andres granada

EL PROCESO DE PAZ -DEL  REDENTOR AL CETA-

centro-educativo-amigonianoEl hecho de que se firme la paz no quiere decir que se acaba el conflicto, lo que esto significa es que de ahora en adelante se resolverán las diferencias por la vía política, no militar; a las buenas, no a las malas.

Por eso es un proceso, la paz se recupera, pero la paz debe mantenerse. Porque de lo contrario, volverá otra vez la guerra, se abrirán nuevamente paso los militaristas y serán relegados los pacifistas.

Es un hecho que como sociedad estamos intentando ingresar a una era de paz, pero también está claro que la paz no es un asunto solo político, la primaria paz es la paz familiar.

La paz del Hogar.

Estoy convencido que un país y un Hogar en paz es una obra de todos.

Cada uno de nosotros, como si de una comunidad celular se tratara, tiene una labor que llevar a cabo en esta ardua construcción de un país y un Hogar en paz.

Esta labor en pro de una sociedad y un Hogar en paz es lo que llamo un trabajo con sentido.

Trabajar en pro de la paz de una sociedad en general y un hogar en particular es parte de lo  que le da sentido a mi vida.

Yo soy psicólogo y presto mis servicios profesionales en el Centro Educativo Amigoniano, un proyecto de los Religiosos Terciarios Capuchinos enfocado en la intervención y prevención de la delincuencia juvenil.

Ser parte de este proyecto social es para mí un motivo de intenso orgullo, de dicha, es como si los poderes superiores de la vida lo hubiesen elegido a uno para estar ahí.

Y así lo creo.

Dios pone a cada uno de nosotros en su lugar.

Otra cosa es que queramos aceptarlo.

Otra cosa es que queramos disfrutarlo.

Yo acepto y disfruto mi encargo.

Esta es una labor que trasciende lo económico, y aunque podría ser mejor remunerada, el pago va más allá, porque aquí se cosecha abundante afecto y sabiduría; recursos vitales que bien capitalizados pueden compensar lo material y servir de fundamento para proyectos de mayor envergadura económica, en el mismo terreno de la intervención y prevención de la delincuencia juvenil.

Solo es necesario un poco de iniciativa, creatividad, cooperación y trabajo en comunidad.

Estuve dos meses en la Escuela de Trabajo El Redentor, mi apreciado Padre Arnoldo me encargó la misión de atender la sección de perseverancia.

Esta es una sección de reflexión y es un lugar a donde llegan los muchachos que cometieron faltas contra el sistema:

Consumo de Ganjah.

Intento de evasión.

Desacato de la autoridad.

Irrespeto y agresión a otros compañeros.

Por alguno de esos motivos, los muchachos eran retirados de su grupo y enviados a cuartos de reflexión.

Mi tarea era hacer una especie de intervención en crisis; conversar con ellos, cultivar un vinculo con ellos, escucharlos, prestar oreja como diría el creativo Padre Manolo, todo menos “terapiarlos”, aburrirlos, seguir sermoneándolos y amargándoles la existencia.

En suma, mi labor era ser alguien de confianza con quien hablar y compartir en medio de ese amargo encierro y esa dolorosa soledad.

Fueron dos meses muy intensos que se me hicieron efímeros, no los sentí.

Cierto día caminando con un joven por las calles del Redentor, me encontré con el director, o sea el Padre Arnoldo, quien en ese momento me dijo:

  • Necesito hablar con usted. Lo espero a las 5pm.

Y para no hacer mas largo el cuento, ese día el padre me notificó mi traslado al CETA.

Y aquí estoy, trabajando en equipo con Clara Inés, mi compañera trabajadora social, una verdadera hormiguita para la labor.

Nos han asignado 6 casos  por sección, 36 adolescentes en total para hacer nuestra labor psicosocial.

Un bello reto que asumo con entusiasmo, ya pasaron las tres semanas de adaptación, ahora viene la intensa acción.

Aquí los mantendré al tanto de este proceso.

Un proceso personal y profesional de este psicólogo loco que está convencido que los jóvenes que llegan a nuestros programas son los llamados –como bien lo diría Alonso– a ser los constructores de una sociedad en paz.

No se trata pues de meros delincuentes, sino de transgresores sociales, que con trabajo podemos transformar en constructores sociales, en edificadores de una sociedad y un Hogar en paz.

Saludos

Andres Paz // Taller de Psicologia

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