REFLEXIONES VITALES

REFLEXIÒN VITAL # 5 EL MAL-ESTAR AFECTIVO

La Afectología: un camino para aprehender a Vivir y Convivir con Bien-Estar.

El MAL-ESTAR AFECTIVO es una dolorosa realidad humana. Puede ser tan pasajero como un fugaz dolor de cabeza, o tan crónico como una insoportable migraña. El malestar afectivo es ocasional, mientras que el  MAL-ESTAR AFECTIVO  es permanente. Mientras redacto estas líneas constato que no es fácil hablar sobre este tema. Al fin de cuentas quien lo escribe es una subjetividad afectiva, intentando reflexionar sobre una objetividad afectiva. Quizá la diferencia radique en que soy una subjetividad afectiva cuyo afortunado Trabajo es estudiar su propio mundo afectivo y el de los demás.

Pero mi intención no es impresionar sino aclarar. Y eso justamente es lo que nuestra sociedad actual requiere sobre este tema tan intenso como lo es la afectividad humana. Claridad en medio de este nebuloso maremágnum de afectos. Indudablemente, al mundo humano lo mueven los afectos. Como diría mi Luz, “la afectividad es el motor de la existencia”. Desde que te levantas hasta que te acuestas, ni siquiera durmiendo deja el Sistema Afectivo de funcionar. Las emociones están todo el tiempo a flor de piel, invaden todo nuestro ser, son tan presentes y vitales como la sangre para nuestro cuerpo.

Pero así como el sistema sanguíneo se puede contaminar de agentes tóxicos, lo mismo puede ocurrir con el Sistema Afectivo. Como Seres Afectivos que somos no estamos exentos a experimentar malestares afectivos; momentos de iratristezamiedoansiedadangustia. Esto puede ser pasajero y si estamos al mando de nuestra vida afectiva podremos tener dominio sobre estos episodios, evacuarlos, la cuestión no es evitar que sucedan, el asunto es no permitir que se conviertan en estados crónicos que nos sumerjan en un doloroso MAL-ESTAR AFECTIVO, haga metástasis y afecte los demás escenarios de  nuestra vida.

Son las ocho de la mañana y acabo de sostener una conversación sobre este tema con mi Luz. Gracias a ella he logrado tener una mayor comprehension de la diferencia entre MAL-ESTAR AFECTIVO y malestar afectivo. Sin embargo, para poder explicártela necesito presentarte la contraparte de este concepto, me refiero al BIEN-ESTAR AFECTIVO. Éste también tiene su versión pasajera, es decir, el bienestar afectivo.

El BIEN-ESTAR AFECTIVO y el MAL-ESTAR AFECTIVO son la consecuencia de nuestras acciones. Pongamos por caso tres roles. Tres papeles vitales de nuestra adultez; nuestra vida de pareja, nuestro rol como padres y nuestro trabajo.

De nuestro desempeño en estos tres escenarios vitales depende nuestro BIEN-ESTAR AFECTIVO o nuestro MAL-ESTAR AFECTIVO. Veamos como opera esto en el vínculo de pareja.

Podemos hacer de nuestra relación de pareja una nutritiva fuente de BIEN-ESTAR o una engañosa fuente de bienestar. ¿Cuál es la diferencia entre uno y otro?

Una relación de pareja que es fuente de BIEN-ESTAR es aquella que esta mediada o alimentada por Actitudes.

La Actitud es un tipo de afecto que se caracteriza por nuestra capacidad de pensar SIEMPRE en el otro a la hora de actuar. Esto es, de Valorarlo; cuidarlo, apreciarlo, no hacerle daño con nuestras acciones. Esto significa serle fiel, generoso, bondadoso, ser alimento afectivo para el otro. Cuando esto sucede, nos convertimos en fuente de seguridad, tranquilidad, apoyo y confianza para nuestra pareja. En una palabra; en fuente de BIEN-ESTAR.

No obstante, para que esto sea posible los dos miembros de la pareja tienen que hablar el mismo idioma, el idioma de las Actitudes.  Ambos deben actuar basados en Actitudes. Porque cuando no es así, cuando solo a un miembro de la pareja lo mueven las Actitudes y al otro sentimientos y emociones, lo que se presenta es un peligroso desequilibrio que puede desencadenar en un parasitismo afectivo, es decir, una película en la que uno de los miembros pide, pide, pide y pide, pero pocas veces da. Y cuando lo hace, no lo disfruta genuinamente, de hecho, lo saca en cara cuando puede.

Precisamente, estos personajes son fuente de ilusorio bienestar afectivo. Esto es, nos pueden hacer experimentar emociones muy intensas como el placer e incluso como el amor en su estado sentimental, pero también pueden resultar sumamente peligrosos, dado que su pobre Desarrollo Afectivo los lleva a actuar egoístamente, a pensar solo en ellos, a no tener consideración con el dolor del otro, a engañar, ser infieles, manipuladores, despiadados, a convertirse en una amarga fuente de MAL-ESTAR AFECTIVO. En otras palabras, en fuente de ansiedad, angustia, pena, tristeza, zozobra, melancolía, ira, preocupación, estress e intranquilidad permanente. Todo este coctel es lo que termina finalmente enfermando el cuerpo.

El problema con el MAL-ESTAR AFECTIVO es que corremos el riesgo de acostumbrarnos a convivir en él. A apaciguarle con efímeros momentos de bienestar. Mas específicamente con fugaces momentos de placer que nos lleven a escapar -así sea por un pequeño instante- de esa pesada carga afectiva que llevamos sobre nuestros hombros, de esa punzante ansiedad que nos roba la tranquilidad. Esto significa, ni mas ni menos, exponernos a un mal mayor: las adicciones. ¿Por qué?

Para poder comprehender esto, hace falta una precisión sobre la ansiedad. Este estado afectivo tiene dos caras. Por un lado, hay un tipo de ansiedad que nos moviliza, que nos impulsa a actuar, a hacer. Esta es la ansiedad que se relaciona con el BIEN-ESTAR, porque nos incita a movernos a estar en acción para mantenernos fluyendo. Diríamos que este es un tipo de ansiedad positiva. En cambio, la ansiedad relacionada con el MAL-ESTAR, es la ansiedad negativa, esa que nos arrebata la tranquilidad. Ante esta situación, nuestro organismo instintivamente busca el equilibrio afectivo apelando al afecto que más tiene a la mano: la emoción  del placer.

Cuando uno se acerca al placer, no como una fuente de disfrute sino como una vía de escape, se expone a la adicción. Hoy, vivimos ante una sobreoferta de placeres. La satisfacción del placer es quizá la mayor industria del mundo. Cigarrillos, drogas, alcohol, sexo, comida chatarra, cafeína, juego, y un sinfín de calmantes afectivos. Cuando llevamos una vida de Mal-Estar, su agravante es la adicción. Sin duda alguna.

Quisiera terminar esta primera aproximación a uno de los conceptos centrales de la Afectología, concluyendo y haciendo énfasis en que el MAL-ESTAR depende exclusivamente del desempeño que tengamos en los roles de la existencia. Si nos enfrascamos en relaciones de pareja en las que somos incapaces de actuar basados en Actitudes, y lo que es peor, elegimos personajes igual o peor de egoístas a nosotros, lo más seguro es que sufriremos.

Si no somos capaces de asumir nuestro rol como padres y nos dejamos llevar por nuestros instintos, por ir detrás de novedad sexual, lo mas seguro es que sufriremos.

Y si  no somos capaces de cultivar nuestro talento, si dependemos económicamente de un empleo inestable, si le tenemos miedo a la Autonomía, lo mas seguro es que sufriremos.

Esto es el MAL-ESTAR AFECTIVO, sufrir. Y el sufrimiento trae intranquilidad y detrás de ésta viene la infelicidad.

De modo que nuestro MAL-ESTAR AFECTIVO no es culpa de nadie y el BIEN-ESTAR es responsabilidad nuestra.

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