Publicado en EL TALLER, FORMACION AFECTIVA

LA PSICOLOGÍA ¿PROFESIÓN O VOCACIÓN? (post # 123)

Ser Psicólogo no es mi profesión, sino mi Vocación. Por fin he comprendido que existe una gran diferencia entre una y otra postura. Cuando la Psicología se asume como una profesión, nos vemos en la necesidad de ponerle precio a nuestros servicios, de competir, y erróneamente algunos creen que entre más se cobre, mejor se es. Por el contrario, cuando la Psicología se apropia como una Vocación, inmediatamente se comprende que nuestro conocimiento de la mente y de la naturaleza humana, debe estar al alcance de toda aquella persona que lo necesite, al margen de su capacidad de pago.

Cuando se ejerce la Psicologia como una profesión, sólo se tienen dos opciones: en primer lugar, emplearse en alguna organización, (generalmente mal remunerado) y tener la esperanza de que con un posgrado cualificará su hoja de vida y accederá a un mejor empleo. Opción que cada día va perdiendo fuerza dada la intensa competencia, y si tienes el “infortunio” de pasar de los 40 años no es extraño que se prefiera a profesionales recién egresados, más jóvenes y por ende más baratos.

En segundo lugar, está la opción de ser un profesional independiente, emprender, crear empresa.  Pese a que en la universidad no se forma a los futuros profesionales de la Psicologia para crear empresa sino para buscar empleo, es evidente que viene en aumento el número de profesionales que optan por esta complicada vía. Emprender en la industria de la Psicologia no es nada fácil, máxime cuando aún no hemos comprendido a cabalidad lo que realmente las personas necesitan. (Cosa que las iglesias cristianas, los vendedores de humo, los farsantes de la parapsicología –tarotistas, numerologos, adivinos- si comprenden con claridad y por ende lo explotan ampliamente vendiendo placebos)

Ahora bien, cuando se Vive la Psicologia como una Vocación el panorama cambia radicalmente. El factor dinero pasa a un segundo plano; se comprende que esta poderosa disciplina no está sólo para hacerle frente a la enfermedad, sino para prevenirla. Se toma conciencia de la gran importancia y utilidad que tiene la Psicologia para ayudarle a las personas a crear una satisfactoria vida afectiva, que se vea reflejada en unos saludables vínculos con su familia, su pareja, sus amigos, su trabajo y consigo mismo.

Vivir la Psicologia como una Vocación convierte al Psicologo en un guía, en un orientador. Su misión es trabajar para satisfacer tres requisitos básicos de toda persona: sus necesidades de comunidad, estructura y significado.[1]

Somos seres sociales por naturaleza y como bien lo señala Daniel Dennett “ha evolucionado en nosotros el deseo innato de pertenecer, de unirse a los otros”[2] por eso la necesidad de Comunidad. En cuanto a la Estructura, ésta proporciona los puntos de referencia fijos que necesitamos para sacar adelante nuestra existencia:[3] la familia, el trabajo, la comunidad a la que pertenezcamos nos dan estructura. Sobre el Significado te puedo decir que es el sentimiento de que nuestras vidas tienen sentido, cuentan para uno y para los demás, porque como acertadamente enseña Victor Frankl: “El éxito, como la felicidad, no se puede perseguir; tiene que resultar como el efecto secundario no intencional, de la dedicación personal de uno a una causa más grande que uno mismo”[4] Una causa que le de sentido a nuestras vidas.

De esta magnitud es la tarea de un Psicologo con Vocación. Llegar a este punto no es fácil, comprender que se puede prestar una ayuda como guía y orientador sin poner la barrera de un precio puede parecer absurdo para muchos. Pero si apelamos a la práctica del altruismo, de poner nuestra pasión por la Psicologia en favor de quienes lo necesiten, inevitablemente obtendremos la recompensa.

Así las cosas, mediante este artículo hago pública mi presentación como Psicologo por Vocación. Luego de haber tomado conciencia de lo que esto implica, veo que esta postura es coherente con la causa de la Formación Afectiva que vengo promoviendo desde hace un tiempo. De hecho lo asumo como una evolución.

Te preguntaras ¿Concretamente eso que significa?

Simple y llanamente que si necesitas de mis servicios, estoy a la orden. En lugar de cobrarte como lo hace un Psicologo por profesión, yo sólo te pediré una CONTRIBUCIÓN VOLUNTARIA. Lo que tú quieras. Así es, te invito a que practiquemos la ayuda mutua, la cooperación, valores altruistas que también pueden orientar nuestra existencia. Estoy seguro que si quedas satisfecho con mi ayuda, no solo volveremos a encontrarnos, sino que les hablaras a tu familia y amigos de lo que puedo ofrecerles.

¿Qué puedo hacer por ti?

  • Te brindo orientación de pareja. Te ayudo a comprender tu relación, a disfrutarla, a sacarle mayor provecho; te puedo enseñar habilidades interpersonales claves para iniciar, profundizar, desconflictuar y terminar relaciones de pareja.
  • Te ofrezco orientación familiar. Te ayudo a crear estructura en tu familia. Te ofrezco herramientas para que puedas llevar a cabo con mayor efectividad la Formación de tus hijos. Te puedo enseñar a hacer de tus hijos unas personas sociables, responsables, respetuosas, generosas.
  • Te oriento de forma individual. Te ayudo a encontrarle el sentido a tu vida. A darte estructura. A manejar tus ansiedades y presiones existenciales. A que encuentres tu camino.
  • Te asesoro académicamente. Si te gusta el tema de la afectividad humana o mejor conocido como “inteligencia emocional” y estas adelantando tu tesis de pregrado o posgrado, puedes contar con mi experiencia, conocimiento y pasión por el tema.
  • Conferencias. Si trabajas en un Colegio, un Jardín Infantil, una empresa, una ONG, cualquier organización que esté interesada en recibir Formación Afectiva, no dudes en llamarme, te recuerdo que mi propósito es multiplicar la causa, por eso a cambio de mis servicios sólo te pediré una CONTRIBUCIÓN VOLUNTARIA.

Por ultimo, si no vives en Bogotá, pero te gustaría consultarme algo, hazlo con confianza, me puedes escribir a mi correo electrónico.

andresgranada@centrodeformacionafectiva.com

Bien, espero haber sido lo suficientemente claro, con esta propuesta ya no tienes excusa para no buscar ayuda. Ya sabes, estoy a la orden.

La Psicologia es mi Vocación, no mi profesión. Y esta propuesta es una prueba de ello.


[1] Alvin Toffler “La Tercera Ola” Plaza y Janes. 1980

[2] Daniel Dennett “Romper el hechizo: la religión como fenómeno natural” Katz Editores. Buenos Aires 2007

[3] Toffler, ibidem

[4] Viktor Frankl “El hombre en busca de sentido” New York: Pocket Books. 1984

 

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UNA CAUSA INAPLAZABLE (post # 122)

En noviembre de 2010 hice una pausa para reflexionar. Desde entonces me alejé de la red y me dediqué a pensar en la forma como seguiría adelante con este proyecto de vida dedicado a la practica del Altruismo y de la Formación Afectiva como primera estación de este viaje vital.

Cuando se emprende un viaje por la vida sin más orientación que tu intuición y la convicción de estar haciendo lo que tu “corazón” te reclama, es inevitable encontrarte con obstáculos mentales que atentan con desmotivarte. Las presiones cotidianas son a veces tan intensas que en ocasiones parece que te van a ganar la batalla. Entonces te entran las dudas, las necesidades terrenales te acosan y tu mente se distrae de lo fundamental para atender lo banal.

He aprendido que nuestra vida se debate entre seguir el libreto escrito por otros, o redactar el propio y juntarse con aquellos igualmente interesados en dedicar su existencia a hacer realidad lo que se sueña. No puedo con lo primero, mi “espíritu” se resiste a aceptar que a este mundo venimos la gran mayoría sólo a crecer, reproducirnos, tener nuestra casa, unos hijos, un empleo en el mejor de los casos y envejecer con la utópica esperanza de una pensión. Me parece un destino respetable, pero paupérrimo, dadas las inmensas e inimaginables posibilidades que nos ofrece nuestra poderosa Mente.

Hace ya 4 años decidí salirme del camino más transitado. Y si me preguntas qué tal ha sido la aventura, te puedo contestar que lo he disfrutado, aunque caminar por estos lares no es para nada fácil. Estos senderos están llenos de abismos, sus terrenos son poco habitados, solo se encuentra uno con aventureros ávidos de encontrar también su camino. De hecho, uno aprende de quienes van más adelante, de esos que ya están del otro lado, de esos que creyeron en Si Mismo, y quienes muy generosamente nos dejan huellas por el camino. Nos animan a no desfallecer, a no volver a esos lugares hacinados  donde se compite por migajas.

La meta del ser humano es encontrar su camino. Lo malo de esto es que no todo el mundo lo sabe; y quien toma conciencia, se encuentra con la barrera del cómo hacerlo. Yo empecé a buscar el mío hace 4 años y sólo hasta hoy, -luego de horas y horas de estudio, de conversaciones, de experimentos, de buceo por las profundidades de la naturaleza humana-, tengo la certeza de haberlo encontrado. Ahora este viaje me exige enseñarle a las personas a encontrar su propio camino, debo compartir generosamente mi experiencia; es parte del precio que se debe pagar si se quiere seguir avanzando en la ruta elegida.

Dicen los que saben que la mejor forma de aprender es enseñando. Y aunque lejos estoy de ser un verdadero maestro, si puedo compartir lo que hasta ahora he aprendido y voy asimilando día a día. En el mundo del saber se experimenta una gran satisfacción cuando se encuentran respuestas a las inquietudes, cuando se comprende la información y sobre todo cuando se produce conocimiento útil para la sociedad. A decir verdad, todavía no soy un productor de conocimiento, apenas soy un apasionado estudioso de la Naturaleza Humana, de su dimensión afectiva.

El altruismo y la afectividad humana son mis pasiones. Estoy absolutamente convencido que practicar el altruismo y desarrollar afectivamente a las personas es una poderosa apuesta para transformar esta sociedad y llevarla a su siguiente nivel. Ya no tengo ninguna duda, y por eso, he decidido entregarle mi vida entera a esta Causa.

¿Y de que vas a vivir? –Pregunta mi padre- es mejor que te consigas un empleo.

-Ya tengo trabajo padre, y mucho más que eso, tengo una Causa. Una razón para vivir.

Por eso no me preocupa de que voy a vivir, simplemente le estoy haciendo caso a mi corazón, y si esta Causa es tan poderosa como lo intuyo, estoy seguro que los recursos para vivir dignamente saldrán de alguna parte.

Por lo pronto, con mi esposa hemos diseñado una estrategia de divulgación masiva. De modo que si vives en Bogotá y sueles usar el transporte urbano, probablemente nos encontraremos. Allí continuaré con la multiplicación de esta Causa. Una Causa inaplazable.