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LOS RETOS

 

 

Acabo de escuchar unas palabras que han actuado como detonante para lanzarme a darle vida a esta columna de opinión sociopolítica: “El que quiere permanecer en la historia debe escribir.” Yo quiero hacer una historia personal, poder aprender de mí mismo a partir de la reflexión sobre lo que escribo. Estoy plenamente convencido que cultivar la palabra le permite a uno conocerse, pero también diseñarse y construirse.

Eduardo Galeano decía que no estamos hechos de átomos sino de historias. Y las historias están hechas de palabras, somos palabras encarnadas. Esta semana una palabra me tuvo pensando: LOS RETOS.

Me fui a buscar al sabio diccionario y me encontré con que un reto es un objetivo o empeño difícil de llevar a cabo, y que constituye por ello un estímulo y un desafío para quien lo afronta.

¿Cuáles son los retos de Duque?

Creo que el principal de ellos será gobernar con independencia del expresidente Uribe. Empeño bastante difícil, pareciera que se mueve entre dos posibilidades: o la sumisión al jefe, a quien el mismo Duque llama el “presidente eterno”, o el sensato distanciamiento político de su mentor para ser leal a sí mismo y dejar su propio legado, tal y como bien lo hizo Juan Manuel Santos quien tuvo la valentía de creer en la paz y jugársela por ella a pesar de la retrechera oposición de Uribe y su legión de egos combatientes.

Estoy observando el diccionario y me causa curiosidad la conexión que hay entre la palabra “reto” y otras vecinas suyas:

RETOcar.

RETOmar.

Una acepción de Retocar es:

“perfeccionar el maquillaje de alguien”.

Leo esta definición, observo el rostro de Iván Duque y me pregunto:

¿Será una mirada autentica?

¿Será un político transparente?

¿No será un producto del marketing político?

¿No será un mero maquillaje político?

Mas diciente me resulta la definición de Retomar:

“volver a tomar, reanudar algo que se había interrumpido”.

¿Vuelve Uribe al poder ejecutivo por intermedio de Duque?

¿Vuelve el cuento de la seguridad democrática?

A pesar de mis dudas, prefiero ser optimista y creer que Iván Duque será él mismo. No un simple títere, sino un presidente en ejercicio, con vocación de centro, capaz de darle la espalda a toda esa legión de corrupción, fanatismo y mafia que está pegada a su imagen.

Ese es el principal reto de Iván Duque ser Iván Duque.

Y quizá este es el principal reto de cada uno de nosotros, ser nosotros mismos, ser lo que elegimos ser.

Mi principal reto por ejemplo es vivir a plenitud la personalidad que elegí.

Aportarle decididamente a mi núcleo familiar, conectarme con toda mi tribu familiar, ser un constructor de paz, un cultivador de la palabra y de vínculos; quiero vivir de las palabras, haciendo libros y conferencias, desarrollarme como Storyteller. Responder activamente al llamado de la Pedagogía Conceptual, servirle a esta sociedad como un pedagogo político que constantemente siembra conciencia social. Encarnar la Psicología Afectiva y con sus enseñanzas, disfrutar de la tarea de ser un profesor de psicología de la felicidad. Y sobre todo, ser un Servidor, alguien que está al servicio de sus colegas para acompañarlos en los momentos difíciles de su camino y su vocación. Como diría Miguel De Zubiria, esta es la esencia de una persona autotelica, alguien que define sus anhelos, metas, proyectos y que está plenamente inmerso en el flujo de la vida.

Como bien lo dice el director de la Revista Semana, talante y liderazgo necesita Iván Duque para asumir este gran reto de su vida: gobernar un país que se debate entre un pasado violento y un futuro de paz. Lo mismo necesitamos cada uno de nosotros, conducir nuestra propia vida con talante y liderazgo, gobernarnos a nosotros mismos, no esperar a que los demás hagan por nosotros lo que a cada uno le corresponde hacer por sí mismo.

Termino con una palabra que le escuché varias veces en campaña a Iván Duque:

Congruencia.

Para afrontar nuestros retos tenemos que ser congruentes entre lo que pensamos, sentimos y actuamos.

¿Y tú, ya tienes claros tus retos?

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EL AUTOGOBIERNO

Estudiando el concepto de Libertad, que lógicamente está directamente relacionado con la Felicidad, me encontré con unas palabras que me parecen muy pertinentes para este momento: “Hay un mejor Yo en todos nosotros. Debemos dejar qué él nos gobierne y nos mande porque es nuestro verdadero Yo, a quien le encomendaron la bella tarea de vivir nuestra vida”.

Es ese mejor Yo que cada uno de nosotros tiene en su interior, el que debemos elegir día tras días para generar una nueva realidad en nuestra vida.

Ha terminado la contienda electoral, un nuevo presidente ha llegado a la Casa de Nariño. Como soy optimista por naturaleza, quiero creer que Iván Duque será capaz de hacer historia por luchar con denuedo contra la corrupción y evitar que se expanda la cleptocracia en Colombia. Ardua tarea.

Algunos piensan que hemos empezado a transitar hacia la dictadura uribista, otros creen que no hay cuña que más apriete que la del mismo palo y será Duque quien termine siendo el presidente que lleve a la cárcel a Álvaro Uribe. Muchos son los escenarios que se pueden dar.

Cualquiera sea el desenlace de esta historia, lo cierto es que Iván Duque encarna en sí mismo el dilema de esta generación: ¿Qué tipo de sociedad le vamos a dejar a nuestros hijos? ¿Una sociedad capturada por la Cleptocracia o una sociedad abierta y con una profunda Democracia?

Con todas y sus imperfecciones, yo creo en la Democracia. Pero igualmente creo que la auténtica Democracia solo la pueden construir seres humanos genuinamente libres. Hombres y mujeres capaces de gobernarse a sí mismos. Yo creo en el Autogobierno. Sueño con que esta nueva generación seamos capaces de gobernarnos a nosotros mismos. Así quizá algún día no necesitaremos de tanto gobierno, de tanto Estado.

Iván Duque puede encarnar una nueva generación de hombres libres que fueron capaces de llegar al poder, pero no solo de un Estado, sino y sobre todo de un estado mental. Ser capaz de gobernarse a sí mismo, creo que es la mayor proeza de la mente humana.

O también podría ser que Iván Duque sea simplemente la cabeza de una nueva generación de burócratas  corruptos que han explotado y usurpado la gallina de los huevos de oro llamada Estado. Una gallina alimentada por el trabajo de millones de Ciudadanos que por estar divididos, terminan una parte de ellos eligiendo a sus verdugos.

Estoy luchando para poder terminar esta columna, hoy es domingo 24 de junio, hace una semana 10 millones de conciudadanos le dieron el poder ejecutivo a un hombre joven, nacido el 1 de agosto de 1976, apenas cuatro años mayor que yo, impresionante. ¿Cómo logro esta hazaña este hombre? ¿Es verdaderamente un títere del expresidente o un hombre libre capaz de gobernarse a sí mismo y por lo tanto a todo un país?

¿Será Iván Duque el hombre de la liberación de la corrupción y el líder de la reconciliación de este país?

Espero que el nuevo presidente de Colombia sea capaz de construir un gobierno propio. Que escuche, pero que tome por sí mismo sus propias decisiones. Que piense en sus tres hijos, que son una representación de todos nuestros hijos. Los que hoy son menores de 10 años y esperamos puedan disfrutar de un país en paz. Libres del yugo de la corrupción y comprometidos con la transformación de la Educación.

Espero que Iván Duque gobierne de cara al futuro y no se quede amarrado por el pasado. Por eso, más que oposición a su gobierno, estaré a disposición para tender puentes de dialogo en torno a objetivos en común: en mi caso, la Paz y la Educación.

Creo que la Pedagogía es esencialmente constructiva, y debe estar al servicio no de un gobierno en particular, sino de una sociedad que requiere voces que expresen su sentir. Yo hoy siento que el país está polarizado, pero no está dividido entre derecha e izquierda, como muchos creen, sino entre Cleptocracia y Democracia, entre corrupción y ciudadanías libres. Esta es la polarización que debe superar Duque, porque Estado y Sociedad debe unirse en torno a una misma lucha:

La lucha contra la corrupción.

Y como dicen que el ejemplo empieza por casa, tremenda tarea la que tiene Duque para “traicionar” a quienes lo montaron en la presidencia.

Ojalá llegué ese día, mientras tanto, como individuo espero poder sentir algún día que en verdad me gobierno a mí mismo.

 

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¿CLEPTOCRACIA O DEMOCRACIA?


 

Hace ocho días, el 8 de junio, mi maestro Miguel De Zubiria lanzó su nuevo libro titulado: ¿ERES FELIZ? Casualmente, lo hizo en el mismo auditorio del hotel en el que me gradué de bachiller en 1998. Aquel año, Andrés Pastrana acababa de llegar a la presidencia con la promesa de un proceso de paz con las Farc. Con ese hecho social llegué a mi mayoría de edad y logré coronar una meta muy luchada luego de pasar por varias instituciones educativas y en varias modalidades de estudio.

El día que me gradué de bachiller fui muy feliz, 20 años después, evoqué esa felicidad y en la conferencia de Miguel caí en cuenta que el lanzamiento de ese libro me confirmaba un camino elegido: Ser Profesor de Psicología de la Felicidad. Dos décadas pasaron para descubrir el trabajo de mi vida. Luego de la presentación compartimos un rato con el maestro, en compañía de Carolina Jiménez, su más aplicada discípula de Psicología Afectiva, y quien luego del evento me puso a llenar un cuestionario de psicología política que Miguel está construyendo; quedé un poco sorprendido con los resultados, y al mismo tiempo confirmé un llamado que he sentido en esta época de elecciones presidenciales: la pedagogía política.

La primera conclusión a la que he podido llegar luego de reflexionar lo vivido ese mágico día, es que existe una estrecha relación entre la Felicidad y la Política.  Una política bien hecha, bien pensada, bien sentida, es una política que produce felicidad social, y por ende felicidad familiar y personal.

¿Cuál de los dos grupos políticos enfrentados en esta contienda electoral contribuyen con la auténtica felicidad de la sociedad colombiana?

¿El Centro Democrático y toda esa tripulación que sin duda alguna tiene mucho que ver en ese desangre del Estado llamado corrupción?

¿Cuánto de esos 50 billones de pesos anuales han ido a parar a los bolsillos de esos que hoy están montados en el barco uribista?

¿No es la corrupción un atentado contra la felicidad de los colombianos?

Yo estoy convencido que la Felicidad tiene que ver con la equidad, con la justicia social, con las oportunidades de educación, con el respeto por la diferencia, con la valoración del pluralismo y la diversidad. Yo creo que la Colombia Humana y todas las fuerzas políticas que se han unido a su lucha política tienen que ver con estos anhelos. Millones de personas de todos los sectores de la sociedad están creyendo en esta posibilidad. Yo soy uno esos que creen en la posibilidad de construir una auténtica democracia, más profunda y participativa en la que sea posible ser realmente feliz y vivir en paz construyendo cada uno su propio proyecto de vida.

De modo que ha llegado la hora de verdad. Es el momento de decidir; no entre dos figuras políticas, sino entre dos formas de estar en sociedad: la cleptocracia o la democracia.

De acuerdo con Wikipedia, “la Cleptocracia (del griego clepto, ‘robo’; y cracia, ‘fuerza’ = dominio de los ladrones) es el establecimiento y desarrollo del poder basado en el robo de capital, institucionalizando la corrupción y sus derivados como el nepotismo, el clientelismo político y/o el peculado, de forma que estas acciones delictivas quedan impunes debido a que todos los sectores del poder están corruptos, desde la justicia, funcionarios de la ley y todo el sistema político y económico.”

De corrupción, nepotismo, clientelismo político y/o peculado está lleno el barco del Centro Democrático que está ávido de poder para poder hacer de las suyas e implantar una  nefasta cleptocracia muy parecida a la actual situación venezolana. Las encuestas dicen que ganará, yo espero que no.

Yo espero que gane la Democracia, que gane la Colombia Humana, con todo y sus imperfecciones, es preferible a un gobierno de delincuentes que ve enemigos por todo lado, que hace uso del miedo, la mentira y la manipulación para obstaculizar la construcción de una cultura de paz en el que tema central sea la Educación, y no la violencia política ni la corrupción.

Soy muy feliz expresando estos pensamientos, aunque de pronto no le gusten del todo a mi maestro Miguel, que muy a mi pesar ve con mejores ojos la propuesta política que tanto crítico, paradójicamente, políticamente me siento más afín con la postura de su hermano Julián De Zubiria, quien hizo público su apoyo a Gustavo Petro.

De todas maneras, pase lo que pase, y gane quien gane, queda claro que será necesario un fuerte trabajo psicológico y pedagógico para reconciliar esta sociedad herida por tantos años de violencia, y no solo guerrillera, sino también paramilitar, estatal y mafiosa.

La paz es felicidad, por eso vale la pena seguir apostándole a este proceso de construcción de paz que a buena hora inició el Presidente Santos, no ha sido fácil, no es fácil y no será fácil, tal y como ocurre con la Felicidad que es una tarea para nada fácil. Sin embargo, se facilita cuando aparecen en la vida herramientas tan poderosas como las que viene creando el maestro Miguel y que sintetizó con gran habilidad en su nuevo libro: ¿Eres Feliz?   

En estos momentos soy muy feliz, porque luego de mucho esfuerzo por centrar mi atención, he logrado cumplir la meta de escribir esta columna de opinión sociopolítica, lo cual me hace sentir bien conmigo mismo porque me estoy obedeciendo en la orden que me he dado: escribir cada semana una columna inspirado en la portada de la Revista Semana.

Según lo que he aprehendido, las metas son la primera fuente de felicidad, activan un circuito neuroquímico de producción de dopamina, adrenalina, endorfinas, serotonina y oxitocina; al mismo tiempo, las metas crean interacciones y vínculos, la segunda fuente de felicidad.

La sola idea de pensar en país sin corrupción, en paz y educado, me da mucha felicidad. Por eso vale la pena sumarse a esta meta colectiva. Sin miedo, con confianza y esperanza.

Yo no quiero una cleptocracia, deseo una democracia, ¿Y tú?

 

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PAPÁ REAL

Uno de mis sueños intelectuales es ser columnista de la Revista Semana.

Alguien me dijo que los sueños se empiezan a hacer realidad a partir de la palabra.

Con palabras empezamos a nombrar la realidad que queremos y si somos constantes, esa realidad va tomando forma poco a poco en nuestra vida.

Pues bien, conectándome con la energía espiritual que en este día circula por Colombia, me dispongo a cultivar este sueño de ser parte de la nomina del equipo de opinadores de la Revista Semana.

Mi estrategia para lograr esa meta es producir una columna inspirado en la portada de cada Semana, y lo haré desde lo que soy: un papá real, cuya vocación es la pedagogía y su profesión la psicología.

La Revista Semana es en si mismo un documento que va recogiendo la historia del país, retrata la realidad pero también genera la realidad.

Esta semana por ejemplo, da cuenta de un hecho histórico que sin duda alguna marcará un rumbo social y político de esta sociedad, que se debate entre darle la bienvenida a la esperanza de un mejor futuro o quedarse estancado en las agresiones y dolores del ayer.

La visita de Francisco me pone a pensar en una de las principales tragedias de este país en el que nací.

Colombia es un país con carencia de papás, me atrevo a afirmar que gran parte de la causa de la crisis política y social que hoy vivimos tiene su origen en la ausencia de papá, en la cada vez mas ausente presencia paterna.

¿Que pasa afectivamente con una niña que crece sin el amor de su padre?

¿Que pasa afectivamente con un niño al que le hace falta la figura paterna?

¿Será cierto eso de que mamá es solo una y que papá es cualquiera?

La división política que hoy vivimos es un reflejo a nivel macro de la división familiar que padecemos millones de colombianos, y está bastante claro que cuando el reino está dividido no llega la prosperidad, pasa en el país, pasa en las familias, pasa en el corazón de cada uno de nosotros.

Mientras haya división en nuestro Ser, en nuestra familia y en nuestra sociedad, nunca podremos prosperar de verdad, quizá consigamos plata, pero de nada sirve tener la nevera llena y el corazón vacío.

Colombia necesita con urgencia papás reales, pero no papás egocentricos, machistas, autoritarios, pendencieros, camorreros, camanduleros, mafiosos, guerreristas…..

Esta Colombia necesita la acción decidida de papás conscientes, pacíficos, asertivos, empaticos, equitativos, cooperadores, constructivos, propositivos, proactivos, felices, libres, emprendedores, creadores, pensadores…

¿Te imaginas una generación de papás así?

¿Te imaginas una generación de hombres asumiendo su paternidad de esta forma?

En tiempos de guerra, los hombres estamos a disposición de ella, ¿Por qué no pensar lo mismo en tiempos de paz?

Yo soy un hombre y estoy a disposición de la paz, determinado a trabajar por la paz porque estoy convencido que la paz es el camino hacia la unidad.

La paternidad ha sido para mi una bendición, y a mis hijos les quiero transmitir un legado de paz y unidad, no una maldita violencia que amargue sus existencias. No es justo con ellos, no lo merecen.

La paz empieza en cada uno de nosotros, en reconciliarnos con la paternidad que nos dio la vida, y en donar nuestra vida a la paternidad que se nos dió para crecer en esta vida.

Todo esto me suscita la visita del Papa Francisco, no me interesa entrar en discusiones frente a su figura, creo que la religión es un asunto personal y cada quien es libre de manejarlo como a bien la parezca, mucho menos me interesa caer en estériles debates políticos que conducen a ninguna parte.

Mi interés sencillamente, es poner en evidencia la esencia de lo que significa para mi la presencia en Colombia de este personaje iconico de la cultura occidental.

Un arquetipo llamado papa, que me pone a pensar en la necesidad de papás reales.

Andrés
Papá de Orianna y Dante.

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