andres granada

EL PROCESO DE PAZ

PAZ CONSIGO MISMO

El tema político y social que ocupa la agenda nacional es el proceso de paz. Hace mucho tiempo he querido reflexionar en voz alta sobre este tema pero no me había llegado el momento.

Ahora es el momento. ¿Por qué?

Porque ahora encuentro una conexión entre ese proceso de paz y mi propio proceso de paz personal.

Quienes siguen este relato vital y me conocen de cerca, saben que viví una profunda crisis familiar que me llevó a replantear mi proyecto de vida, tanto en el campo afectivo como en el laboral.

Las crisis vitales son la antesala de profundas transformaciones, solo si uno se lo permite, porque de lo contrario estará caminando en círculos, repitiendo una y otra vez los mismos errores.

Después de mi última crisis, entré en un proceso de reparación y reconstrucción de mi proyecto de vida, empecé un proceso de paz conmigo mismo.

¿Cuál fue el primer paso que di?

Hay crisis vitales que se convierten en auténticos naufragios existenciales, y cuando esto ocurre, no queda más remedio que apelar al instinto de supervivencia. Por eso, al iniciar el año, lo primero que hice fue apelar a mi dimensión espiritual, mi intuición me señaló que debía volver a lo fundamental: cultivar un vínculo afectivo de forma consciente con Dios.

Después de hacer un pacto con Él, su respuesta no se hizo esperar. Aparecieron en mi camino personas que me ayudaron a sobrellevar el naufragio, sea esta la oportunidad para agradecer públicamente al Pastor Cesar Pinto, a Natalia y Paulina su mamà. Los tres me compartieron su sentir y visión de Dios y de Jesús, aprendí mucho y fueron muy importantes en ese momento.

Mi familia de origen fue crucial en esta etapa; mis padres, hermanas y sobrinos me acogieron en casa y me brindaron todo su apoyo, ahí también sentí la presencia de Él.

Los tres primeros meses de este año fueron muy difíciles para mí porque a pesar del apoyo, me sentía muy solo, sin embargo, en esa soledad me adentré en el conocimiento de Dios, y por ende de mi mismo, tratando de descubrir mi identidad y la razón de ser de mi existencia, creo que ha sido el momento más exigente desde el punto de vista afectivo durante toda mi vida.

En esa búsqueda de identidad y del propósito de mi vida volví a mis raíces, y me encontré con mi destino.

A los 13 años, Dios puso en mi camino a los Terciarios Capuchinos. Me salvó de un destino que tenía cantado: la delincuencia. A esa edad ya había hecho mis primeras incursiones en la ilegalidad, específicamente en el tenebroso mundo de la venta de estupefacientes.

De modo que la Comunidad Amigoniana fue el vehículo que Dios utilizó para salvarme. Y ahora, a mis 34 años he comenzado a comprender cual es el propósito que Él tiene para mi vida.

Luego de 7 años de estar desconectado de los Terciarios Capuchinos, como el hijo prodigo, volví a casa. En lo más profundo de la crisis, Dios me mostró el camino de regreso y me volvió a recordar que hace muchos años me asignó un guía espiritual: mi muy apreciado padre Arnoldo Acosta.

Al principio solo buscaba su consuelo, su guía, pero después surgió la propuesta de vincularme al Redentor, una institución de reeducación de jóvenes que han tenido dificultades con la ley y que por circunstancias que probablemente no han elegido, llegaron al inframundo de la delincuencia. El mismo mundo del que Dios me salvó cuando tenía 13 años, de no haber sido así, seguramente hoy ni siquiera estaría contando el cuento.

Este cuento entonces es un proceso, es mi proceso de paz personal. Soy un convencido de que la paz de un país empieza por la paz de cada uno de nosotros como individuos, mas aun si se tiene la tremenda responsabilidad de ser padre y ser psicólogo, los dos roles que son el núcleo de mi existencia.

Yo estaba destinado a llegar al Redentor. De hecho, antes de que este proyecto laboral fuera una realidad, ya había descubierto – después de explorar aquí y allá- que la misión de mi vida es ayudar a Reparar y Reconstruir Proyectos de Vida, lo que no imaginaba era que esta misión la iba a poner al servicio de una Causa que tiene que ver con mi propia historia de vida: la intervención y prevención de la delincuencia juvenil.

Ya no me cabe la menor duda, la mano de Dios ha estado presente en mi vida, de modo que después de la tempestad ahora ha llegado la calma y con ella la estabilidad, tanto laboral como afectiva.

De hecho, tres días después de haber empezado labores en la Escuela de Trabajo el Redentor, el viernes 27 de marzo reanudamos la comunicación con la madre de mis hijos, ahora somos amigos interactuando en paz; compañeros de causa (la crianza de Orianna y Dante) y hasta vecinos porque para poder estar cerca a mis hijos arrendé un apto a dos cuadras de su casa. Curiosamente, ese mismo día, llegó Empatía a nuestras vidas, una perrita que simboliza la reconexion del vínculo.

Tal y como me lo había propuesto, Hogar y Trabajo, los dos proyectos de vida centrales de mi existencia.

Este es mi proceso de paz personal.

Solo en paz es posible crecer.

Por eso, y a pesar de las dolorosas circunstancias, como país debemos seguirle apostando a la paz, porque solo en paz es posible crecer como sociedad.

Duele mucho la muerte de los soldados, pero mas duele que los halcones de la guerra se aprovechen de ese dolor ajeno para sembrar escepticismo y pescar en rio revuelto réditos  políticos.

Hay que seguir apoyando el proceso, la paz es lo mas importante de la existencia, porque donde hay paz hay seguridad, en cambio, en guerra lo único que impera es el miedo.

Anuncios
HOGAR

PAZ Y ARMONIA

Dante

Llegó la paz y la armonía a nuestra vida.

El vinculo entre Luz Adriana y Andres ahora es una amistad.

Los amigos se aprecian.

La amistad es una forma de amor.

El amor filial es el amor entre amigos.

Lo celebramos con una club colombia dorada en la 19 con 4, al lado de la estación de transmilenio de las aguas.

Una amistad no se celebra con un beso sino con un brindis entre los nuevos amigos.

Y que pase lo que tenga que pasar.

La energía de la preocupación ahora se convierte en una energía de ocupación.

En la foto, nuestro hijo Dante con su oso Paz y su pata Armonia.