HISTORIA DE VIDA

EN TRANSITO

 

Listo el salto, o mejor, estoy en transito, he hecho una parada técnica en casa de mis padres, recargándome de ese nutritivo amor familiar que muchas veces solo proviene de la familia de donde uno viene, porque a la familia donde uno llega siempre será un extranjero, si no te adaptas a las normas de tu nueva casa, tarde o temprano Serás repatriado.

Estoy como los Transmilenio cuando no están en servicio, es decir, en transito hacia mis nuevos aposentos. La salida del territorio en el que habité los últimos casi 9 años fue pacifica, sin dramas. Mi trasteo empezó en la mañana con una parte de mis libros, la sensación que experimenté no fue de tristeza sino de serenidad, sentía que no era un adiós sino un hasta luego.

De hecho, después de una jornada de 6 conferencias en Transmilenio y de publicar la carta que me envío mi maestro Miguel De Zubiria, regresé en la noche a recoger algo de ropa y a estar al menos un rato con los niños.

Antes de entrar en mi antigua casa volví a ver a Empatia, una perra que adoptamos cuando era apenas una cachorra y que un día cuando nos hablábamos con Luz Adriana, se nos pegó y nos persiguió hasta la casa, en la cual vivió algunos días, los suficientes como para encariñarnos con ella. El caso es que para la dueña de la casa se hizo inviable su estadía y la pobre Empatia terminó de nuevo en la calle.

Ya en su nuevo hábitat se juntó con su parche; el perro Compañía y la perra Luna, pero a diferencia de sus colegas, la pobre Empatia no ha podido adaptarse y está en un proceso de franco deterioro, me temo incluso que perderá la vida.

Cuando llegué, le di los salchichones que había comprado y le dije: “Mantente viva Empatia, mantente con vida que si lo logras te convertiré en mi mascota de compañía”, que bacano tener a Empatia como compañera de la vida, es una forma de cultivar un nutritivo vinculo con la naturaleza.

(Me engolosino escribiendo, me encanta mucho hacerlo, y mas aun, sobre las experiencias de la vida, las que para mi son las mejores fuentes de sabiduría.)

Pasadas las 10pm volví a salir, me despedí de mis hijos y las últimas palabras de doña Imelda fueron:

“Dios lo bendiga Andrés”

Y empezó una noche de aventuras, la primera noche de mi nueva vida no pude dormir, me la pase fue de conversación en conversación.

Primero fue con doña Gladys, una aguerrida mujer que se gana la vida vendiendo pinchos, chorizos y hamburguesas en las afueras del centro comercial unisur, calmando el hambre a los noctámbulos de Soacha. Me comí un pincho y conversamos un rato, me contó que piensa irse par a Holanda a compartir un tiempo con su hijo, que por cierto, resultó ser psicólogo.

Después de esa interacción, aborde un colectivo por la 1 de mayo y luego de una parada energética, y al ver que ya no pasaban buses para el centro, me tocó irme hasta la 10ma con 22, estaba haciendo un frío que calaba en los huesos, pero me sentía tranquilo, no obstante que a esa hora de la noche, pasadas las 12, las fieras salen a cazar presas incautas, me sentía protegido, orando para evitar pensar, para no deprimirme porque ese es un lujo que no me puedo dar en estos momentos.

Tomé mi teléfono y llamé a mi amiga Liliana, conversamos un largo rato y llegamos a la conclusión que vale la pena apostarle a la construcción de un proyecto que sea fuente de afecto, sabiduría y pan para los dos. Durante esa conversación comprendí que con los amigos se puede establecer una relación de interdependencia para crecer juntos: psicológica, espiritual y materialmente.

La 1 de mayo con décima es una zona de taxistas, no me daban muy buena espina. Sabia que tenia que abordar un taxi pero no me sentía del todo confiado. Finalmente me decidí y un pelado como de unos 24 años  me llevó hasta la casa de mis padres en el Samper Mendoza. Francamente empecé a asustarme porque tomó una ruta que yo no conocía y ese taxi parecía mas bien un carro pirata, en ese instante me tocó hacer uso de mi mayor arma: la palabra, y lo puse a hablar, al final, intercambiamos algunas ideas y el viaje resulto ser ameno y rápido.

Cuando llegué, duré mas de media hora tocando, eran ya casi las 3 de la mañana, finalmente me abrió mi padre y empezamos a conversar porque a esa hora él da comienzo a su rutina de trabajo.

En esa madrugada y mientras mi padre me explicaba su faena, reconocí que este hombre ha sido un tremendo trabajador, luchador, aguerrido rebuscador del pan. Muy bueno en el trabajo, no tanto en el amor.

Muy bueno para trabajar, un poco torpe para amar, y como a mi me interesan sus cualidades, de él es quien tengo que aprender a trabajar. Me interesa aprender su constancia y disciplina, claves para esta nueva etapa de mi vida laboral.

Finalmente se volvió a acostar y yo me dediqué a escribir, a organizar ideas, mi cabeza estaba llena de pensamientos creativos.

Luego se levanto mi hermana Gloria y con ella empezamos a conversar, ahora anda de guarda de seguridad, nombre bonito que ahora le han puesto a los vigilantes. Es curioso, pero en Bogota ha aumentado la demanda de vigilantes, tanto, que ahora contratan hasta mujeres, de hecho, mi otra hermana Viviana también esta trabajando en este oficio, que también fue el mío durante mis tiempos de estudiante universitario.

¿Por qué esta demanda de vigilantes?

Mi percepción es que la policía ya no da abasto, y parece ser que es mas eficaz y menos propensa a la corrupción la seguridad privada. ¿Qué pensará mi maestro Miguel de esto?

Y si esta aumentando la demanda de seguridad, quiere decir que esta creciendo la percepción de inseguridad, y sí, Bogotá esta produciendo bandidos de forma silvestre, por eso el hacinamiento en las cárceles, las Uri están abarrotadas. Tema para pensar con más detenimiento.

Acompañe a mi hermana al Transmilenio, en la estación de la caracas con 24, luego me devolví a conversar con su pareja, quien tiene un puesto de jugos de naranja cerca al cementerio central, y se ha convertido en un tertuliadero de veteranos y de artesanos del mármol, maestros de la fabricación de lapidas, ahí conocí a Ricardo, un hombre de 43 años con quien conversamos largo rato sobre las relaciones de pareja, tan entretenida fue la charla que hasta me invitó a tomar un par de tintos, ya eran mas de las 6am. Quedé con Ricardo en que le llevaría la invitación para el Club de Amigos que montamos con mi colega de Psicología Afectiva, Carolina.

Pero el campeón de la jornada fue Alberto, un hombre sabio de 63 años, una fiera para los negocios con una filosofía de vida inspirada en el Kybalion, viajado, con años de residencia en México y Chile, todo un trotamundos de la vida.

 “Es mejor ser dirigente que dirigido”

Esa fue su lección. Pero ser dirigente no significa gobernar a los demás, sino, tener la capacidad de dirigir la vida propia. Cuando esto se logra se ha llegado a la Autonomía.

Y termino este relato con un mensaje que me ha llegado mientras redacto estas líneas:

“Las palabras no son de quien las dice, sino de quien las inspira”

 Cierto.

Seguiré narrando…

¿Seguirás escuchando?

 

 

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