Publicado en HISTORIA DE VIDA

ME VOY…

“Su forma de abordar los problemas influye en como abordan otros los suyos, abórdelos sabiamente y no solo los resolverá, sino que dara asimismo un buen ejemplo que otros podrán seguir, abórdelos neciamente  y no solo los exacerbara, sino que provocará asimismo una reacción en cadena que agravará las cosas para otras personas. “

Lou Marinoff

 

Hemos llegado a un acuerdo, me quedaré hasta el 22 de diciembre.

Mientras tanto, iré cargando mis corotos: cuadernos de notas, libros y unos cuantos chiros. Eso es todo lo que tengo.

Vuelvo a empezar, o mejor, doy comienzo a un nuevo nivel de este juego de la vida. Un nivel actitudinal, autónomo y conceptual. Tengo que consolidar esta realidad para seguir creciendo como ser humano.

Para mantenerme en este nivel y no descender, tengo que practicar tres actitudes:

Empatía, asertividad y proactividad.

La práctica de la empatía empieza con los vínculos afectivos más importantes de mi vida.

¿Quiénes?

Mis hijos.

Tengo que velar por su bienestar. Ser un padre para ellos. Sentirlos, cuidarlos, apoyarlos.

Ser un padre proveedor fortalecerá mi empatía.

Tengo que estar muy atento a sus necesidades: físicas, psicológicas, espirituales.

Hacer lo que me corresponde. Cumplir con mi deber y ejercer mi derecho a ser padre.

Así como mi padre celestial me trata, yo debo tratar a mis hijos.

Mis hijos son lo más importante.

La práctica de la asertividad empieza con el vínculo afectivo más importante para mis hijos: su madre.

Debo ser muy asertivo con la madre de mis hijos. La interacción con ella debe ser muy fluida, sin miedo y sin agresión, siempre en pro del bienestar de los niños.

La práctica de la proactividad empieza con el cultivo del vínculo afectivo conmigo mismo. Es la proactividad la que me asegura la autonomía. En primer lugar, la autonomía afectiva para liberarme de mis miedos e inseguridades, de todos esos virus psicológicos que no me permiten crecer y me mantienen estancado, al borde del decaimiento.

En segundo lugar, la autonomía intelectual para liberarme de todas esas ideas chatarras y toxicas que me llevan a sentirme mal y perder energía innecesariamente.

Y en tercer lugar, la autonomía material para cumplir con mi responsabilidad como proveedor del clan familiar que me fue asignado.

La empatía, asertividad y proactividad son sumamente fundamentales para asegurar la autonomía afectiva, intelectual y material.

De esta manera podré contar con los recursos vitales (afecto, sabiduría y pan) necesarios para seguir construyendo mi proyecto de vida, es decir, seguir profundizando en lo que soy (identidad), lo que se (psicología de la vida) y lo que hago (psicología afectiva).

En tiempos de cambios, lo mejor es intentar conservar la serenidad.

No ha sido fácil para mí, pero no tengo más opción.

Estas son mis ideas, la manera como proceso mi presente vital, ahora el desafío será llevarlas a la práctica.

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Autor:

Yo Soy Andrés Paz, un Psicólogo Libre para Servir.

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