ANDRES PAZ, LUZ ADRIANA TIRADO, PAREJA

LA TERAPIA DEL AFECTO -LA TERAPIA QUE HA USADO MI AMADA LUZ ADRIANA PARA SANARME-

Toda relación de pareja tiene un propósito.

La clave esta en descubrir ese propósito.

Algunas veces, ese descubrimiento es a las buenas, otras veces, a las malas.

En mi pasada visita dominical a mi neofamilia, descubrí el propósito de mi relación con Luz Adriana.

Mi Luz, como siempre lo ha sido, me regaló un día delicioso y nutritivo. Un día en familia.

Bañar los niños, vestirlos, prepararlos para salir a caminar los cuatro por la montaña, son pequeñas cosas que engrandecen y alimentan el vínculo familiar.

Son pequeñas cosas que no se disfrutan cuando tu mente esta angustiada. Las tienes ahí, pero no las valoras, y como no las valoras no las cuidas, y como no las cuidas se deterioran, pasa lo predecible, las puedes perder.

Y cuando las pierdes sufres.

Y cuando tu mente esta angustiada entonces tu mente busca culpables y como no hay culpables, entonces sigues sufriendo, y así sucesivamente, atrapado en un pernicioso circulo vicioso.

Por fortuna, mientras estemos vivos siempre tendremos la posibilidad de romper con ese círculo vicioso.

¿Cómo?

Examinando tu vida, evaluándola, revisándola, reflexionándola, pensándola, analizándola.

Esta constante actividad te ayuda a salir del círculo vicioso porque te lleva a ver la realidad, la verdad sobre tu vida.

¿Y saben que descubrí el pasado domingo?

Que mi amada Luz Adriana ha sido mi terapeuta afectiva.

Si, esta sabia y bella mujer no ha hecho otra cosa que sanarme, curar mis heridas, cuidarlas con amor.

Si, hay heridas de la Vida que aunque no son visibles, aun siguen abiertas. Y como siempre, el amor es el mejor remedio para esas heridas.

Lo que descubrí es que Luz Adriana ha sido mi terapeuta afectiva durante los últimos siete años y medio de mi vida.

Yo he sido su caso. El caso con el que ella ha podido desplegar todo su Talento Psicológico.

Porque Luz Adriana es un tremendo Talento Psicológico.

Ahora comprendo porque las largas horas conversando.

Una sonrisa se pinta en mis labios porque esas largas conversaciones resultaron ser largas sesiones!!!

Luz Adriana me preguntaba y yo le contaba y le describía mi historia. Siempre con más detalles. Y aunque Ella no tomaba notas físicas, el conocimiento sobre la naturaleza humana le quedaba guardado en su corazón.

Lógicamente que en esos momentos no éramos conscientes de que estábamos en un intenso proceso terapéutico.

En ese momento estábamos era un sabroso proceso de enamoramiento.

Lo de la terapia afectiva lo vengo a reconocer apenas ahora. Lo cual me confirma que todo lo que vivimos en esta Vida tiene un propósito, así en ese momento no sepamos cual es.

¿Por qué cuento todo esto?

Porque esa terapia afectiva aun continúa. De hecho, entró en una fase crítica para este paciente. Y como bien me lo dijo mi maestro Miguel De Zubiría: “o te hundes del todo o sales mas adelante”.

Durante los últimos tres meses hemos vivido una aparente crisis de pareja. Profunda, la más de todas.

Sin embargo, lo que hoy estoy viendo es que… más que una crisis de pareja, es la batalla definitiva contra lo que en últimas liquida toda relación:

La tiranía del ego.

Una de las claves de los conflictos de pareja entonces, esta en la personalidad de los miembros de la pareja.

Dada mi herencia y entorno, sin que yo lo eligiera, en mi se configuró una  personalidad al servicio del ego, esclavo del ego, súbdito del ego.

Así llegué a mi cita vital con Luz Adriana.

Con una cantidad de rasgos egoístas heredados, pero también con heridas abiertas en mi infancia.

Abandono, maltrato, violencia, indiferencia.

Herencia y experiencias que configuraron una personalidad desconfiada, reacia al mundo,  que le costaba sentir al otro, dar al otro.

Una personalidad que le costaba creer que el otro estaba realmente interesado en su Bien-Estar.

Una personalidad que le costaba experimentar la abundancia del amor. Porque el amor, en sus años decisivos, brilló por su ausencia.

Esta historia tiene mucha tela de donde cortar.

Y me temo que no es solamente la nuestra, sino de toda una generación en cuya infancia queda el recuerdo de familias rotas, de padres ausentes, indiferentes, violentos, adictos y esclavos de sus pasiones…

Pero también de madres sumisas, permisivas, temerosas, y no pocas valientes…

Padres que en definitiva engendraron y criaron hijos que en su adultez no han sido capaces de sanar sus heridas, y peor aun, no han sido capaces de valorar el regalo que les de la vida: una familia, una esposa, unos hijos.

Sea lo que sea que hayan hecho nuestros padres, a estas alturas, los adultos de hoy, los que fuimos niños infelices ayer, tenemos el deber y la responsabilidad de liberarnos de nuestro pasado.

De comprender que la Vida nos repara y que esa reparación toma la forma de una esposa y unos hijos.

Comprender esto es nuestra sanación y nuestra salvación.

Nos sana porque cierra las heridas, y nos salva de vivir una vida amargada, incluso peor que la de nuestros padres.

La amargura viene con el sin sentido, la promiscuidad, el vicio.

Viene con la ilusión de pensar que los placeres del cuerpo son la solución para nuestra carencia afectiva.

Y dejo acá porque como dije anteriormente, esta historia con mi amada Luz Adriana es larga y se las voy a contar.

La Vida me ha pedido que lo haga.

¿Por qué?

Solo Ella lo sabe.

Yo solo obedezco.

Si tan solo nos dedicáramos a obedecer a la Vida. Ella misma nos recompensaría.

Ahora yo creo en esto y por eso he dejado de luchar y he comenzado a jugar.

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