biografia

10 AÑOS DESPUES…

10 AÑOS DESPUES

En nuestra sesión de trabajo de ayer, nuestro maestro Miguel De Zubiria empezó haciéndonos la siguiente pregunta:

¿Cuáles han sido los tres hechos más importantes de sus vidas?

Sin pensarlo mucho, a mi mente llegaron tres hechos definitivos:

  1. Cuando me fui de la casa, a los 12 años.
  2. Cuando me gradué de psicólogo, a los 26 años.
  3. Cuando me hice papá, a los 28 años.

Según el maestro Miguel, la vida termina a los 30. Es decir, las decisiones que van a definir la vida se toman antes de los 30 años. Si esto es así; salir de casa siendo un niño, estudiar para ser psicólogo profesional, y ser papá, son las decisiones que han marcado mi vida.

No puedo decir que haya tomado esas decisiones de forma plenamente consciente, siento que lo hice más bien movido por la intuición.

La intuición me llevó a salir de casa porque estaba creciendo en un entorno peligroso, si me quedaba en ese barrio, allá en Pereira, viviendo la vida que vivía, mi camino era la delincuencia, todo estaba dado para ello: violencia intrafamiliar, negligencia parental, desconexión familiar, cultura barrial delincuencial.

Esa decisión infantil me salvó de la miseria y me encaminó, con los años, 6 después, a estudiar psicología, en una de las mejores facultades de América Latina, en la Universidad Católica de Colombia.

Estudiar psicología fue una decisión juvenil que me salvó de la ignorancia intelectual, y aunque con esa psicología no logré sanar las heridas afectivas que desde la infancia traía, por lo menos me dio la entrada al mundo de los trabajadores profesionales, podría ganar un poco más que el mínimo, no mucho, pero ya era un avance. No sería un obrero raso.

Terminé la carrera a los 24 años y dos años después, en el 2006 y recién cumplidos los 26, me gradué de psicólogo. En ese mismo año, y un poco más de 6 años después de mi decisión juvenil de entrar al mundo de la psicología, conocí a la mujer con quien tuve la dicha de ser papá en el 2009, a los 28 años de edad.

Desde ese día, hasta hoy, han pasado exactamente 10 años.

El 28 de enero de 2006, la Vida me puso en contacto con los asuntos del corazón. Ese día, allá en la Cinemateca Distrital, empezaba para mí una historia de amor. Hoy se, a mis 35 años, que toda historia de amor deja lecciones, algunas son muy gozosas y otras muuuuy dolorosas.

Las lecciones gozosas hasta hijos dejan.

Y las lecciones dolorosas, hasta de los hijos nos alejan.

Siete años duraron mis clases gozosas, aprendiendo del amor a través de su experiencia, sintiéndolo, fui muy feliz, apreciado y amado por una tribu familiar, como nunca antes lo había sido en mi vida.

Tuve el hogar que en mi infancia no había, pero no fue eso suficiente para sanar mis heridas afectivas, ahí seguían los miedos, las inseguridades, los malos hábitos, las agresividades, los egoísmos, machismos, todo lo que heredé y aprendí para sobrevivir.

Herencia y aprendizaje que en la adultez, habiendo alcanzado el gran logro de la pareja, los hijos y la profesión, me empezó a pasar factura.

Y fue tan alto el precio pagado, que sin la compañía de esa familia me he quedado.

Tres años llevo ya en este proceso de separación.

Tres años de dolorosas lecciones que han abonado el terreno para mi maduración.

El dolor es un gran maestro, no hay que temerle, hace poco escuché que evitar la infelicidad no es el camino a la felicidad y que algunas veces, para encontrarte a ti mismo, necesitas estar un poco perdido.

Yo siento que ya me encontré a mí mismo, también siento que la soledad ha sanado las heridas afectivas de mi infancia; los apegos malsanos, los resentimientos familiares, los miedos sociales.

He descubierto mi identidad, tomado conciencia de mi Don y mis Talentos, tengo clara mi misión como profesional, estoy convencido de mi vocación, y ahora actuó movido por una fuerte convicción:

Conocerse y trabajar en nuestro Desarrollo Afectivo, son dos estrategias de vida poderosas para construir una vida feliz y plena.

Este es el mensaje de la Psicología Afectiva, la psicología que estudio y practico, la psicología que compartiéndola le da un profundo sentido a mi vida, la psicología a la que quiero consagrarme el resto de mis días.

Gracias a esta psicología, comprendí que en soledad se pueden sanar las heridas afectivas.

Pero en una soledad creativa, que se convierta en una oportunidad para conocer nuestra vida y diseñarla para construirla.

La soledad es la gran oportunidad para conquistar nuestra soberanía.

Ser soberanos sobre nuestra propia vida.

De aquí en adelante, se sufra o se goce, todo lo demás es ganancia.

Diez años después de haber empezado esta dulce y luego amarga historia de amor, agrego un cuarto momento determinante en mi vida:

A mis 35 años, ser libre.

Sin yugos afectivos, ni intelectuales, ni materiales.

Libre para de forma soberana, cultivar y cosechar los recursos vitales que necesito para sustentar mi viaje por esta vida:

Afecto.

Sabiduría.

Y pan.

Creo fervorosamente que con estos recursos es posible construir una vida feliz y plena.

Poco a poco, con paciencia, teniendo siempre presente que “el camino ya es la meta”.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s