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LOS RETOS

 

 

Acabo de escuchar unas palabras que han actuado como detonante para lanzarme a darle vida a esta columna de opinión sociopolítica: “El que quiere permanecer en la historia debe escribir.” Yo quiero hacer una historia personal, poder aprender de mí mismo a partir de la reflexión sobre lo que escribo. Estoy plenamente convencido que cultivar la palabra le permite a uno conocerse, pero también diseñarse y construirse.

Eduardo Galeano decía que no estamos hechos de átomos sino de historias. Y las historias están hechas de palabras, somos palabras encarnadas. Esta semana una palabra me tuvo pensando: LOS RETOS.

Me fui a buscar al sabio diccionario y me encontré con que un reto es un objetivo o empeño difícil de llevar a cabo, y que constituye por ello un estímulo y un desafío para quien lo afronta.

¿Cuáles son los retos de Duque?

Creo que el principal de ellos será gobernar con independencia del expresidente Uribe. Empeño bastante difícil, pareciera que se mueve entre dos posibilidades: o la sumisión al jefe, a quien el mismo Duque llama el “presidente eterno”, o el sensato distanciamiento político de su mentor para ser leal a sí mismo y dejar su propio legado, tal y como bien lo hizo Juan Manuel Santos quien tuvo la valentía de creer en la paz y jugársela por ella a pesar de la retrechera oposición de Uribe y su legión de egos combatientes.

Estoy observando el diccionario y me causa curiosidad la conexión que hay entre la palabra “reto” y otras vecinas suyas:

RETOcar.

RETOmar.

Una acepción de Retocar es:

“perfeccionar el maquillaje de alguien”.

Leo esta definición, observo el rostro de Iván Duque y me pregunto:

¿Será una mirada autentica?

¿Será un político transparente?

¿No será un producto del marketing político?

¿No será un mero maquillaje político?

Mas diciente me resulta la definición de Retomar:

“volver a tomar, reanudar algo que se había interrumpido”.

¿Vuelve Uribe al poder ejecutivo por intermedio de Duque?

¿Vuelve el cuento de la seguridad democrática?

A pesar de mis dudas, prefiero ser optimista y creer que Iván Duque será él mismo. No un simple títere, sino un presidente en ejercicio, con vocación de centro, capaz de darle la espalda a toda esa legión de corrupción, fanatismo y mafia que está pegada a su imagen.

Ese es el principal reto de Iván Duque ser Iván Duque.

Y quizá este es el principal reto de cada uno de nosotros, ser nosotros mismos, ser lo que elegimos ser.

Mi principal reto por ejemplo es vivir a plenitud la personalidad que elegí.

Aportarle decididamente a mi núcleo familiar, conectarme con toda mi tribu familiar, ser un constructor de paz, un cultivador de la palabra y de vínculos; quiero vivir de las palabras, haciendo libros y conferencias, desarrollarme como Storyteller. Responder activamente al llamado de la Pedagogía Conceptual, servirle a esta sociedad como un pedagogo político que constantemente siembra conciencia social. Encarnar la Psicología Afectiva y con sus enseñanzas, disfrutar de la tarea de ser un profesor de psicología de la felicidad. Y sobre todo, ser un Servidor, alguien que está al servicio de sus colegas para acompañarlos en los momentos difíciles de su camino y su vocación. Como diría Miguel De Zubiria, esta es la esencia de una persona autotelica, alguien que define sus anhelos, metas, proyectos y que está plenamente inmerso en el flujo de la vida.

Como bien lo dice el director de la Revista Semana, talante y liderazgo necesita Iván Duque para asumir este gran reto de su vida: gobernar un país que se debate entre un pasado violento y un futuro de paz. Lo mismo necesitamos cada uno de nosotros, conducir nuestra propia vida con talante y liderazgo, gobernarnos a nosotros mismos, no esperar a que los demás hagan por nosotros lo que a cada uno le corresponde hacer por sí mismo.

Termino con una palabra que le escuché varias veces en campaña a Iván Duque:

Congruencia.

Para afrontar nuestros retos tenemos que ser congruentes entre lo que pensamos, sentimos y actuamos.

¿Y tú, ya tienes claros tus retos?

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EL AUTOGOBIERNO

Estudiando el concepto de Libertad, que lógicamente está directamente relacionado con la Felicidad, me encontré con unas palabras que me parecen muy pertinentes para este momento: “Hay un mejor Yo en todos nosotros. Debemos dejar qué él nos gobierne y nos mande porque es nuestro verdadero Yo, a quien le encomendaron la bella tarea de vivir nuestra vida”.

Es ese mejor Yo que cada uno de nosotros tiene en su interior, el que debemos elegir día tras días para generar una nueva realidad en nuestra vida.

Ha terminado la contienda electoral, un nuevo presidente ha llegado a la Casa de Nariño. Como soy optimista por naturaleza, quiero creer que Iván Duque será capaz de hacer historia por luchar con denuedo contra la corrupción y evitar que se expanda la cleptocracia en Colombia. Ardua tarea.

Algunos piensan que hemos empezado a transitar hacia la dictadura uribista, otros creen que no hay cuña que más apriete que la del mismo palo y será Duque quien termine siendo el presidente que lleve a la cárcel a Álvaro Uribe. Muchos son los escenarios que se pueden dar.

Cualquiera sea el desenlace de esta historia, lo cierto es que Iván Duque encarna en sí mismo el dilema de esta generación: ¿Qué tipo de sociedad le vamos a dejar a nuestros hijos? ¿Una sociedad capturada por la Cleptocracia o una sociedad abierta y con una profunda Democracia?

Con todas y sus imperfecciones, yo creo en la Democracia. Pero igualmente creo que la auténtica Democracia solo la pueden construir seres humanos genuinamente libres. Hombres y mujeres capaces de gobernarse a sí mismos. Yo creo en el Autogobierno. Sueño con que esta nueva generación seamos capaces de gobernarnos a nosotros mismos. Así quizá algún día no necesitaremos de tanto gobierno, de tanto Estado.

Iván Duque puede encarnar una nueva generación de hombres libres que fueron capaces de llegar al poder, pero no solo de un Estado, sino y sobre todo de un estado mental. Ser capaz de gobernarse a sí mismo, creo que es la mayor proeza de la mente humana.

O también podría ser que Iván Duque sea simplemente la cabeza de una nueva generación de burócratas  corruptos que han explotado y usurpado la gallina de los huevos de oro llamada Estado. Una gallina alimentada por el trabajo de millones de Ciudadanos que por estar divididos, terminan una parte de ellos eligiendo a sus verdugos.

Estoy luchando para poder terminar esta columna, hoy es domingo 24 de junio, hace una semana 10 millones de conciudadanos le dieron el poder ejecutivo a un hombre joven, nacido el 1 de agosto de 1976, apenas cuatro años mayor que yo, impresionante. ¿Cómo logro esta hazaña este hombre? ¿Es verdaderamente un títere del expresidente o un hombre libre capaz de gobernarse a sí mismo y por lo tanto a todo un país?

¿Será Iván Duque el hombre de la liberación de la corrupción y el líder de la reconciliación de este país?

Espero que el nuevo presidente de Colombia sea capaz de construir un gobierno propio. Que escuche, pero que tome por sí mismo sus propias decisiones. Que piense en sus tres hijos, que son una representación de todos nuestros hijos. Los que hoy son menores de 10 años y esperamos puedan disfrutar de un país en paz. Libres del yugo de la corrupción y comprometidos con la transformación de la Educación.

Espero que Iván Duque gobierne de cara al futuro y no se quede amarrado por el pasado. Por eso, más que oposición a su gobierno, estaré a disposición para tender puentes de dialogo en torno a objetivos en común: en mi caso, la Paz y la Educación.

Creo que la Pedagogía es esencialmente constructiva, y debe estar al servicio no de un gobierno en particular, sino de una sociedad que requiere voces que expresen su sentir. Yo hoy siento que el país está polarizado, pero no está dividido entre derecha e izquierda, como muchos creen, sino entre Cleptocracia y Democracia, entre corrupción y ciudadanías libres. Esta es la polarización que debe superar Duque, porque Estado y Sociedad debe unirse en torno a una misma lucha:

La lucha contra la corrupción.

Y como dicen que el ejemplo empieza por casa, tremenda tarea la que tiene Duque para “traicionar” a quienes lo montaron en la presidencia.

Ojalá llegué ese día, mientras tanto, como individuo espero poder sentir algún día que en verdad me gobierno a mí mismo.

 

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¿CLEPTOCRACIA O DEMOCRACIA?


 

Hace ocho días, el 8 de junio, mi maestro Miguel De Zubiria lanzó su nuevo libro titulado: ¿ERES FELIZ? Casualmente, lo hizo en el mismo auditorio del hotel en el que me gradué de bachiller en 1998. Aquel año, Andrés Pastrana acababa de llegar a la presidencia con la promesa de un proceso de paz con las Farc. Con ese hecho social llegué a mi mayoría de edad y logré coronar una meta muy luchada luego de pasar por varias instituciones educativas y en varias modalidades de estudio.

El día que me gradué de bachiller fui muy feliz, 20 años después, evoqué esa felicidad y en la conferencia de Miguel caí en cuenta que el lanzamiento de ese libro me confirmaba un camino elegido: Ser Profesor de Psicología de la Felicidad. Dos décadas pasaron para descubrir el trabajo de mi vida. Luego de la presentación compartimos un rato con el maestro, en compañía de Carolina Jiménez, su más aplicada discípula de Psicología Afectiva, y quien luego del evento me puso a llenar un cuestionario de psicología política que Miguel está construyendo; quedé un poco sorprendido con los resultados, y al mismo tiempo confirmé un llamado que he sentido en esta época de elecciones presidenciales: la pedagogía política.

La primera conclusión a la que he podido llegar luego de reflexionar lo vivido ese mágico día, es que existe una estrecha relación entre la Felicidad y la Política.  Una política bien hecha, bien pensada, bien sentida, es una política que produce felicidad social, y por ende felicidad familiar y personal.

¿Cuál de los dos grupos políticos enfrentados en esta contienda electoral contribuyen con la auténtica felicidad de la sociedad colombiana?

¿El Centro Democrático y toda esa tripulación que sin duda alguna tiene mucho que ver en ese desangre del Estado llamado corrupción?

¿Cuánto de esos 50 billones de pesos anuales han ido a parar a los bolsillos de esos que hoy están montados en el barco uribista?

¿No es la corrupción un atentado contra la felicidad de los colombianos?

Yo estoy convencido que la Felicidad tiene que ver con la equidad, con la justicia social, con las oportunidades de educación, con el respeto por la diferencia, con la valoración del pluralismo y la diversidad. Yo creo que la Colombia Humana y todas las fuerzas políticas que se han unido a su lucha política tienen que ver con estos anhelos. Millones de personas de todos los sectores de la sociedad están creyendo en esta posibilidad. Yo soy uno esos que creen en la posibilidad de construir una auténtica democracia, más profunda y participativa en la que sea posible ser realmente feliz y vivir en paz construyendo cada uno su propio proyecto de vida.

De modo que ha llegado la hora de verdad. Es el momento de decidir; no entre dos figuras políticas, sino entre dos formas de estar en sociedad: la cleptocracia o la democracia.

De acuerdo con Wikipedia, “la Cleptocracia (del griego clepto, ‘robo’; y cracia, ‘fuerza’ = dominio de los ladrones) es el establecimiento y desarrollo del poder basado en el robo de capital, institucionalizando la corrupción y sus derivados como el nepotismo, el clientelismo político y/o el peculado, de forma que estas acciones delictivas quedan impunes debido a que todos los sectores del poder están corruptos, desde la justicia, funcionarios de la ley y todo el sistema político y económico.”

De corrupción, nepotismo, clientelismo político y/o peculado está lleno el barco del Centro Democrático que está ávido de poder para poder hacer de las suyas e implantar una  nefasta cleptocracia muy parecida a la actual situación venezolana. Las encuestas dicen que ganará, yo espero que no.

Yo espero que gane la Democracia, que gane la Colombia Humana, con todo y sus imperfecciones, es preferible a un gobierno de delincuentes que ve enemigos por todo lado, que hace uso del miedo, la mentira y la manipulación para obstaculizar la construcción de una cultura de paz en el que tema central sea la Educación, y no la violencia política ni la corrupción.

Soy muy feliz expresando estos pensamientos, aunque de pronto no le gusten del todo a mi maestro Miguel, que muy a mi pesar ve con mejores ojos la propuesta política que tanto crítico, paradójicamente, políticamente me siento más afín con la postura de su hermano Julián De Zubiria, quien hizo público su apoyo a Gustavo Petro.

De todas maneras, pase lo que pase, y gane quien gane, queda claro que será necesario un fuerte trabajo psicológico y pedagógico para reconciliar esta sociedad herida por tantos años de violencia, y no solo guerrillera, sino también paramilitar, estatal y mafiosa.

La paz es felicidad, por eso vale la pena seguir apostándole a este proceso de construcción de paz que a buena hora inició el Presidente Santos, no ha sido fácil, no es fácil y no será fácil, tal y como ocurre con la Felicidad que es una tarea para nada fácil. Sin embargo, se facilita cuando aparecen en la vida herramientas tan poderosas como las que viene creando el maestro Miguel y que sintetizó con gran habilidad en su nuevo libro: ¿Eres Feliz?   

En estos momentos soy muy feliz, porque luego de mucho esfuerzo por centrar mi atención, he logrado cumplir la meta de escribir esta columna de opinión sociopolítica, lo cual me hace sentir bien conmigo mismo porque me estoy obedeciendo en la orden que me he dado: escribir cada semana una columna inspirado en la portada de la Revista Semana.

Según lo que he aprehendido, las metas son la primera fuente de felicidad, activan un circuito neuroquímico de producción de dopamina, adrenalina, endorfinas, serotonina y oxitocina; al mismo tiempo, las metas crean interacciones y vínculos, la segunda fuente de felicidad.

La sola idea de pensar en país sin corrupción, en paz y educado, me da mucha felicidad. Por eso vale la pena sumarse a esta meta colectiva. Sin miedo, con confianza y esperanza.

Yo no quiero una cleptocracia, deseo una democracia, ¿Y tú?

 

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MAFIAS POLITICAS VRS CIUDADANOS LIBRES

 

 

De acuerdo con Juan José Alonso, la identificación es un proceso psíquico que se da de forma inconsciente, aunque también se puede dar de forma consciente. Según este autor, la mente humana por cada objeto que ve, de cada frase que oye, de cada línea que lee, por cada olor o por cada sensación que experimenta hace una abstracción o absorción de las cualidades que para él representan.

La práctica constante y sistemática del Autoconocimiento lo lleva a uno a hacerse consciente de las identificaciones que ha adquirido a lo largo de su vida. Por estos días ando muy reflexivo con las identificaciones políticas, ya faltan muy poco para que vivamos el desenlace de las elecciones presidenciales más tensas de los últimos tiempos.

Estas palabras tienen el propósito de seguir construyendo una meta y alimentando un sueño. La meta es darle vida a un libro inspirado en las portadas de la Revista Semana y el sueño es ser parte de esa gran empresa de medios colombiana que para mí es todo un recurso para hacer pedagogía.

Hay una pedagogía que es urgente en Colombia, y no solo en esta tierra sino en toda América Latina, me refiero a la Pedagogía Política, esa pedagogía que nos enseña a ser ciudadanos libres y con criterio para poder discernir lo que más nos conviene como sociedad, que no siempre es lo que más le conviene a ciertos grupos de poder cuyo interés es mantener en la ignorancia y el miedo a la masa inconsciente.

La masa inconsciente no es consciente de su identidad política. Sus preferencias políticas no son el fruto de la reflexión sino de la manipulación mediática que siempre la apunta a mover lo más primitivo de la naturaleza humana; sus instintos y emociones. Ciertos grupos de poder le apunta al miedo, al cerebro reptil. Apelan a lo que me gusta llamar la política reptiliana.

El llamado “Antipetrismo” está sustentando en esa política, una política del miedo, la mentira, la difamación, la propaganda negra es su principal herramienta. Hace ocho años, Mockus y la Ola Verde fueron víctimas de este tipo de estrategias, se sabe de la existencia de un perverso ser llamado JJ Rendón, un estratega político que pone sus conocimientos psicológicos al servicio de estos grupos de poder.

El “Antiuribismo” es diferente. No está sustentado en mentiras ni en la creación de escenarios futuros trágicos, sino en hechos y en la proyección de posibilidades reales. Oponerse al uribismo es oponerse a todo lo que esta fuerza política hizo cuando estuvo en el poder. ¿Cuántos funcionarios de ese gobierno hoy están en la cárcel o prófugos de la justicia? Solo unos cuantos ejemplos bastan para dimensionar el tamaño de esa cleptocracia. ¿Recuerdas lo que pasó con el DAS? Un valiente periodista llamado Julián Martínez Vallejo llevó a cabo una brillante investigación que luego presentó en un fantástico libro llamado justamente así: “Chuzadas: 8 años de espionaje y barbarie”.

¿Recuerdan la Yidispolitica? Diego Palacio y Sabas Pretelt, funcionarios estrella del gobierno de Uribe pagaron cárcel por un delito llamado cohecho, fueron ellos los que se prestaron para modificar el “articulito” que permitió la reelección de Uribe en el 2006.

¿Recuerdan los falsos positivos?

¿Recuerdan agro ingreso seguro?

¿Recuerdan la parapolítica?

¿Estos son hechos o invenciones?

¿Ocurrieron realmente estos hechos o son puras ficciones de los antiuribistas?

¿Es Uribe un criminal o un perseguido político?

Los fanáticos uribistas, es decir la masa inconsciente, niegan esta realidad. Al respecto, dice José Antonio Marina que el fanatismo impide cambiar de creencia a pesar de tener evidencias en contra.

Las evidencias en contra de Uribe son copiosas, y como dice Daniel Coronel, no solo la ha hecho sino que la sigue haciendo. De modo que oponerse a Uribe y su sequito es oponerse a una cultura de la mafia, del todo vale como dice Mockus, de la corrupción, del clientelismo, del nepotismo, y muchos otros males que configuran un cáncer social que está a punto de hacer metástasis. ¿Por qué? Nuevamente aparece el pedagogo José Antonio Marina:

“Nuestra sociedad está no solo fascinada por la personalidad psicopática, sino que es además cada vez más tolerante con ella. Pero aún más terrible es la posibilidad de que esos psicópatas se conviertan en retorcidos modelos de comportamiento para niños de familias disfuncionales o procedentes de comunidades desintegradoras en las que poco se valora la honestidad, el juego limpio y la conciencia de bienestar de los demás”.

Estamos pues a las puertas de una profunda transformación cultural, representada ya no solo en la figura de Gustavo Petro, sino también en la de Ciudadanos Libres como Antanas Mockus y su apuesta por la educación, Claudia López y su lucha contra la corrupción, Ingrid Betancur y su gesto de perdón y reconciliación, además de María Ángela Robledo, una psicóloga empeñado en tejer vínculos para la construcción de un era de paz en Colombia.

Con esta apuesta es con la que yo elegí identificarme.

Una apuesta que llena de sentido mi rol como papá, mi papel como psicólogo y mi vocación como pedagogo.

¿Cuál será tu apuesta?

¿Apoyaras a las mafias políticas o a los ciudadanos libres?

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LA IDENTIDAD POLÍTICA


Dice Juan José Alonso en “La Clave del Autoconocimiento”, que las identificaciones constituyen la esencia y el elemento básico constructor de la personalidad. También sostiene este autor que las identificaciones son procesos inconscientes que pueden alcanzar la consciencia cuando existan las condiciones precisas; como son un nivel significativo de autoconsciencia y un deseo de toma de consciencia.

Yo soy un practicante del Autoconocimiento, estoy plenamente convencido que conocerse como individuo, y también como parte de la especie en general y de una sociedad en particular, es fundamental para crecer.
Dada la coyuntura política que estamos viviendo por estos días en el país, me siento en la necesidad de trabajar en el descubrimiento de mi identidad política, y de paso dar comienzo a una meta que no he logrado consolidar: escribir columnas de opinión sociopolítica inspirado por las portadas de la Revista Semana.

¿Cuál será mi identidad política?

Para poderme responder esta pregunta tengo que hacer un poco de historia personal.

La primera vez que voté fue en el año 2002, en aquella época tenía 21 años y estaba estudiando psicología en la Universidad Católica de Colombia. A esta universidad llegó a hacer campaña Álvaro Uribe Vélez, al igual que muchos, quedé atrapado por su “embrujo” y me comí tanto el cuento que hasta mis compañeros de entonces me pusieron el remoquete de “uribito”. Qué pena me da reconocer este hecho.

Para el segundo semestre de 2004 tuve que decidir entre hacer un seminario o una tesis para graduarme como psicólogo. Opté por la segunda. Luego de pensar varios temas, me decidí por uno que me mostró una realidad que marcaría profundamente mis posturas políticas.

La decisión la tomé a partir de un recuerdo de infancia.

El 9 de agosto de 1994 me encontraba en un internado en Manizales, eran las 10 de la mañana y escuché en la radio una noticia: había sido asesinado Manuel Cepeda Vargas, el último senador de la Unión Patriótica.

Ese hecho despertó mi curiosidad y me pregunté: ¿Por qué no investigar lo que ocurrió con la UP?

Me di a la tarea, dos años duré en ese proceso, la historia que conocí de ese genocidio indudablemente marcó mi vida. He hablado muy poco de ello porque sinceramente me ha dado miedo. Colombia es un país donde se ha asesinado a los opositores, a los que se atreven a pensar distinto, a aquellos que se atreven a encarnar y vivir una identidad que va en contravía del Statu Quo.

Terminé mi tesis y quedó ahí, estuve muy tentado a profundizar en ese camino que seguramente me habría llevado al campo de los defensores de los derechos humanos, pero la corriente de la vida me encaminó por los senderos de la Psicología Afectiva y de la vida familiar. Conocí a Luz Adriana, tuvimos a Orianna y Dante y ese tema quedó en el olvido.

En el 2010, ya con 30 años, me identifiqué con la Ola Verde de Mockus, todo lo que había descubierto en mi investigación sobre el genocidio de la Unión Patriótica, hizo que conociera la realidad sobre los vínculos de Álvaro Uribe con el paramilitarismo y por eso veía en el profesor Antanas, el hombre idóneo para frenar sus intenciones de mantenerse en el poder influenciando la elección de Juan Manuel Santos, en ese momento no me imaginaba que el sucesor de Uribe sería capaz de desmarcarse de su jefe político y emprender el proceso de paz con las Farc.

El 4 de septiembre de 2012 Santos anunció públicamente el inicio de las negociaciones, recuerdo que la noticia la escuché en las montañas de Soacha, y a partir de ese momento sentí que la Paz era la causa de nuestra generación. Me identifiqué tanto con en esa apuesta política y social que decidí asumir una nueva identidad, en adelante me llamaría y me presentaría como Ándrez Paz.

En el 2014 voté por Santos para apoyar el proceso de paz y se despertó en mi un sentimiento de gratitud hacia este hombre que es considerado un “traidor de su clase” por haberse atrevido a iniciar este proceso y llevarle la contraria a Uribe.

En el año 2017, acepté la invitación de Miguel de Zubiria a vincularme al movimiento libertario, lo hice atraído por una idea que me parece fundamental para el desarrollo de esta sociedad: La Libertad Educativa.

No logré conectarme del todo con el movimiento libertario porque se oponían al proceso de paz con las Farc y eso me alejó de esa iniciativa, aunque sigue dando vueltas en mi cabeza la idea de la Libertad Educativa.

La Paz y la Educación son para mí los temas centrales de la vida social y son las causas que mueven mi existencia. Por ese motivo, en esta campaña del 2018 me identifiqué inicialmente con la llamada Coalición Colombia encabezada por Sergio Fajardo, lo hice porque estaban comprometidos con la Paz y seguían la misma línea de Mockus en torno a la Educación.

Y ahora estamos en una situación parecida a la del 2010, con Iván Duque como alfil de Uribe, pero con un nuevo protagonista: Gustavo Petro, menos ingenuo y más radical que el Antanas Mockus de aquellos días.
Como bien lo dice la Revista Semana, nunca en la historia de Colombia, dos candidatos han tenido visiones de país tan distintas.

Habiendo hecho una investigación profunda sobre el genocidio de la Unión Patriótica, me queda muy difícil identificarme con la visión de país que representa Iván Duque y todos aquellos que están trabajando a favor de su candidatura. No quisiera sonar ofensivo, pero cuando uno ve la foto de los que están subiéndose a ese barco, se encuentra con varias palabras encarnadas en diversos personajes: fanatismos; religiosos y políticos. Corrupción de todos los colores, homofobia, complejos de superioridad social, exclusión y discriminación, dogmatismos y anacronismos. Esa es una sociedad vieja que se resiste a cambiar. Respetables todos como seres humanos, pero con ideas que no permiten evolucionar.

Cuando inició esta campaña lo hice identificándome con el Centro Político, encarnado en esta ocasión por Sergio Fajardo, Claudia López y Jorge Enrique Robledo; apoyé con muchas reflexiones esta propuesta, sin embargo, con el paso de los días, empezó a calar en mí el diagnostico social que planteaba el relato de Gustavo Petro y su propuesta de la Colombia Humana.

Esta es hoy la visión alternativa a la que plantea Duque y su corte Uribista, una visión política de derecha que me asusta porque tiene un tinte dictatorial y de intromisión en los asuntos familiares, personales y comunitarios, que muchas personas de buen corazón pero ingenuos a nivel político están apoyando. Cómplices sin ser conscientes. ¿Estamos en una dictadura en ciernes?

Ante esta inminente posibilidad, creo que una opción viable y posible es la unión entre la izquierda y el centro. Una Izquierda Centrada para ser más exacto.

Me identifico con una visión de país incluyente y pluralista, donde realmente quepamos todos. Una visión que ponga la Paz y la Educación en el centro de la acción social. Donde la lucha contra la inequidad e injusticia social sea determinada. Una visión donde se comprenda que la mayor riqueza del país no está en sus recursos naturales sino en el cerebro de todos nosotros. Una visión que nos encaminé hacia al futuro y no que nos deje atados al pasado.

A nivel político elegí ser de Centro, pero por lo que veo estoy más inclinado hacia la centro izquierda, por eso me parece que no es el momento del voto en blanco, es el momento de la unidad en torno a un propósito en común:

La construcción de una cultura de paz.