biografia

LLEGUÉ A LOS 32 AÑOS Y DESCUBRÍ LA LABOR DE MI VIDA: LA FORMACIÓN AFECTIVA (Parte 2)

Mis amigas: Cony, Luz Adriana y Marleny

El quinto escenario son los amigos. Como la gran mayoría de personas, desde mi infancia he tenido relaciones que podrían ser calificadas de amistad, pero que bien valoradas no son tal. Y llegamos a la adultez considerando amigos a quienes no lo son.

Se suele confundir a los compañeros con los amigos. Yo por ejemplo pensaba que había tenido amigos en mi infancia, pero fueron más bien compañeros barriales. Luego en el internado llegue a tener mas de tres años de convivencia con compañeros de esa época, a propósito, la corriente de la vida me volvió a cruzar con dos viejos compañeros de ese tiempo en la Escuela de Trabajo la Linda. Néstor González y Harold Franco. El primero, sumergido en el mundo del circo de los políticos colombianos, admirador furibundo de viudos de poder. Y el segundo, un comerciante aventurero además de un talentoso artesano del pan. El día que nos encontramos experimenté una intensa alegría.

Con Néstor ocurre algo muy particular. Nuestros pasos han sido muy paralelos. Además de compartir en la Linda, fuimos compañeros en el San Rafael –un colegio de los Terciarios en Manizales-. Lo recuerdo como un destacado futbolista, aguerrido para los deportes y también como líder, será por eso que terminó metido en ese oscuro mundo de la política chibchombiana. Pero también, ya en la adultez vinimos a tener algo más en común. La Universidad. Por esas vueltas de la vida, Néstor termino estudiando Derecho en la misma universidad donde yo estudié psicología. Un día de septiembre de 2009 por pura “casualidad” nos encontramos en un foro sobre la reelección presidencial en la católica. Para ese entonces él era un Edil uribista de San Cristobal y yo abogaba por la causa antireeleccionista.

Con Harold nos encontramos meses después. Valga decir que la única pelea que tuve en el internado fue justamente con él. Y en plena celebración de la virgen de los dolores –patrona de los Terciarios Capuchinos-.

Con ninguno de los dos me he vuelto a encontrar, pero el lazo esta conectado. Ellos son muy importantes para reconstruir esa época del internado. Para elaborar esa historia común. Porque los tres, a nuestra manera, somos hijos de una generación de padres indiferentes y los tres, de alguna forma hemos escapado a las consecuencias que eso trae. Unos mas que otros.

Mi adolescencia y temprana juventud me dejó un amigo que visto desde la Formación Afectiva, también fue solo un compañero. Aunque lo recuerdo de forma muy especial. Alex y yo también compartimos el hecho de una infancia difícil, luchada, trabajada. Nos conocimos semestralizando el bachillerato. En decimo grado. Una vez graduados nuestros destinos tomarían su rumbo. El día que yo ingresaba a la universidad, Alex entraba al ejército a prestar servicio militar; “deber patrio” que hoy me alegro inmensamente de haber evadido. Aun lo aprecio, y anhelo que la Vida me lo vuelva a poner en el camino, lo recuerdo como un buen muchacho y un notable basquetbolista.

En la universidad también tuve compañeros que llegué a pensar eran amigos. Pero no fueron tal. O mejor, como sostiene la Formación Afectiva, fueron amigos biológicos. De esos que solo están para compartir placeres, para beberse unas polas. De esa época aun sigue vigente el lazo con Liliana Gil, quien siempre se acuerda de mí cada vez que cumplo años. Y ayer no fue la excepción.

Mis dos únicos empleos como psicólogo tampoco fueron espacios para el cultivo de la amistad. Aunque conservo muy gratos recuerdos de compañeros que tuve en la OPAN y en el COLSES: Marthica, Martin Carvajalino, Oscar Jimenez, Francisco Álvarez, Claudia Montaño, Gina Cruz, Emerson Arias, Edwin Triana, José Ríos, Mauricio Cercado, Mary Luz, Ángela, Mónica.

En conclusión, mis verdaderos amigos serán mis colegas de Oficio, serán los Formadores Afectivos con los que cultivaremos una genuina amistad socioantropologica.  Una amistad duradera, de esas que son para toda la vida, para envejecer juntos.

Hoy mis amigos están en mi tribu familiar. La primera de ellas: mi amiga, esposa, socia, amante y coequipera: Luz Adriana. También son mis amigas mis cuñadas: Patito y Marleny.

Ya hemos empezado a caminar con Aura, Mari, Juan Pablo y Melany; nuestros Aprehendices de Crianza Formativa. Con quienes hemos entrado en una nueva etapa del proceso de formación.

Lo mismo ocurre con Martin y Angie. Un Odontólogo con vocación de formador y una Optómetra que podría encontrar en la Crianza Formativa una manera de crear conexión afectiva con su hijo y de paso ganarse la vida enseñándole a otras madres solteras a hacer lo mismo.

Con Luz Adriana y Cony.

Por ahí esta dando señales de humo una persona que anhelamos tener en nuestro barco: Cony. Un tremendo talento psicológico-artístico que se malograría si se queda viviendo en el bosque con los lobos.

Tengo un amigo socioantropologico, que es mi maestro y mi padre cultural. Hablo de Miguel De Zubiría, quien me adoptó para su causa de la Psicología Afectiva y nos mostró los primeros memes de la Formación Afectiva. Este es un vínculo que me genera mucha alegría. Es un padre que me presta atención y me guía por el selvático mundo de la ciencia.

Con mi mentor y maestro Miguel De Zubiria

Ahora caigo en cuenta de algo. A falta de un padre biológico que me prestara atención, la Vida me recompensó con dos padres psicológicos: el padre Arnoldo y mi suegro Silvino. Y con un padre socioantropologico: mi maestro Miguel De Zubiría.

Por eso hoy a mis 32 años me siento tan pleno y tan tranquilo. Por que tengo una nutritiva Neofamilia. Estoy rodeado de personas que genuinamente me quieren. Tengo tutores afectivos e intelectuales que me están guiando y descubrí mi propio camino: el de la Formación Afectiva. Y con tanta fortuna que es el mismo camino de mi amada. De modo que si hay algo que puede representar la felicidad, es esto. Una vida con sentido.

Esta vida con sentido me pone a pensar en el sexto escenario: los grupos. Somos animales sociales y como tal, necesitamos de los grupos. La primera oportunidad que tenemos de experimentar un sentido de comunidad es en la familia. ¿Y qué hacer cuando ésta falla? Apelar al grupo. El problema es que no todos los grupos son saludables desde el punto de vista afectivo. Muchos son una prolongación autoritaria, permisiva o indiferente de la familia, que busca hacerse con los recursos de sus miembros (dinero, tiempo y atención) sin ninguno tipo de retribución más allá de la sensación espuria de comunidad.

Nunca he sentido la necesidad de vincularme a un grupo. Ni político, ni religioso, ni de ningún otro tipo. Más bien he intentado crear grupos. En mis tiempos como estudiante de psicología lo intenté una vez, pero mi falta de experiencia me paso la cuenta de cobro. Años después cuando volví a estudiar Derecho lo intenté de nuevo, esta vez avance un poco más al darle vida a un periódico estudiantil que llamamos El Altavoz. Esa experiencia me mostró que era capaz de liderar, pero todavía seguía muy biche y por eso no progresó. Después lo intenté de nuevo con una revista sobre diversidad sexual y como no era mi causa vital, también tuvo una corta vida. La siguiente prueba fue el primer intento de construir un grupo alrededor de la Formación Afectiva. Recuerdo que invitamos a unas personas para llevar a cabo un diplomado en Afectividad Humana. De hecho lo hicimos, y nos dejó una profunda experiencia. Además del conocimiento, la certeza que esa no era la forma de darle vida a una comunidad y por eso cerramos esos vínculos y seguimos adelante con nuestra causa.

Por primera vez desde que estamos metidos en esto de la Formación Afectiva siento que estamos listos para construir comunidad. Por eso los Formadores Afectivos nos agrupamos en lo que con mi esposa Luz Adriana hemos denominado como COMUNIDAD FORMATIVA EL TALLER. Técnicamente hablando este es un Grupo Formativo y su propósito es el mismo de la Formación Afectiva: formar personas talentosas para gobernar sus vidas, vivir en pareja, criar a sus hijos, trabajar por si mismos y por los demás.

Este propósito de la Formación Afectiva me conecta con el septimo escenario: la sociedad. Tenemos un chivo expiatorio para echarle la culpa de todos los males que vivimos como sociedad: los políticos. Éstos recogen siempre el agua sucia, aunque a decir verdad, su falta de creatividad y ambición egoísta sin límites les hace merecedor a tan generosa consideración. Pero viéndolo bien, el problema no son los políticos, es la pobre concepción que tenemos de lo que la significa la política. Es la ignorancia y la pereza. Es una cultura que se han entroncado en nuestro ADN social. La cultura de lo fácil y rápido. Por eso es que Colombia es tierra fértil para pirámides, regueton, narcotráfico, prostitución, sicarios, bandas criminales y políticos clientelistas. Las empresas de televisión se lucran vendiendo esa parte de la realidad colombiana con la excusa de estar creando conciencia social. De los canales nacionales, el único que saca la cara es Señal Colombia.

De modo que con respecto a la sociedad podemos asumir dos posturas: o somos súbditos o actuamos como Ciudadanos. En el primer caso, concentramos nuestras energías para quejarnos de la ineficiencia del Estado. O peor aun, somos absolutamente indiferentes. En el segundo caso, ser Ciudadano significa tomar parte activa en la solución de los problemas sociales que nos aquejan. Significa trabajar en la construcción de esa sociedad en la que anhelamos vivir. Esto se convierte incluso en una creativa forma de ganarse la vida. Eso es precisamente la Formación Afectiva. Un Oficio que le apunta a un tipo de desarrollo que es más potente que el desarrollo económico. Me refiero al Desarrollo Afectivo.

Cuando una persona tiene un óptimo Desarrollo Afectivo dirige su existencia de forma eficaz; se conoce, se valora, se administra y se gobierna. Quien interactúa adecuadamente consigo mismo, es mucho más hábil para interactuar con los demás. Empezando por la interacción con su pareja, sus hijos, sus amigos, su familia. Una persona con buen Desarrollo Afectivo tiene más conciencia social y por ende, contribuye con el desarrollo de la sociedad en su conjunto. Por eso esta tan potente el Oficio de la Formación Afectiva.

Este es nuestro aporte a la sociedad en la que vivimos. Ahora nuestra tarea, además de seguirnos formando, es formar Formadores Afectivos. Construir una Comunidad, una Tribu Formativa que le de vida a otras tribus. Preparar hombres y mujeres para que gobiernen sus vidas, construyan relaciones de pareja de largo aliento, críen a sus hijos, trabajen por sí mismos y por los otros. En suma, que sean Formadores Afectivos.

Y aquí aterrizo en el octavo escenario. La naturaleza. Somos parte de la naturaleza, una forma más como ésta se expresa. Sin embargo, separarnos de ella es lo que nos complica la vida. Ahora pienso que no estar bien con uno mismo, ni con quienes te rodean, repercute sobre la forma como nos relacionamos con la naturaleza. Solo ahora en mi vida adulta vengo a ser consciente de esto. Y la Formación Afectiva me llevó a ello. La explicación que tengo es la siguiente:

Existe una Habilidad Afectiva que se llama el Autocuidado. Cuando yo me cuido a mismo, también cuido al otro. Y ese otro no es solamente un ser humano, sino, como diría el budismo cualquier cosa viviente, es decir, la naturaleza misma.

Así lo comprendo hoy, como la Formación Afectiva es un proceso que solo acaba con la muerte, seguiré aprehendiendo, tengo por delante un largo camino de estudio, practica y enseñanza.

Este es mi camino, y este artículo es una introducción a los temas sobre los que reflexionaré de aquí en adelante. Me dedicaré a sentir, pensar y practicar la vida. A formarme para formar.

Aquí puedes la primera parte de esta bitácora vital. 

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