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DESCRIBIENDO LA FORMACIÓN AFECTIVA (Parte I)

FORMACIÓN AFECTIVA / COMUNIDAD FORMATIVA EL TALLER

Hoy doy inicio a esta serie de bitácoras donde muestro las características del Oficio de la Formación Afectiva. La idea es demostrar cómo este bello oficio no solamente es pertinente y relevante para nuestra sociedad actual y venidera, sino también, cómo puede ser rentable afectiva, intelectual y materialmente para todo aquel que decida adoptarlo.

Se trata entonces de proposiciones que extraigo de otras bitácoras. En esta oportunidad te comparto 13 pensamientos de mis dos bitácoras más recientes. Administrar la empresa de la vida donde hablo sobre la importancia de ser dueños de nuestro dos recursos naturales más importantes: el Tiempo y la Atención  Y otra en la que hago un balance de mis 32 años de vida y el descubrimiento de la labor de mi vida: la Formación Afectiva.  

  1. Una de las habilidades que cultiva y enseña un Formador Afectivo es el Autoconocimiento. Dicha habilidad es fundamental para uno explicarse y comprehender su propia vida.
  2. Desde la Formación Afectiva, sostenemos que la Vida es como una obra de teatro con ocho escenarios diferentes aunque estrechamente conectados entre si. (Si Mismo, Familia, Pareja, Trabajo, Amigos, Grupos, Sociedad y Naturaleza)
  3. Le hemos dado vida a la Formación Afectiva para guiar nuestra propia existencia y compartir nuestras vivencias, conocimientos y experiencias con aquellos que quieran tomar el timón de sus vidas.
  4. Los Formadores Afectivos distinguimos entre Familia de Origen y la Neofamilia. La Familia de Origen puede jugar dos papeles en la vida de uno: puede ser un valioso apoyo o una pesada carga. Es sumamente importante reconocer esta realidad, de ello depende que uno siga adelante con su viaje existencial y progrese o se quede estancado y frustrado.
  5. Mis verdaderos amigos serán mis colegas de Oficio, serán los Formadores Afectivos con los que cultivaremos una genuina amistad sociocultural.  Una amistad duradera, de esas que son para toda la vida, para envejecer juntos.
  6. Como Formador Afectivo tengo algo absolutamente claro: debo organizar mí tiempo de una forma tal, que pueda vivir una vida que me permita seguir disfrutando de la maravilla de existir.
  7. Quien se implica en la Formación Afectiva siente el imperioso deseo de ser coherente. No tiene de otra, debe encarnar en su propia persona las bondades de cultivar Habilidades Afectivas que le permitan seguir avanzando cada día en su propio Desarrollo Afectivo. Además, su propia práctica le muestra a sus Aprehendices el camino a seguir.
  8. Un Formador Afectivo cuida su cuerpo y su entorno físico. Descansa lo suficiente. Arregla su propia ropa y espacio. Colabora con el mantenimiento ordenado del entorno.
  9. El Formador Afectivo destina tiempo diario para leer, escribir y diseñar actividades de formación, casi siempre en co-creaciòn con otros Formadores Afectivos.
  10. Para un Formador Afectivo no existe el ocio. Si lo miramos desde el punto de vista del trabajo, para nosotros el trabajo es un continuo que va de las actividades creativas a las actividades recreativas. Estas son actividades que nos permiten seguir aprehendiendo y seguir comprendiendo la naturaleza humana. El arte expresado en el teatro, el cine, la música, la pintura, la cuenterìa.
  11. Un Formador Afectivo se ocupa de elegir y cultivar vínculos que sean fuente de satisfacción. Del mismo modo que toma distancia de esos vínculos que son fuente de malestar.
  12. Un Formador Afectivo tiene claro que no basta con sentir la Vida, también hay que esforzarse en interpretarla, comprehenderla para después tener con que mostrarla y explicarla.
  13. Un Formador Afectivo que cultiva sanos vínculos y profundos conocimientos sobre la Vida, inevitablemente genera ingresos económicos, además de hacerse dueño paulatinamente de sus dos recursos naturales: su tiempo y su atención. Si se apodera de estos recursos, los podrá invertir en actividades que le permitan incrementar sus recursos afectivos, intelectuales y materiales. De esta forma logrará pasar de un círculo vicioso de dependencia a un Circulo Virtuoso de Autonomía.

 

 

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Publicado en AUTOADMINISTRACIÓN

ADMINISTRAR LA EMPRESA DE LA VIDA

Tiempo y Atención. Nuestros Recursos Naturales.

 

 

Como Formador Afectivo tengo algo absolutamente claro: debo organizar mí Tiempo y enfocar mi Atención de una forma tal, que pueda vivir una vida que me permita seguir disfrutando de la maravilla de existir.

Quien se implica en la Formación Afectiva siente el imperioso deseo de ser coherente. No tiene de otra, debe encarnar en su propia persona las bondades de cultivar Habilidades Afectivas que le permitan seguir avanzando cada día en su propio Desarrollo Afectivo. Además, su propia práctica le muestra a sus Aprehendices el camino a seguir.

Escribo esto porque ha llegado el momento de implicarnos de lleno en el cultivo sistemático y constante de la Autoadministraciòn. La razón es que este proyecto de la Formación Afectiva ha entrado en una fase que requiere trascender la flexibilidad propia de las etapas creativas y adentrarse en un periodo de intensa producción. Esto requiere sin duda alguna, una firme administración de los recursos vitales no renovables que nos corresponden en dotación como seres humanos: el Tiempo y la Atención. Este punto es clave, si uno es dueño de estos recursos vivirá una vida autónoma, sino, estará condenado a la eterna dependencia.

El Tiempo y la Atención son los recursos vitales para administrar la empresa de la vida. Son nuestra mayor riqueza natural. Pero tal y como ocurre con las riquezas naturales de un país, si éstas son explotadas por agentes externos, no podremos disfrutar plenamente de esas riquezas, y serán esos foráneos quienes se enriquecerán a costillas de mis propios recursos.

En el caso de las personas, son los “patrones” quienes a cambio de un salario compran tu Tiempo y Atención, explotan tus recursos vitales, lo que tú haces durante ese periodo de tiempo y por ende a lo que le prestas atención, lo enriquece a él, y no necesariamente te enriquece a ti. En el caso de los países, son las multinacionales quienes a cambio de unas paupérrimas regalías explotan nuestros recursos naturales, se llevan nuestra materia prima para después devolvérnosla en forma de productos manufacturados, los cuales compramos con el salario que los patrones nos han pagado. Alimentando así, un permanente ciclo de dependencia. Tan arraigado, que incluso se llega a pensar que el patrón te hace un favor al darte empleo y que la multinacional está interesada en el desarrollo del país. Ahora caigo en cuenta que el autoengaño no es solo un mecanismo psicológico individual, también puede ser colectivo.

Ayer Martin en nuestra sesión de trabajo nos decía que era una paradoja que se enseñara Administración de Empresas y no Autoadministración. Ese comentario me pareció muy poderoso y desató una prolífica conversación con la Mincha, la cual nos llevó a comprender lo siguiente: nunca en una universidad se va enseñar Autoadministración, las universidades no están hechas para enseñar a vivir, su tarea es vender cartones, no Formar. No preparar para la vida. Si esto es así, entonces está claro que hay un inmenso vacío en el sistema, vacio que un Formador Afectivo puede empezar a llenar.

¿Quién no estaría interesado en aprehender a hacerse dueño de sus propios recursos vitales, a Autoadministrarse? Y ¿Quién más autorizado para enseñar esta Habilidad Afectiva que un Formador Afectivo que la comprende y la practica? Por aquí hay un camino mi querido Martin, ¿no crees? O tú qué opinas Aura, o tú Juan Pablo.

Cuando uno toma conciencia de esto se da cuenta de la inmensa riqueza que puede producir si se apropia de sus propios recursos vitales. Ahora bien, una vez se ha tomado conciencia, el siguiente paso es estructurar la manera como se van a manejar esos recursos, esa es precisamente la Habilidad Afectiva de la Autoadministración.

Lo primero entonces es establecer las actividades a las que les voy a dedicar mi Tiempo y mi Atención. Un Formador Afectivo tiene tres tipos de actividades:

  1. Actividades de Mantenimiento
  2. Actividades Creativas
  3. Actividades Recreativas

Esta división por actividades está fundamentada en la teoría del flujo de Mihaly Csikszentmihalyi. La obra de este autor está centrada en el recurso vital de la atención. En su libro “aprender a fluir” él habla de actividades de mantenimiento, actividades productivas y actividades de ocio. Como ves, el modelo de la Formación Afectiva coincide en la primera, pero difiere en la segunda y la tercera. La diferencia no es caprichosa, sino estructural.

En el modelo de Csikszentmihalyi se piensa sobre todo en lo que hace la gran mayoría de las personas en su vida cotidiana. Dormir 8 horas, trabajar 8 horas y entretenerse casi siempre con ocio pasivo durante 8 horas. Algo así como descansar, trabajar y vegetar (sobre todo viendo televisión o utilizando internet principalmente para consumir y no para producir)

Los Formadores Afectivos en cambio, aunque disponemos de las mismas 24 horas, las utilizamos de forma diferente. Las invertimos en actividades que inevitablemente nos conducen hacia la Autonomía. Veamos una pequeña descripción de cada una de estas actividades.

Las Actividades de Mantenimiento son de orden biológico y se expresan a través del cuerpo: descanso, comida, sexo, aseo (personal y del entorno). La Habilidad Afectiva que interviene aquí es el Autocuidado. Un Formador Afectivo cuida su cuerpo y su entorno físico. Descansa lo suficiente. En mi caso entre seis y siete horas. Come adecuadamente y con tranquilidad. Arregla su propia ropa y espacio. Colabora con el mantenimiento ordenado del entorno.

Las Actividades Creativas son de orden psicológico y por lo tanto se expresan principalmente a través de la mente. El Formador Afectivo destina tiempo diario para leer, escribir y diseñar actividades de divulgación, orientación y formación, casi siempre en co-creaciòn con otros Formadores Afectivos, en mi caso con mi esposa Luz Adriana. Aquí se ejercita mucho la Habilidad del Autoconocimiento y el Conocimiento Interpersonal.

Y por ultimo están las Actividades Recreativas, que son de orden Sociocultural. Para un Formador Afectivo no existe el ocio. Si lo miramos desde el punto de vista del trabajo, para nosotros el trabajo es un continuo que va de las actividades de mantenimiento, pasando por las actividades creativas, y siguiendo con las actividades recreativas. Éstas son actividades que nos permiten seguir aprehendiendo y seguir comprendiendo la naturaleza humana; el arte expresado en el teatro, el cine, la música, la pintura, la cuenterìa. Nosotros nos recreamos alimentándonos de estas fuentes, pasamos unos ratos agradables, nos compartimos con nuestros amigos y seguimos aprendiendo de ellos, de nosotros y de la vida misma. De esta forma alimentamos nuestro estilo de vida.

Cabe señalar que entre las actividades de mantenimiento, creativas y recreativas están las labores del oficio de un Formador Afectivo. Divulgar, Orientar y Formar. Y en estas tres acciones también se entremezclan sus Vínculos Afectivos. Esto es, invertir tiempo en el compartirse consigo mismo, con su pareja, sus hijos, su tribu, las personas que orienta y forma. En síntesis, el trabajo de un Formador Afectivo es vivir la vida lo más conscientemente posible.

Este hecho me hace acordar de un pensamiento del Filosofo John Dewey, según el cual, “el trabajo que se mantiene impregnado de juego es arte.” Por eso la Formación Afectiva además de un oficio también es un arte.

Cuando el día a día se estructura alrededor de estas actividades, el Tiempo y la Atención se enfoca, lo cual necesariamente trae consigo un incremento gradual de los Recursos Personales que beneficia nuestra tranquilidad y por ende la consolidación de nuestra Autonomía.

¿Qué tipo de recursos produce estructurar la vida de esta forma?

En primer lugar están los Recursos Afectivos. Estos son los vínculos y las experiencias que se convierten en fuente de afectos positivos. Las personas que  nos llenan de buena energía. Que nos aportan. Que gracias a su presencia y compañía nos ayudan a mantener la mente libre de angustias y preocupaciones. Esto necesariamente contribuye con una mejor Salud Afectiva. ¿No es esto un recurso importante para nuestra vida? ¿No es esto parte de lo que podría  llamarse riqueza? Quien goza de sanos vínculos y además tiene agradables experiencias con estos vínculos, tiene un inestimable tesoro. Por eso es que un Formador Afectivo se ocupa de elegir y cultivar vínculos que sean fuente de satisfacción. Del mismo modo que toma distancia de esos vínculos que son fuente de malestar.

En segundo lugar están los Recursos Intelectuales. Éstos son las comprensiones teóricas que florecen luego de reflexionar esas vivencias. Esas interacciones son la materia prima de un Formador Afectivo. Luego de observarlas y analizarlas, aparecen después los conceptos y por lo tanto, las explicaciones que se convierten en recursos intelectuales. Un Formador Afectivo tiene claro que no basta con sentir la Vida, también hay que esforzarse en interpretarla, comprenderla para después tener argumentos que le permitan mostrar y explicar la Vida.

Y en tercer lugar están los Recursos Materiales. Con Luz Adriana llegamos a la conclusión que en el caso de un Formador Afectivo, éstos son la consecuencia lógica de tener recursos afectivos e intelectuales. Los Recursos Materiales entonces son el dinero, el tiempo y la atención. Un Formador Afectivo que cultiva sanos vínculos y profundos conocimientos sobre la Vida, inevitablemente genera ingresos económicos, además de hacerse dueño paulatinamente de sus dos recursos naturales: su Tiempo y su Atención. Si se apodera de estos recursos, los podrá invertir en actividades que le permitan incrementar sus recursos afectivos, intelectuales y materiales. De esta forma logrará pasar de un círculo vicioso de dependencia a un Circulo Virtuoso de Autonomía.

Así se cultiva y se desarrolla la Habilidad Afectiva de la Autoadministración. Estructurando claramente tu Tiempo y tu Atención en actividades de mantenimiento, creativas y recreativas. Una y otra vez, hasta desarrollar la habilidad, hasta lograr hacerlo con poco esfuerzo. De esta manera un Formador Afectivo administra la empresa de su Vida.

De modo que si quieres aprehender a administrar la empresa de tu vida, con miras a construir tu Autonomía, bueno, ya tienes un lugar (la COMUNIDAD FORMATIVA EL TALLER) y unas personas (unos Formadores Afectivos) que te pueden mostrar y explicar cómo lograrlo.

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LLEGUÉ A LOS 32 AÑOS Y DESCUBRÍ LA LABOR DE MI VIDA: LA FORMACIÓN AFECTIVA (Parte 2)

Mis amigas: Cony, Luz Adriana y Marleny

El quinto escenario son los amigos. Como la gran mayoría de personas, desde mi infancia he tenido relaciones que podrían ser calificadas de amistad, pero que bien valoradas no son tal. Y llegamos a la adultez considerando amigos a quienes no lo son.

Se suele confundir a los compañeros con los amigos. Yo por ejemplo pensaba que había tenido amigos en mi infancia, pero fueron más bien compañeros barriales. Luego en el internado llegue a tener mas de tres años de convivencia con compañeros de esa época, a propósito, la corriente de la vida me volvió a cruzar con dos viejos compañeros de ese tiempo en la Escuela de Trabajo la Linda. Néstor González y Harold Franco. El primero, sumergido en el mundo del circo de los políticos colombianos, admirador furibundo de viudos de poder. Y el segundo, un comerciante aventurero además de un talentoso artesano del pan. El día que nos encontramos experimenté una intensa alegría.

Con Néstor ocurre algo muy particular. Nuestros pasos han sido muy paralelos. Además de compartir en la Linda, fuimos compañeros en el San Rafael –un colegio de los Terciarios en Manizales-. Lo recuerdo como un destacado futbolista, aguerrido para los deportes y también como líder, será por eso que terminó metido en ese oscuro mundo de la política chibchombiana. Pero también, ya en la adultez vinimos a tener algo más en común. La Universidad. Por esas vueltas de la vida, Néstor termino estudiando Derecho en la misma universidad donde yo estudié psicología. Un día de septiembre de 2009 por pura “casualidad” nos encontramos en un foro sobre la reelección presidencial en la católica. Para ese entonces él era un Edil uribista de San Cristobal y yo abogaba por la causa antireeleccionista.

Con Harold nos encontramos meses después. Valga decir que la única pelea que tuve en el internado fue justamente con él. Y en plena celebración de la virgen de los dolores –patrona de los Terciarios Capuchinos-.

Con ninguno de los dos me he vuelto a encontrar, pero el lazo esta conectado. Ellos son muy importantes para reconstruir esa época del internado. Para elaborar esa historia común. Porque los tres, a nuestra manera, somos hijos de una generación de padres indiferentes y los tres, de alguna forma hemos escapado a las consecuencias que eso trae. Unos mas que otros.

Mi adolescencia y temprana juventud me dejó un amigo que visto desde la Formación Afectiva, también fue solo un compañero. Aunque lo recuerdo de forma muy especial. Alex y yo también compartimos el hecho de una infancia difícil, luchada, trabajada. Nos conocimos semestralizando el bachillerato. En decimo grado. Una vez graduados nuestros destinos tomarían su rumbo. El día que yo ingresaba a la universidad, Alex entraba al ejército a prestar servicio militar; “deber patrio” que hoy me alegro inmensamente de haber evadido. Aun lo aprecio, y anhelo que la Vida me lo vuelva a poner en el camino, lo recuerdo como un buen muchacho y un notable basquetbolista.

En la universidad también tuve compañeros que llegué a pensar eran amigos. Pero no fueron tal. O mejor, como sostiene la Formación Afectiva, fueron amigos biológicos. De esos que solo están para compartir placeres, para beberse unas polas. De esa época aun sigue vigente el lazo con Liliana Gil, quien siempre se acuerda de mí cada vez que cumplo años. Y ayer no fue la excepción.

Mis dos únicos empleos como psicólogo tampoco fueron espacios para el cultivo de la amistad. Aunque conservo muy gratos recuerdos de compañeros que tuve en la OPAN y en el COLSES: Marthica, Martin Carvajalino, Oscar Jimenez, Francisco Álvarez, Claudia Montaño, Gina Cruz, Emerson Arias, Edwin Triana, José Ríos, Mauricio Cercado, Mary Luz, Ángela, Mónica.

En conclusión, mis verdaderos amigos serán mis colegas de Oficio, serán los Formadores Afectivos con los que cultivaremos una genuina amistad socioantropologica.  Una amistad duradera, de esas que son para toda la vida, para envejecer juntos.

Hoy mis amigos están en mi tribu familiar. La primera de ellas: mi amiga, esposa, socia, amante y coequipera: Luz Adriana. También son mis amigas mis cuñadas: Patito y Marleny.

Ya hemos empezado a caminar con Aura, Mari, Juan Pablo y Melany; nuestros Aprehendices de Crianza Formativa. Con quienes hemos entrado en una nueva etapa del proceso de formación.

Lo mismo ocurre con Martin y Angie. Un Odontólogo con vocación de formador y una Optómetra que podría encontrar en la Crianza Formativa una manera de crear conexión afectiva con su hijo y de paso ganarse la vida enseñándole a otras madres solteras a hacer lo mismo.

Con Luz Adriana y Cony.

Por ahí esta dando señales de humo una persona que anhelamos tener en nuestro barco: Cony. Un tremendo talento psicológico-artístico que se malograría si se queda viviendo en el bosque con los lobos.

Tengo un amigo socioantropologico, que es mi maestro y mi padre cultural. Hablo de Miguel De Zubiría, quien me adoptó para su causa de la Psicología Afectiva y nos mostró los primeros memes de la Formación Afectiva. Este es un vínculo que me genera mucha alegría. Es un padre que me presta atención y me guía por el selvático mundo de la ciencia.

Con mi mentor y maestro Miguel De Zubiria

Ahora caigo en cuenta de algo. A falta de un padre biológico que me prestara atención, la Vida me recompensó con dos padres psicológicos: el padre Arnoldo y mi suegro Silvino. Y con un padre socioantropologico: mi maestro Miguel De Zubiría.

Por eso hoy a mis 32 años me siento tan pleno y tan tranquilo. Por que tengo una nutritiva Neofamilia. Estoy rodeado de personas que genuinamente me quieren. Tengo tutores afectivos e intelectuales que me están guiando y descubrí mi propio camino: el de la Formación Afectiva. Y con tanta fortuna que es el mismo camino de mi amada. De modo que si hay algo que puede representar la felicidad, es esto. Una vida con sentido.

Esta vida con sentido me pone a pensar en el sexto escenario: los grupos. Somos animales sociales y como tal, necesitamos de los grupos. La primera oportunidad que tenemos de experimentar un sentido de comunidad es en la familia. ¿Y qué hacer cuando ésta falla? Apelar al grupo. El problema es que no todos los grupos son saludables desde el punto de vista afectivo. Muchos son una prolongación autoritaria, permisiva o indiferente de la familia, que busca hacerse con los recursos de sus miembros (dinero, tiempo y atención) sin ninguno tipo de retribución más allá de la sensación espuria de comunidad.

Nunca he sentido la necesidad de vincularme a un grupo. Ni político, ni religioso, ni de ningún otro tipo. Más bien he intentado crear grupos. En mis tiempos como estudiante de psicología lo intenté una vez, pero mi falta de experiencia me paso la cuenta de cobro. Años después cuando volví a estudiar Derecho lo intenté de nuevo, esta vez avance un poco más al darle vida a un periódico estudiantil que llamamos El Altavoz. Esa experiencia me mostró que era capaz de liderar, pero todavía seguía muy biche y por eso no progresó. Después lo intenté de nuevo con una revista sobre diversidad sexual y como no era mi causa vital, también tuvo una corta vida. La siguiente prueba fue el primer intento de construir un grupo alrededor de la Formación Afectiva. Recuerdo que invitamos a unas personas para llevar a cabo un diplomado en Afectividad Humana. De hecho lo hicimos, y nos dejó una profunda experiencia. Además del conocimiento, la certeza que esa no era la forma de darle vida a una comunidad y por eso cerramos esos vínculos y seguimos adelante con nuestra causa.

Por primera vez desde que estamos metidos en esto de la Formación Afectiva siento que estamos listos para construir comunidad. Por eso los Formadores Afectivos nos agrupamos en lo que con mi esposa Luz Adriana hemos denominado como COMUNIDAD FORMATIVA EL TALLER. Técnicamente hablando este es un Grupo Formativo y su propósito es el mismo de la Formación Afectiva: formar personas talentosas para gobernar sus vidas, vivir en pareja, criar a sus hijos, trabajar por si mismos y por los demás.

Este propósito de la Formación Afectiva me conecta con el septimo escenario: la sociedad. Tenemos un chivo expiatorio para echarle la culpa de todos los males que vivimos como sociedad: los políticos. Éstos recogen siempre el agua sucia, aunque a decir verdad, su falta de creatividad y ambición egoísta sin límites les hace merecedor a tan generosa consideración. Pero viéndolo bien, el problema no son los políticos, es la pobre concepción que tenemos de lo que la significa la política. Es la ignorancia y la pereza. Es una cultura que se han entroncado en nuestro ADN social. La cultura de lo fácil y rápido. Por eso es que Colombia es tierra fértil para pirámides, regueton, narcotráfico, prostitución, sicarios, bandas criminales y políticos clientelistas. Las empresas de televisión se lucran vendiendo esa parte de la realidad colombiana con la excusa de estar creando conciencia social. De los canales nacionales, el único que saca la cara es Señal Colombia.

De modo que con respecto a la sociedad podemos asumir dos posturas: o somos súbditos o actuamos como Ciudadanos. En el primer caso, concentramos nuestras energías para quejarnos de la ineficiencia del Estado. O peor aun, somos absolutamente indiferentes. En el segundo caso, ser Ciudadano significa tomar parte activa en la solución de los problemas sociales que nos aquejan. Significa trabajar en la construcción de esa sociedad en la que anhelamos vivir. Esto se convierte incluso en una creativa forma de ganarse la vida. Eso es precisamente la Formación Afectiva. Un Oficio que le apunta a un tipo de desarrollo que es más potente que el desarrollo económico. Me refiero al Desarrollo Afectivo.

Cuando una persona tiene un óptimo Desarrollo Afectivo dirige su existencia de forma eficaz; se conoce, se valora, se administra y se gobierna. Quien interactúa adecuadamente consigo mismo, es mucho más hábil para interactuar con los demás. Empezando por la interacción con su pareja, sus hijos, sus amigos, su familia. Una persona con buen Desarrollo Afectivo tiene más conciencia social y por ende, contribuye con el desarrollo de la sociedad en su conjunto. Por eso esta tan potente el Oficio de la Formación Afectiva.

Este es nuestro aporte a la sociedad en la que vivimos. Ahora nuestra tarea, además de seguirnos formando, es formar Formadores Afectivos. Construir una Comunidad, una Tribu Formativa que le de vida a otras tribus. Preparar hombres y mujeres para que gobiernen sus vidas, construyan relaciones de pareja de largo aliento, críen a sus hijos, trabajen por sí mismos y por los otros. En suma, que sean Formadores Afectivos.

Y aquí aterrizo en el octavo escenario. La naturaleza. Somos parte de la naturaleza, una forma más como ésta se expresa. Sin embargo, separarnos de ella es lo que nos complica la vida. Ahora pienso que no estar bien con uno mismo, ni con quienes te rodean, repercute sobre la forma como nos relacionamos con la naturaleza. Solo ahora en mi vida adulta vengo a ser consciente de esto. Y la Formación Afectiva me llevó a ello. La explicación que tengo es la siguiente:

Existe una Habilidad Afectiva que se llama el Autocuidado. Cuando yo me cuido a mismo, también cuido al otro. Y ese otro no es solamente un ser humano, sino, como diría el budismo cualquier cosa viviente, es decir, la naturaleza misma.

Así lo comprendo hoy, como la Formación Afectiva es un proceso que solo acaba con la muerte, seguiré aprehendiendo, tengo por delante un largo camino de estudio, practica y enseñanza.

Este es mi camino, y este artículo es una introducción a los temas sobre los que reflexionaré de aquí en adelante. Me dedicaré a sentir, pensar y practicar la vida. A formarme para formar.

Aquí puedes la primera parte de esta bitácora vital. 

Publicado en biografia, FAMILIA DE ORIGEN

LLEGUÉ A LOS 32 AÑOS Y DESCUBRÍ LA LABOR DE MI VIDA: LA FORMACIÓN AFECTIVA (Parte 1)

Mis 32 con mi amada

La Vida no es lo que uno va a vivir sino lo que ha vivido y está viviendo. Por eso, el mejor regalo de cumpleaños que he tenido en mis 32 años de existencia es el regalo de la Formación Afectiva que me ha dado la Vida.

Antes de encontrar a mi esposa Luz Adriana -con quien gestamos y le hemos dado vida cultural al Oficio de la Formación Afectiva– no imaginaba que llegaría a esta edad siendo lo que hoy soy: un esposo, un padre y un Formador Afectivo.Máxime cuando el rumbo que traía el barco de mi vida no tenía como destino lo que hoy para mi es una bella realidad vital.

Orianna y Dante

En ese ya lejano año 2006, a mis 25 años era como un barco a la deriva. Aunque lo sentía, todavía no me planteaba con tanta determinación el asunto de la Autonomía. Era dependiente. Estaba anclado a un estilo de vida en el que no veía con claridad la posibilidad de tener una esposa, mucho menos unos hijos, y ni que decir de ganarme la vida con un Oficio que además me permite ser mejor ser humano cada día.

Una de las habilidades que cultiva y enseña un Formador Afectivo es el Autoconocimiento. Dicha habilidad es fundamental para uno explicarse y comprehender su propia vida. Esta bitácora es justamente un ejercicio de reflexión vital que tiene como propósito seguir ahondando en el conocimiento de mi mismo.

Desde la Formación Afectiva, sostenemos que la Vida es como una obra de teatro con ocho escenarios diferentes aunque estrechamente conectados entre sí. En esta bitácora te mostrare los primeros cuatro escenarios y si quedas con ganas de mas, te invito a que leas la segunda parte.

El primero de esos escenarios es el Sí Mismo. Parafraseando a Facundo Cabral, la Vida nos hizo cargo de un ser humano: nosotros mismos!!!!. ¿Pero dónde nos enseñan a lidiar con nosotros mismos? No conozco ese lugar. Ni tampoco ninguna profesión que se dedique a eso de forma específica. Por eso le hemos dado vida al oficio de la Formación Afectiva, para guiar nuestra propia existencia y compartir nuestras experiencias con aquellos que quieran tomar el timón de sus vidas. Antes de encontrarme con la Formación Afectiva no tenía ni idea de cómo podía lograrse esto, hoy, a mis 32 años el panorama está despejado para seguir aprehendiendo y compartiendo.

El segundo escenario es la Familia. Los Formadores Afectivos distinguimos entre Familia de Origen y la Neofamilia. La Familia de Origen puede jugar dos papeles en la vida de uno: puede ser un valioso apoyo o una pesada carga. Es sumamente importante reconocer esta realidad, de ello depende que uno siga adelante con su viaje existencial y progrese o se quede estancado y frustrado.

Por experiencia propia y por lo observado en las vidas de las personas con las que hemos trabajado, puedo decir que reconocer el papel que juega la Familia de Origen en la vida de uno es sumamente difícil. La razón estriba en que hacerlo tiene implicaciones afectivas que al principio duelen, pero que con el tiempo resultan saludables afectivamente hablando. En este reconocimiento se interpone un mecanismo psicológico que hace las veces de calmante temporal pero a su vez nos aleja de tomar las decisiones que debemos tomar: el autoengaño.

Al respecto, la Psicología Evolucionista, en la voz cantante de Steven Pinker[1], nos cuenta como Robert Trivers llevando su teoría de las emociones a su conclusión lógica, señala que en un mundo habitado por detectores de mentiras vivientes, la mejor estrategia es creerse las propias mentiras. Uno no puede fugarse de sus intenciones ocultas si no piensa que son las suyas propias. En conformidad a su teoría del autoengaño, cuanto mejor se oculta la verdad respecto de si mismo, mejor la oculta a los demás.

Pero como bien lo señala Pinker, la verdad es útil, por tanto debe quedar consignada en el algún lugar de la mente.[2] Y si esto es así, en algún momento puede salir a flote y nos veremos entonces ante dos opciones: o la reprimimos y nos seguimos autoengañando o la aceptamos (aunque nos duela) y actuamos en consecuencia.

Yo decidí aceptar la verdad y aunque me ha dolido, también me he sentido más libre y por lo tanto más autónomo.  En mi caso, mi Familia de Origen en lugar de ser un valioso apoyo, ha resultado ser una pesada carga. Esta realidad nos enfrenta a tomar decisiones: o aceptas esa carga y sufres con ella; o tomas distancia y te dedicas a construir tu vida.  Yo opté por el segundo camino y eso me ayudó a valorar el regalo de mi Neofamilia.

Mi Neofamilia

Mi Neofamilia es una tribu conformada por nueve personas. Nuestros Tutores Vitales: Silvino e Imelda. Mis cuñadas: Marleny y Patito. Mis sobrinos políticos (hijos de Marleny) Damian y Sander. Y por supuesto, mi esposa Luz Adriana y nuestros dos hijos: Orianna y Dante.

Uno no elige su Familia de Origen, pero si puede elegir su Neofamilia. El problema es que cuando tu Familia de Origen ha sido una pesada carga, se corre un alto riesgo de que la Neofamilia continúe con esa misma lógica. Por eso es tan importante tomar Conciencia Familiar; para comprehender de qué tipo de familia vengo. De eso depende que continúe con un círculo virtuoso o rompa con un círculo vicioso.

Yo tuve que romper con un círculo vicioso de violencia intrafamiliar. Y de no ser por la profunda sabiduría de mí esposa y las enseñanzas emanadas de la Formación Afectiva, no habría sabido como tomar distancia. Me habría seguido dominando un segundo mecanismo psicológico que se suma al del autoengaño: me refiero a la punzante Culpa.

El tercer escenario de esta obra de teatro llamada Vida es la relación de pareja. Antes de la llegada de Luz Adriana a mi obra existencial, mi vida en ese escenario tenía una constante; mis relaciones de pareja tenían como propósito llenar esos vacios afectivos, suplir esas carencias afectivas que me habían quedado como consecuencia de haber tenido una crianza indiferente, sin tutores afectivos que me preparan para vivir la vida.

Formalmente tuve pocas novias, pero informalmente tuve varios romances. En aquella época no cabía en mi mente la idea de la fidelidad, no veía como podía ser posible. De hecho, de no ser por Luz Adriana y la Formación Afectiva, muy seguramente me habría unido al club de los “coleccionistas de polvos fugaces”. Aquí me acuerdo de un par de compañeros de universidad. Alguna vez conversando sobre nuestras peripecias sexuales, salió a colación el cuento de la cantidad. Uno de ellos en ese entonces ya sumaba 90 mujeres que habían pasado por su lecho. En esa época me daba envidia, hoy me da lástima. Se dedicó a coleccionar polvos y renunció al compromiso. No obstante la oportunidad que le dio la vida con sus dos hijos concebidos en su temprana juventud.

El cuarto escenario es el trabajo. Y aquí entra nuevamente mi Familia de Origen. El tipo de familia tan caótico del que provengo me llevó afrontar una dura realidad desde los 10 años de edad. Si quería sobrevivir debía trabajar. En mi memoria emocional están los recuerdos de un niño que vendía sahumerio en Pereira durante la semana santa. También de un niño que en su afán de buscar recursos y ante la indiferencia de sus padres, hizo parte de una cadena de distribución de sustancias psicoactivas. Buscando evadir esa realidad, ese niño migró de ciudad y en Cali incursionó en el mundo de la venta de dulces y cigarrillos. Me acuerdo como si fuera ayer de ese primer puestico que monté al frente de la Droguería del “tío rico” de la familia Becerra. También me acuerdo de las intensas jornadas en la Ermita vendiendo paquetes de chitos de los grandes y galletas waffer. Esa fue mi realidad. Hoy me pregunto: ¿Por qué no me paso nada? ¿Por qué nunca pasé un gran susto? ¿Por qué nunca fui víctima de algún abuso? ¿Por qué nunca me violentaron? Reflexiono y llego a la conclusión que estaba más seguro en la calle que en la casa. Que paradoja.

Desde entonces no he parado de trabajar. Después del inevitable internado seguí trabajando. Pero esta vez más formalmente y de la mano de quien considero uno de mis padres psicológicos: el padre Arnoldo Acosta. Un Religioso Terciario Capuchino que la vida puso en mi camino para seguir construyendo este proyecto de vida que hoy se hizo materia con la Formación Afectiva.

Mi vida laboral con los Terciarios empezó como mensajero en la OPAN. Después fui “ascendido” a vigilante -gracias a lo cual me di el lujo de estudiar de día y “trabajar” de noche- y después pude ejercer como psicólogo en el ahora extinto Colegio Seminario Espíritu Santo (COLSES).

Sea esta la oportunidad para reconocerlo públicamente: el apoyo de los Terciarios Capuchinos resultó vital en mi proyecto de vida. Sobre todo, el afecto de mí querido padre Arnoldo. Este hombre ha estado presente en mi vida desde los 13 años de edad y todavía siento su presencia. Gracias a él pude ingresar a la Universidad y gracias a él pude asegurarle la pensión de vejez a mi padre biológico. También gracias a él, pude tener los dos únicos empleos en los que me desempeñé como psicólogo y también gracias a él, hemos tenido varios casos como Formadores Afectivos. De modo que sigue ahí, y seguirá estándolo porque mi gratitud hacia él me acompañará hasta el fin de sus días o de los míos. Con los Terciarios Capuchinos solo me queda un sueño pendiente. Anhelo el día en que pueda retribuir de alguna manera todo lo que hicieron por mí, ser un testimonio vivo de la obra amigoniana.

De manera que con respecto al trabajo también hay un antes y un después. Conocer a Luz Adriana y ser adoptado por su tribu familiar, -que ahora también es la mía- fue determinante para construir mi evolución de la dependencia a la Autonomía. Como ambos lo sabemos, la Formación Afectiva no sería posible de no haber contado con el generoso apoyo de toda la tribu. Sin ellos, esta historia no habría sido una hermosa realidad.

Esta historia continua en la segunda parte…

Aqui.


[1] Steven Pinker “Cómo funciona la mente” Ediciones Destino, enero de 2001.

[2] Ibid pag 540

Publicado en CRIANZA FORMATIVA

LAS NECESIDADES SOCIOANTROPOLÓGICAS DE NUESTROS HIJOS

“Una vida con pleno Sentido es una vida que merece ser vivida, es una vida que no contempla la posibilidad de extinguirse antes de tiempo”

Es posible que el lugar que ocupamos en la sociedad en parte, lo determine la artificiosa creencia del “éxito.” Es posible que la primera relación práctica que se hace al pensar en el constructo “éxito” tenga que ver con la capacidad de un individuo para acumular riqueza material. Es posible que algunos individuos adopten esta creencia, como el único camino posible para satisfacer la humana necesidad de Reconocimiento Social. Es posible que debido a la imperante inequidad social muchos se sientan profundamente frustrados, en su intento por obtener reconocimiento social a través de la acumulación de riqueza material. Es posible que quienes logren algo de reconocimiento por haber acumulado riqueza material, se hayan olvidado de acumular Riqueza Afectiva y Riqueza Intelectual, y por ende lleven vidas carentes de Significado Vital, vidas carentes de Sentido.

Para quienes no tenemos como fin último en la vida el “ser exitosos” sino vivir una Vida Gratificante, podemos optar por el auténtico Reconocimiento Social que se obtiene como recompensa por trabajar ardua y dedicadamente en la construcción de los roles de la adultez (pareja, madre-padre, trabajador). Sin ninguna otra pretensión más que la de hallarle pleno Significado Vital a nuestra existencia mediante el Aporte Social  que podemos hacer al construir una sólida relación de pareja, al criar hijos talentosos para vivir, convivir y supervivir, al trabajar en aquello que nos apasiona y nos da la tranquilidad necesaria para pensar en los demás, para hacer posible que nuestro trabajo contribuya con nuestro Bien-estar y con el Bien-estar de nuestro entorno.

Una buena forma de ayudarle a nuestros hijos a suplir la Necesidad Socioantropológica Básica de Reconocimiento Social consiste en prepararlos, en formarlos para que logren tener un satisfactorio desempeño en los roles de la adultez. Como ya lo mencionamos; en el rol de pareja, en el rol de padre-madre, en el rol de trabajador. De esta forma nos aseguramos que nuestros hijos obtengan Reconocimiento Social por la capacidad para construir una sana, fructífera y satisfactoria relación de pareja que sea fuente de felicidad. Por la capacidad de ser padres-madres, comprometidos y dedicados conscientemente al Oficio de la Crianza, a la formación de seres humanos bondadosos, altruistas, benevolentes.Por lacapacidad para desempeñarse como Trabajadores Talentosos, haciendo lo que les gusta, lo que realmente les apasiona,  y no lo que les toca.

El auténtico Reconocimiento Social es el resultado de querer, saber y trabajar dedicadamente para tener un óptimo desempeño en cada uno de nuestros roles de la adultez (pareja, madre-padre, trabajador). La mayor parte de nuestras vidas la pasamos siendo adultos, por esto, desde el Modelo de Crianza Formativa propendemos por el desarrollo de Habilidades Afectivas que nos permitan y les permitan a nuestros hijos tener un óptimo desempeño en dichos roles. Al asegurarnos que nuestros hijos suplan su necesidad de Reconocimiento Social, también garantizamos que logren suplir la Necesidad Socioantropológica  Compleja de Significado Vital.

El Significado Vital viene dado por el Aporte Social. Un desempeño notable en los roles de la adultez (pareja, padre-madre, trabajador), necesariamente le aporta al entorno social; bien sea la familia, la comunidad, la sociedad y a la misma humanidad. Cuando sentimos que nuestra existencia sirve de ejemplo para transformar vidas, para contribuir con avances auténticos de nuestro entorno; cuando ponemos nuestro talento en pro de una causa que impacte genuinamente la sociedad… en ese momento nuestra existencia cobra pleno Sentido. Una vida con pleno Sentido es una vida que merece ser vivida, es una vida que no contempla la posibilidad de extinguirse antes de tiempo.

 

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LAS NECESIDADES PSICOLÓGICAS DE NUESTROS HIJOS

“Brindarle Atención Activa a nuestros hijos y suministrarles una sólida y clara Estructura, se constituye en la clave que nos permite orientar sus vidas”

Los animales que pertenecemos a la especie humana somos en extremo dependientes. Tardamos varios años en aprender a valernos por nosotros mismos, en ganar algo de autonomía; desde que nacemos necesitamos de extensos cuidados y  sobre todo, de una gran oferta de Alimento Afectivo que se suple con mucha <<Atención>> por parte de nuestra madre y demás tutores. Es una regla natural, y pasarla por alto impide que nuestro proceso de crecimiento y desarrollo -tanto físico como mental- sea óptimo. Necesitamos recibir Atención de nuestro entorno, pero también brindar Atención. La Atención es uno de los Recursos Psicológicos más valiosos que tenemos los seres humanos, pero también el más difícil de mantener encauzado. Nuestra vida esta rodeada de múltiples estímulos externos que compiten constantemente por robar nuestra Atención (conflictos interpersonales, problemas económicos, caer en adicciones, las cosas materiales, el sexo, la televisión, el mundo virtual, la educación, y un sin fin de cosas más…). El reto consiste entonces, en hacer constantemente esfuerzos adicionales para que nuestra Atención se mantenga centrada en Actividades Constructivas.

Volvamos al punto. Dentro de las Necesidades Psicológicas Básicas que debemos satisfacer en nuestros hijos se encuentra la de Atención. Prestarles Atención a nuestros hijos es lo mínimo que debemos hacer para contribuir con su Salud Afectiva y por supuesto, para Crear Conexión Afectiva. Cuando estamos llevando a cabo conscientemente el Oficio de la Crianza; gran parte de nuestra Atención la enfocamos en nuestros hijos, lo cual es muy favorable y se verá gratamente recompensado cuando sintamos el orgullo de ver que nuestro hijos son seres seguros de si mismos y con Fortaleza Afectiva. Ahora bien, ¿Cómo podemos prestarles Atención Activa  a nuestros hijos? El principal elemento a tener en cuenta es el Compartirse.

Debemos aprehender a compartirnos tanto como sea posible con nuestros hijos. Para que se produzca Conexión Afectiva no podemos compartirnos de cualquier forma y sin un propósito claro. Es necesario que busquemos a nuestros hijos en su mundo, es allí donde debemos compartirnos con ellos, en sus intereses, en sus creencias, en su quehacer diario, en sus gustos y disgustos, en sus angustias e inquietudes, en sus penas, en sus glorias, en sus derrotas, en sus victorias. En fin, debemos convertirnos en visitantes asiduos al mundo de nuestros hijos, con el propósito de obtener información de ellos, así podremos conocerlos y comprehenderlos más y mejor. Si los conocemos más y los comprendemos cada vez mejor, necesariamente nuestras interacciones serán mucho más fluidas, efectivas y constructivas.

Ahora bien, si queremos que la tarea quede completa es necesario que también los invitemos a nuestro mundo. Que nos compartamos con nuestros hijos en lo que somos, en lo que hacemos, en lo que queremos, en lo que sabemos, en lo que anhelamos, en lo que logramos, en lo que fracasamos. Debemos permitir que nuestros hijos obtengan conocimiento de nosotros llevándolos a nuestro mundo.  En cuanto más nos compartamos con nuestros hijos, más conocimiento obtendremos de ellos y ellos de nosotros. En cuanto más conocimiento mutuo exista, más acertadas y efectivas serán nuestras interacciones. En cuanto más acertadas y efectivas sean nuestras interacciones más reciprocidad en el Aprecio habrá. En cuanto más reciprocidad en el Aprecio haya, más Conexión Afectiva se generará.

Al prestarles Atención a nuestros hijos estamos satisfaciendo sus Necesidades Psicológicas Básicas. Pero ahí no termina nuestra misión, también debemos satisfacer sus Necesidades Psicológicas Complejas. Estas se centran en el suministro de Estructura. De lo hábiles que seamos para suministrar Estructura (influenciarlos en lo que deben hacer, por qué lo deben hacer y cómo lo pueden hacer) a nuestros hijos depende lo que llegarán a Ser, a Saber y a Hacer.

Específicamente debemos suministrar a  nuestros hijos tres tipos de Estructura: Afectiva, Cognitiva, Expresiva.

La Estructura Afectiva tiene como propósito que nuestros hijos aprehendan a <<Interactuar>> consigo mismos, con los otros y con los grupos. Esto puede ser posible si ellos logran reconocer y comprehender, el funcionamiento del Sistema Afectivo. El Sistema Afectivo esta constituido por Herramientas Afectivas (Emociones, Sentimientos, Actitudes, Valores, Principios) y Habilidades Afectivas[1] (Intrapersonales, Interpersonales, Sociogrupales). Para que nuestros hijos puedan tener un óptimo Desarrollo Afectivo es necesario que aprehendan cómo utilizar las Herramientas Afectivas y a desarrollar  Habilidades Afectivas.

Las Herramientas Afectivas y las Habilidades Afectivas nos permiten sentir, pensar y hacer. Si por el Sistema Afectivo de nuestros hijos circula la mayor parte del tiempo Emociones, Sentimientos y Actitudes positivas, tendrán más posibilidades de llegar a actuar basados en Valores. Estos habilitan el sentir y pensar, para que las  actuaciones de nuestros hijos tengan en cuenta el Bien-estar de su entorno; familiar, comunal y social. Si las actuaciones de nuestros hijos están guiadas principalmente por Valores, tendrán más posibilidades de llegar a actuar basados en Principios. Al llegar a actuar basados en Principios serán capaces de ir  más allá  de si  mismos, de su entorno más cercano. Actuar basados en Principios implica que nuestros hijos en su adultez contarán con un interés y un accionar genuino que contribuye con el avance de la especie humana, con el Bien-estar de la humanidad.

En la medida que su Sistema Afectivo se desarrolle mediante el uso apropiado de  Herramientas Afectivas (Emociones, Sentimientos, Actitudes, Valores y Principios) y la puesta en práctica de Habilidades Afectivas[2] (intrapersonales, interpersonales, sociogrupales), sus interacciones consigo mismos, con el otro y con los otros serán mucho más constructivas, eficientes y provechosas. Veamos ahora cuáles son las Habilidades Afectivas (intrapersonales, interpersonales, sociogrupales) que junto con las Herramientas Afectivas (Emociones, Sentimientos, Actitudes, Valores, Principios) integran el Sistema Afectivo.

Nuestros hijos aprehenderán a relacionarse adecuadamente con ellos mismos mediante el desarrollo de Habilidades Afectivas Intrapersonales como el Autoconocimiento (les permite a nuestros hijos saber quienes son, qué quieren, para qué son buenos). La Autovaloración (les permite tener una autoestima estable, tener capacidad para evaluar su desempeño en sus diferentes roles y tener pleno sentido de autocuidado). La Autoadministración (les permite hacer un manejo adecuado de los recursos psicológicos como el tiempo, la atención, los vínculos el conocimiento y de los recursos materiales como el dinero). El Autogobierno (les permite aprehender a manejar dos emociones fundamentales; el placer y la ira).

Para que aprehendan a interactuar con los otros es necesario el desarrollo de Habilidades Afectivas Interpersonales como el Conocimiento Interpersonal (les ayuda a saber de quién se están rodeando, que afectos y creencias motivan el comportamiento del otro), la Valoración Interpersonal ( les ayuda a evaluar a los demás, a leer la intención del otro y cuando es preciso, a cuidar y apreciar al otro), la Interacción interpersonal (les ayuda a fortalecer los vínculos mediante la práctica de  habilidades como la Empatía y la Asertividad). Por último, para que aprehendan a interactuar con los grupos es necesario el desarrollo de Habilidades Afectivas Sociogrupales comoel Conocimiento Sociogrupal (contribuye con la facilidad para ser aceptado y reconocido en los grupos donde desea participar)  la Valoración Sociogrupal (contribuye con la capacidad para evaluar la conveniencia de participar en un determinado grupo) la Interacción Sociogrupal (contribuye con la puesta en práctica de valores como el respeto y la responsabilidad).

Bien, hasta aquí vimos a grandes rasgos en que consiste la Estructura Afectiva que deben tener nuestros hijos. Ahora veamos rápidamente en que consiste la Estructura Cognitiva.

El suministro de Estructura Cognitiva tiene como propósito que nuestros hijos aprehendan a <<Pensar>>. Para esto es necesario que  desarrollen habilidades para Leer, Escribir y Enseñar. Asegurarnos que nuestros hijos aprehendan a acceder al conocimiento mediante la puesta en práctica de habilidades lectoras, contribuye con la formación de criterio propio, con la capacidad para argumentar, con la habilidad para interpretar, para comprehender, con la capacidad para proponer, para crear, con el fortalecimiento de su mente para evitar que sean fácilmente influenciables, manipulables. Así mismo, la destreza que desarrollen para escribir les permitirá aprehender a comunicar con facilidad, a procesar la información, a interiorizar de forma más efectiva los conocimientos aprendidos, a  hacer interpretaciones mucho más certeras y profundas, a tener un mayor grado de comprehensión de la realidad. Y al ejercitarse en la enseñanza de lo aprendido, siempre se generarán nuevos aprendizajes, nuevas interpretaciones, nuevos avances,  nuevas construcciones colectivas del conocimiento, que a su vez, permitirán la generación de conocimiento mucho más relevante. Por último, pero no por ello menos importante, se encuentra la Estructura Expresiva.

El propósito de la Estructura Expresiva es el de enseñarle a nuestros hijos a <<Trabajar.>> La mejor forma de enseñar a nuestros hijos a trabajar es brindándoles las oportunidades, posibilidades,  y recursos mediante los cuales sea posible Explorar, Identificar y Desarrollar su Talento. Nuestra sociedad demanda trabajadores, pero no cualquier tipo de trabajador, se requieren Trabajadores Talentosos. El desempleo se encuentra en ascenso constante, un cartón que nos acredite  como profesionales ya no es garantía de nada, de hecho,  hay sobreoferta de profesionales, pero escasez de Talentosos.

Vale la pena apostarle al Talento[3]. Vale la pena ocuparnos de Explorar el Talento de nuestros hijos. Esto lo podemos llevar a cabo, exponiéndolos a diferentes escenarios, espacios,  vivencias. Más específicamente debemos exponerlos a Experiencias Práxicas (deportes, tecnología, naturaleza, expresión corporal, etc). Experiencias Psicológicas (hablar en público, liderar grupos, enseñarle a los demás). Experiencias Conceptuales (grupos de ciencia, de investigación). Experiencias Artísticas (literatura, música, danza, pintura, teatro). De esta forma podremos observar -bien sea por nuestra cuenta, o con ayuda de conocedores del tema- el desempeño que tienen nuestros hijos en cada una de estos mundos con respecto al promedio. Podremos observar la facilidad con que realizan una determinada actividad, el grado de concentración que alcanzan, con qué aptitudes cuentan, etc.

También es clave tener en cuenta el conocimiento de si mismos (Autoconocimiento) que tengan nuestros hijos, pues les permitirá  saber que quieren, que les gusta realmente, con qué se siente más cómodos, en que espacios disfrutan más y se desenvuelven con más facilidad. Lo que viene después es la Identificación del Talento. Si la exploración fué lo suficientemente nutrida; la observación sistemática y nuestro hijo cuenta con habilidad para evaluarse a sí mismo (Autovaloración); con toda seguridad se podrá saber con claridad para qué es bueno, en qué se puede desarrollar, a qué se puede dedicar, en que campo puede llegar a ser un Trabajador Talentoso. Cuando se llega a este punto, lo que resta es Desarrollar el Talento. La clave para el Desarrollo del Talento radica en saber acceder al conocimiento propio del campo de interés y practicar, practicar, practicar y practicar. Se deben acumular horas y Horas de Practica, exactamente un mínimo de 10.000 Horas de Práctica (de acuerdo con los expertos en el tema) son las necesarias para desarrollar un talento.

De esta forma, nuestros hijos serán personas que disfrutan  y sienten pasión por lo que hacen. No tendrán que resignarse con lo que les toca hacer, sino que harán lo que realmente les gusta,  podrán dedicarse a eso para lo que verdaderamente son buenos. Podrán ser creadores en su campo, aportarle a la sociedad a partir de su saber y por supuesto podrán Conquistar su Autonomía. Esta es la mejor forma de enseñarle a trabajar a nuestros hijos; brindándoles las herramientas necesarias para que logren convertirse en Trabajadores Talentosos. ¿Qué te parece?

Satisfacer la necesidad que tienen nuestros hijos de Atención y suministrarles una sólida y clara Estructura se constituye en la clave que proporciona Sentido a sus vidas. Por lo tanto, al tener satisfechas estas necesidades contarán con la suficiente Fortaleza Afectiva, que les previene de caer en sórdidos  estados de Depresión y diferentes malestares existenciales.

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[1] La Psicología Afectiva denomina a estas habilidades competencias afectivas.

[2] Ibid.

[3] En lo que respecta al Talento, este Modelo se basa  en los planteamientos de  Miguel De Zubiría. Libro Psicología del Talento y la Creatividad.

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LAS NECESIDADES BIOLÓGICAS DE NUESTROS HIJOS

 

“Como animales sociales que somos necesitamos del otro y de los otros, para que nuestra existencia sea más satisfactoria y menos vulnerable a la Soledad”

Sabemos que lo mínimo necesario para que un animal humano se mantenga vivo físicamente  y pueda cumplir con el ciclo natural de nacer, crecer, reproducirse y morir, es sumamente básico; no va más allá de comida, rancho y harapos. Sin embargo, no es raro encontrar que en no pocos casos, lo más elemental para sobrevivir, no es satisfecho por parte de madres y padres indiferentes frente a  la crianza de sus hijos. Para empezar bien nuestra tarea y avanzar en el propósito de Crear Conexión Afectiva, debemos asegurarnos que nuestros hijos tengan satisfechas sus Necesidades Biológicas Básicas de Alimentación, Vivienda y Vestido, así les damos la sensación de  tranquilidad, seguridad, confianza que repercute en una mejor disposición a nuevos aprendizajes. Asegurada la satisfacción de estas necesidades, es preciso pensar en satisfacer las Necesidades Biológicas Complejas. Estas radican en proporcionarles a nuestros hijos un Sentido de Comunidad.

Como animales sociales que somos necesitamos del otro y de los otros para que nuestra existencia sea más satisfactoria y menos vulnerable a la Soledad. Necesitamos sentirnos parte de algo, identificados con algo. Necesitamos del poder del grupo, de la construcción colectiva, de la cooperación, del apoyo mutuo,  de tener a quien cuidar y quien nos cuide, de tener a quien apreciar y quien nos aprecie, de tener a quien acompañar y quien nos acompañe, necesitamos de la Vida en Comunidad. Por esta razón, debemos asegurar que el Grupo Familiar (primer grupo en el que participan nuestros hijos) sea un poderoso campo de entrenamiento, donde se ejerciten en el desarrollo de Habilidades Afectivas Sociogrupales[1] con el propósito de garantizar un óptimo desempeño en la interacción con los grupos donde deben participar durante toda su vida (grupos de amigos, de estudio, de trabajo, de recreación, de formación etc.).

Si no propiciamos el desarrollo de Habilidades Afectivas Sociogrupales como el Conocimiento y la Valoración (evaluación de las creencias, roles, afectos y prácticas del grupo) que contribuyen con la facilidad para ser aceptados, reconocidos en los grupos donde desean participar  y con la capacidad para evaluar la conveniencia de participar en un determinado grupo; si no contribuimos con el aprehendizaje de una respetuosa y responsable Interacción con el grupo, fundamentada en el cumplimiento de deberes, respeto a las figuras de autoridad, trato interpersonal generoso, empático y asertivo; si no inculcamos una sana aceptación de sanciones cuando se cometen actos irrespetuosos e irresponsables con el grupo. Sencillamente estaremos condenando a nuestros hijos al rechazo  social a tener serias dificultades para ser aceptados por los demás y por ende al aislamiento, a la Soledad. Estaremos condenando nuestros hijos a ser mucho más vulnerables por no hacer parte de una vida de grupo, por no tener un pleno Sentido de Comunidad.

 

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[1] La Psicología Afectiva denomina a  estas habilidades competencias afectivas.

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POR QUÉ Y CÓMO CREAR CONEXIÓN AFECTIVA CON NUESTROS HIJOS

 

“Si queremos construir una conexión emocional profunda con alguien, atendamos a las necesidades de esa persona tan a menudo como nos sea posible” José Antonio Marina. 

La Conexión Afectiva nos da  la posibilidad de influenciar tanto como queramos en el sentir, pensar y actuar de nuestros hijos. Nos da la posibilidad de ser una autoridad, un modelo a seguir y a mejorar por parte de nuestros hijos. Nos da la posibilidad de ganarnos el respeto de nuestros hijos y así, convertirnos en la  primera persona a la que asistan en busca de orientación, de consejo oportuno, de apoyo seguro. Nos da la posibilidad de ser sus guías en el agreste, turbulento, revoltoso, desafiante, fascinante, grandioso, majestuoso camino de la vida. Si no logramos hacerlo, lo harán con mucha más facilidad sus “amigos”, los  <grupos de pares>  donde suelen participar nuestros hijos. El “pequeño problema” radica en que muchas veces estos <grupos de pares> no son muy formativos que digamos, y se aprovechan de las frágiles personalidades, para manipular sus mentes e inundarlas con creencias, afectos y practicas  que pueden resultar muy nocivas, muy destructivas.

¿Pero, y cómo se crea Conexión Afectiva? Preocuparnos menos y ocuparnos más de nuestros hijos. De eso se trata. Preocuparnos menos por su mal comportamiento y ocuparnos más de generar estrategias, acciones concretas que permitan suplir sus necesidades. Sí. Así es, si queremos Crear Conexión Afectiva con nuestros hijos y gozar de la satisfacción que esto le otorga a nuestra existencia, debemos satisfacer las necesidades Biopsicosociantropológicas de nuestros hijos. Veamos de qué se trata.

Dice el prolífico pensador, investigador y cultivador de reflexiones afectivas José Antonio Marina,[1] que si queremos construir una conexión emocional profunda con alguien, debemos atender las necesidades de esa persona tanto como nos sea posible. Pues bien, para el Modelo de Crianza Formativa esta tesis aplica perfectamente. La Conexión Afectiva con nuestros hijos se logra si nos ocupamos de satisfacerles tres tipos de necesidades:

1. Necesidades Biológicas

  • Básicas: -Alimento  -Vivienda  -Vestido
  • Complejas: -Sentido de Comunidad

3. Necesidades Psicológicas

  • Básicas: -Atención
  • Complejas: -Estructura Afectiva, Cognitiva, Expresiva

 4. Necesidades Socioantropológicas

  • Básicas: -Reconocimiento Social
  • Complejas: -Significado Vital

Suplir estas necesidades  nos da como resultado una sólida Conexión Afectiva con nuestros hijos. Todas son de vital importancia, no obstante, la Necesidad Psicológica Básica de Atención que tienen nuestros hijos; tiene un especial poder cuando de Crear Conexión Afectiva se trata.

Prestarles Atención a nuestros hijos es lo mínimo que debemos hacer para contribuir con su Salud Afectiva y por supuesto, para Crear Conexión Afectiva. Cuando estamos llevando a cabo conscientemente el Oficio de la Crianza; gran parte de nuestra Atención la enfocamos en nuestros hijos, lo cual es muy favorable y se verá gratamente recompensado cuando sintamos el orgullo de ver que nuestro hijos son seres seguros de si mismos y con Fortaleza Afectiva. Ahora bien, ¿Cómo podemos prestarles Atención Activa  a nuestros hijos? El principal elemento a tener en cuenta es el Compartirse.

Debemos aprehender a compartirnos tanto como sea posible con nuestros hijos. Para que se produzca Conexión Afectiva no podemos compartirnos de cualquier forma y sin un propósito claro. Es necesario que busquemos a nuestros hijos en su mundo, es allí donde debemos compartirnos con ellos, en sus intereses, en sus creencias, en su quehacer diario, en sus gustos y disgustos, en sus angustias e inquietudes, en sus penas, en sus glorias, en sus derrotas, en sus victorias. En fin, debemos convertirnos en visitantes asiduos al mundo de nuestros hijos, con el propósito de obtener información de ellos, así podremos conocerlos y comprehenderlos más y mejor. Si los conocemos más y los comprendemos cada vez mejor, necesariamente nuestras interacciones serán mucho más fluidas, efectivas y constructivas.

Ahora bien, si queremos que la tarea quede completa es necesario que también los invitemos a nuestro mundo. Que nos compartamos con nuestros hijos en lo que somos, en lo que hacemos, en lo que queremos, en lo que sabemos, en lo que anhelamos, en lo que logramos, en lo que fracasamos. Debemos permitir que nuestros hijos obtengan conocimiento de nosotros llevándolos a nuestro mundo.  En cuanto más nos compartamos con nuestros hijos, más conocimiento obtendremos de ellos y ellos de nosotros. En cuanto más conocimiento mutuo exista, más acertadas y efectivas serán nuestras interacciones. En cuanto más acertadas y efectivas sean nuestras interacciones más reciprocidad en el Aprecio habrá. En cuanto más reciprocidad en el Aprecio haya, más Conexión Afectiva se generará.

 

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[1]Marina José Antonio. El aprendizaje de la sabiduría/ Aprender a vivir/ Aprender a convivir. Pag.233