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COLUMNA 15. GRACIAS NICOLÁS!!!

Recuerdo que cuando Nicolás llegó a la presidencia de Venezuela escribí un relato que se llamó justamente así: “¿Cuándo madurará Venezuela?”. En ese relato ya preveía lo que se venía. 6 años después, la inmadurez pasó la factura. Colombia y Venezuela tienen un origen y un destino en común. Eso es inevitable. Somos hermanos, y ese es un vínculo para toda la vida; pasa a nivel sociopolítico al igual que pasa a nivel familiar. El desastre en Venezuela llegó por cuenta del extremismo de izquierda y el de Colombia está llegando por cuenta del extremismo de derecha. Por cualquiera de las dos vías: izquierda o derecha, el destino es uno solo: el abismo. El mesianismo “chavista” y “uribista” son el peor cáncer que han padecido estas dos naciones en las últimas décadas.

Una característica que tienen en común los “Chavistas” y “Uribistas” es la dificultad para la autocrítica. Y de la mano de ésta incompetencia, la obsesión por criticar y culpar a los otros de los fallos del sistema. En esto ambos se dan la mano. Los “Uribistas” se la pasan criticando la situación de Venezuela, y carecen de la misma vehemencia para pronunciarse y movilizarse en pro de la protección de los líderes sociales que están siendo constante y sistemáticamente asesinados en Colombia. Es una tragedia que me recuerda otra tragedia reciente en la historia de este país: el Genocidio de la Unión Patriótica a manos de fuerzas de extrema derecha de esta nación.

Nicolás Maduro es un tipo inmaduro incapaz de reconocer su incompetencia, y todo el tiempo le echa la culpa a los “Yanquis”, mientras que Uribe envenenó la conciencia del país con su cuento del “Castrochavismo”, le metió miedo a millones de personas y nos tiene ahora de vuelta en un ambiente de tensión y guerra. Así son los extremismos, llevan a las sociedades al abismo, dividen la población, crean un enemigo y están convencidos de ser la única salvación. La megalomanía en acción.

Maduro ha de tener mucho miedo en estos momentos, y ya sabemos que el miedo genera dos reacciones: huida o ataque. ¿Se escapará de Venezuela con todos sus secuaces? ¿Reaccionará militarmente y sumirá al país en una cruenta guerra civil? ¿Cuál será el destino de este miserable hombre? ¿Ya habrá tocado fondo Venezuela?

En esto quedan los mesianismos, en ruinas, si para algo ha de servir esta experiencia Venezolana, es para darnos cuenta de una vez por todas del peligro que representa confiar el destino de una sociedad entera en manos de un hombre o de un grupo político. Tarde o temprano, toda esa burocracia y militancia termina convirtiéndose en un mortal virus que poco a poco va dañando el sistema social.

Quizá lo único positivo que veo en esta tragedia ha sido la integración colombo-venezolana. Millones de venezolanos se pasaron para este lado del charco y no hay día en que no nos encontremos en el camino. Sin querer queriendo, como diría el Chavo, se está haciendo realidad el sueño de Simón Bolívar, en el corazón somos una sola patria, una inmensa tierra que fue liberada por un mismo hombre. 200 años después, el yugo ya no es el imperio español, sino, la demencial obsesión por el poder, que allá tomó forma de “Chavismo”, y aquí se volvió “Uribismo”.

No obstante el oscuro panorama, soy de naturaleza optimista y creo que la gran mayoría de los colombianos aprenderemos la lección del espejo venezolano. El gran peligro para nuestro país no es el fantasma del “Castrochavismo” sino, la realidad del Uribismo, un ego colectivo que nos puede llevar a unos niveles de violencia peores a los vividos en la década de los cuarenta y cincuenta del siglo pasado.

Entonces por eso le doy las gracias a Nicolás, por servir de ejemplo de incompetencia y estupidez. Tuvo la oportunidad de superar el desastre que heredó de Hugo Chávez, si se hubiese bajado de ese tren a tiempo, otra seria la historia. Pero no, se mantuvo leal a su ídolo y esa lealtad lo tiene hoy donde está, solo contra el mundo. Ojalá Iván Duque tome nota, ojalá su espíritu sea lo suficientemente fuerte para alejarse del ego guerrerista de Álvaro Uribe. Ojalá…

Sea lo que sea, esta claro que observar el mundo social nos permite conocerlo y de paso conocernos a nosotros mismos, que es lo que realmente importa. Saber quiénes somos como individuos, familias, comunidades y como nación. Ver de dónde venimos y para dónde vamos. Este es el propósito de estas líneas, aportar a la reflexión.

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OBSERVANDO LA SOCIEDAD…

Hoy es 11 de enero de 2019, me siento a plasmar estas palabras para reafirmarme el compromiso de crear columnas de opinión inspirado en la portada de la Revista Semana. Creo que es un medio de comunicación que le mide el pulso al país y más allá de eso, es una herramienta pedagógica que le ayuda a uno a comprender la realidad sociopolítica de este macondiano pedazo de tierra en el que la realidad supera la fantasía.

Este es un proyecto intelectual para practicar el hábito de escribir, este nuevo año lo he empezado convencido plenamente del poder de la escritura para ayudarle a uno a conocerse a sí mismo. Intuyo que el Autoconocimiento no es un proceso solo personal, sino también, familiar y social. Hace mucha falta conocernos a nosotros mismos, como individuos, familia y sociedad.

Me parece que observando la Revista Semana se pueden reconocer nociones para reflexionar, palabras que nos pueden permitir hacer asociaciones reveladoras. En cada portada se pueden ver realidades que están conectadas entre sí; y cada una de esas realidades las podemos conectar con nuestra propia realidad personal y familiar.

La Revista Semana es para mí un documento histórico, una especie de testigo de la época. Cada componente de la portada me permite hacer conexiones que luego puedo observar y aprender de ellas.

¿Qué veo en esta edición 1914?

El número me conecta con un fatal suceso de la historia reciente de la humanidad: la primera guerra mundial empezó en 1914. Hace apenas cuatro generaciones, los habitantes pasajeros de esta tierra se volcaron a una carnicería dantesca. Una guerra entre egos que dejó millones de muertos. ¿Podría el mundo volver a enfrascarse en una confrontación de esa magnitud? ¿Será que estamos adportas de una tercera guerra mundial? ¿Verá este siglo XXI una guerra? ¿Seguimos los humanos siendo tan estúpidos como ayer?

Hoy la confrontación corre por cuenta de la ideología política, se ven claramente dos posiciones: izquierda y derecha. ¿Cuál de las dos más demente? Desde la izquierda y la extrema izquierda se ataca a la derecha y la extrema derecha, y viceversa. Estas ideologías y quienes las profesan, se la pasan en conflicto, hay mucha crítica y poca autocritica, muchas idolatrías y mesianismos. Mucha ilegalidad, corrupción y nepotismo. América Latina es un hervidero, y los ojos de izquierdosos y derechosos están puestos sobre los movimientos de los colosos de la región: México y Brasil. La izquierda colombiana ve con esperanza lo que pueda pasar con Andrés Manuel López Obrador. Y la derecha Colombiana, cree que Jair Bolsonaro es una esperanza para evitar el avance del “socialismo” en la región.

Personalmente me siento más identificado con el Centro Político, aunque tengo mi corazón en la izquierda y escribo con la derecha. De López Obrador me gusta que escribe, que cultiva la palabra, es autor de más de 15 libros y célebre por su perseverancia para llegar a la presidencia de México. Bolsonaro me preocupa, me da la impresión que podría desatar una guerra en la región. No me gusta su discurso, ni mucho menos la manera como discrimina a las minorías, sus palabras son incendiarias y apela a la mentira y al odio. Peligroso, muy peligroso.

La bola de cristal de la Revista Semana trae unos personajes que me producen todo tipo de emociones y pensamientos. Me dan ganas de empezar por Trump, para algunos el Bolsonaro gringo. ¿Podría este Ego desatar una guerra mundial? Ese sí que es experto en mentiras, aunque la derecha dice que está obteniendo notables resultados en economía. Eso es lo que me gusta de este personaje, que es un mago para hacer dinero. ¿Pero a qué precio? Si es un presidente-empresario, no creo que vaya a armar un polvorín global, a no ser que tenga acciones en la macabra industria de la guerra. ¿Y qué tal que si? ¿Qué tal que esté considerando seriamente la posibilidad de invadir Venezuela con la excusa de derrocar a Maduro? ¿Qué tal que Uribe y Duque sean fichas suyas para meterse en Venezuela? Aunque es posible, me resisto a creer que esto sea así. Perdónenme la expresión, pero sería un “mierdero ni el hijueputa”.

Venezuela está en una encrucijada tremenda, ahora con esa nueva realidad de tener un gobierno paralelo, se abrió la caja de pandora, pareciera que si no se da un ataque externo, podría desatarse una confrontación interna con resultados impredecibles.

¿Y Santrich? Viene a mi mente una expresión: Chivo expiatorio. Toda una movida para poner en crisis el Acuerdo de Paz. ¿Se atreverá Duque a extraditarlo? ¿Cómo reaccionaría la Farc? ¿Por qué le incomoda tanto a Álvaro Uribe la Paz? Justamente hoy leí unas palabras que me pusieron a pensar en este hombre tan odiado e idolatrado por tantos colombianos que podrían llegar a matarse entre sí por las pasiones que este hombre despierta.

“La paz es el mayor enemigo del ego, de acuerdo con su interpretación de la realidad, la guerra es la garantía de su propia supervivencia. El ego se hace más fuerte en la lucha.” El ego de Uribe se hace fuerte en un escenario de guerra y se debilita en uno de paz. ¿Qué hacer entonces? Por mi mente viene rondando una idea que le comenté a mi concuñado Juan: “Hay que perdonar a Álvaro Uribe Vélez, no atacarlo sino perdonarlo, porque entre más lo ataquemos más fuerte se hace”.

Yo creo en los milagros, y espero que este año ocurra el milagro de que el joven presidente Iván Duque se emancipe de su mentor y pase a la historia como el presidente que fue capaz de mantener este barco a flote y no dejarlo caer en el abismo de la dictadura de la extrema derecha en lo que se podría convertir un “uribismo” desbordado y ebrio de poder. Quizá así Duque corra con una mejor suerte y no termine peor que Andrés Felipe Arias, que suma días en la cárcel por ser leal a su mentor.

Me queda Claudia López, según el pronóstico de la Revista Semana, será la próxima alcaldesa de Bogotá. Eso me gusta, lo confieso. Creo que Claudia López es un ejemplo de política de Centro. Y si ella llega a la Alcaldía de Bogotá, es un buen augurio para el futuro del país, que necesita construir una cultura política capaz de reconocer el aporte de todos, de la izquierda y de la derecha, como cuerpo social que somos, necesitamos del aporte de todos. Un gobierno de centro le apostaría a la paz y no a la guerra. Sería un gobierno de ciudadanos libres y conscientes.

Continuó observando la sociedad, a ver si encuentro elementos que me permitan conocerme a mismo y ver claridad en medio de tanta turbulencia sociopolítica. Pese a tanto ruido, soy optimista y creo vamos por buen camino, está emergiendo una nueva visión de la realidad; más centrada e incluyente.

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LO QUE PIENSO SOBRE GUSTAVO PETRO

Esta semana he reflexionado mucho para poder escribir esta columna, he leído y escuchado opiniones de simpatizantes y detractores del protagonista de esta portada; creo que nuestras posturas políticas dicen mucho de lo que somos.

Debo confesar que me parece completamente estúpida e idiota, esa división entre izquierda y derecha que se suele hacer en el mundo de la politica. Me parece que es una trampa para crear división entre los colombianos. ¿A quien le conviene una sociedad dividida?

Me siento más inclinado a pensar que la disputa no es entre “izquierda y derecha” , sino, entre Estado y Sociedad Civil.

Creo que el Estado es el negocio de los políticos, por lo tanto, las contiendas electorales son simplemente las batallas para acceder al botin.

Yo desconfío de los políticos en general, pero también es cierto que no se puede generalizar. Como en todo, hay excepciones.

Aunque para muchos mi postura puede estar equivocada, yo creo que Gustavo Francisco Petro Urrego es una de esas excepciones. Petro es un político excepcional. Un valiente, un luchador, un hombre que la tiene clara frente al hecho de que hay que facilitar el acceso a la educación de la juventud colombiana. En esto estoy completamente de acuerdo con él. Y me pregunto si Petro sería capaz de cambiar el Sistema Educativo, liberar la Educación y entregarle esta función a la Sociedad Civil. Esa sí que sería una auténtica re-evolución.

Gustavo Petro es un tipo incómodo para el establecimiento, una piedra en el zapato para las mafias políticas, aunque para muchos es motivo de odios viscerales, para muchos otros es un líder con visión qué comprende las necesidades de esta generación.

Tengo claro que es un ser humano, por lo tanto no está exento de equivocación: ¿quien está libre de pecado en el mundo de la politica? Ni Antanas Mockus, a quien también lo ha tentado la vanidad.

En sus 200 años de historia, este país ha sido gobernado por los mismos de siempre. Ocho generaciones de gobernantes han configurado un Estado incapaz de superar la Inequidad; por eso la violencia, por eso el subdesarrollo, por eso la polarización social.

Como es apenas lógico, a esa élite gobernante no le interesa soltar el poder político, ni mucho menos perder el control del aparato estatal, éste es su modus vivendi, de esto depende el mantenimiento de sus privilegios.

El Estado es nuestro, no de unos pocos, aunque esto en la práctica dista mucho de la realidad, me parece importante apoyar una propuesta que desafíe el Statu Quo. Creo que Petro es parte de esa propuesta, aunque no el único.

El liderazgo de Gustavo Petro es muy importante para el país, hay que valorarlo. Y también es importante reconocer que no se puede caer en idolatrías ni caudillismos que nos lleven al abismo.

A pesar de mi escepticismo frente a los políticos, sigo creyendo en Petro, en su lado amable, en su constante lucha contra la inequidad y la injusticia social en este país.

Gracias a Dagoberto Quiroga, alguna vez tuve la oportunidad de saludar a Petro en persona, me gustaría mucho volver a saludarlo y conversar con él.

Aprovecharía para preguntarle:

¿Usted apoyaría el Cambio del Sistema Educativo?

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MIERDERO

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Algo huele muy mal en la politica colombiana. Esta saliendo a flote todo ese mierdero de la corrupción. Que pena usar esta palabra tan fea, pero no encuentro otra mejor para describir la grave crisis de las instituciones estatales.

El sentido común japonés nos enseñó que toda crisis trae cambios, ¿cuáles serán los cambios que traerá esta crisis del Estado?

Yo estoy convencido que en Colombia no disfrutamos de una auténtica democracia, sino que padecemos una salvaje “cleptocracia” es decir, un gobierno de delincuentes; los hay en el ejecutivo, abundan en el legislativo y esto que está ocurriendo con el fiscal, es una muestra de que los corruptos se están apoderando del poder judicial.

¿Ya habremos tocado fondo?

¿Qué hacer?

A todo este mierdero de la corrupción y al crecimiento de la cleptocracia, se le suma otra desviación de la democracia, una de sus peores enfermedades: la “plutocracia” es decir, el gobierno de los más poderosos económicamente.

¿Es Nestor Humberto Martínez el fiscal de bolsillo de Luís Carlos Sarmiento Angulo?

¿Fue puesto el fiscal allí para desviar las investigaciones de Odebrecht?

Lo que está ocurriendo con el fiscal Martínez, trae a mi conciencia lo ocurrido con otro fiscal que fue muy celebre por sus vínculos con el paramillitarismo: Luís Camilo Osorio.

¿Quiere esto decir que la fiscalia es un ente que puede ser capturado por las fuerzas económicas y criminales del país?

El diseño actual del Estado lo hace propenso a la corrupción. El Fiscal es elegido por políticos, ¿por qué no podría ser elegido en una votación popular?

¿Podría un fiscal elegido por políticos ser independiente?

Está nauseabunda cañería seguirá destapandose y sigo pensando que el remedio más eficaz para combatir la corrupción es cambiar el Sistema Educativo. Esto no es un asunto de leyes anticorrupcion, es una cuestión de cambio de mentalidad y eso solo se logra por medio de un sistema educativo que realmente enseñe a pensar.

¿Qué piensas tú?

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EL CÁNCER DE LA CORRUPCIÓN

Una sociedad pobremente educada es una sociedad propensa a la corrupción. En el pasado, la agenda politica era la guerra con las extintas Farc, en el presente, el principal flagelo que padecemos los colombianos es la corrupción estatal.

Asumo mi rol de pedagogo y me esfuerzo en producir estos pensamientos para que me ayuden a comprender esta enfermedad social llamada corrupción.

Estoy pensando en Albert Einstein y recuerdo una de sus frases más sabias: “No es posible resolver un problema con la misma mente que lo creó”

Consciente o inconscientemente, por acción u omisión, nosotros los colombianos hemos creado el Estado que tenemos. Esa maquinaria intelectual la creamos todos, y como toda creación humana, individual o colectiva, tiene sus imperfecciones y disfunciones.

Dicen que el arte es un camino poderoso para intentar comprender la realidad que vivimos. Hace unos días nos vimos con Luz Adriana una serie de Netflix que refleja muy bien este tema de la corrupción, aunque a decir verdad, el caso colombiano supera la ficción. Distrito Salvaje muestra muy por encima como se mueven los hilos del poder corrupto, ese que se moviliza para robarse 50 billones anuales.

Con todo ese dinero, más el que se despilfarra en burocracia, alcanzaria para financiar el proyecto más importante de una sociedad consciente: la educación de sus ciudadanos.

Ahora bien, ¿cómo puede un Estado con mentalidad corrupta educar a los ciudadanos? ¿Ha llegado la hora de la sociedad educadora?

Todo este escándalo de corrupción me hace pensar en algo que se me está convirtiendo en una certeza: Somos víctimas de una cleptocracia, los Colombianos estamos siendo gobernados por mafias políticas que se dicen defensores de las Instituciones y la democracia.

Esta rampante corrupcion es una prueba fehaciente del fracaso de nuestra educación.

Escucho a Rodolfo Llinas diciendo:

“Esta educación es malisima, es urgente cambiarla ya!!!”

Ojalá los colombianos algún día escuchemos más a los científicos y menos a los políticos.

¿Qué opinas tú?

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CARTA A IVÁN DUQUE

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Estimado presidente Iván:

Hace unos días leí una carta que un pedagogo llamado Julián De Zubiria le escribió. Justamente lo hizo por intermedio de la Revista Semana, una publicación de la que sueño ser parte algún día.

¿Qué tal esa carta presidente, ya la leyó? ¿Qué opina de la postura de Julián? A mi se me hace que es muy estatista, creo que no obstante su vasta experiencia, es un pedagogo atrapado en esa dicotomía entre la educación pública y la educación privada. No creo que la esencia del debate actual sea cual de los dos sistemas privilegiar. Creo que es necesario ir más allá y atrevernos a migrar de un Estado docente a una sociedad educadora.

Yo estoy convencido presidente Duque, que lo mejor que puede hacer el Estado es entregarle el control y administración de la Educación a la Sociedad Civil. En otras palabras, de cara al siglo XXI, la educación es un asunto de la Sociedad no del Estado.

Presidente, ya hay muchos argumentos que sustentan esta propuesta. Un pedagogo llamado Alejandro Álvarez Gallego escribió un artículo académico muy profundo que le recomiendo. Se llama ese artículo precisamente asi: “Del Estado Docente a la Sociedad Educadora ¿Un cambio de época?”

Sin duda alguna estamos viviendo un cambio de época, yo se que usted es consciente de esta innegable realidad. Estamos en una nueva época en la que se hace urgente actualizar el obsoleto sistema educativo. Y esa tarea le corresponde es a la Sociedad no al Estado. Parece increíble, pero hoy por hoy el Estado es el principal obstáculo para nuestro desarrollo como sociedad.

Presidente, conozco un pedagogo que tiene muy claro el camino casualmente es el hermano mayor de Julian. Él está convencido que la solución estructural a este problema estructural; (en el que el tema presupuestal es apenas una de las aristas) pasa por una audaz decisión política y social: LA LIBERTAD EDUCATIVA.

Hace 200 años, hombres y mujeres valientes lucharon por nuestra libertad. Nosotros somos la generación de LA LIBERTAD EDUCATIVA.

Miguel De Zubiria es un pedagogo visionario, en un potente libro suyo llamado “El genial capitalismo”, muestra con lucidez está idea de la Libertad Educativa. Se lo recomiendo Presidente.
¿Es posible que los profesores estatales dejen de ser empleados del Estado y se conviertan en dueños de los colegios?

¿Es posible que el Estado le entregue directamente los recursos a las familias para que ellos elijan donde ingresar a sus hijos?

¿Es posible convertir la educación superior en una política pública y gestionar los recursos para apoyar a todo aquel que quiera estudiar?

Estimado presidente, usted puede pesar a la historia como el artífice de la mayor transformación política y social del país. Lidere la Libertad Educativa y lleve este país al futuro.

Si es es cierto eso de que “el futuro es de todos” y que la equidad es el principio que guía su gobierno, prestele atención a la educación, este esta es la mejor herramienta para construir una sociedad equitativa.

Sus hijos ya tienen asegurada una educación de élite, ¿por qué no darle una educación de élite a todos los hijos e hijas de los colombianos?

Sólo con una educación de élite puede hacerse realidad eso de lo que usted tanto habla en la “Economía Naranja” y convertir a Colombia en una sociedad altamente educada.

Cordial saludo presidente, ojalá lea esta carta y que la vida me de la oportunidad de conversar personalmente con usted.

Tengalo presente:

LIBERTAD EDUCATIVA.

Escuche también al gran Rodolfo Llinas:

“Hay que cambiar el sistema educativo, ya!!!”

Atentamente,

Ândrez Paz

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HAY QUE APRETARLE EL CINTURÓN AL ESTADO NO A LOS CIUDADANOS

Los colombianos tenemos un Estado que padece dos costosas enfermedades terminales: corrupción y burocracia.

La corrupción es un cáncer que nos roba 50 billones de pesos al año. ¿Cuánto nos cuesta el cáncer de la burocracia?

Ahora nos hablan de una “Ley de Financiamiento” y nos pretenden vender el cuento de que la estabilidad económica del país depende de dicha ley. ¿Será?

Digamos la verdad: los impuestos en este país son utilizados para mantener el cáncer, es decir, la corrupción y la burocracia.

El miedo que nos meten es que si no pagamos mas impuestos no es posible financiar los programas sociales. ¿Cuanta corrupción y burocracia hay en estos programas?

Se supone que el Estado es un ente que está al servicio de la Sociedad, pero en Colombia ocurre al contrario: los colombianos trabajamos para mantener al Estado, un Estado corrupto y burocrático dirigido por una clase política perversa, delincuente y criminal.

¿O acaso no es un crimen ponerle más impuestos a la canasta familiar?

¿Debería la comida tener impuestos?

En un país en el que los pobres reciben educación de pobres, resulta absolutamente indignante que se le pida a los ciudadanos del común apretarse el cinturón.

En un país donde la educación de calidad no es un derecho sino un privilegio, resulta aberrante que se impongan más impuestos para financiar un Estado corrupto y burocrático.

Y con el cinismo propio de la mayoría de los políticos, dice Iván Duque que “Si todos ponemos, Colombia gana”

¿Qué pone la clase política?

¿Estarán dispuestos a renunciar a sus descarados privilegios?

¿Cuánto nos cuesta a los colombianos mantener a los políticos y su clientela?

Más que impuestos, lo que necesitamos es más conciencia de la ineficacia del Estado para resolver los problemas sociales, de hecho, el principal problema que tenemos los colombianos es éste Estado corrupto y burocrático.

¿Qué opinas tú?

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CONOCE EL MUNDO Y TE CONOCERÁS A TI MISMO


Esta portada de Semana me hizo recordar unas palabras de José Antonio Marina. Las encontré en uno de sus mejores libros: EL APRENDIZAJE DE LA SABIDURÍA. Dice este encantador filósofo que “en un mundo amenazador, mísero, humillante, sometido a la ley de la selva, no se puede ser feliz.”

Hace unos días me encontré en el Camino con un colega de la Universidad. Recién había terminado una sesión de trabajo psicológico y tuve la dicha de cruzarme con Wilson Pasachoa. Un ser brillante, “con gracia” como diría él.

Dicen por ahí que la admiración es el camino del aprendizaje, pues bien, admiro mucho a las personas como Wilson. Tengo noticia de su existencia desde hace más de 10 años. Desde nuestros tiempos como estudiantes de la Católica.

Esta portada de Semana me hizo recordar una idea que aquel día me compartió Wilson: LA MICROPOLITICA.

Es un placer escuchar a Wilson, habla con claridad, fluidez, pasión y convicción. Ese día me ayudó a comprender que hay una Macropolitica, reflejada por ejemplo en esta portada de Semana, e igualmente, hay una Micropolitica, esa lucha por el poder que se da al interior de cada uno de nosotros.

Observar esta portada de Semana me lleva a preguntarme: ¿Puede la Macropolitica darnos información acerca de la Micropolitica? ¿Pueden estos hechos mundiales darnos información sobre nosotros?

La Revista Semana plantea que el mundo esta medio loco porque un fascista llegó al poder en Brasil, Obama y Clinton fueron atacados, un gobierno descuartizó a un periodista y los migrantes viajan en masa por el mundo.

Si uno observa estos hechos y los vuelca sobre si mismo, ¿qué encontrará? ¿Qué pasa cuando un individuo esta medio loco?

Creo que lo que pasa a nivel mundial, puede ser de utilidad para observar lo que pasa a nivel personal, familiar y comunitario.

La locura de un líder político puede llevar al derrumbamiento de una sociedad.

Un líder político loco puede crear con la ayuda de sus aulicos, ese mundo amenazador, mísero, humillante, sometido a la ley de la selva, en el que no se pueda ser feliz como dice José Antonio Marina.

Celebro haber plasmado estas palabras, con ellas retomo una meta que tenía en el tintero. Hacer columnas de opinión inspiradas en la portada de la Revista Semana. La meta es completar 52 y convertirlas en un libro.

Cada uno de nosotros crea su propio mundo. Yo plasmo estas palabras porque creo que con ellas estoy creando el mío.

Esto me hace muy feliz, experimento lo que la psicología afectiva llama Felicidad Intelectual y de paso me ayuda a hacerme más consciente de una parte de lo que elegí ser: un Storyteller; un escritor a partir de sus propias vivencias y un divulgador de lo que enseñan las ciencias…

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¿GENOCIDIO?

¿Se está configurando un nuevo genocidio en Colombia? ¿Por qué están matando a los líderes sociales? ¿Quiénes están detrás de esos viles asesinatos? ¿Es este el precio de la paz? ¿La sociedad colombiana es una sociedad tan acostumbrada a la violencia que le está costando aceptar el cambio hacia una era de paz? ¿Qué podemos hacer?

Para quienes estamos interesados en la dinámica sociopolítica, lo que está ocurriendo con los líderes sociales en Colombia es realmente preocupante. No es posible estar de espaldas a esta realidad. Así como tampoco podemos estar de espaldas a nuestra realidad comunitaria, familiar y personal. Tarde o temprano nos llegan las consecuencias de eso que tanto ignoramos y tratamos con indiferencia.

Ya pasaron las elecciones presidenciales, ya terminó la distracción del mundial del fútbol, ahora nos enfrentamos a una dura realidad: están matando hombre y mujeres que luchan por el bienestar de sus comunidades. Hace muy bien la Revista Semana en preguntarse esta semana: ¿Quién los está matando? ¿Tú qué crees?

En la década de los 80 y los 90, justamente después de un fallido proceso de paz con las Farc, ocurrió un genocidio político en Colombia. En aquella tragedia, los líderes sociales de entonces eran los integrantes de la Unión Patriótica, un partido político que surgió como fruto de esas negociaciones y que fue masacrado de forma constante y sistemática, más de cinco mil hombres y mujeres fueron víctimas de esta locura colectiva. Esto lo sé porque lo investigué, de hecho fue la tesis de grado que escribí para graduarme como psicólogo en la Universidad Católica de Colombia.

Pero… ¿Qué es el genocidio? ¿Es esto lo que está ocurriendo con los líderes sociales?

Grosso modo, el genocidio es el exterminio o eliminación sistemática de un grupo social por motivo de raza, religión o política. Se le atribuye la invención del término a Raphael Lemkin quien consideraba que «el genocidio iba más allá de la eliminación física en masa, que a su juicio era un caso límite y excepcional; consistía, más bien, en una multiplicidad de acciones destinadas a destruir las bases de la supervivencia de un grupo en cuanto grupo. Era una síntesis de los diferentes actos de persecución y destrucción»

¿Es esto lo que está pasando con los líderes sociales?

Hay que reflexionarlo mucho, máxime por la presencia de un fenómeno que tiene un peso adicional a la lucha por la tierra, me refiero al negocio del narcotráfico. Ese que han explotado todos los actores del conflicto, ese que ha permeado toda la sociedad colombiana, ese que ha dado lugar a una cultura traqueta que es hasta bien recibida y celebrada en ciertas capas sociales.

Luego de todo proceso de paz llega un periodo de bandolerización que resulta ser un reajuste de fuerzas, creo que eso es lo que está pasando con los líderes sociales que están cayendo en medio de esa lucha. Por eso hoy más que nunca se hace necesario seguir trabajando en la construcción de una cultura de paz. Especialmente, en una cultura de paz al interior de las familias, pues el fenómeno del narcotráfico y las bandas criminales se alimenta de esta crisis familiar.

Que compleja es la realidad sociopolítica colombiana, y más compleja aun cuando tenemos una gran cantidad de personas que inconscientemente le dan más poder a esos actores violentos que se benefician del caos y del fracaso de los procesos de paz. Actores que se empeñan en mantenernos en un ambiente de confrontación. Actores que dividen la sociedad colombiana y se niegan a asumir su responsabilidad, prestos solamente a acusar y de espaldas a la realidad, inventando fantasmas para asustar y no encarar la situación. Mientras plasmo estas palabras no dejo de pensar que muy parecido ocurre con la vida familiar. Pero eso ya es harina de otra costal y cada quien tiene que asumir lo que le corresponde. Incluyendo quien escribe estas líneas.

Este es mi aporte de esta semana, me alegra que he seguido constante en este empeño, ya voy en la séptima columna, la meta es completar 52 y convertirlo en un libro de opinión sociopolítica que me permita comprender un poco más el país tan “loco” en el que vivimos.

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TRABAJAR EN EQUIPO

Uno de los mayores retos de mi existencia es aprehender a trabajar en equipo. Esta habilidad es quizá uno de los mayores legados de nuestros antepasados ancestrales. Si los remotos cazadores y recolectores no hubiesen trabajado en equipo, no habrían sobrevivido y nosotros no existiríamos.

Plasmo estas palabras movido por emociones encontradas. Alegre porque estoy compartiendo la existencia con el amor de mi vida, es decir con Luz Adriana, Orianna y Dante, el equipo más importante de mi vida. Estoy muy feliz porque estamos viviendo una época de comunión, conectados y caminando juntos hacia un mismo destino. Este núcleo familiar es el motor de mis días.

Pero me embarga en este instante una profunda tristeza social. Hace unos minutos fue eliminada la Selección Colombia del Mundial de Rusia. Estuvimos muy cerca de dar el siguiente paso, nos quedamos en octavos luego de la gesta del gran Yerri Mina. Canté ese gol con todas las fuerzas de mi ser. Lo acepto, este tipo de dinámicas sociales también me mueven y aunque algunos piensen que es una cosa superflua, creo que se pueden aprender muchas lecciones de lo vivido con Colombia en el Mundial.

La portada de Semana para esta semana trae a tres figuras. Juan Fernando Quintero, Juan Guillermo Cuadrado y Yerri Mina. Los dos primeros, víctimas de la violencia paramilitar, se quedaron sin papá por culpa de este monstruo que nació con la anuencia del Estado. Mina es hijo de una tierra, el Cauca, en la que las inequidad y la persecución a los líderes sociales es alarmante y preocupante. Hace apenas unas horas por ejemplo, fue perpetrada una masacra en Argelia que dejo 7 muertos. Que lamentable. De modo que el futbol, por muy emocionante que sea, no nos puede alejar de la realidad. No es posible estar de espaldas a la realidad social colombiana.

De todas formas ha sido un tremendo bálsamo esta participación de Colombia en el Mundial, me ha permitido confirmar una vez más que el futbol es como la vida, requiere trabajo en equipo, no se puede depender de un solo jugador, así como no podemos depender de un solo vinculo.

Para el logro de nuestra metas necesitamos aprender a cooperar con el otro. Para que el trabajo en equipo de resultado es clave comprender la función de cada uno y dar lo mejor de sí. Entregarlo todo, como lo hicieron los jugadores de la Selección Colombia. Así pasa en la vida de pareja, en la vida familiar, en la vida social, que son todos como micro juegos de un gran juego: El Juego de la Vida.

Trabajar en equipo es la esencia del Juego de la Vida.

Pensemos por ejemplo en lo vital que es aprender a trabajar en equipo con nuestra pareja. Fundamental para nuestro equilibro afectivo y crecimiento en todas las áreas de nuestra existencia. O que decir de lo importante que es aprender a trabajar en equipo con nuestros hijos. Y no menos importante es aprender a trabajar en equipo con nuestros compañeros de trabajo y de emprendimientos.

Casualmente en este instante escucho una canción de fondo que me parece muy representativo del trabajo grupal. Dice Caifanes: “Afuera tu no existes solo adentro”. Hay que aprender a trabajar en equipo para poder ser parte de grupos productivos, para soñar con metas grandes, para crecer y trascender.

¿Por qué no soñar con que Colombia pueda ser alguna día campeón del mundo?

Yo sueño con viajar por el mundo con mi núcleo familiar, deseo trabajar en equipo con Luz Adriana, Orianna y Dante para que esto se haga realidad.

¿Cuáles son tus sueños?

Cualesquiera sean, nunca olvides que la clave está en aprender a trabajar en equipo.