ENSEÑANZAS VITALES

ENSEÑANZAS VITALES (2): VALORA A TU PAREJA Y EVITARAS DOLOROSOS CONFLICTOS

Esta mañana me levanté pensando que en realidad yo trabajo para la Vida, le sirvo a la Vida. Analizando mi propia historia vital me doy cuenta que la mayoría de mis acciones como ser humano han estado encaminadas a aprehender a ser un trabajador de la Vida. Ahora comprendo el por qué de la dureza y crudeza de mi infancia, sin saberlo, la Vida me estaba marcando un sendero para llegar a servirle.

Como maestra, la Vida encarna la máxima sabiduría. La clave esta en aprehender a escucharla; observarla, conocerla, estar con todos nuestros sentidos dispuestos para captar sus enseñanzas.

Pues bien, el 31 de octubre pasado, reconocimos con mi Mincha el concepto que sintetiza la forma como nosotros le estamos sirviendo a la Vida. Después de un largo y extenuante viaje llegamos a la Afectología.  

Una de las parcelas de este nuevo territorio es la Vida en Pareja. De la calidad de este Vinculo Afectivo depende que el viaje por la vida se haga con Bien-Estar, tranquilos y felices; o con Mal-Estar, intranquilos e infelices. Por eso resulta tan importante, absolutamente determinante, aprehender a construir nuestra relación de pareja.

Tener la fortuna de Vivir en pareja es un Curso que la Vida nos ofrece, no solo para tener sexo, ni únicamente para gozar de compañía, sino también, para cultivar y desarrollar Habilidades Afectivas que nos den la oportunidad de ser mejores Seres Humanos, de ser mejores Aprehendices en el Oficio de Vivir y Convivir.

A veces somos malos estudiantes de la Vida en Pareja, perdemos ciertas materias, incluso, hasta reprobamos el año. Pero en el curso vital de la Vida en Pareja hay una materia que es esencial para ganar el año, para poder vivir un fin de año tranquilo, me refiero a la Valoración de nuestra pareja.

Cuando uno pierde esta materia desata conflictos. Al principio son unas pequeñas chispitas, pero cuando se acumulan, se arman voraces incendios. No es exagerado afirmar que incluso puede convertir la Vida en Pareja en un verdadero infierno; de esos que absorben tu energía, te enferman y afectan tu tranquilidad.

Valorar a nuestra pareja significa cuidarla, evaluar sus acciones con la mayor justicia posible, escucharla, reconocer sus aportes a la relación, exaltarlos, y sobre todo, Valorar a nuestra pareja significa apreciarla.

Cuando uno no cuida a su pareja, y no la defiende de los ataques de ciertos depredadores, corre el riesgo de que se le enferme su relación. Esta es justamente la enseñanza que capté de la Vida en estos días.

Resulta que hay un depredador que puede llegar a ser letal para la relación de pareja si no se le marcan límites a tiempo. Es sumamente difícil reconocerlo, pues esta amenaza es camaleónica, suele camuflarse, es como una especie de lobo con piel de oveja. Pero no solamente su camuflaje hace difícil el reconocimiento de este depredador, sino que, por tratarse de un vínculo tan cercano a nuestras vidas, afecta hondamente nuestros sentimientos. Hablo de la Familia de Origen, específicamente de los padres y hermanos, es decir, los suegros y cuñados de nuestra pareja.

Hay que aceptarlo, existen familias de origen que favorecen la relación, son un valioso apoyo, nos ayudan a crecer como pareja, a construir nuestra relación, a criar a nuestros hijos y hasta a producir recursos. Pero también es cierto que hay otras que son lamentables, un verdadero peligro, una autentica amenaza, y cuando atacan dejan heridas tan profundas y dolorosas que a nuestras pobres parejas les cuesta mucho cicatrizar. Tanto que a muchas se les convierte en un verdadero problema afectivo.

Cuando nuestra pareja ha sido victima de maltrato por parte de nuestra Familia de Origen, y además uno fue indiferente a esa situación; no la defendió en su momento, no la cuidó en su momento, no la valoró en su  momento, provocamos en ella un Mal-Estar Afectivo que inevitablemente lastima la relación.

Ese Mal-Estar Afectivo -como bien me lo enseñó la Vida a través de Eckhart Tolle– toma la forma de culpa, lamento, resentimiento, queja, tristeza, amargura y todas las formas de la falta de perdón que son causadas por exceso de pasado y falta de presencia.

La falta de presencia significa la dificultad para superar ese pasado. En esta situación cae nuestra pareja. La pregunta obligada es… ¿Cómo salir de ahí?

Indudablemente la sanación de esa herida debe ser un trabajo de los dos. Nuestra pareja perdonando, sacándose esas espinas afectivas de su corazón. El perdón es un regalo que nuestra pareja misma se debe dar. De lo contrario, seguirá atada en el pasado y se privará de disfrutar su presente, además se oscurecerá su futuro porque vivirá con zozobra, sin saber que hacer. Esto significa dejar a un lado el papel de victima y asumir una actitud mas proactiva en la solución de la situación, ocupándose de lo único sobre lo que puede tener control: su propia vida.

En el caso nuestro la tarea es reparar. Hacerlo quiere decir, en primer lugar, reconocer que somos responsables por acción u omisión de lo ocurrido con nuestra pareja. Y en segundo lugar, reparar el daño, no solo con un acto simbólico, sino, esforzándonos por comprehender la lección que la Vida nos enseña. Hay que Valorar a nuestras parejas, pero no solo con palabras, sino con lo que verdaderamente repara: los hechos, una y otra vez, todos los días de nuestra vida compartida.

En conclusión, si uno aprehende a Valorar a su pareja se va a ahorrar muchos dolores de cabeza y lo que resulta aun mejor, se va a ganar un sabroso co-equipero para Vivir y Convivir durante este efímero paso por la existencia.

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