero darte las gracias.

Gracias por existir.

Gracias por hacer parte de mí vivir.

Gracias por cuidar el fruto de nuestro amor.

Gracias por prolongar mi existencia.

Gracias por tu dedicación.

Gracias por tu convicción.

Gracias por tu comprensión.

Gracias por tu razón.

Gracias por lo que me has dado y aun me sigues dando.

Gracias por seguir caminando.

Gracias por seguir cultivando.

Gracias por seguir creando.

Gracias por seguir pensando.

Gracias por seguir cooperando.

Gracias por seguir conversando.

Gracias por seguir inspirando.

Gracias por seguirme ayudando.

Gracias por seguirme apoyando.

Gracias por seguirme aportando.

Gracias por seguirme formando.

Gracias por seguir avanzando.

Gracias por tu firmeza.

Gracias por tu entereza.

Gracias por tu nobleza.

Gracias por creer en ti.

Gracias por confiar en ti.

Gracias por cuidar de ti.

Gracias por pensar en ti.

Gracias por tu lucidez.

Gracias por tu sensatez.

Gracias por tu madurez.

Gracias por tu paciencia.

Gracias por tu diligencia.

Gracias por despertar mi conciencia.

Gracias por tus palabras.

Gracias por tus hechos.

Gracias por tu luz.

Gracias por tu vida.

En fin…

Solo quería darte las gracias.

 

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PAZ Y ARMONIA

Dante

Llegó la paz y la armonía a nuestra vida.

El vinculo entre Luz Adriana y Andres ahora es una amistad.

Los amigos se aprecian.

La amistad es una forma de amor.

El amor filial es el amor entre amigos.

Lo celebramos con una club colombia dorada en la 19 con 4, al lado de la estación de transmilenio de las aguas.

Una amistad no se celebra con un beso sino con un brindis entre los nuevos amigos.

Y que pase lo que tenga que pasar.

La energía de la preocupación ahora se convierte en una energía de ocupación.

En la foto, nuestro hijo Dante con su oso Paz y su pata Armonia.

Publicado en HOGAR, PSICOLOGIA DEL HOGAR

REPARAR Y RECONSTRUIR EL HOGAR

Estoy muy contento porque el mes de enero logré avanzar en la reparación y reconstrucción de mi Hogar,

Y digo “mi” no con un sentido de propiedad sino de responsabilidad.

Yo soy un hombre adulto, y como tal, mi compromiso es aportar en la construcción de un Hogar.

Como ser humano y como psicólogo me siento conminado a llevar a cabo esta ardua tarea.

En enero cumplí las metas de supervivencia y cerre el mes con una bella celebracion del cumpleaños de nuestra hija Orianna, quien llegó al sexto año de vida.

Estuvimos en el zoologico.

Fue un bello momento familiar,

De esos que quiero repetir una y otra vez.

Porque es compartiendo como se va Reparando y Reconstruyendo un hogar.

Toma tiempo, hay que caminar una laaaarga distancia. Pero vale la pena. Porque se ve la Luz al final del túnel.

Ahora comienza febrero, con la satisfacción del deber cumplido, pero no para dormirme en los laureles, sino para renovar con mas determinación mi propósito.

La entrada de Orianna a su segunda infancia, marca el nacimiento de una nueva relacion:

Compañeros de Crianza.

Compañeros en la formación de nuestros hijos.

Nuestro proyecto de vida afectivo compartido.

Son nuestros hijos lo que mas amamos cada uno de nosotros.

Por eso estoy contento, y con esta alegría, recargo mis baterías para trabajar con mas ahínco en mi tarea en el mundo de la psicología afectiva y espiritual, en el desarrollo de lo que llamo la Psicología de la Vida.

Un abrazo para ti, que sigues estas lineas y esta historia de vida.

La historia de un hombre que esta empeñado en ser un constructor de Hogares (empezando por el mio) y un constructor de Trabajos (empezando por el mio).

Por eso este relato, por eso esta acción.

Saludos.

Andréz Paz // Psicología de la Vida

 

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DAR PARA CONSTRUIR UN HOGAR

 

¿Por qué me cuesta tanto dar?

La dificultad para dar es una consecuencia de las carencias afectivas.
Mi espíritu quiere dar, pero mi mente se resiste y lo hace llenando mi corazón de miedo.

El miedo incrementa la inseguridad.

La inseguridad me llena de ansiedad.

La ansiedad nubla mi mente.

Y cuando mi mente se nubla no logro actuar constante y consistentemente.

Y esto lo digo porque he descubierto un patrón que estoy valorando como un fallo de mi mente.

Después de lograr un resultado, en lugar de disfrutar ese momento y seguir caminando, me relajo y dejo de ser constante. Me distraigo en otras cosas y pierdo el ritmo. Y cuando se pierde el ritmo se afecta la productividad.

Esto me lleva a pensar que aunque se trabaja por el resultado, en realidad lo que cuenta es el cultivo, el cultivo comprometido, disciplinado y constante. Justo lo que lleva a obtener logros permanentes y crecientes, cosechas continuas, lluvias tempranas y tardías.

Quisiera pensarlo de otra manera pero no logro evitar la analogía, en la guerra, esta se gana o se pierde, batalla a batalla, poco a poco se va conquistando un territorio o se va perdiendo.

Si un día se gana una batalla, no hay que bajar la guardia porque al otro día hay que salir a seguir batallando, de lo contrario, el enemigo ganará fuerza y te seguirá ganando.

Escribo esto para dejar constancia de la importancia de reconocer cuales son los fallos de nuestra mente, porque son estos fallos los que te impiden concentrar tus energías (pensamientos, emociones, acciones) en la construcción de tu proyecto de vida.

El Sun Tzu o arte de la guerra es muy claro al respecto:

Conoce a tu enemigo y conócete a ti mismo y tendrás el 100% de posibilidades de ganar las batallas.

Conoce tu enemigo y no te conozcas a ti mismo y tendrás el 50% de posibilidades de ganar en la batalla.

No conozcas a tu enemigo y no te conozcas a ti mismo y ten por seguro que perderás todas las batallas.

Pero recuerda que el enemigo no está afuera sino dentro de nosotros mismos.

Hazte consciente de los fallos de tu mente; reconócelos, evalúalos y corrígelos.

A mí me cuesta dar, ya reconocí que el origen de este fallo es la carencia afectiva.

Cuando se ha tenido una infancia con carencias afectivas, unido a un entorno violento, eso deja una profunda huella en el corazón y al llegar a la adultez, se configuran vínculos afectivos dependientes, es decir, uno está muy presto para recibir, para demandar afecto, y no tanto para dar, para expresar de todas las maneras posibles lo que se siente por el otro.

Pero no basta con sentir, el amor es sobre todo acción.

El amor se renueva con la acción, con el dar, con el disfrute por el dar.

Dar con amor, no con temor.

Porque cuando se da con amor, el solo hecho de dar produce satisfacción.

Es esa satisfacción la recompensa.

En cambio, cuando se da con temor, se cae en el error de la expectativa, de esperar que el otro actué con reciprocidad y esto lógicamente incrementa la ansiedad.

Hay una enorme diferencia entre el dar por temor a perder y el dar para ayudar a crecer.

¿Cómo romper este patrón?

Simple y llanamente:

Dando, dando, una y otra vez, sin temor, transmutando la mentalidad de escasez por una mentalidad de solvencia.

Porque entre más demos, más recibiremos.

Esta es una verdad eterna.

Entre más cultivas un vínculo más logras.

Entre más compartes, más te comparten.

Y un vínculo afectivo se cultiva dando, compartiendo.

Este es un ejemplo de reflexión para evitar la preocupación, como te habrás podido dar cuenta, en estos días he estado reflexionando sobre el Hogar y las causas de su derrumbamiento.

El mío se derrumbó porque yo no pude asumir cabalmente mi rol como proveedor, como padre de familia, como un hombre adulto que provee a su clan de afecto, sabiduría y pan. En realidad siempre me sentí como un León en un territorio prestado.

Y estoy que pudo haber jugado a mi favor, lo hizo en mi contra, porque cuando yo llegué a vivir en la tribu de la madre de mis hijos, lo hice con una personalidad caracterizada por la carencia; afectiva y material, además de haber sido un hijo de la violencia, tal y como lo señalé en un relato anterior.

Todas estas circunstancias configuraron una dinámica familiar que con el tiempo, en lugar de amor, produjo amargura, yo en varias ocasiones fui fuente de profunda amargura para esa tribu que lo único que hizo fue amarme.

Mi incapacidad para dar, me impidió valorar el gran regalo que Dios me había dado:

Un Hogar.

Justo lo que nunca había tenido y siempre había anhelado.

Y cuando ese regalo me llegó, en lugar de asumirlo con amor lo asumí con temor.

Y uno no puede amar con temor.

Porque el temor te lleva a conductas sumisas o agresivas para evitar perder lo que tanto temes perder.

Y lo que más temía yo perder era mi hogar.

Y ese temor se hizo realidad.

Mi Hogar se derrumbó.

Ya hice el duelo, ya acepté la realidad, ahora estoy trabajando para transformarla, para convertir este hecho en una oportunidad de crecer, ser adulto, y para mí, la esencia del ser adulto es asumir una actitud proactiva para construir un Hogar.

De modo que yo no asumo el derrumbamiento de mi Hogar como una derrota sino como un llamado a la acción para reparar y reconstruir mi Hogar, no con temor, sino con amor. Esto es, dando, compartiendo, porque solo es dando como se construye, así como quitando se destruye.

Ya le arrebaté mucha tranquilidad a mis hijos y a la madre de mis hijos, ahora llego el momento de darles paz, porque la paz empieza por casa, porque darles a ellos, será darme a mí mismo.

Porque es dando y compartiendo como se construye un Hogar.

Dando afecto, sabiduría y pan.

Espero que estas reflexiones susciten en ti tus propias reflexiones, no sobre mi vida, sino sobre la tuya, yo no escribo para que los demás opinen sobre mi vida, sino para que reflexionen sobre la suya.

Esta es la psicología de mi vida, espero que te sirva para construir la tuya.

Porque cada quien debe tener muy clara su propia psicología y así tener mejores herramientas para construir su propio proyecto de vida.

Si leíste hasta aquí, quedaré agradecido si me compartes tus propias reflexiones, puedes hacerlo aquí, en público o en privado, el caso es que me gustaría conversar con aquellos a quienes este relato ha llegado.

Saludos.

Andréz Paz // Psicología de la Vida

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HIJOS DE LA VIOLENCIA

HIJOS DE LA VIOLENCIA

No solo de pan vive el hombre.

¿Qué habrá querido decir el gran maestro de la vida con estas palabras?

Para mi está claro que el mensaje de este maestro es el amor.

El amor es el rey de los afectos.

El amor es el máximo alimento de la existencia.

El pan asegura la supervivencia, pero del amor dependen el crecimiento y la trascendencia.

Basado en mi propia experiencia he podido llegar a la conclusión de que un hogar se puede derrumbar por la carencia de pan, pero sobre todo por la carencia de afecto.

Por alguna razón que todavía no comprendo del todo, en los últimos días he estado reflexionando intensamente sobre el hogar.

Y esta reflexión intensa ha rendido sus frutos:

He descubierto el sentido de mi vida.

Después de tanta angustia y dolor experimentado por el derrumbamiento de mi hogar, he logrado tomar conciencia del sentido de mi vida, de lo que significa mi existencia para mí mismo.

Lo misión de mi existencia es reparar y reconstruir mi hogar. Esta labor es lo que le da sentido a mi vida. Es lo que me lleva a querer permanecer vivo y cuerdo, para trabajar de forma constante en pro de esta causa.

Mientras escribo este relato, sentado en el sofá de la casa de mis padres, vienen a mi mente una cascada de imágenes, estoy viendo el cuadro completo de mi vida y me tengo que remontar a mi infancia para comprender lo que estoy viviendo hoy en día.

Yo soy un hijo de la violencia y como tal, he pagado amargamente las consecuencias. Ya no me lamento de esa realidad vivida, más bien me alegro de haber llegado a este momento, porque tengo ante mí una gran oportunidad de crecimiento.

Para nadie es un secreto que vivimos en un país violento.

Un país en el que la lucha por la tierra ha sido un sangriento enfrentamiento. Un país que se acostumbró al desplazamiento.

Un país inequitativo cuyas riquezas están concentradas en unas pocas manos, obligando a la gran mayoría de personas a luchar a diario y con las uñas para ganarse el sustento.

Un país cuyo problema no es la pobreza material, sino la pobreza mental; afectiva y espiritual.

Un país así ha sido caldo de cultivo para enfrentamientos políticos y sociales, para que broten de forma silvestre guerrilleros, paramilitares, narcotraficantes, sicarios, bandas criminales, delincuentes, prostitutas y políticos corruptos.

En este país nacieron mis padres, en este país nací yo.

Mi padre nació justamente en el mismo año que se jodió este país por última vez: 1948. Quiere decir que mi padre también fue un hijo de la violencia. El suyo había nacido en 1903, después de la guerra de los mil días; de modo que también mi abuelo fue otro hijo de la violencia. Así que esto fue lo que yo heredé y aprendí: la violencia.

La conclusión psicológica que saco de este relato es que somos lo que heredamos y lo que aprendimos. Pero nos queda un margen de elección, quiere decir que también somos lo que elegimos ser.

Yo elegí ser un hombre de paz, porque mi herencia y mis aprendizajes en lugar de ayudarme, me llevaron a derrumbar mi hogar.

Por eso soy un hijo de la violencia, pero es mi determinación ser un padre constructor de paz.

Por esta razón es que la causa de mi vida es la Reparación y Reconstrucción de mi hogar.

Porque solo los hogares en paz, construyen una sociedad en paz.

Andréz Paz // Psicología de la Vida

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LA HERENCIA DE UN HOGAR

ELIJO EL AMOR

La mejor herencia que le podemos dejar a nuestros hijos no es la educación.

Hoy puedo decir, que el mejor legado para nuestros hijos es una HOGAR.

Cuando dejamos a nuestros hijos sin un HOGAR, estamos cometiendo el mas vil de los actos egoístas porque condenamos a nuestros hijos a la pobreza afectiva.

Por mucho que una mujer intente ser madre y padre al mismo tiempo, difícilmente se podrá llenar ese vacío afectivo que queda en el corazón de nuestros hijos.

La madre es la madre y el padre es el padre.

Saquemonos de una vez por todas esa toxica idea de que madre es solo una y que padre es cualquiera. No, el padre también es solo uno e irreemplazable.

He ahí mi convicción de luchar a muerte por reparar y reconstruir mi HOGAR.

Y no es mi HOGAR en el sentido de propiedad, sino de Responsabilidad.

Cuando se tiene hijos, ser adulto es construir un hogar, y si se derrumba, la tarea siguiente es la reparación y reconstrucción de ese HOGAR.

Porque un HOGAR es la mejor herencia que le podemos dejar a nuestros hijos.

Lo contrario también es cierto, un hogar derrumbado es el peor daño que le podemos hacer a nuestros hijos, les dejamos un problema que tendrán que afrontar en su adultez.

Los condenamos a la carencia afectiva.

Por eso es que nada es mas importante en mi existencia, he tomado conciencia que este es el sentido de mi vida: Luchar por mi HOGAR y dar testimonio de esta ardua e irrenunciable lucha.

Debo romper esa herencia que me dejaron mis padres.

No puedo repetir su historia.

En las conferencias que dicté ayer en el colegio Campestre Chiquinquirá Nueva Inglaterra, me hice consciente de que la Psicología de la Vida, es mi caja de herramientas para reparar y reconstruir mi HOGAR.

Me hice consciente de que mi causa no es la democratizacion de la psicología, sino, la reparación y reconstrucción de mi HOGAR.

Me hice consciente que esta experiencia es para compartirla, porque la principal herencia que los hombres y mujeres de esta generación le podemos dejar a nuestros hijos, es un HOGAR.

De modo que la conclusión es muy sencilla;

Que la herencia sea una HOGAR, no una carencia afectiva.

Andréz Paz // Psicología de la Vida

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LA SUPERVIVENCIA DEL HOGAR  

MI CLAN FAMILIAR

Hoy mi batalla afectiva es la constancia.

La constancia asegura la supervivencia.

Sin constancia la supervivencia se ve amenazada.

Tengo en mi mente la imagen de la laboriosa hormiga.

Navegando por proverbios me encontré con esta perla de sabiduría:

“Tú, holgazán, aprende una lección de las hormigas.

¡Aprende de lo que hacen y hazte sabio!

A pesar de que no tienen príncipe, ni gobernador, ni líder que las haga trabajar, se esfuerzan todo el verano, juntando alimento para el invierno.

Pero tú, holgazán, ¿hasta cuándo seguirás durmiendo?

¿Cuándo despertaras?

Un rato más de sueño, una breve siesta, un pequeño descanso cruzado de brazos.

Entonces la pobreza te asaltará como un bandido.

La escasez te asaltará como un ladrón armado.”

Quiero sentir intensamente ese apremio de la lucha por la supervivencia.

Hoy me estoy jugando mi futuro afectivo y mi presente laboral.

Mi futuro afectivo es mi clan familiar: mis hijos y la madre de mis hijos.

Yo soy proveedor de afecto de ellos y ellos de mí.

Pero… ¿Hoy cómo debo expresar este afecto?

Ocupándome con todas las fuerzas de mi corazón y la sabiduría de mi espíritu, en asegurar su supervivencia.

Una supervivencia digna que esté sustentada por los frutos de mi trabajo.

Como lo dije en un relato anterior, esta es la primera fase de la reparación y construcción de mi proyecto de vida afectivo, es decir de mi hogar.

Tengo en mi corazón una inmensa gratitud hacia mis suegros, ellos han sido el sostén en el sustento de mi clan, pero su papel debe ser complementario, está claro que en lo que respecta a la supervivencia material, el principal responsable soy yo. Y nadie más.

Al escribir estas líneas, inmediatamente pienso en la palabra dignidad…

Por dignidad, un hombre adulto no debe soltar esta responsabilidad, pues tarde o temprano pagará el precio.

Hoy, lo estoy pagando con una tristeza en mi corazón porque estoy distanciado físicamente de mi clan, pero estas líneas evidencian que sigo conectado mental y espiritualmente con mi clan, lo cual me alegra enormemente.

Y es esta alegría la que quiero convertir en el combustible de mi acción.

Trabajar con alegría para aumentar la producción.

Con la alegría de aquel que sabe que al cumplir generosamente con la responsabilidad paternal, podrá cosechar los frutos de la satisfacción  del deber cumplido.

Dignidad, porque cuando un hombre no cumple con su deber material y afectivo, tarde o temprano su mujer lo abandonará, el reino dividido quedara, otro proveedor a su hogar llegará,  su reino le arrebatará, sus hijos peligro correrán,  la frustración lo amargará y la vida se complicará.

Es muy bueno tener esta imagen presente, un futuro afecto negativo que me puede llevar a mantener la constancia, para evitar a toda costa que eso sea una dolorosa realidad.

Por eso es que se dice que al que tiene se le dará, y al que no tiene, lo poco que tiene se le quitará.

Necesito cogones para ser constante.

Porque la constancia es productividad pura y la productividad significa pan.

Así de sencillo.

De modo que produzco este relato para conectarme con el espíritu de la laboriosa hormiga, un ser tan diminuto en tamaño, pero tan grande por ser fuente de una gran sabiduría:

La lección de la constancia.

Trabajo constante, esta es una de las piedras angulares de mi nueva filosofía de vida, este es un componente central de mi personalidad elegida. Es un punto clave de mi propia identidad.

Porque solo con el trabajo constante podré asegurar la supervivencia digna de mi clan familiar y por ende la mía propia, a partir de este momento ya podré pensar en la siguiente fase:

El crecimiento.

Publico este relato un día después de la gratificante experiencia en el colegio Campestre Chiquinquirá Nueva Inglaterra. Dos conferencias muy nutritivas. Coseché afecto, sabiduría y pan.

Hablé sobre el proyecto de vida afectivo y laboral.

Y de psicología de la vida.

Grato momento.

Gracias por leer hasta aquí, ya sabes que valoro mucho tu retroalimentación, tus palabras son una voz de aliento, tus pensamientos alivian mi fatiga y me mantienen atento. De esta forma estas siendo un veedor de mi empeño por mantenerme constante, me ayudas, de verdad.

Saludos.