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EL CÁNCER DE LA CORRUPCIÓN

Una sociedad pobremente educada es una sociedad propensa a la corrupción. En el pasado, la agenda politica era la guerra con las extintas Farc, en el presente, el principal flagelo que padecemos los colombianos es la corrupción estatal.

Asumo mi rol de pedagogo y me esfuerzo en producir estos pensamientos para que me ayuden a comprender esta enfermedad social llamada corrupción.

Estoy pensando en Albert Einstein y recuerdo una de sus frases más sabias: “No es posible resolver un problema con la misma mente que lo creó”

Consciente o inconscientemente, por acción u omisión, nosotros los colombianos hemos creado el Estado que tenemos. Esa maquinaria intelectual la creamos todos, y como toda creación humana, individual o colectiva, tiene sus imperfecciones y disfunciones.

Dicen que el arte es un camino poderoso para intentar comprender la realidad que vivimos. Hace unos días nos vimos con Luz Adriana una serie de Netflix que refleja muy bien este tema de la corrupción, aunque a decir verdad, el caso colombiano supera la ficción. Distrito Salvaje muestra muy por encima como se mueven los hilos del poder corrupto, ese que se moviliza para robarse 50 billones anuales.

Con todo ese dinero, más el que se despilfarra en burocracia, alcanzaria para financiar el proyecto más importante de una sociedad consciente: la educación de sus ciudadanos.

Ahora bien, ¿cómo puede un Estado con mentalidad corrupta educar a los ciudadanos? ¿Ha llegado la hora de la sociedad educadora?

Todo este escándalo de corrupción me hace pensar en algo que se me está convirtiendo en una certeza: Somos víctimas de una cleptocracia, los Colombianos estamos siendo gobernados por mafias políticas que se dicen defensores de las Instituciones y la democracia.

Esta rampante corrupcion es una prueba fehaciente del fracaso de nuestra educación.

Escucho a Rodolfo Llinas diciendo:

“Esta educación es malisima, es urgente cambiarla ya!!!”

Ojalá los colombianos algún día escuchemos más a los científicos y menos a los políticos.

¿Qué opinas tú?

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CARTA A IVÁN DUQUE

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Estimado presidente Iván:

Hace unos días leí una carta que un pedagogo llamado Julián De Zubiria le escribió. Justamente lo hizo por intermedio de la Revista Semana, una publicación de la que sueño ser parte algún día.

¿Qué tal esa carta presidente, ya la leyó? ¿Qué opina de la postura de Julián? A mi se me hace que es muy estatista, creo que no obstante su vasta experiencia, es un pedagogo atrapado en esa dicotomía entre la educación pública y la educación privada. No creo que la esencia del debate actual sea cual de los dos sistemas privilegiar. Creo que es necesario ir más allá y atrevernos a migrar de un Estado docente a una sociedad educadora.

Yo estoy convencido presidente Duque, que lo mejor que puede hacer el Estado es entregarle el control y administración de la Educación a la Sociedad Civil. En otras palabras, de cara al siglo XXI, la educación es un asunto de la Sociedad no del Estado.

Presidente, ya hay muchos argumentos que sustentan esta propuesta. Un pedagogo llamado Alejandro Álvarez Gallego escribió un artículo académico muy profundo que le recomiendo. Se llama ese artículo precisamente asi: “Del Estado Docente a la Sociedad Educadora ¿Un cambio de época?”

Sin duda alguna estamos viviendo un cambio de época, yo se que usted es consciente de esta innegable realidad. Estamos en una nueva época en la que se hace urgente actualizar el obsoleto sistema educativo. Y esa tarea le corresponde es a la Sociedad no al Estado. Parece increíble, pero hoy por hoy el Estado es el principal obstáculo para nuestro desarrollo como sociedad.

Presidente, conozco un pedagogo que tiene muy claro el camino casualmente es el hermano mayor de Julian. Él está convencido que la solución estructural a este problema estructural; (en el que el tema presupuestal es apenas una de las aristas) pasa por una audaz decisión política y social: LA LIBERTAD EDUCATIVA.

Hace 200 años, hombres y mujeres valientes lucharon por nuestra libertad. Nosotros somos la generación de LA LIBERTAD EDUCATIVA.

Miguel De Zubiria es un pedagogo visionario, en un potente libro suyo llamado “El genial capitalismo”, muestra con lucidez está idea de la Libertad Educativa. Se lo recomiendo Presidente.
¿Es posible que los profesores estatales dejen de ser empleados del Estado y se conviertan en dueños de los colegios?

¿Es posible que el Estado le entregue directamente los recursos a las familias para que ellos elijan donde ingresar a sus hijos?

¿Es posible convertir la educación superior en una política pública y gestionar los recursos para apoyar a todo aquel que quiera estudiar?

Estimado presidente, usted puede pesar a la historia como el artífice de la mayor transformación política y social del país. Lidere la Libertad Educativa y lleve este país al futuro.

Si es es cierto eso de que “el futuro es de todos” y que la equidad es el principio que guía su gobierno, prestele atención a la educación, este esta es la mejor herramienta para construir una sociedad equitativa.

Sus hijos ya tienen asegurada una educación de élite, ¿por qué no darle una educación de élite a todos los hijos e hijas de los colombianos?

Sólo con una educación de élite puede hacerse realidad eso de lo que usted tanto habla en la “Economía Naranja” y convertir a Colombia en una sociedad altamente educada.

Cordial saludo presidente, ojalá lea esta carta y que la vida me de la oportunidad de conversar personalmente con usted.

Tengalo presente:

LIBERTAD EDUCATIVA.

Escuche también al gran Rodolfo Llinas:

“Hay que cambiar el sistema educativo, ya!!!”

Atentamente,

Ândrez Paz

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HAY QUE APRETARLE EL CINTURÓN AL ESTADO NO A LOS CIUDADANOS

Los colombianos tenemos un Estado que padece dos costosas enfermedades terminales: corrupción y burocracia.

La corrupción es un cáncer que nos roba 50 billones de pesos al año. ¿Cuánto nos cuesta el cáncer de la burocracia?

Ahora nos hablan de una “Ley de Financiamiento” y nos pretenden vender el cuento de que la estabilidad económica del país depende de dicha ley. ¿Será?

Digamos la verdad: los impuestos en este país son utilizados para mantener el cáncer, es decir, la corrupción y la burocracia.

El miedo que nos meten es que si no pagamos mas impuestos no es posible financiar los programas sociales. ¿Cuanta corrupción y burocracia hay en estos programas?

Se supone que el Estado es un ente que está al servicio de la Sociedad, pero en Colombia ocurre al contrario: los colombianos trabajamos para mantener al Estado, un Estado corrupto y burocrático dirigido por una clase política perversa, delincuente y criminal.

¿O acaso no es un crimen ponerle más impuestos a la canasta familiar?

¿Debería la comida tener impuestos?

En un país en el que los pobres reciben educación de pobres, resulta absolutamente indignante que se le pida a los ciudadanos del común apretarse el cinturón.

En un país donde la educación de calidad no es un derecho sino un privilegio, resulta aberrante que se impongan más impuestos para financiar un Estado corrupto y burocrático.

Y con el cinismo propio de la mayoría de los políticos, dice Iván Duque que “Si todos ponemos, Colombia gana”

¿Qué pone la clase política?

¿Estarán dispuestos a renunciar a sus descarados privilegios?

¿Cuánto nos cuesta a los colombianos mantener a los políticos y su clientela?

Más que impuestos, lo que necesitamos es más conciencia de la ineficacia del Estado para resolver los problemas sociales, de hecho, el principal problema que tenemos los colombianos es éste Estado corrupto y burocrático.

¿Qué opinas tú?

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CONOCE EL MUNDO Y TE CONOCERÁS A TI MISMO


Esta portada de Semana me hizo recordar unas palabras de José Antonio Marina. Las encontré en uno de sus mejores libros: EL APRENDIZAJE DE LA SABIDURÍA. Dice este encantador filósofo que “en un mundo amenazador, mísero, humillante, sometido a la ley de la selva, no se puede ser feliz.”

Hace unos días me encontré en el Camino con un colega de la Universidad. Recién había terminado una sesión de trabajo psicológico y tuve la dicha de cruzarme con Wilson Pasachoa. Un ser brillante, “con gracia” como diría él.

Dicen por ahí que la admiración es el camino del aprendizaje, pues bien, admiro mucho a las personas como Wilson. Tengo noticia de su existencia desde hace más de 10 años. Desde nuestros tiempos como estudiantes de la Católica.

Esta portada de Semana me hizo recordar una idea que aquel día me compartió Wilson: LA MICROPOLITICA.

Es un placer escuchar a Wilson, habla con claridad, fluidez, pasión y convicción. Ese día me ayudó a comprender que hay una Macropolitica, reflejada por ejemplo en esta portada de Semana, e igualmente, hay una Micropolitica, esa lucha por el poder que se da al interior de cada uno de nosotros.

Observar esta portada de Semana me lleva a preguntarme: ¿Puede la Macropolitica darnos información acerca de la Micropolitica? ¿Pueden estos hechos mundiales darnos información sobre nosotros?

La Revista Semana plantea que el mundo esta medio loco porque un fascista llegó al poder en Brasil, Obama y Clinton fueron atacados, un gobierno descuartizó a un periodista y los migrantes viajan en masa por el mundo.

Si uno observa estos hechos y los vuelca sobre si mismo, ¿qué encontrará? ¿Qué pasa cuando un individuo esta medio loco?

Creo que lo que pasa a nivel mundial, puede ser de utilidad para observar lo que pasa a nivel personal, familiar y comunitario.

La locura de un líder político puede llevar al derrumbamiento de una sociedad.

Un líder político loco puede crear con la ayuda de sus aulicos, ese mundo amenazador, mísero, humillante, sometido a la ley de la selva, en el que no se pueda ser feliz como dice José Antonio Marina.

Celebro haber plasmado estas palabras, con ellas retomo una meta que tenía en el tintero. Hacer columnas de opinión inspiradas en la portada de la Revista Semana. La meta es completar 52 y convertirlas en un libro.

Cada uno de nosotros crea su propio mundo. Yo plasmo estas palabras porque creo que con ellas estoy creando el mío.

Esto me hace muy feliz, experimento lo que la psicología afectiva llama Felicidad Intelectual y de paso me ayuda a hacerme más consciente de una parte de lo que elegí ser: un Storyteller; un escritor a partir de sus propias vivencias y un divulgador de lo que enseñan las ciencias…

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