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LLEGUÉ A LOS 32 AÑOS Y DESCUBRÍ LA LABOR DE MI VIDA: LA FORMACIÓN AFECTIVA (Parte 1)

Mis 32 con mi amada

La Vida no es lo que uno va a vivir sino lo que ha vivido y está viviendo. Por eso, el mejor regalo de cumpleaños que he tenido en mis 32 años de existencia es el regalo de la Formación Afectiva que me ha dado la Vida.

Antes de encontrar a mi esposa Luz Adriana -con quien gestamos y le hemos dado vida cultural al Oficio de la Formación Afectiva– no imaginaba que llegaría a esta edad siendo lo que hoy soy: un esposo, un padre y un Formador Afectivo.Máxime cuando el rumbo que traía el barco de mi vida no tenía como destino lo que hoy para mi es una bella realidad vital.

Orianna y Dante

En ese ya lejano año 2006, a mis 25 años era como un barco a la deriva. Aunque lo sentía, todavía no me planteaba con tanta determinación el asunto de la Autonomía. Era dependiente. Estaba anclado a un estilo de vida en el que no veía con claridad la posibilidad de tener una esposa, mucho menos unos hijos, y ni que decir de ganarme la vida con un Oficio que además me permite ser mejor ser humano cada día.

Una de las habilidades que cultiva y enseña un Formador Afectivo es el Autoconocimiento. Dicha habilidad es fundamental para uno explicarse y comprehender su propia vida. Esta bitácora es justamente un ejercicio de reflexión vital que tiene como propósito seguir ahondando en el conocimiento de mi mismo.

Desde la Formación Afectiva, sostenemos que la Vida es como una obra de teatro con ocho escenarios diferentes aunque estrechamente conectados entre sí. En esta bitácora te mostrare los primeros cuatro escenarios y si quedas con ganas de mas, te invito a que leas la segunda parte.

El primero de esos escenarios es el Sí Mismo. Parafraseando a Facundo Cabral, la Vida nos hizo cargo de un ser humano: nosotros mismos!!!!. ¿Pero dónde nos enseñan a lidiar con nosotros mismos? No conozco ese lugar. Ni tampoco ninguna profesión que se dedique a eso de forma específica. Por eso le hemos dado vida al oficio de la Formación Afectiva, para guiar nuestra propia existencia y compartir nuestras experiencias con aquellos que quieran tomar el timón de sus vidas. Antes de encontrarme con la Formación Afectiva no tenía ni idea de cómo podía lograrse esto, hoy, a mis 32 años el panorama está despejado para seguir aprehendiendo y compartiendo.

El segundo escenario es la Familia. Los Formadores Afectivos distinguimos entre Familia de Origen y la Neofamilia. La Familia de Origen puede jugar dos papeles en la vida de uno: puede ser un valioso apoyo o una pesada carga. Es sumamente importante reconocer esta realidad, de ello depende que uno siga adelante con su viaje existencial y progrese o se quede estancado y frustrado.

Por experiencia propia y por lo observado en las vidas de las personas con las que hemos trabajado, puedo decir que reconocer el papel que juega la Familia de Origen en la vida de uno es sumamente difícil. La razón estriba en que hacerlo tiene implicaciones afectivas que al principio duelen, pero que con el tiempo resultan saludables afectivamente hablando. En este reconocimiento se interpone un mecanismo psicológico que hace las veces de calmante temporal pero a su vez nos aleja de tomar las decisiones que debemos tomar: el autoengaño.

Al respecto, la Psicología Evolucionista, en la voz cantante de Steven Pinker[1], nos cuenta como Robert Trivers llevando su teoría de las emociones a su conclusión lógica, señala que en un mundo habitado por detectores de mentiras vivientes, la mejor estrategia es creerse las propias mentiras. Uno no puede fugarse de sus intenciones ocultas si no piensa que son las suyas propias. En conformidad a su teoría del autoengaño, cuanto mejor se oculta la verdad respecto de si mismo, mejor la oculta a los demás.

Pero como bien lo señala Pinker, la verdad es útil, por tanto debe quedar consignada en el algún lugar de la mente.[2] Y si esto es así, en algún momento puede salir a flote y nos veremos entonces ante dos opciones: o la reprimimos y nos seguimos autoengañando o la aceptamos (aunque nos duela) y actuamos en consecuencia.

Yo decidí aceptar la verdad y aunque me ha dolido, también me he sentido más libre y por lo tanto más autónomo.  En mi caso, mi Familia de Origen en lugar de ser un valioso apoyo, ha resultado ser una pesada carga. Esta realidad nos enfrenta a tomar decisiones: o aceptas esa carga y sufres con ella; o tomas distancia y te dedicas a construir tu vida.  Yo opté por el segundo camino y eso me ayudó a valorar el regalo de mi Neofamilia.

Mi Neofamilia

Mi Neofamilia es una tribu conformada por nueve personas. Nuestros Tutores Vitales: Silvino e Imelda. Mis cuñadas: Marleny y Patito. Mis sobrinos políticos (hijos de Marleny) Damian y Sander. Y por supuesto, mi esposa Luz Adriana y nuestros dos hijos: Orianna y Dante.

Uno no elige su Familia de Origen, pero si puede elegir su Neofamilia. El problema es que cuando tu Familia de Origen ha sido una pesada carga, se corre un alto riesgo de que la Neofamilia continúe con esa misma lógica. Por eso es tan importante tomar Conciencia Familiar; para comprehender de qué tipo de familia vengo. De eso depende que continúe con un círculo virtuoso o rompa con un círculo vicioso.

Yo tuve que romper con un círculo vicioso de violencia intrafamiliar. Y de no ser por la profunda sabiduría de mí esposa y las enseñanzas emanadas de la Formación Afectiva, no habría sabido como tomar distancia. Me habría seguido dominando un segundo mecanismo psicológico que se suma al del autoengaño: me refiero a la punzante Culpa.

El tercer escenario de esta obra de teatro llamada Vida es la relación de pareja. Antes de la llegada de Luz Adriana a mi obra existencial, mi vida en ese escenario tenía una constante; mis relaciones de pareja tenían como propósito llenar esos vacios afectivos, suplir esas carencias afectivas que me habían quedado como consecuencia de haber tenido una crianza indiferente, sin tutores afectivos que me preparan para vivir la vida.

Formalmente tuve pocas novias, pero informalmente tuve varios romances. En aquella época no cabía en mi mente la idea de la fidelidad, no veía como podía ser posible. De hecho, de no ser por Luz Adriana y la Formación Afectiva, muy seguramente me habría unido al club de los “coleccionistas de polvos fugaces”. Aquí me acuerdo de un par de compañeros de universidad. Alguna vez conversando sobre nuestras peripecias sexuales, salió a colación el cuento de la cantidad. Uno de ellos en ese entonces ya sumaba 90 mujeres que habían pasado por su lecho. En esa época me daba envidia, hoy me da lástima. Se dedicó a coleccionar polvos y renunció al compromiso. No obstante la oportunidad que le dio la vida con sus dos hijos concebidos en su temprana juventud.

El cuarto escenario es el trabajo. Y aquí entra nuevamente mi Familia de Origen. El tipo de familia tan caótico del que provengo me llevó afrontar una dura realidad desde los 10 años de edad. Si quería sobrevivir debía trabajar. En mi memoria emocional están los recuerdos de un niño que vendía sahumerio en Pereira durante la semana santa. También de un niño que en su afán de buscar recursos y ante la indiferencia de sus padres, hizo parte de una cadena de distribución de sustancias psicoactivas. Buscando evadir esa realidad, ese niño migró de ciudad y en Cali incursionó en el mundo de la venta de dulces y cigarrillos. Me acuerdo como si fuera ayer de ese primer puestico que monté al frente de la Droguería del “tío rico” de la familia Becerra. También me acuerdo de las intensas jornadas en la Ermita vendiendo paquetes de chitos de los grandes y galletas waffer. Esa fue mi realidad. Hoy me pregunto: ¿Por qué no me paso nada? ¿Por qué nunca pasé un gran susto? ¿Por qué nunca fui víctima de algún abuso? ¿Por qué nunca me violentaron? Reflexiono y llego a la conclusión que estaba más seguro en la calle que en la casa. Que paradoja.

Desde entonces no he parado de trabajar. Después del inevitable internado seguí trabajando. Pero esta vez más formalmente y de la mano de quien considero uno de mis padres psicológicos: el padre Arnoldo Acosta. Un Religioso Terciario Capuchino que la vida puso en mi camino para seguir construyendo este proyecto de vida que hoy se hizo materia con la Formación Afectiva.

Mi vida laboral con los Terciarios empezó como mensajero en la OPAN. Después fui “ascendido” a vigilante -gracias a lo cual me di el lujo de estudiar de día y “trabajar” de noche- y después pude ejercer como psicólogo en el ahora extinto Colegio Seminario Espíritu Santo (COLSES).

Sea esta la oportunidad para reconocerlo públicamente: el apoyo de los Terciarios Capuchinos resultó vital en mi proyecto de vida. Sobre todo, el afecto de mí querido padre Arnoldo. Este hombre ha estado presente en mi vida desde los 13 años de edad y todavía siento su presencia. Gracias a él pude ingresar a la Universidad y gracias a él pude asegurarle la pensión de vejez a mi padre biológico. También gracias a él, pude tener los dos únicos empleos en los que me desempeñé como psicólogo y también gracias a él, hemos tenido varios casos como Formadores Afectivos. De modo que sigue ahí, y seguirá estándolo porque mi gratitud hacia él me acompañará hasta el fin de sus días o de los míos. Con los Terciarios Capuchinos solo me queda un sueño pendiente. Anhelo el día en que pueda retribuir de alguna manera todo lo que hicieron por mí, ser un testimonio vivo de la obra amigoniana.

De manera que con respecto al trabajo también hay un antes y un después. Conocer a Luz Adriana y ser adoptado por su tribu familiar, -que ahora también es la mía- fue determinante para construir mi evolución de la dependencia a la Autonomía. Como ambos lo sabemos, la Formación Afectiva no sería posible de no haber contado con el generoso apoyo de toda la tribu. Sin ellos, esta historia no habría sido una hermosa realidad.

Esta historia continua en la segunda parte…

Aqui.


[1] Steven Pinker “Cómo funciona la mente” Ediciones Destino, enero de 2001.

[2] Ibid pag 540

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MI PADRE ME BUSCÓ

MI PADRE ME BUSCÓ

“Su forma de abordar los problemas influye en cómo abordaran otros los suyos. Abórdelos sabiamente y no sólo los resolverá, sino que dará así mismo un buen ejemplo que otros podrán seguir. Abórdelos neciamente y no sólo los exacerbará, sino que provocará asimismo una reacción en cadena que agravará las cosas para otras personas”

LOU MARINOFF[1]

 

El día que en Colombia se celebraron 202 años de aparente independencia, mi padre me buscó. Era un viernes soleado, apenas eran las 8 de la mañana cuando mi padre tocó a la puerta de la casa donde vivo con mi Neofamilia. En casa solo estábamos mi esposa, los niños y patito. Los jefes de la tribu estaban en una convención familiar que les recargó de energía luego de haberse reunido con todos los Tirado, gracias a una titánica labor del sacerdote de esta cohesionada Tribu Familiar.

Muchos días llevábamos sin vernos con mi padre. Dado sus comportamientos autodestructivos opté por tomar distancia en lugar de confrontarlo y cuestionarlo. Pasé varios dias pensando la manera en que debía interactuar con él, tenia claro que no podía ser indiferente, tampoco permisivo, ni mucho menos agresivo; de modo que opté por actuar formativamente.

Asumir una postura formativa con nuestros Vínculos Afectivos significa utilizar Herramientas Afectivas que favorecen el dialogo entre las personas. Como Formador Afectivo me siento éticamente conminado a poner en práctica lo que predico. Por tal motivo, para tender un lazo de dialogo con mi apreciado padre, decidí utilizar la EMPATIA: ponerme en su lugar, tratar de comprender sus comportamientos, sentir sus afectos, analizar el porque y para qué de sus acciones, indagar por las razones. Revisar en su historia de vida. Esa Lectura Afectiva que hice de mi padre me dio muchas respuestas que me permitieron ser más compasivo con él. Y de ahí surgió entonces la segunda Herramienta Afectiva: la ASERTIVIDAD.

Por el conocimiento que tengo de mi padre sabia que no podía buscarlo, debía expresarle mi malestar de una forma diferente. Así que elegí escribirle una carta. De forma muy respetuosa le manifesté lo que estaba sintiendo y pensando. Y lo hice públicamente para que sirviera como un ejercicio formativo. Todos sabemos que en muchas familias las relaciones entre padres e hijos son muy difíciles y se hace necesario modelos de acción que muestren formas adecuadas de resolver conflictos. Al fin de cuentas, se trata de un Vinculo Afectivo que nos marca, para bien o para mal.

Mi padre todavía no es un hombre de internet. De modo que le pedí el favor a mis hermanas que imprimieran la carta y se la hicieran llegar. Según me cuenta una de ellas, no la quiso leer. Pero ella se la leyó. Y al parecer tuvo efecto porque se animó a visitarme el día en que celebramos la “independencia” de este país.

Cual fue mi sorpresa y alegría cuando mi cuñada me aviso que mi padre había llegado. Sentí que la carta había surtido efecto. Tuve una oportunidad grandiosa de hacerle ver lo importante que es para la armonía de la familia el hecho de que asuma un Liderazgo Formativo. Que nos de ejemplo. Siempre he pensado que mi padre es un guerrero, y ahora está enfrentado al desafío mas grande de su vida: gobernarse a si mismo y mantener el barco familiar a flote.

El mensaje que le deje a mi padre se resume en una sola palabra: Tranquilidad. “Tienes que ser fuente de tranquilidad mi querido padre”. Ese es el aporte más nutritivo y poderoso para la familia. Ojalá haya calado ese mensaje en el corazón de mi padre. Todavía sigo soñando –como se lo dije a él- que llegue el día en que podamos hacer un tour visitando todos esos lugares que hacen parte de su historia y que por ende también es parte de la mía. Lugares que habitó desde sus tiempos de militar, sitios en los que vivió cuando fue policía, historias y más historias son las que tiene mi padre para contar. Además le gusta, porque es un gran conversador. Este es el padre que me ilusiona, al que le encanta la fotografía, el que colecciona recuerdos, el que se apasiona hablando de política, el que me transmitió la pasión por la lectura. El imbatible jugador de parques, el hábil jugador de cartas. El amante del tango y los boleros.

Este también es mi padre y espero que esta nueva etapa sea más fructífera para los dos. Le seguiré escribiendo y lo seguiré cultivando. Su felicidad es la mía. Es un Vinculo Afectivo muy importante para mí.


[1] LOU MARINOFF “EL ABC DE LA FELICIDAD: BUDA, ARISTOTELES Y CONFUCIO” EDICIONES B. 2007

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CARTA A LOS BECERRA

CARTA A LOS BECERRA

Cuando nuestros abuelos se casaron, por allá en 1937, Colombia era un país mayoritariamente rural. Apia pertenecía al gran viejo Caldas y la iglesia católica estaba presente en la vida y obra de todos los parroquianos de estas tierras. El abuelo Arturo tenia 27 años y la abuela Tulia tiernos 20 añitos. Al casarse, el libreto estaba claro: Trabajarían la tierra, criarían a su numerosa familia y vivirían juntos hasta que la muerte los separara. Nuestros abuelos cumplieron con su destino. Labraron el campo, tuvieron 9 hijos y solo la muerte los separó el 24 de junio de 1992, día en que partió el abuelo a sus 82 años de vida. La abuela le sobrevivió 15 años más y murió el 21 de diciembre de 2007, días después de haber cumplido 90 años.

Arturo y Tulia murieron en la misma casa. Una humilde vivienda de dos pisos ubicada en un barrio popular de Pereira. En Villa santana vivieron sus últimos años quienes habrían de dejar una prolífica descendencia.

Hasta donde me alcanzan las cuentas fueron 9 hijos (Arturito, Olga, Oscar, Ofelia, Chila, Gonzalo, Javier, Jorge e Inés). 17 nietos (Patricia, Humberto, Francisco, Oscar Darío, Walter León, Rodolfo Arturo, “María Elena”, Víctor, Sandra, Paola, Cristian, Ronald, Jorge Enrique, Gloria María, yo, Viviana y Gloria). “25 bisnietos” (Alejandro, Felipe, Viviana, Katherine, “Shabit”, “Juan Pablo”, Brianna, los dos de Sandra, los dos de Paola, los dos de Cristian, los dos de Gloria, Orianna, Dante, Dylan, Felipe, María Fernanda, Juan David, Gabriel y Juliana). No se cuantos hijos tiene Oscar Darío, ni cuantos hijos Walter León, ni cuantos Rodolfo Arturo. Lo último que supe fue que Francisco tenía dos. Es decir que fácilmente podemos estar llegando a los “35 bisnietos”. Inclusive, ya vamos en 3 tataranietos: Alejandro tiene dos hijos y Felipe uno.

75 años después de que se dio esa unión entre Arturo y Tulia, mal contados fuimos 64 sus herederos!!!!. De los cuales solo dos ya no están físicamente con nosotros: Arturito y Cristian. Quiere esto decir que en términos generales, esta ha sido una Tribu Familiar que no ha sido visitada por la tragedia. Sin embargo, también es cierto que somos un grupo familiar que no se ha caracterizado precisamente por la unión y la cohesión. No hemos podido sacar provecho de la fuerza de ese número, no hemos construido una identidad, no hemos sabido conservar el legado, de hecho, esta carta que hoy escribo para todos mis consanguíneos es para dejar una evidencia de un acontecimiento que marca la ruptura de la primera generación de descendientes: la venta de la casa donde murieron los abuelos.

No soy dado a creer en la vida más allá de la muerte, pero de lo que si estoy seguro es que en esa casa aun circula por todos sus rincones la energía de los abuelos. El vigor de Arturo y la alegría de Tulia. Por eso me duele que sus 8 hijos no hayan sido capaces de conservar ese legado. Y más me duele todavía que ninguno de los 17 nietos hubiésemos podido hacer algo para evitar lo que se hizo inevitable.

Esa casa es muy simbólica, si sus paredes hablaran contaría miles de historias. Tengo la imagen de mi abuela Tulia asomada en la ventana. De mi abuelo Arturo bajando por las escaleras, con su sombrero blanco y su altura imponente. Recuerdo que en los primeros años de vivir en esa casa, el abuelo Arturo criaba marranos, se sentía el olor a finca, quizá como una forma nostálgica de seguir en contacto con el campo.

Escribo estas líneas para dejar un recuerdo en mi mente de esa casa. Puedo hacer un recorrido mental. ¿Se acuerdan de esa casa? Todos los nietos tuvimos algo que ver con ella. Con ese frio y oscuro primer piso. La sala, luego un cuarto, al lado un baño, después un pequeño corredor, al lado otro cuarto, después una cocina y de ahí al patio. La abuela nunca vivió ahí, le gustaba mas el segundo piso.

Recuerdo las ruidosas escaleras de madera para subir al segundo piso. Se encharcan mis ojos de solo recordarlo. Uno subía y se encontraba de frente con un baño, después con una sala que en muchas ocasiones servía de habitación, a su lado el cuarto que daba a la calle, con una ventana corrediza. Ese cuarto tenía un baño. En el segundo piso también había una sala grande, otro baño y la cocina, acompañada de un pequeño lavadero. Recuerdo que había una ventana que servía para entrar en contacto con el patio del piso. También era un lugar desde donde la abuela conversaba con sus vecinas.

¿Por qué me duele que se venda esta casa? Más allá de las consideraciones nostálgicas, lo que me entristece es que en lugar de representar un punto de encuentro, después de la muerte de la abuela se convirtió en un campo de batalla. En una fuente de discordia. Para mí, que estoy metido en esto de estudiar la Vida, significa la dolorosa constatación de una realidad, que muchas veces como familia se maquilla: somos una Tribu Familiar Indiferente. Y la mayoría de esos 64 herederos estamos impregnados de esa dinámica. Con frías relaciones entre padres e hijos. Casi inexistentes lazos de comunicación entre primos. Poco contacto entre sobrinos y tíos. Todos echados a nuestra suerte. Privados de las bondades de vivir y convivir con una Tribu Familiar cohesionada. Donde hay apoyo afectivo, físico, económico, social. En las Tribus Familiares Indiferentes estos beneficios brillan por su ausencia.

Cinco grandes reuniones han tenido la Tribu de los BECERRA. La primera fue la celebración de las bodas de oro de los abuelos en 1987. Por ahí circula una foto donde estamos los primos pequeños. La segunda fue con la muerte del abuelo Arturo en 1992, la tercera fue cuando al abuelo le sacaron los restos en 1996. La cuarta fue con la muerte de la abuela Tulia en el 2007. Y la quinta fue para la sacada de los restos de la abuela en enero de 2012. ¿Cuando será  la próximo reunión? ¿Con la muerte de alguno de los tíos? ¿Cuándo tendremos noticias de la tribu? ¿Acaso será cuando la tragedia nos visite?  La vida ya nos dio un aviso con la perdida temprana de Cristian. Y ahora nos pone en nuestro camino otra señal: la venta de la casa de los abuelos.

Los japoneses enseñan que los cambios producen crisis y las crisis generan cambios. ¿No será esta crisis familiar una oportunidad para que se produzca un cambio en nuestra dinámica familiar? ¿No será esta una valiosa circunstancia que nos pueda llevar a pasar de ser una Tribu Familiar Indiferente a una Tribu Familiar Formativa?

Los abuelos que cohesionaban la tribu ya no están. La casa que representaba la presencia espiritual de los abuelos ya no está. ¿Qué queda entonces? ¿Vamos a privarnos de la alegría de compartimos? ¿Del placer de saber de la familia? ¿De conversar? ¿De luchar conjuntamente? ¿De progresar?

¿Somos 64 miembros y no vamos a ser capaces de construir un legado para nuestros descendientes? ¿Vamos a pasar por este mundo sin dejar huella? ¿Vamos a privar a nuestros hijos de vivir una vida que valga la pena vivirla?

Esta carta es un llamado para los miembros de mi Tribu, para todos los BECERRA. Para esos que llevamos en la sangre la herencia de Arturo y Tulia. Hey familia, nos llegó la hora de empezar a construir una relación. De tener una nueva razón para estar cerca, a falta de los abuelos, ahora la causa tiene que ser el desarrollo de todos.

Pienso por ejemplo en lo que pueden ser nuestros objetivos:

  1. La vejez digna de los hijos de Arturo y Tulia.

Entiendo por dignidad el hecho de estar pendientes de ellos. Llamarlos, prestarles ayuda en la medida de lo posible. Alimentarlos afectivamente. Recopilar sus historias. Aprender las lecciones de sus propias vidas.

  1. El Bien-estar de los nietos de Arturo y Tulia.

Entiendo por bien-estar el hecho de favorecer en esta segunda generación el aprendizaje del arte de Vivir, Convivir y Supervivir. Además de estar pendiente de los primos, compartirles conocimientos que les pueda ser de utilidad, que les sirva para llevar una mejor vida, unas mejores relaciones de pareja, y unas solidas herramientas para la crianza de sus hijos.

  1. Un mejor Futuro para los bisnietos de Arturo y Tulia.

El futuro de nuestros hijos está en nuestras manos. Si mejoramos como personas y nos ayudamos los unos a los otros, ellos van a crecer con buenos ejemplos, seremos modelos para nuestros hijos.

Primos, ya somos adultos. ¿Qué vamos a hacer con nuestra adultez? ¿La vamos a gastar solo sobreviviendo? ¿O vamos a luchar para que en esta generación cohesionemos la familia?

Yo estoy convencido que podemos transformar esta Familia. Que podemos construir un legado. Como miembro de la Tribu, y como Formador Afectivo esta es mi contribución.

Un abrazo para todos,

Andrés.

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BITACORAS VITALES (#1) LA FAMILIA DE ORIGEN

BITACORAS VITALES (#1) LA FAMILIA DE ORIGEN

Estoy absolutamente convencido que soy el único miembro de mis dos Familias de Origen –Granada y Becerra- que está inmerso en un intenso proceso de aprendizaje para Comprehender cómo se puede llegar a ser Talentoso en el duro arte de Vivir, Convivir y Supervivir. Los demás, según me he ido enterando; han enfrentado, están enfrentando y enfrentaran serios problemas existenciales por carecer de las Habilidades Afectivas necesarias para gobernar su vida. Hecho que puede desencadenar en dolorosos Malestares Afectivos. De esos que suelen tratar los psicólogos, escuchar los sacerdotes y pastores, “solucionar” los brujos y los chamanes y Orientar los Formadores Afectivos.

Este ejercicio biográfico es una Estrategia Formativa para compartir con la COMUNIDAD FORMATIVA EL TALLER. De la cual algún día espero les llegue noticia a todos mis tíos: Gonzalo, Javier, Oscar, Jorge, Chila, Ofelia y Olga por los lados de mi madre-. Y Anzizar, Nelson, Ibelice y Mery –por los lados de mi padre-.

Pero también me gustaría que mis primos se enteraran de la existencia de esta Comunidad. Me haría muy feliz tener un vínculo afectivo más cercano con el hijo de Gonzalo –Víctor-. Las hijas de Javier –Sandra y Paola-, su hijo Ronald. Los hijos de Oscar –Oscar Darío, Walter y Rodolfo Arturo-. La  hija de Jorge –Gloria Maria- y su hijo Jorge Enrique. La hija de Ofelia –María Elena-. La hija de Olga –Patricia- y sus hijos Humberto y Francisco. Las hijas de Ibelice –Patricia, Yuliana, Zenaida- y su hijo –Germán-. Las hijas de Mery – María Elena, Nora, Mary- y sus hijos Fernando, Rubiel, Carlos y Mauricio.

También me gustaría llegar a los hijos de mis primos. Tener noticia de ellos. En mi mente tengo la imagen por ejemplo de la hija de María Elena –Shabitt-. Los hijos de Patricia R. –Alejandro y Felipe-. Las hijas de Fernando –Francia e Isabel-. La hija de Patricia G. –Juliana-. El hijo de Yuliana –Santiago-.

Ahora caigo en cuenta que lo que estoy haciendo es trazando un mapa de mis orígenes familiares. De los descendientes de Tulia y Arturo por los lados de los Becerra, y de los descendientes de Beyva y Lisandro, por los lados de los Granada. En otro articulo escribía que conocer la familia de origen es conocerse a si mismo. Este ejercicio contribuye con un propósito existencial: Comprehender el Pasado. Es sumamente importante hacerlo. Por nuestras venas no solamente corre sangre en común, también hay rasgos de personalidad, hay unos temperamentos comunes. Y eso es lo que estoy empeñado en conocer.

Si mi trabajo como Formador Afectivo tiene alcance, muy feliz me haría que le pudiera llegar a esta dispersa Tribu Familiar. En ambas familias ocurrió el mismo fenómeno: mientras los abuelos vivían, existían algo de cohesión, luego de su muerte, las ramas se dispersaron. Me encantaría tejer esos vínculos, conectarlos. Quizá ese es el propósito de este artículo, dar el primer paso hacia la Conexión Afectiva a esa nutritiva fuente de Alimento Afectivo que indudablemente es la Familia, ahí están los vínculos primarios. 

Una de las experiencias vitales que me llevaron a convertirme en Formador Afectivo es la desconexión afectiva familiar. Pensaría que de todas las variables, fue la más determinante. Probablemente gran parte de mi relato vital gire alrededor de ese hecho. Y estas letras que hoy plasmo son una prueba más.

Hay dos afectos positivos que quiero sembrar en mi Familia de Origen. La Alegría y el Orgullo. La Alegría por ejemplo, es una emoción que está presente en el ámbito familiar cuando uno tiene noticia de un miembro de la Tribu que no ve hace años y más aún cuando tiene la oportunidad de compartirse con él.  El Orgullo es una emoción que se experimenta cuando uno se entera de una buena acción de alguno de los miembros de la familia. Cuando uno constata que está teniendo un notable desempeño en su vida. Que sobresale. Que es Talentoso. Que es muy útil para si mismo y para su entorno.

Bueno Familia, esta es mi contribución a la Causa de la Cohesión Familiar. Hoy tengo 31 años y espero que para cuando llegue a los 40 me haya podido reunir con todos los miembros de esta numerosa Tribu. Si se me quedó alguno por fuera, por favor ayúdenme a construir este mapa. Estoy seguro que será de mucha utilidad para las nuevas generaciones que deben comprender de donde vienen y con ello tener más claro hacia dónde van, ya sea para corregir o para continuar creciendo.

Un abrazo para todos, y espero que me alegren la vida haciéndome saber de la suya.

Ah lo olvidaba, gracias a la FORMACIÓN AFECTIVA he retomado el vínculo con el primo Víctor. Le he escrito dos cartas que dan fe de ello. Las puedes leer en este blog.