Publicado en ANDREZ PAZ EL PSICOLOGO DE LA VIDA, LIBRO

PAPÁ SOLTERO

papa soltero

Yo no quería ser papá soltero pero me tocó.

Alguna vez pensé vivir esta experiencia pero después me arrepentí. Sin embargo, ya había dado el salto al vacio y desde entonces estoy tratando de salir de aquí.

No logré ser un papá casado con la madre de mis hijos.

Ella no volvió a confiar en mí y un día se decidió a no caminar más junto a mí.

Creo que hizo bien, porque al soltarme me permitió encontrarme a mi mismo y en la soledad de este abismo al que me lancé sin paracaídas, he podido reconocer mis luces y mis sombras, hacerme mas consciente de mis cualidades y mis defectos.

Mis cualidades me tienen bien laboralmente, en cambio mis defectos, mal afectivamente.

Gracias a mis cualidades hoy soy un hombre independiente.

Gracias a mi trabajo puedo sustentarme y contribuir con el sustento de mis  hijos.

Dependo solo de mi responsabilidad para mantener mis proyectos laborales y trabajar por su crecimiento.

Eso me hace sentir feliz, porque depender de si mismo para sustentarse y cumplir con la responsabilidad de sustentar a tus hijos, es una fuente de satisfacción.

En carne propia he podido comprobar que cuando uno trabaja  en lo que le gusta, lo hace bien y lo disfruta, por lo tanto experimenta bienestar.

Pero también en carne propia he podido experimentar los devastadores efectos de los defectos en mi vida afectiva.

Esta es mi realidad.

Hoy vivo una vida agridulce.

Dulce por el sentido de vida que me brinda mi trabajo.

Agria porque estoy privado de las dos fuentes de afecto más nutritivas de la adultez:

Los hijos y la pareja.

Como diría la canción, afectivamente, vivo en el limbo.

La pregunta es:

¿Cómo salir de este limbo afectivo?

Como psicólogo soy consciente del profundo impacto que tienen las creencias sobre la vida del ser humano.

Me atrevo a afirmar que somos lo que creemos.

El conflicto surge cuando lo que creemos es diferente de lo que vivimos.

La psicología le llama a esto disonancia cognitiva.

Leo Festinger descubrió que cuando creemos en una cosa y hacemos otra, entramos en una fase de ansiedad y angustia que puede incluso enfermarnos, paralizar nuestra existencia, bloquear nuestra vida y arrojarnos a un limbo afectivo, atormentados por las sin salidas.

Pero siempre hay una salida.

Este libro que estoy escribiendo y que tu, recién salido del horno estas leyendo, es la búsqueda de esa salida.

Gracias a este ejercicio reflexivo, en el relato anterior me di cuenta que estaba padeciendo los efectos de dos creencias encontradas.

Cada una me plantea un estilo de vida diferente y no se porque, pero presiento que resolver este dilema me puede despejar el camino hacia la coherencia entre lo que creo y lo que vivo.

Ahora me surge una nueva inquietud….

Si estoy en un limbo afectivo por un choque de creencias, no será que lo primero que debo preguntarme es:

¿Qué es lo que quiero?

¿Si tengo claro lo que quiero, podre tener claro lo que creo?

¿Si aclaro lo que quiero y se despeja en lo que creo, podré salir del limbo afectivo en el que hoy me encuentro?

Ya soy papá.

¿Quiero tener más hijos?

Con su madre, aunque no somos pareja, somos familia.

¿Quiero tener otra familia?

Estas son las inquietudes que ahora como papá soltero me planteo.

Y confió que será la misma vida la que me traerá las respuestas.

Mientras tanto, seguiré escribiendo, reflexionando, y mi vida, poco a poco, iré sanando y ordenando.

 

 

Anuncios
Publicado en ANDREZ PAZ EL PSICOLOGO DE LA VIDA, LIBRO

CREENCIAS ENCONTRADAS

CREENCIAS ENCONTRADAS

Hace unos días experimenté la colisión de dos creencias que están en pugna por ser parte central de mi vida.

En los últimos 10 años he practicado una creencia que trajo mucho bien a mi existencia, no obstante que hoy estoy viviendo con la soledad como compañía.

Yo creo en la familia nuclear.

Un hombre, una mujer, dos hijos.

Esa creencia se materializó en mi vida, pero hoy ya no vivo así, veo a mis hijos solo unas cuantas horas a la semana, ni yo estoy creciendo con ellos, ni ellos están creciendo conmigo.

Tenemos una relación a distancia, hay un vacio en su vida y un vacio en la mía.

Esa distancia se convirtió en un profundo dolor para mí.

Dolor que justamente hace un año experimenté cuando su madre me notificó que definitivamente no quería continuar junto a mí.

Dos años llevo ya en esta penosa situación.

¿Qué debo hacer?

¿Cómo puedo resolver esta cuestión?

Soy psicólogo, y creo que debo ser mi propio terapeuta, apoyándome en la sabiduría de las personas que están a mí alrededor.

Una de ellas, Luis Roberto, me dijo:

“Andrés, es una cuestión de decisión”.

En lo que respecta al tema familiar, y acorde a mis circunstancias, me encontré en el camino con un dilema:

Tener hijos con una sola mujer o convertirme en un hombre con hijos de mujeres diferentes.

Yo creo en la vida familiar, en la vida en pareja.

Pero me cuesta mucho asimilar la idea de ser papá otra vez.

Este es mi dilema existencial.

Y presiento que lo tendré que resolver de forma radical, porque estas creencias encontradas ya están empezando a causar malestar en mi existencia.

Lo irónico de toda esta historia es que cuando vivía con mis hijos y en pareja, era muy critico de esos hombres que tenían hijos con diferentes mujeres, como quien dice, no se puede escupir para arriba porque en la cara te cae. Lección aprendida.

Ya veremos que nos plantea la vida para resolver esta situación o como bien lo señala el Coaching Afectivo, ya encontraré la manera de superar este desafío.

Solo espero que al finalizar este libro una clara respuesta a esta inquietud haya concebido.

Sospecho que Luis Roberto tiene razón:

“Hay que tomar decisiones que has aplazado. Recuerda Andrés, las decisiones nacen del valor y el valor nace de la fe en si mismo y en el poder interior que el Dios en el que crees te da”

Concluyo entonces que al parecer, las creencias encontradas se resuelven con una decisión.

¿Y tú qué crees?

Publicado en ANDREZ PAZ EL PSICOLOGO DE LA VIDA, LIBRO

GRANADA Y PAZ

GRANADA Y PAZ

Alguna vez me encontré con un bello pensamiento que me impactó:

“Cambia tu forma de ver las cosas, y cambiaran las cosas que ves”

Me he propuesto escribir este libro día a día, para de esta forma poder sanarme un poco más cada día y disfrutar de paz en medio de mi soledad.

A lo mejor y cuando lo termine, habrá cicatrizado la herida. Bueno, esa es mi esperanza para seguir con vida.

Por eso vuelvo a este cultivo de pensamientos a darle forma a este proyecto editorial.

Un proyecto que nace de la vivencia, que se nutre de la experiencia propia y de aquellos que el flujo de la Vida pone en mi camino para aprender y crecer.

Una de estas personas providenciales fue Julio Caro. Este hombre me transmitió el mensaje de la paz.

En ese día, que recordaré por el resto de mis días, Julio, un psicólogo que trabaja como coach profesional y de vida, me hizo caer en cuenta del tema central de mi vida:

El conflicto.

Hasta ese día creí que estaba padeciendo los efectos de un conflicto.

El conflicto entre mi ego y mi espíritu.

Con solo una sesión de 40 minutos, este hombre fue capaz de ayudarme a ver de una manera diferente, ya no creo que haya conflicto.

Creo que he hecho las paces con mi ego.

Ya no lo combato, lo acepto, porque mi ego es parte de mí.

Mi ego soy yo.

Eso es lo que heredé de mis padres.

Eso es lo que aprendí para sobrevivir.

Ya no tengo necesidad de pelear.

Ya estoy en paz con mi ego. Con mis raíces, mi herencia y mi historia.

Ya no veo a mi ego como un enemigo, ahora lo he convertido más bien en un aliado.

Es más fácil influenciar a un aliado que a un enemigo.

Siempre será mejor tener amigos que enemigos.

¿Cómo voy a ser enemigo de mi mismo?

Eso sería absurdo.

Pero por muy absurdo que parezca, hasta ese día creí que mi ego era mi rival.

De modo que terminada la guerra, ahora lo que viene es el trabajo:

La construcción de la paz.

Superada la división, lo que viene es el fortalecimiento de la unión.

La comunión entre lo que heredé y aprendí, es decir mi ego, y lo que elegí, es decir mi espíritu.

Es curioso, pero cada una de esas fuerzas tiene nombre propio:

Andrés Granada y Andréz Paz.

Ya no es Andrés Granada Vrs Andrez Paz.

Los dos son uno solo.

Pero entre la guerra y la paz, siempre será mejor estar en paz.

Porque cuando uno esta en paz consigo mismo, siempre estará en paz con los demás.

Dicen por ahí que el que no conoce su historia esta condenado a repetirla, por eso me di a la tarea de escribir este libro, para conocer mi historia.

Porque después de cada conflicto lo que viene es la construcción de la historia.

Esta es pues la historia de mi identidad.

La historia de cómo empecé a vivir en paz.

La historia de cómo llegue a ser Andrez Paz.

Publicado en ANDREZ PAZ EL PSICOLOGO DE LA VIDA, LIBRO

SOLEDAD MATA

ANDREZ PAZ

La soledad tiene nombre de mujer.

Pero esta soledad tiene nombre de mujer fatal.

Y las mujeres fatales, mortales son.

A la muerte llevan.

¿Cómo liberarse del yugo de este cruel verdugo?

Creo que lo primero que hay que hacer es aceptar con respeto su presencia en la vida.

Mirarla a los ojos.

Conocerla para poder interactuar de la mejor forma posible con ella.
Viene a mi mente la línea de una canción:

“Hola soledad”.

La saludo y ella me responde con un profundo silencio e indiferencia.
Estoy solo.

Me siento intensamente solo.

Allá afuera, en la vida, muchas voces de aliento escucho:

“No estás solo Andrés,
Dios está contigo,
Tu familia,
Tus amigos,
Tus compañeros,
Tus maestros,
Tus aprehendices,
Tus socios,
Tus colegas,
Incluso, quienes no te conocen, pero saben de ti, mucha gente te aprecia.”

Si, lo sé, ustedes están ahí, pero yo estoy solo aquí; sin hijos y sin pareja.

Escribiendo estas líneas para poder descubrir el sentido de lo que estoy viviendo, lejos de los seres que más quiero en esta vida.

Ahora vivo con Soledad.

Pero esta es una soledad que me deteriora y me destruye, solo me ofrece placeres cancerígenos, deseos fugaces, encuentros fortuitos, ilusiones perdidas.

El único instante en el que encuentro sentido a esta soledad en mi vida, es cuando me dedico a crear, a darle rienda suelta a todas esas emociones y sentimientos que pugnan por salir a la superficie y manifestarse en forma de pensamientos.

Creo que pensando, reflexionando y creando, algún día podré salir de este doloroso desierto afectivo por el que hoy estoy transitando.

Gracias a la labor de mi vida, que es hacer psicología, había visto y escuchado que la soledad dolía.

Ese es el lado oscuro de la soledad:

El dolor.

Pero del dolor también se aprende y eso es lo que yo quiero, aprehender para no desfallecer y así poder crecer.

Ese es el lado luminoso de la soledad: la creación y el crecimiento.

De modo que estas son las dos caras de la soledad; la que mata y la que permite crear vida.

Soledad Mata, así se llama hoy mi compañía, quería ignorarla y no escribir sobre su presencia en mi vida, pero ha llegado y ahora solo espero poderte decir algún día que esta tortura he superado y mi vida he sanado.

Yo creo que escribir, sana.

Creo que el arte sana y además, libera de la soledad que mata.