HOGAR

HIJOS DE LA VIOLENCIA

HIJOS DE LA VIOLENCIA

No solo de pan vive el hombre.

¿Qué habrá querido decir el gran maestro de la vida con estas palabras?

Para mi está claro que el mensaje de este maestro es el amor.

El amor es el rey de los afectos.

El amor es el máximo alimento de la existencia.

El pan asegura la supervivencia, pero del amor dependen el crecimiento y la trascendencia.

Basado en mi propia experiencia he podido llegar a la conclusión de que un hogar se puede derrumbar por la carencia de pan, pero sobre todo por la carencia de afecto.

Por alguna razón que todavía no comprendo del todo, en los últimos días he estado reflexionando intensamente sobre el hogar.

Y esta reflexión intensa ha rendido sus frutos:

He descubierto el sentido de mi vida.

Después de tanta angustia y dolor experimentado por el derrumbamiento de mi hogar, he logrado tomar conciencia del sentido de mi vida, de lo que significa mi existencia para mí mismo.

Lo misión de mi existencia es reparar y reconstruir mi hogar. Esta labor es lo que le da sentido a mi vida. Es lo que me lleva a querer permanecer vivo y cuerdo, para trabajar de forma constante en pro de esta causa.

Mientras escribo este relato, sentado en el sofá de la casa de mis padres, vienen a mi mente una cascada de imágenes, estoy viendo el cuadro completo de mi vida y me tengo que remontar a mi infancia para comprender lo que estoy viviendo hoy en día.

Yo soy un hijo de la violencia y como tal, he pagado amargamente las consecuencias. Ya no me lamento de esa realidad vivida, más bien me alegro de haber llegado a este momento, porque tengo ante mí una gran oportunidad de crecimiento.

Para nadie es un secreto que vivimos en un país violento.

Un país en el que la lucha por la tierra ha sido un sangriento enfrentamiento. Un país que se acostumbró al desplazamiento.

Un país inequitativo cuyas riquezas están concentradas en unas pocas manos, obligando a la gran mayoría de personas a luchar a diario y con las uñas para ganarse el sustento.

Un país cuyo problema no es la pobreza material, sino la pobreza mental; afectiva y espiritual.

Un país así ha sido caldo de cultivo para enfrentamientos políticos y sociales, para que broten de forma silvestre guerrilleros, paramilitares, narcotraficantes, sicarios, bandas criminales, delincuentes, prostitutas y políticos corruptos.

En este país nacieron mis padres, en este país nací yo.

Mi padre nació justamente en el mismo año que se jodió este país por última vez: 1948. Quiere decir que mi padre también fue un hijo de la violencia. El suyo había nacido en 1903, después de la guerra de los mil días; de modo que también mi abuelo fue otro hijo de la violencia. Así que esto fue lo que yo heredé y aprendí: la violencia.

La conclusión psicológica que saco de este relato es que somos lo que heredamos y lo que aprendimos. Pero nos queda un margen de elección, quiere decir que también somos lo que elegimos ser.

Yo elegí ser un hombre de paz, porque mi herencia y mis aprendizajes en lugar de ayudarme, me llevaron a derrumbar mi hogar.

Por eso soy un hijo de la violencia, pero es mi determinación ser un padre constructor de paz.

Por esta razón es que la causa de mi vida es la Reparación y Reconstrucción de mi hogar.

Porque solo los hogares en paz, construyen una sociedad en paz.

Andréz Paz // Psicología de la Vida

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